Ojo crítico


Beneficios colaterales de un “imputado” en el alzhéimer: La biología pone en entredicho a los dogmáticos

 

 

 

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

 

 

 

La revista Science in School me ha servido en ocasiones  como instrumento de selección para difundirHay un libro que ha llegado a mis manos  durante la discusión de mis trabajos sobre la relación entre evolución, ética y (práctica) económica con colegas del CIEMAT. Se trata del texto de  Nuccio Ordine titulado “La utilidad de lo inútil. Manifiesto” (Acantilado, Barcelona, 2013). Nuccio Ordine es profesor de Literatura italiana en la Universidad de Calabria y ha sido profesor visitante en prestigiosas instituciones de los Estados Unidos, Francia, Alemania y Rusia; es también miembro del Harvard University Center for Italian Renaissance Studies y de la Fundación Alexander von Humboltd. La tesis esencial del libro es que hay saberes que son fines en sí mismos y que por lo tanto están alejados de todo vínculo comercial  y que merecen especial atención en el contexto actual. Pueden en efecto ejercer un papel fundamental en el cultivo del espíritu y en el desarrollo civil y cultural de la humanidad: Tal tesis se acomoda muy bien a los intereses de alguien que, como el que escribe,  defiende la ciencia por su valor intrínseco y por su proyección sobre bienes comunes. Y que a la vez  persigue  bucear en la relación entre evolución y ética como factor significativo  en la  crítica a prácticas económicas carentes de percepción biológica y de perspectiva evolutiva.

 

 

Ordine desarrolla sus tesis  en una introducción  con un elevado compromiso de preocupación por la desertificación del espíritu y las consecuencias de su agostamiento  y otras  tres partes que se componen de relatos cortos, inspirados o tomados prestados parcialmente,  de escritores, filósofos, pensadores y  científicos sociales y políticos: veintiséis son las contribuciones de la primera parte, titulada “La inutilidad de la literatura”;  diecisiete componen la segunda parte bajo el rótulo: “La universidad-empresa y los estudiantes-clientes”; mientras que la tercera , “ Poseer mata, : Dignitas hominis, amor, verdad”, es  más personal, resume y remata las propuestas en cuatro apartados. Finalmente, pero  muy importante, el libro se cierra con un apéndice de Abraham Flexner, célebre pedagogo estadounidense quien con el título “La utilidad de los conocimientos inútiles” expone con brillantez un elogio de la vida intelectual y espiritual como forma de  buscar estas satisfacciones inútiles que se  revela como fuente de la que se deriva una utilidad inesperada; entre otras muchas iniciativas; Flexner estuvo implicado en la creación  del Institute for Advanced Study de Princeton que dirigió entre 1930 y 1939.

 

 

En este contexto de propuesta de  reconocimiento de la importancia de los saberes considerados inútiles desde posiciones economicistas, la biología moderna vuelve  a suministrar pruebas y argumentos que  apuntan en la misma dirección. Un interesante artículo publicado en la revista Science Translational Medicine doi:10.1126/scitranslmed.aaf 1059,2016, del que es primer autor D.K.V. Kumar ha atraído la atención de la revista The Scientist. En su edición online  con fecha 25 de mayo de 2016, su colaboradora Anna Azvolinsky ofrece un artículo/reportaje titulado   “Amyloid Thwarts Microbial Invaders” (”El amiloide frustra a los invasores microbianos”) , en el que se debate acerca del trabajo de un grupo de investigadores de Harvard y  el Hospital General de Massachusetts (MGH, de sus siglas  en inglés). Estos científicos muestran datos relevantes de que el péptido beta-amiloide - un indicador cuando se acumula en ciertas zonas del cerebro del padecimiento de alzhéimer, una enfermedad neurodegenerativa - puede proteger contra infecciones  causadas por levaduras y bacterias. Experimentos realizados en dos modelos animales y en células humanas cultivadas prueban que el amiloide beta se fija a moléculas de hidratos de carbono de la superficie de los microrganismos con lo que se previene la fijación de los invasores  a las células huésped. Este efecto, según señala el artículo en The Scientist, sugiere que  el péptido beta-amiloide puede funcionar de forma análoga a  los péptidos antimicrobianos del sistema inmune innato.

