Ojo crítico


Agroalimentación y eficiencia energética: temas en la agenda estratégica  de la innovación

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

Se viene constatando una progresiva incorporación de los temas agroalimentarios en la agenda socio económica y el discurso de esperanza en la innovación.  Las razones fundamentales para ello son, en mi opinión, las siguientes:

 

- El  problema de la seguridad alimentaria en  relación con el hambre en el mundo no encuentra soluciones al fallar los objetivos del Milenio (véase el número 45, junio 2011, del Boletín Perspectivas del sector biotecnológico  en  www.asebio.com, Boletín mensual).

- El uso de materias primas aptas para la nutrición humana derivado  hacia la producción de biocombustibles.

-Una nueva e interesante preocupación  que surge de estas críticas circunstancias al constatar la baja eficiencia energética que se  da en la producción de alimentos.

 

A todo esto, se une el brote del concepto de bioeconomía como apuesta de una estrategia basada en la innovación que aproveche el potencial del sector agroalimentario. Así lo prueban los documentos recientemente publicados por la Comisión Europea: COM (2012) 60 final: Bioeconomía- La innovación al servicio del crecimiento sostenible, una bioeconomía para Europa, y el más reciente COM (2012) 79 final: Productividad y sostenibilidad agrícolas. Este  renacimiento del  interés por un sector  alejado hasta hace muy poco de las Estrategias de Innovación, tanto en Europa como en nuestro país, como he denunciado en diversos foros desde que  hace dos décadas empecé a analizar las cuestiones de la percepción social sobre la biotecnología agrícola, me parece una buena noticia.

 

Acabo de recibir información desde la Secretaría General de ASEBIO, en relación con las actividades de los grupos de agricultura y medio ambiente y biotecnología industrial, de que la Secretaría General de Agricultura y Alimentación del  Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (MAGRAMA)  está elaborando el Programa de  Investigación e Innovación del Sector  Agroalimentario, iniciativa que marcha en paralelo con la “Unión por la Innovación “, una de las iniciativas que contempla la Estrategia Europea 2020 para promover que la innovación sea fuente de productos y servicios que favorezcan el crecimiento y el empleo. De hecho,  las “Asociaciones Europeas para la Innovación (EIPs)” son el instrumento previsto para definir las líneas estratégicas de dicha iniciativa. En este contexto  el referido documento  sobre Productividad y sostenibilidad agrícolas {COM (2012) 79 final} ha sido remitido al Parlamento  al Consejo europeos, y sobre el cual ASEBIO ha sido consultado por el  MAGRAMA en el marco de las consultas que se están evacuando para elaborar el mencionado Programa de Investigación e Innovación.

 

Dentro de este contexto, recurriendo de nuevo al barómetro que utilizo para medir la presión a la que circula el desarrollo de la investigación científica por el mundo y de modo particular en los Estados Unidos, la revista Scientific American- en su versión española Investigación y Ciencia-, quiero señalar que el tema de la sostenibilidad de la agricultura aflora como una prioridad en ese proceso según demuestra la frecuencia con que aparecen artículos sobre este tema a lo largo de los últimos años. Concretamente, el número de marzo de 2012 de la versión española recoge un artículo que con el título “Más alimentos, menos energía” (págs. 68-74),  se acoge bajo el rótulo Sostenibilidad. Su autor Michael J. Webber es director asociado del Centro de Política Internacional de Energía y Medio Ambiente  y profesor de Ingeniería mecánica de la Universidad de Texas en Austin.

 

Partiendo de la idea de que la producción de alimentos está creciendo de modo acelerado, lo que rompe la relación equilibrada entre nutrición y consumo energético, al exigir más combustibles a base de carbono y más fertilizantes nitrogenados, compuestos que aumentan el riesgo de calentamiento del planeta y agravan la contaminación de ríos y mares, el autor propone una serie de políticas, innovaciones técnicas y cambios en los hábitos dietéticos  que podrían ayudar a mejorar bienes esenciales, y casi comunes, como son la salud y el medio ambiente a la par que reducirían los problemas alimentarios y energéticos. En síntesis, el trabajo subraya que aproximadamente el  diez por ciento del consumo energético estadounidense se dedica a criar animales, cultivar plantas, distribuir y procesar, preparar y conservar los productos animales y vegetales que  constituyen los alimentos. Esta energía utilizada se puede recortar si se convierten los desechos agrícolas en electricidad, si se implantan técnicas agronómicas punteras como el riego por goteo, la siembra sin arado, la nivelación de terrenos por láser o la maquinaria guiada por GSP. Asimismo,  se puede aumentar ese efecto, si en el consumo de alimentos se procura reducir el deterioro de los alimentos y la prodigalidad en las comidas, y si se consume menos carne, cuya producción es energéticamente muy costosa.