 

 

De acuerdo con el formato de reportaje, A. Azvolinski recoge testimonios de investigadores no implicados en el estudio así como de los autores. Entre los primeros, Douglas Ethell , un neurocientífico que trabaja en la Western University  of Health Sciences en California reconoce que: “ Durante mucho tiempo, el  beta-amiloide se ha considerado como un producto inútil de desecho que causa estragos en el cerebro “. Este artículo que se glosa provee de un significativo cuerpo de evidencias de que” el péptido beta-amiloideo juega importantes papeles fisiológicos que se empiezan a desvelar”. Rudolh Tanzi y Robert Moir que estudian la neurodegeneración en el MGH y son coautores del trabajo, confirman en la entrevista la solidez de los resultados. Han probado el efecto protector del péptido beta amiloideo en ratones, en el nematodo Caenorhabditis elegans y en cultivos de células humanas. Ratones jóvenes que expresan altos niveles del péptido pero sin presentar placas patológicas muestran mayor supervivencia a la infección por Salmonella typhimurium en comparación con estirpes salvajes que no expresan el péptido. De hecho, la inyección de las bacterias genera depósitos de placas que cobijan una célula bacteriana en su interior en una sola noche.

 

 

C. elegans que expresaba una forma modificada del beta amiloide humano sobrevivía tres o cuatro días más que los gusanos control cuando eran sometidos a una  infección con Candida albicans. Lo mismo sucede con las tasas de supervivencia a la infección por levaduras de células de neuroglioma cerebral o de células ováricas  de hámster cuando se han transformado tales cultivos con una isoforma del beta-amiloide. Los péptidos antimicrobianos de la inmunidad natural forman fibrillas y oligómeros  que capturan microbios. Idénticas estructuras forma el péptido beta amiloideo en los experimentos realizados por Tanzi y Moir. Este grupo sigue en la carrera  y va a explorar la presencia de patógenos en los cerebros de personas afectadas con alzhéimer.

 

 

En todo caso, estos fascinantes, ¿paradójicos? , resultados siguen poniendo de relieve la importancia de la revolución biológica en que vivimos en relación con el proceso intelectual científico de la comprensión del mundo. Constituyen además un buen ejemplo de la creciente importancia de los procesos de coevolución y convivencia entre humanos y microrganismos tanto para la supervivencia  natural con los microbios “buenos”, como para  la supervivencia reactiva  ante la agresión de los “malos”,  a saber los patógenos causantes de enfermedades infecciosas.  

 

 

 

 

 

 

 

 

El microbioma de nuestras bocas: Un proyecto  español interdisciplinar con tintes de “road movie”

 

 

 

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

 

 

 

La revista Science in School me ha servido en ocasiones  como instrumento de selección para difundir problemas de investigación  en biología de trascendencia y repercusión al haber sido escogidos y sabiamente tratados para  su transmisión a los estudiantes de educación secundaria.  El número de invierno correspondiente al año 2015 recoge un sugerente texto  acerca de un proyecto  del que también se puede sacar información en Google  ( www,sacalalengua.org). Lo traigo a esta ventana porque me parece altamente innovador  además  de que aporta pruebas  de que la interdisciplinariedad es  una realidad cada vez más  evidente  en el  fascinante desarrollo de la biología  actual.

 

 

Se trata de  un proyecto de ciencia ciudadana coordinado por el Centro de Regulación Genómica ( CRG)   en colaboración con  el Centro de Epidemiología Ambiental ( CREAL) – ambos ubicados en el catalán Parc de la Recerca Biomédica- y la Obra Social La Caixa. El proyecto se subtitula  para dar solidez científica al título social de “Saca la lengua” como el proyecto del microbioma bucal. Un tema que me parece extremadamente interesante aunque no parece que haya alcanzado esa gloria de las redes sociales que es ser “viral”. En el caso de la revista Science in School ( The European Journal for Science Teachers) , el articulo, excelente en mi opinión ,se titula: “ Safari in your mouth´s microbial jungle” y se debe a José Viosca, un neurocientífico que se  ha reconvertido en comunicador de la ciencia con un interés particular por la educación científica : ha trabajado en la sede italiana de Monterotondo del Laboratorio Europeo de Biología Molecular ( EMBL  de sus siglas en inglés), desde donde dio el paso a realizar prácticas editoriales  en la propia Science in School. Escribe en Twitter:@jviosca. El artículo en clara concomitancia con su título está escrito con reminiscencias cinematográficas, como si fuera una película de carretera o como una expedición de caza. Durante dos meses y medio del año 2015, el investigador Luis Bejarano que trabaja en el citado CRG  como parte del grupo que dirige Toni Gabaldón sobre Genómica  Comparada, ha recorrido más de 7000 kilómetros en España para recoger muestras de saliva de alumnos de escuelas a partir de 15 años . Ha coleccionado unas 1600 muestras con una furgoneta equipada con una centrífuga y un congelador. En el artículo J. Viosca recurre a las metáforas que están el título para desarrollar un buen trabajo de divulgación  del concepto de microbioma ,  que se inicia con una breve historia de que son las  bacterias y de su descubrimiento en el siglo XVII por Antonie van Leeuvenhoek, precisamente examinando su saliva en un microscopio  pionero. Hoy gracias a la importancia que dese hace unos pocos años ha alcanzado el concepto de microbioma, sabemos que la boca de los humanos es una jungla  en la que conviven con nosotros 140 millones de bacterias por mililitro de saliva  y que hay más de 700 especies diferentes  de microbios solo en nuestra “admirada” boca.

 

 

El autor no pone el énfasis en los beneficios de la convivencia sino que se  inclina por el dramatismo de las batallas entre microorganismos  que ha alumbrado la existencia de los antibióticos.  En el caso de la boca, quizás por eso ha utilizado el término jungla, pone el acento en los problemas que nos causan, empezando por el bien conocido problema de deteriorar nuestros dientes  para apuntar seguidamente  que muestran conexiones con patologías tales como el cáncer de páncreas, la ateroesclerosis, la diabetes y la obesidad. Sin embrago aclara que todavía no se conoce la respuesta a preguntas tan importantes como: ¿Los microorganismos que viven en la boca son causa o consecuencia de tales patologías ¿ ¿ Cómo los microorganismos actúan sobre órganos distantes? Una repuesta que  pretende derivarse  del proyecto  es que si se detectan cambios en el microbioma en las primeras fases de la enfermedad a partir de muestras de saliva  se produzcan mejoras en el diagnóstico o incluso  pueda plantearse una medicina preventiva.

El proyecto tiene un marcado carácter interdisciplinar. No solo es un proyecto de alta biología moderna sino que también se plantea como un proyecto epidemiológico- nada sorprendente dada la colaboración del  CREAL, una institución que se encuentra en la cabeza  de la epidemiología en España. Esta dimensión es clara porque Luis pasaba varias horas en cada escuela para explicar el proyecto y dar una visión de la vida del científico, sus cargas y sus logros, su parte dura  pero también sus satisfacciones y la diversión que esta tarea deriva. Tras esta introducción, alumnos voluntarios respondían a un cuestionario de forma anónima  con preguntas sobre estilos de vida. En muchos casos las preguntas tenían su origen en los estudiantes que habían contribuido en los meses de preparación del proyecto a definir y precisar  las preguntas relativas a tales formas de comportamiento vital. Este es un componente propio de la dimensión social del mismo, acorde con lo que se conoce como Estudios sobre Ciencia, tecnología y sociedad (estudios CTS) . Su origen se sitúa a mediados del siglo pasado, y  ahora en el programa Horizonte 2020 de la Comisión Europea se ha definido como “Ciencia con y para la sociedad” (SWAFS, del inglés)  y dentro de esta línea se ha acuñado el concepto de Investigación Responsable (RR, del inglés).