 

El programa supone  una atrayente muestra de aproximación interdisciplinar y carácter multidimensional, ya que trata de combinar avances científicos y progreso  tecnológico con  cambios comportamentales y culturales. Es una reflexión a incorporar en las estrategias sobe bioeconomía y  el recurso a la innovación después de años de olvido del potencial del sector agroalimentario para tales propósitos, así como de considerar su  crítica relación con el sector de la energía.

 

 

 

La física de las aglomeraciones (crowding) y la biología: desde la interdisciplinariedad a la gobernanza mundial (1)

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

En este periodo de  mi  vida en que dedico esfuerzos a la difusión del conocimiento científico y a la relevancia de sus aplicaciones, hay dos objetivos (¿obsesiones?) que considero fundamentales: destacar la importancia de la interdisciplinariedad y hacer patente el significado de los procesos de regulación.


La revista Science in School, una iniciativa de EIROforum ( www.eiroforum.org)  ofrece yacimientos importantes de temas para la reflexión sobre tales propósitos, a  partir de de textos científicos de frontera  trasladados a experimentos educativos ( es una revista dirigida a los educadores).

En el número trimestral de invierno de 2011, he encontrado un artículo de interés para la reflexión de alcance. Su título es ”The physics of crowding” (“La física de las aglomeraciones”, o “la física de los desplazamientos masivos”). Su autor, Timothy Saunders es un investigador postdoctoral en el Laboratorio Europeo de Biología Molecular (EMBL, del nombre en inglés, una de las instituciones que integran el EIROforum) y sus trabajos se orientan a aplicar conceptos de la física a la resolución de problemas biológicos. A lo largo de los últimos años ha enseñado matemáticas, física y biología  a grupos de un amplio rango de edad y capacidades.

 

La física de las aglomeraciones es un área de investigación intensa, actual y que abarca problemas diversos que van desde la seguridad y salud públicas  hasta las interacciones de las proteínas en entornos celulares. Las multitudes actúan de acuerdo con fascinantes dinámicas que combinan comportamientos individuales con los de las muchedumbres, comportamientos que pueden cambiar rápidamente o transformarse en inestables. Saunders presenta los estudios relacionados con el movimiento de fluidos  y los que tienen lugar en el seno de las células de forma realmente innovadora. El concepto de “crowding”  se aplica a situaciones diferentes tanto a nivel macro como es el caso de las multitudes humanas como a nivel micro en el caso de las moléculas biológicas. Estas actividades son relevantes en biología cuando se trata de discutir los flujos de las moléculas y las interacciones proteicas; en física tienen aplicaciones en el movimiento de fluidos, en la regulación de la velocidad en el tráfico y en la seguridad pública cuando se diseñan los proyectos para estadios y grandes complejos comerciales. Además de ser  un concepto esencialmente científico, la aglomeración tiene también aplicaciones en estudios geográficos o ambientales para examinar  dimensiones  tales como  la densidad de la gente, la presión social y la migración de animales.

 

Sobre la base de una serie de casos prácticos en los que los alumnos discuten e intervienen como actores en los planteamientos se llegan  a elaborar unas conclusiones. Saunders propone dos experimentos: el primero consiste en  el abandono de una habitación por un grupo, proceso en el que se explora cómo la limitación de acceso conduce a amontonamientos y cómo este problema se puede suavizar dirigiendo al grupo a formar corrientes, a diversificar estrategias para el movimiento; el segundo plantea como se circula en espacios estrechos, proceso que evidencia que las constricciones de espacio generan dificultades para el flujo de personas u originan atascos en el tráfico.

 

Las conclusiones principales son las siguientes: a) las manifestaciones multitudinarias son entidades dinámicas que se pueden describir por conceptos físicos; b) la utilización de obstáculos facilita la formación de corrientes, lo que mejora la presión existente en una aglomeración y se puede así reducir el tiempo de salida; c) las velocidades iniciales elevadas conducen a mayores amontonamientos- no siempre es rentable correr-. Sobre estas ideas, los físicos han podido aportar soluciones para afrontar problemas reales: la peregrinación anual a  la Meca, la regulación de las circulaciones en espacios reducidos,  como  en carreteras con obras o en el citoplasma de las células.