 

 

 A partir de ahí, la investigación experimental en biología  retoma el protagonismo  para lidiar con algunos de los campos más innovadores  de la biología más actual. Ante la complejidad de los microbiomas, tanto por su número como por su diversidad, además  de que muchas de las especies no se pueden cultiva, la microbiología ha evolucionado. Ya no es posible identificar y  caracterizar las especies según la microbiología de Pasteur y Koch, de acuerdo con la fórmula del aislamiento y cultivo, hay que recurrir a la genómica y la bioinformática.En todos los artículos de Science in School  hay  siempre un apartado en el que se recoge la opinión de un evaluador externo sobre el  tema y el articulo. No me resisto a citar lo que expone una evaluadora austríaca, Friedlinde Krotschek , sobre este artículo. Dice: “El artículo es un punto de partida para introducir la biología como ciencia   y como una conexión entre todas  las más importantes temáticas  científicas, incluyendo las matemáticas. El dato esencial  es que la biología se sitúa en el centro de una red en la cual  todas las ciencias pueden asociarse. Dicha red es necesaria  para explicar un amplio conjunto de fenómenos  naturales  y lo que se prueba es que hay que recurrir a muchas aproximaciones procedentes de ciencias diferentes para alcanzar una conclusión”.

 

 

Como declarado defensor de la vigencia y realidad de la interdisciplinariedad en este siglo al que  ya calificamos como “siglo de la  biología”,  no puedo estar más de  acuerdo.   

 

 

 

 

 

 

Nueva visión acerca del estado de la ciencia global: ¿Hay que  revisar como analizar los resultados?  

 

 

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

 

 

La revista Scientific American  y su coligada española, Investigación y Ciencia,  han venido ofreciendo en años recientes  un análisis de la situación  de la ciencia en el mundo global en que vivimos  al llegar al último número  anual. Fiel a esa joven costumbre, el número  de Investigación y Ciencia de diciembre de 2015  ha afrontado tal análisis de  manera realmente innovadora. Mientras que en años anteriores, el número se ornaba  con una ristra de tablas e ilustraciones con datos, ese número de 2015 ha optado por un análisis de corte reflexivo, y por lo tanto más  basado en el discurso que en los números. Incluso la ilustración  de dos páginas (20 y 21) que con el título ¿Cuán grande es la ciencia?,  ocupa el centro del espacio dedicado a la cuestión que nos ocupa,  es más discursivo que numérico.

 

Para este objetivo que se engloba bajo la  sección  rotulada “Gran Ciencia, grandes retos”, la revista ha seleccionado tres temas de calado en el ámbito de las políticas, que transitan desde el de la política científica hasta el de  la política criminal, pasando por el terreno de lo social. Son tres artículos que abordan esta temáticas con los siguientes títulos: “Las dificultades del  proyecto Cerebro humano” (págs.16-22); “Evaluación científica de los programas contra la pobreza” (págs.23-25) ;  y “ Ciencia para reducir el crimen” ( págs. 26-30).  Para su tratamiento se ha escogido  un triángulo escaleno de autores, con diferentes  profesiones, acreditaciones y afiliaciones.

 

El primero de los temas corre a cargo de Stephan Theil , periodista y editor con interés en y por las políticas públicas. El autor ha escrito un relato sugestivo, interesante,  bien argumentado y construido, que pone a prueba sus conocimientos sobre la política científica más actual: la que tiende a perseguir y valorar los impactos de la ciencia, bien sean económicos, sociales y/o mediáticos. El proyecto  Cerebro humano que ha gestionado Henry Markram cae dentro de lo que se ha llamado “gran ciencia” (“big science” ), un concepto  que emerge en política científica a finales de la década de 1980 y principios de los noventa: Markram es un neurocientífico que lleva persiguiendo  desde años la idea de alcanzar la modelización, la simulación matemática del cerebro. Para él, este logro supondría  el gran salto  para conocer el cerebro, de modo que permitiera no solo diseñar fármacos  y mejorar el conocimiento de  patologías tan elusivas como el alzhéimer, sino para abrir las puertas  a una tecnología que mejorara a los ordenadores y permitiera crear robots con capacidades cognitivas e incluso con posesión de inteligencia .En el año 2013,  la Comisión Europea concedió  una ayuda de mil millones de euros para este proyecto que suscitó dudas desde el inicio.

 

S.Theil  describe en  un apartado titulado “Auge y caída del proyecto” la difícil evolución de tal iniciativa. Recomiendo la lectura de este apartado, incluso separada  del cuerpo total del texto, pues ilustra de maravilla la estrategia y modo operativo de la política científica europea que se completa con referencias valiosas relativa a la sociología y la  economía de la ciencia que la acompañan en estos momentos  de la historia  en  una sociedad globalizada. La lección más clara que se destila de esta lectura es la necesidad de aplicar dimensiones y dinámicas éticas, asimismo modernas e innovadoras, en el  campo de la investigación y en la toma de decisiones sobre la financiación de la ciencia. Al mismo tiempo se constata que en este ámbito profesional, todavía impera en la comunidad científica  la ética de la responsabilidad para reaccionar contra decisiones y prácticas dudosas; tal reacción ha supuesto una revisión del proyecto en concepción y gestión. La diferencia de gobernanza en la gestión de la ciencia  entre Europa y Estados Unidos también fluye con claridad en el relato de Thiel al contraponer  el análisis crítico de cómo ha evolucionado la iniciativa Brain, el gran proyecto de la administración Obama presentado en abril de 2015, con la del proyecto de la Unión Europea liderado por Markram.

 

El segundo tema es otro magnífico ejemplo de la visión analítica crítica ante proyectos que no se ajustan a la metodología científica.  En este caso la crítica surge desde la ciencia económica, a pesar de la debilidad académica que arrastra a tenor de los errores en las políticas económicas aplicadas en Europa tras la crisis y en cuyas críticas quien escribe también viene echando su cuarto a espadas. El autor de esa revisión crítica es  Dean Karlan, profesor de economía de la Universidad  Yale y presidente  y fundador de” Innovaciones  para la acción contra la Pobreza”, un grupo de investigación sin ánimo de lucro. Su afiliación acredita la calidad académica del autor y prueba además que en las universidades norte americanas  se enseña e investiga en corrientes ahora marginales de la ciencia económica que en esas prestigiosas instituciones conviven con  la corriente neoliberal monetarista, a diferencia de lo que ocurre mayoritariamente en Europa y aún más en nuestro país, en donde  tales corrientes viven años de injusta, intelectualmente hablando, marginalización. La síntesis del artículo es que” muchos proyectos filantrópicos se lanzan sin plantearse la evaluación de los resultados. Karlan cita, como ejemplo, a los microcréditos que no han conseguido incrementar los ingresos medios de los seres más pobres del planeta”. Por ello, el autor propone que se utilicen evaluaciones científicas, dentro del ámbito de las ciencias sociales, para conseguir que la filantropía se convierta en una ciencia. “Este paso no será una panacea para la pobreza pero al menos supondrá un avance para aumentar la eficiencia de los programas que tratan de combatirla”.

 

El tercer artículo aborda la cuestión  de la violencia  como gran problema de la sociedad moderna, y sobre todo de las ciudades. Su autor es Rodrigo Guerrero Velasco que fue alcalde de Cali durante los periodos 1992-1994 y 2012-2015. En los años intermedios trabajó en la Organización Panamericana de la Salud e intervino en la fundación de VallenPaz con el objetivo de crear programas económicos en la Colombia rural que contribuyeran a modular ,contrapesar, los efectos de las guerrillas y el recurso a los cultivos para la producción de drogas.

 

La esencia del artículo es difundir que una aproximación científica en el análisis de datos  sobre violencia-  aplicación de métodos epidemiológicos- permite reducir las tasas de homicidios. Estrategia que se completó con cambios en la normativa sobre el uso de armas y la venta de alcohol, la presencia policial y la promoción de actividades sociales y puestos de trabajo para  los jóvenes. Se promovió un cambio cultural y se pensaba, en cómo ese cambio iba a influir en la evolución del problema. Lo que se ha resumido, ofrece una nueva perspectiva  en el análisis de la situación y la influencia de la ciencia en este mundo complejo y contradictorio a fuer de  estar globalizado: la ciencia no se debe analizar desde la homogeneización de modelos numéricos para servir a una burocracia rutinaria. Cuando uno ha defendido estas ideas y se encuentra con que otros actores, alejados espacial y profesionalmente, coinciden,  se  alcanza una satisfacción, no movida por el orgullo, sino por la convergencia intelectual como hecho científico.