 

Vivimos en una sociedad globalizada. La globalización, idealizada en un momento y que ahora recibe críticas, es un proceso económico, tecnológico, social y cultural a  “gran escala” que consiste en la creciente comunicación e interdependencia entre los distintos países  del mundo, unificando sus mercados, sociedades y culturas. Se puede definir como un proceso dinámico en el  que las TIC juegan  un papel decisivo: su uso además de promover un amplio potencial de liberalización y democratización ha conducido a acuñar el concepto de sociedad de la información en la que se obtiene, comparte y procesa caudales de información desde cualquier lugar y en la forma que se prefiera. La economía especulativa y los mercados se benefician de estos procesos. Por otro lado, las políticas de austeridad se vienen aplicando con prisas, con mandatos de inmediatez, sin aceptar tendencias, cauces, plazos ni alternativas. 

 

Las reflexiones sobre la física del “crowding” reconocen el valor de la regulación. Lo que aporta bases teóricas para proponer  la necesidad de la regulación “reflexiva” para gestionar  éticamente  la gobernanza legitimada  de  la globalización. Y de  nuestra sociedad.

 

(1) Ya terminado el artículo, he encontrado  en Google la traducción del artículo de Saunders  por Rafael Martínez Oña y que “crowding out” está ya aplicado en economía. Datos que rebajan la originalidad de este artículo, pero lo mantengo porque creo que refuerzan la validez de la propuesta.

 

 

Apuesta europea por la bioeconomía: ¿cuestión de fe o  de esperanza?

 

Emilio Muñoz,  Presidente del  Comité Científico de ASEBIO

 

Además de estar inmersa en una batalla para salvar el euro (o para hundirlo porque las consecuencias de las estrategias adoptadas no están claras), la Comisión Europea parece decidida a seguir apostando por la ciencia y la tecnología como palanca y motor de cambio. Hace unos días se ha presentado en Bruselas una estrategia basada en la bioeconomía que ha merecido bastante atención mediática,  en cuyo resultado hay que reconocer  el  papel relevante ejercido por  los departamentos de comunicación de Europabio a nivel europeo, y de  ASEBIO en el ámbito español. Es indudable que para los que creemos en el poder dinamizador de las ciencias y las tecnologías de la vida, se trata de una buena noticia. Pero  también es verdad que los que tenemos fe en el carácter transversal y transformador de  las biotecnologías, hemos visto defraudada nuestra esperanza por parte de la Comisión Europea y de los Consejos Europeos con reconocida contumacia.

Hay que señalar en primer lugar que no es la primera vez que se propulsa el tema de la bioeconomía. Desde el lanzamiento del VII Programa  Marco, la referencia  a esta apuesta para el desarrollo europeo estuvo en la agenda y al parecer sin mucho resultado porque cinco años después, y ante un nuevo programa como es Horizonte 2020, se saca  otra vez el tema ahora envuelto en el ropaje de una Estrategia. La presente iniciativa, bajo el rótulo “Innovating for Sustainable Growth: a Bioeconomy for Europe”,   se orienta a poner en valor los recursos naturales en sentido amplio, desvelando el potencial económico ( y ecológico) de las biotecnologías blanca ( industrial), verde ( agroalimentaria) y azul ( acuicultura y pesca) . Esta orientación debería ser saludada  con entusiasmo, insisto, para los que venimos divulgando el potencial de las biotecnologías. Pero de nuevo  suenan las alarmas ante los errores cometidos en la gobernanza, a nivel europeo y de un gran número de Estados Miembros, de las políticas agrícolas, agroalimentarias y ambientales en su conexión con las biotecnologías. Uno de los problemas fundamentales radica en la confrontación establecida, desde raíces históricas en el seno de la Comisión, entre biotecnología y ecología. Este enfrentamiento que se ha venido dirimiendo en los  espacios sociopolíticos, se ha extendido por la vía de contagio a los científicos.  La preocupación por la alimentación sostenible está ya en la discusión científica. Para sustanciar el tema, recurro una vez más al  seguimiento del impacto de los temas en la alta divulgación científica (en la revista Scientific American  y en su versión española, Investigación y Ciencia). En el número de septiembre de 2010 de esta versión española, se publicó un artículo bajo el título “Agricultura vertical” (págs. 74-79)  de Dickson Depommier, profesor de salud pública y microbiología de la Universidad de Columbia e interesado por la ecología humana. Los argumentos principales expuestos por el autor eran los siguientes: la agricultura moderna  está arruinando el  ambiente  y ya no queda prácticamente tierra cultivable; como solución se propone el cultivo en  rascacielos  acristalados, aprovechando el uso de instalaciones hidropónicas. Esta forma de producción reduciría drásticamente las emisiones fósiles  y permitiría reciclar las aguas negras de las ciudades, que ahora contaminan los acuíferos. En el número de enero de 2012 de la revista Investigación y Ciencia, el gran titular de la portada es “Agricultura sostenible”, que se sustancia en el interior con un artículo del director del Departamento de Medioambiente de la Universidad de Minnesota y presidente de la cátedra McKnight de sostenibilidad global, Jonathan A. Foley. El artículo titulado “Alimentación sostenible” (págs. 54-59) se sintetiza en los siguientes términos: la humanidad afronta tres graves problemas alimentarios- terminar con las hambrunas, duplicar la producción de alimentos hasta 2050, y al mismo tiempo reducir la agresión de la agricultura sobre el medio ambiente. Para la solución se proponen cinco estrategias, aplicadas de modo coordinado: evitar  el uso  agrícola de más tierras tropicales;  potenciar el rendimiento de las explotaciones menos productivas; emplear aguas y fertilizantes con mayor eficacia; reducir el consumo de carne; y evitar las mermas y desperdicios en la producción y distribución de alimentos. Un sistema de certificación de alimentos centrado en su valor nutritivo, la garantía del suministro, y la reducción de costes sociales y ambientales, facilitaría la elección de alimentos en una dirección más sostenible. Como se puede ver en estos artículos no hay la menor referencia a la biotecnología, resultado de este alejamiento entre ecología y aplicaciones biotecnológicas que he denunciado. María Jesús Santesmases, historiadora de la ciencia, muy alejada del optimismo tecnológico y crítica con sus consecuencias,  nos recuerda en un artículo glosando la relación entre biología y agricultura, la conexión entre campo y artesanía en los orígenes de la genética( Investigación y Ciencia, número de diciembre de 2011, pág. 46). 

 

Lo que defiendo, es una hibridación entre los dos grandes campos científicos y tecnológicos, entre ecología y biotecnología. La ausencia de dirección en este sentido puede defraudar de nuevo las esperanzas de los discursos y las estrategias mediáticas sobre bioeconomía de la Comisión  Europea, sumergida como está  en un archipiélago de contradicciones.

 

 

Ninguna empresa innovadora sin financiación

 

Emmanuel Mielvaque, Country Manager de ALMA CONSULTING GROUP para España y Portugal

 

En el Plan de recortes aprobado el pasado día 30 de diciembre por el Consejo de Ministros, la investigación científica y tecnológica ha sufrido una reducción de 600 millones de euros, cifra bastante considerable si tenemos en cuenta que la totalidad del presupuesto en 2011 fue de 8.600 millones de euros y cuyo saldo previsible para el 2012 nos llevaría a niveles del año 2007 alrededor de los 8.000 millones de euros. El panorama que han de afrontar por tanto las empresas españolas con vocación de investigación, desarrollo e innovación, es a día de hoy aún más duro, máxime si la financiación pública continúa en retirada. Recordemos que ya en 2011, veníamos acumulando una cadena de recortes de un 8% con respecto al 2010 y de un 15% sobre el 2009, y con una marcada tendencia a aumentar las subvenciones en forma de créditos rembolsables.

 

Aunque en las medidas de reducción de gasto del Gobierno no se especifica el reparto de esos 600 millones entre subvenciones y créditos para la I+D+i, debemos alertar sobre las nefastas consecuencias que pueden tener para avanzar hacia el tan ansiado cambio de modelo económico. Las empresas son conscientes de la necesidad de innovar y que bajar su inversión en I+D+i es una amenaza real para su desarrollo en una economía basada en el conocimiento y la competitividad.

 

Si para salir de la crisis en la que estamos inmersos parecía estar claro que necesitamos una modernización estructural de la economía, ¿cómo van las empresas a definir sus estrategias de innovación a largo plazo? La actual crisis es en buena parte resultado de no disponer de un modelo económico basado en ventajas competitivas estructurales como las derivadas de la innovación en la industria y los servicios. Por ello, el I+D es clave para crear un modelo económico con una competitividad más profunda y robusta que nos haga menos sensibles a las crisis.