 

 

 

 

 

Cultura Científica: Educación, compromiso y evolución  

 

 

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

 

 

El sábado 27 de febrero de 2016, el periódico El País (pág.27) recogía el sobrecogedor relato de un padre que declaraba en el titular “A mi hijo lo ha matado la incultura científica”.  Este hijo, un estudiante de Física de 21 años, decidió abandonar el tratamiento de la leucemia que padecía “para optar por una pseudoterapia que proponía la cura del cáncer con vitaminas”. El calvario sufrido por el joven al escoger esta vía duró seis meses y falleció en julio de 2014. Asimismo, por aquellas fechas, unos padres, afines al colectivo anti vacunas, eran testigos de la muerte de su hijo  por la la acción de la toxina diftérica, hijo al que habían decidido no vacunar contra el bacilo diftérico. Estos dos dramáticos sucesos deben hacer pensar  sobre la importancia del conocimiento científico para ser ciudadanos responsables.

 

 

El padre del joven  que sufría leucemia y que se dejó atraer por un curandero según la narración  del periodista Javier Salas, ha emprendido una importante iniciativa para difundir información “ que sirva para contrarrestar los mensajes   de estos estafadores”. Esta  Asociación para Proteger el Enfermo de Terapias Pseudocientíficas (APETP)  representa un paso importante  hacia la enculturación científica, puesto que busca aumentar los conocimientos científicos en la ciudadanía y alcanzar tal objetivo  desde una visión cooperativa al contar con la colaboración de “divulgadores, activistas y especialistas”.

 

 

No obstante, la cuestión de la cultura científica no es sencilla, ni puede  clausurarse solo con iniciativas participativas como la que se ha expuesto. Desde que me he visto  inmerso en los estudios relacionados  con la percepción social ante los desarrollos biotecnológicos, he  intervenido en cursos, conferencias y seminarios y publicados artículos, capítulos de libros e incluso libros, sobre dicho tema. En una ponencia presentada en el seminario “La cultura científica en la sociedad de la información “ ( Oviedo, 2002, finales de mayo y principios de junio), a la que se puede acceder en digital.csic.es (http://digital.csic.es/bitstream/10261/1503/1/dt-0207.pdf), se tratan los siguientes aspectos:  los problemas de la definición de la cultura científica, los factores que inciden en la comprensión pública de la actividad científica,  las  características de dicha actividad y los instrumentos para su medida. En todo caso, estimo que una de las iniciativas importantes llevadas a cabo en España  para abordar este asunto ha sido la creación, en la que he tenido la fortuna de intervenir, de la Unidad de Investigación en Cultura Científica del CIEMAT (UICC), mediante un convenio de colaboración con las universidades de Oviedo y de las islas Baleares. La UICC es una unidad interdisciplinar e interinstitucional  que trabaja en red  (http://www.ciemat.es/cargarGrupoInvestigacion.do?identificador=14.

 

 

De todos estos trabajos ha emergido con claridad y fuerza la idea de que la educación se configura como uno de los factores esenciales para avanzar en la cultura científica de los ciudadanos. A este respecto , es pertinente la referencia al trabajo publicado en Investigación y Ciencia ( número de octubre de 2015, págs. 30-38) con el título “ La Educación Científica  del Siglo XXI: Retos y propuestas”, del que son autores : Neus  Sanmartí Puig, profesora emérita de didáctica de las ciencias en la Universidad  Autónoma de  Barcelona, e Iván Marchán Carvajal, profesor de física y química en el Instituto Europa de Hospitalet del Llobregat, Los autores sitúan el  problema en el contexto de una sociedad en la que los cambios sociales y tecnológicos que han tenido lugar en los últimos decenios, colocan a los profesores responsables de las asignaturas  de ciencias ante importantes retos. Ante tales retos, en el texto se ofrecen  datos y elementos para  una reflexión profunda que no puedo  abordar en profundidad por limitaciones de espacio, pero pretendo  extraer algunas ideas,  a la par que recomiendo su lectura y elogio la oportunidad y calidad de lo que  el artículo ofrece. Entre los puntos  que entresaco quiero mencionar en primer lugar, el reconocimiento de la lentitud de que adolece la educación  frente a la velocidad  con que se producen los cambios en la sociedad. Lo más significativo para mí es que se reconoce que: “Actualmente nadie duda de la importancia de enseñar  ciencias a todos los estudiantes hasta la finalización de los estudios obligatorios (secundaria)”. También se admite que la enseñanza de las ciencias entraña dificultades en el plano cognitivo y que falla en el poder de atracción  sobre los estudiantes.