 

Las empresas necesitan incrementar su competitividad a través de la I+D+i con el apoyo de la financiación pública. Ninguna empresa innovadora debería quedarse en la cuneta, ya sea grande o una pyme. El cambio económico debe hacerse entre todos y apoyar a todos aquellos que quieren ser protagonistas de ello a través de la I+D+i. Ahora que la cultura de la innovación empezaba a calar entre los empresarios y directivos, y éstos se habían animado a solicitar las ayudas a la innovación que estaban a su alcance, concienciados de que ése era el camino a seguir para ser más competitivos, es una pena que sientan de nuevo la retirada de apoyo que necesitan.

 

Nunca antes fue más decisivo que las empresas conozcan todas las ayudas a la innovación con las que cuentan a la hora de planificar sus inversiones. De esta forma, podrán diferenciar sus productos y servicios gracias a la innovación de los procesos productivos y las infraestructuras, así como de plantillas cualificadas. Cuantos más conocimiento tengan sobre sus opciones para llevar a cabo estas inversiones en I+D+i, más beneficioso será para todos. Máxime en el escenario de restricción en el que nos vemos avocados por las circunstancias.

 

La noticia también afecta claro está al ámbito científico. Si bien ha sido aprobada en el BOE el día 30 de diciembre de 2011, la convocatoria de los proyectos científicos del Plan Nacional de I+D+i y las becas de formación con cargo al presupuesto de 2012 y cuyos 325 millones de euros de financiación pública, más 59 millones de la UE, dan un respiro a la comunidad científica; esperemos pues que estos recortes no generen un impacto irrecuperable a los componentes de nuestro sistema de I+D+i y en especial al sector empresarial.

 

 

Unión Europea: tortuga en la política, liebre en la innovación

 

Emilio Muñoz, presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

Una gran mayoría de la ciudadanía europea vive con zozobra la lentitud inoperante de los organismos responsables del gobierno europeo ante la crisis económica y social que amenaza al euro y al proyecto europeo, mientras que esta Unión Europea, sobre todo la Comisión, sigue estando en la avanzadilla de la política científica, permitiendo los avances de los países líderes, entre los que sobresalen los nórdicos, y sirviendo de acicate a los países rezagados entre los que se cuenta España.

En estos momentos, en los que los recortes presupuestarios ya fijados y los que tememos que puedan venir, afligen a los gestores de la I+D y la innovación en España, suscitan preocupaciones entre los investigadores españoles establecidos y generan situaciones de profundo desamparo en los científicos jóvenes, el programa Horizon 2020, nuevo nombre para  la reformulación del  Programa Marco, aparece como tabla de salvación a la que agarrarse para salir del naufragio a que se ven abocadas la investigación, el desarrollo tecnológico y la innovación. Es importante para los propósitos de esta reflexión señalar que Horizon  es el nombre, elegido por votación abierta que se hizo público en junio de 20011, para el nuevo sistema que contemplará la financiación integral  que englobe todos los fondos europeos para la investigación y la innovación, cubiertos hasta ese momento por una serie de iniciativas de vida propia y en cierto modo independiente como el Programa Marco de Investigación y Desarrollo, la fórmula que se puso en marcha  a mediados de la década de 1980 para lanzar la política científica europea; el Programa Marco para la Competitividad y la Innovación , promovido para hacer frente a las críticas que en  los entornos empresariales y económicos suscitaba la deriva hacia la investigación más básica que subyacía en la apuesta por el Espacio Europeo de Investigación (ERA de su nombre en inglés) junto la exitosa puesta en operación del European Research Council (ERC); y, por último, el Instituto Europeo de Innovación y Tecnología (EIT de sus siglas en inglés). Es precisamente esta iniciativa la que me mueve a escribir esta nota. Salvo honrosas excepciones entre las que cabe mencionar a Biocat, en España no se ha prestado mucha atención, a mi juicio,  a esta nueva institución, de interés para la política y la estrategia en ciencia, tecnología e innovación. El EIT funciona de acuerdo con la agenda estratégica de innovación (SIA de su nombre en inglés), cuyo objetivo es mejorar el impacto del EIT en toda Europa a través de la creación de “hubs”- anglicismo de moda para designar centros de conexión- , de la innovación y del triángulo del conocimiento: educación superior, investigación e innovación, con el emprendimiento.

 

Para cumplir este objetivo, promueve los KIC ( Knowledge and Innovation Communities) , de los cuales ya se han puesto en marcha tres: clima, sociedad de la información y  la comunicación, y energías sostenibles, habiéndose previsto otras dos de dichas Comunidades en fases separadas: la primera en 2014 sobre temas de innovación para una vida saludable, el envejecimiento y las materias primas; la segunda en 2018 se centrará en  la fabricación de valor añadido, a partir de procesos que den lugar a un desarrollo competitivo, sostenible y respetuoso con el medio ambiente, sociedades inteligentes y seguras a partir del desarrollo e implantación de TIC innovadoras, y la movilidad urbana.  El EIT tiene además una estrategia de difusión por medio de un boletín on-line ( e-newsletter).  Su último número, el 5, ha servido para alertarme sobre un nuevo e importante nombramiento en las políticas de I+D e innovación en Europa. Tras una batalla  que ha durado dos años, el Presidente de la Comisión, José Manuel Barroso, ha conseguido nombrar a una bióloga escocesa, Anne Glover, para el puesto de Asesor Científico Jefe, cargo que es reminiscente de la organización de la administración de la ciencia y la tecnología en los países anglosajones y con él, el presidente Barroso persigue conseguir que haya una estrategia unificada para la investigación científica europea y la definición de sus prioridades. La revista Nature se ha hecho eco de la noticia, incluso antes de poder confirmarse el nombramiento, mientras que, desde mi conocimiento, este hecho no  lo ha tenido  en España.  La noticia ya es firme porque en el citado número 5 del boletín del EIT se anuncia un importante evento, la Cumbre Europea sobre el Emprendimiento, que tendrá lugar en Bruselas el 21 de febrero y en cuyo programa figura la primera intervención pública de Anne Glover. El currículo de la profesora Glover, que ocupaba el mismo puesto de Chief Scientific Adviser en Escocia desde el mes de agosto de 2006, es muy interesante para el ámbito de la biotecnología. Ostenta una cátedra de Biología Molecular y Celular en la Universidad de Aberdeen ,  ocupa puestos honoríficos en los Institutos Rowett y Maccaulay  y es miembro electo de la Sociedad Real de Edimburgo, del Consejo de Investigación del  Medio natural, y socia de la Academia Americana de Microbiología. Las líneas de investigación que ha desarrollado se centran en los campos de la diversidad microbiana, el desarrollo  y la aplicación de de biosensores celulares para evaluar el medio ambiente y para investigar cómo los organismos responden al  estrés a nivel celular. 

 

El nombramiento de la profesora Glover es un hecho relevante para la política científica europea e incide en la tendencia que reconoce  los valores de la comunidad de mujeres que trabajan en las ciencias y las tecnologías de la vida. Por otro lado, me permito reiterar mi preocupada sorpresa por la escasa atención que se  ha prestado en España  al EIT, con la mencionada excepción de Biocat, sobre todo con el peso alcanzado en los últimos años por la innovación en la agenda política.

 

 

Mensajes tras  2011 como Año Internacional de la Química

 

Emilio Muñoz, presidente Comité Científico de ASEBIO

 

El año 2011 fue consagrado como “Año Internacional de la Química” bajo el lema  “La química: nuestra vida, nuestro  futuro”, conmemorando a la gran investigadora Marie Curie, doblemente galardonada con el Premio Nobel, en el centenario de la distinción en química (véase “Curie confidencial”, X. Roqué, Investigación y Ciencia, febrero 2011, págs.46-47).

Al acabar el año, hay algunos mensajes que me parece importante reseñar .En España ha habido dos acontecimientos de carácter político dignos de ser subrayados. La inauguración oficial en la sede del Consejo Superior de Investigaciones Científicas fue presidida por el entonces Vicepresidente Primero del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, y  en ese acto recibió la Medalla de Oro de la Década a la Investigación e  Innovación en Química 2001-2010, el gran investigador valenciano, Avelino Corma, uno de nuestros científicos más reconocidos internacionalmente y con una brillante trayectoria tanto en el ámbito de la producción de conocimiento como en el de su transferencia a la innovación tecnológica .

Por otro lado, la desaparición del Ministerio de Ciencia e Innovación y el cese de su titular, la bióloga y empresaria del sector biotecnológico Cristina Garmendia, ha encontrado el importante contrapeso del nombramiento de Carmen Vela, química y bioquímica, al frente de la  recién creada  Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo y Competitividad dentro del Ministerio de Economía y Competitividad. La irreprochable trayectoria, como científica y empresaria, de esta química que llega con un buen bagaje a la política científica, ha sido glosada en diversos medios  y en una cuidada y ponderada nota de prensa, emitida por el departamento   de comunicación de ASEBIO: En los planos científico y tecnológico, la celebración de la química al empezar la segunda década del siglo XXI ha sido muy oportuna para revisar la idea inexacta de que la química es una ciencia superada, bien comprendida en sus aspectos conceptuales y que solo resta aplicarlos. La revista Scientific American, y su contraparte española Investigación y Ciencia, fuente documental de gran valor para, en mi opinión, el seguimiento de la evolución de la ciencia de vanguardia, se han hecho eco de esta celebración a lo largo de 2011. Un autor destacado en esta actividad ha sido Philip Ball, editor de Nature durante dos décadas y con una notable trayectoria en la divulgación científica.


En el número de diciembre de 20011 de la versión española ( págs.26-31), Ball plantea “diez enigmas por resolver” en un texto que se enmarca bajo la declaración de que muchas de  las cuestiones científicas de mayor calado y algunos de los problemas más urgentes de la humanidad competen a la ciencia de los átomos y las moléculas, que es como el autor define a la química. Cuando se realiza un escrutinio de las diez cuestiones pendientes, se constata una primera evidencia que es muy importante para la biotecnología: existe una estrecha  conexión entre las cuestiones científicas y tecnológicas a resolver y  los  avances en conocimientos y aplicaciones  de las tecnologías de la vida. En efecto, ocho de los diez enigmas planteados revelan esta relación directa. El origen y evolución de la vida, la formación de las moléculas, la influencia ambiental sobre los genes, la elaboración de pensamientos y recuerdos ( la memoria)  en el cerebro , son los cuatro grandes temas en los que la producción de conocimiento básico se aúna con potenciales aplicaciones,  mientras que  en  otros cuatro , sin dejar de lado la relevancia del avance en el conocimiento, hay una más clara orientación hacia la consecución de de objetivos prácticos en los dos grandes sectores estratégicos en el mundo contemporáneo: la salud, para responder a las preguntas de si pueden idearse nuevas formas de de crear fármacos , y de si llegaremos a supervisar con mejor eficiencia  los parámetros bioquímicos de nuestro cuerpo; y la energía al buscar como aprovechar mejor r la energía solar y cuál es la mejor forma de obtener biocombustibles.

 

Estos ocho temas revelan la conexión biotecnológica como se pone de manifiesto en la importancia de la síntesis de macromoléculas y la capacidad de diseñar sistemas moleculares que serían la plantilla para replicarse y dotarse de capacidad de individualización (origen de la vida): o en  la relevancia de las simulaciones informáticas para llegar a calcular con gran precisión las estructuras y propiedades de las moléculas para ver si será posible aumentar la escala y modelizar  los complejos procesos moleculares de la célula( biología computacional y bioinformática). En el mismo sentido apunta el dato, hoy  en candelero, de que además del código genético que dicta las instrucciones a las células, estas se comunican entre sí por el lenguaje epigenético, en el que pequeñas moléculas , vinculadas al ADN y las histonas, sirven de rótulos  que indican a la maquinaria celular cómo debe intervenir en la regulación , silencio o expresión, de los genes( influenza del ambiente en los genes) . El cerebro es una computadora química cuyo estudio abre la posibilidad de actuar en la capacidad de memoria     por medio de sustancias que actúan sobre receptores de neurotransmisores .La creación de fármacos por la unión de la química combinatoria con la biotecnología podría abordarse a partir de la producción de un repertorio extenso de moléculas: Otro de los objetivos persigue la utilización de perfiles genéticos y de sensores más rápidos y baratos para una supervisión continua y discreta de todo tipo de marcadores bioquímicos, índices de salud o enfermedad, visión futurista de que depende del desarrollo de métodos químicos con sensibilidad selectiva respecto a dichos marcadores.Los sistemas biológicos, las plantas y sus componentes, son los grandes factores para aprovechar mejor la energía solar  (fotosíntesis artificial)  y para mejorar la explotación de biomasa en al obtención de biocombustibles. En el crepúsculo de la conmemoración mundial de la química, emerge un mensaje: “son los grandes problemas  de la biología y  las aplicaciones de las tecnologías de la vida  los  que dibujan la esperanzada trayectoria de la química”.

 

Contaminación y modificaciones genéticas: invocación a la epidemiología molecular


Emilio Muñoz, presidente del Comité Científico de ASEBIO


El debate sobre la calidad del aire ha estado presente a lo largo de 2011, llegando a su punto álgido en el otoño de ese año, cuando se hizo público (26 de septiembre) un estudio global de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la calidad del aire que revelaba que la situación en las ciudades española era bastante crítica.


En ese estudio se analizaba ,entre otros parámetros, la concentración en partículas menores de 10 micras, de las que son responsables las emisiones de industrias, coches y calefacciones. El límite recomendado por la OMS es de 20 microgramos por metro cúbico. Según este indicador, en España solo aprobaban tres ciudades: Santiago de Compostela, Logroño y Badajoz.


La publicación de este estudio se unió al Informe de Ecologistas en Acción, titulado “La calidad del aire en el Estado español durante 2010” que ofrecía datos sobre cuatro contaminantes (partículas en suspensión, óxidos de nitrógeno y azufre, y ozono). Estas informaciones suscitaron la reacción de los medios generalistas; entre ellos destaca un amplio reportaje en El País ( E. de Benito, “ La boina que nos asfixia”, miércoles 28 de septiembre de 2011, págs. 28-29) en el que se denunciaba que un 37% de los habitantes de nuestro país viven en zonas donde los límites de, al menos uno, de estos contaminantes superan los límites legales. La denuncia se extiende al hecho de que, tanto desde el entorno académico como desde la Administración, estos datos se dan por buenos, a pesar de de que las emisiones pueden estar detrás de 20.000 muertes al año en España. Como el tráfico es considerado como el mayor culpable del deterioro ambiental, estas son muertes que se podrían añadir a las que se derivan de los accidentes de tráfico, por lo que la gestión de los accidentes de tráfico se convertiría en indiscutible prioridad del gobierno y de carácter interministerial.


En este contexto, me parece oportuno sacar a la luz un artículo publicado en octubre de 2008 en Investigación y Ciencia: bajo el título “Alteraciones genéticas inducidas por la contaminación “; el autor Dan Fagin, profesor de periodismo y director de programa en la Universidad de Nueva York, presenta el caso de Tongliang, una ciudad gris de cien mil habitantes de la parte meridional del centro de China.


En dicha ciudad se ha venido buscando por Frederica Parera, la directora del Centro para la Salud Ambiental Infantil de la Universidad de Columbia, la conexión entre la contaminación atmosférica y las enfermedades, sobre todo en niños expuestos a contaminantes cuando se encontraban en el seno materno.


La aproximación se apoya en la epidemiología molecular que busca correlaciones entre factores ambientales y alteraciones génicas que contribuyen a la aparición de enfermedades. Esta aproximación no deja de concitar críticas, ya que hay biólogos que cuestionan este enfoque experimental porque apenas se conocen biomarcadores de susceptibilidad a exposición o a enfermedades precoces que permitan predecir patologías futuras.


Sin embargo, la ciudad china se ha considerado un buen caso de estudio para la epidemiología molecular ambiental: su central térmica de combustión de carbón se cerró en 2004. Algunos datos básicos son los siguientes: el carbón proporciona alrededor del 20 por ciento de la energía que se consume en China; en este país se encuentran 2 de los 10 lugares más contaminados del planeta; según la OMS, las enfermedades provocadas por la contaminación atmosférica causan la muerte de 650.000 ciudadanos chinos cada año, la incidencia más alta del mundo.


A pesar de las dificultades, Perera y sus colaboradores han encontrado que los aductos de “hidrocarburos aromáticos policíclicos” (HAP-ADN) son biomarcadores del mayor interés. Estos HAP se cuentan entre los contaminantes atmosféricos más frecuentes y dañinos, a la par que presentan una estructura molecular “ pegajosa” lo que facilita la formación de fuertes enlaces covalentes con el ADN. Estos complejos, o aductos ADN- contaminantes, perturban la duplicación del genoma durante la división celular, alterando las funciones de genes que promueven o evitan enfermedades.


Tingliang era un caladero de HAP hasta el cierre de la central eléctrica en 2004, hecho que motivó un cambio drástico en las condiciones atmosféricas de la ciudad, convirtiéndose así en un laboratorio en el que era posible medir el antes y el después.


Los datos epidemiológicos revelados son: los niños nacidos en 2002 tienen la cabeza más pequeña y obtienen puntuaciones inferiores en las pruebas de desarrollo que los nacidos después del cierre de la central; los primeros presentan niveles superiores de alteraciones genéticas relacionadas con la contaminación.


Dos lecciones a sacar para el futuro desarrollo de la biotecnología. Hay que contribuir a la expansión de la epidemiología molecular, que ha visto reducido su campo de acción y con ello, se ha ido desvaneciendo el entusiasmo inicial a medida que se han identificado etiologías complejas que implican cascadas de cambios bioquímicos para numerosas enfermedades. En segundo lugar, se debe reconocer que la investigación de biomarcadores en relación con problemas ambientales es un campo de indudable importancia y repercusión.


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