 

 

Hay algunos hechos  relacionados  con la educación que dimanan del artículo, que me gustaría subrayar. En primer lugar, la importancia de desarrollar proyectos innovadores para afrontar los retos sociales, políticos, económicos y éticos que encara nuestra sociedad. En segundo lugar, el conflicto entre las visiones y los objetivos de la comunidad educativa, que persigue, en línea con la orientación norteamericana, la “alfabetización científica “de  los estudiantes, y aquellos que proceden  de las organizaciones empresariales, las cuáles preconizan  que los jóvenes deben ser preparados para satisfacer las demandas del mundo laboral. En tercer lugar, las contradicciones que se detectan en el entorno internacional,  como ejemplifica la OCDE,  que a iniciativa de sus países miembros, estableció  en el año 2000 un programa de evaluación internacional de los estudiantes para influir en los currículos escolares ( las famosas pruebas PISA ) que apuntan hacia una visión basada en las competencias. El texto que glosamos indica que el marco conceptual para las pruebas PISA 2015 en relación con la competencia en ciencias ha fijado la idea de que hay que poner el eje en la alfabetización científica  para que el alumno pueda involucrarse con reflexión  en las temáticas relacionadas con la ciencia y las ideas de la ciencia. Se propone que los alumnos deben saber: explicar fenómenos  en términos científicos, evaluar y diseñar investigaciones científicas, interpretar datos y pruebas científicamente. En suma, aunque no se explicite, lo que se prescribe es que los alumnos aprendan y apliquen el método científico. Esta interpretación permite  añadir una  apreciación personal acerca de que hay que tener  siempre delante la importancia de la investigación orientada solo a la producción de conocimientos (la básica o fundamental), sin apriorismos  de utilitarismos como ya he señalado en diversas ocasiones en esta web. Sobre esta importante cuestión  recomiendo  el libro de Nuccio Ordine , La utilidad de lo inútil (Acantilado, Quaderns  Crema S. A., Barcelona, 2013). En esencia,  el trabajo sobre la didáctica de las ciencias  nos advierte  de los riesgos de la inoperancia, la rutina y el sectarismo que pueden  atravesar el diseño de estrategias  educativas. Y además recuerda que hay que asumir un compromiso  en la enseñanza de las ciencias por la interdisciplinariedad, por la adquisición de competencias y valores, así como la importancia de los contextos. Algo con lo que no puedo estar más de acuerdo ya que  estimo que hay que favorecer las dinámicas evolucionistas en función de los contextos socioculturales de modo reflexivo y continuo. En este sentido, acabo con la conclusión de los profesores Sanmartí y Marchán  en el artículo analizado: “La enseñanza de las ciencias para el siglo XXI tiene un  reto importante: reinventarse”.    

 

 

 

 

 

 

La ética en la investigación científica. Responsabilidad de y con la ciencia  

 

 

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

 

En 1992 se creó la Oficina de  los Estados Unidos sobre la Integridad en Investigación (ORI , de sus siglas en inglés), fruto de la integración de dos instituciones: el “Office of Research integrity” de los Institutos Nacionales de la Salud  norteamericanos  (NIH, del inglés) y el “Office of  Scientific Integrity Review”, asociado al Departamento  de Salud y Servicios Humanos ( “ Department of Health and Human Services “) del  gobierno estadounidense. Las funciones del ORI son: la supervisión y la dirección de las actividades relacionadas con la integridad del Servicio de Salud Pública en nombre del  Secretario de Salud y Servicios Humanos , con la excepción de  aquellas actividades regulatorias  que corren a cargo de la Food and Drug Administration ( FDA), muy conocida en los ámbitos  farmacéuticos del mundo. Podía pensarse, a partir de esa definición, que el ORI fuera la institución que canalizara esencialmente las cuestiones relacionadas con l bioética. Pronto se pudo comprobar que no era así ya que, quizás a causa del gran desarrollo de las ciencias biomédicas y de la creciente importancia de sus aplicaciones biotecnológicas, el ORI estuvo implicado  en el debate sobre la integridad ética de la actividad investigadora  y de modo evidente de las dimensiones y dinámicas éticas que acompañan la publicación de los resultados de dicha actividad. Desde la emergencia de esta  función del ORI, me interesé  por esa entidad como proponente y cultivador de un programa de investigación sobre “filosofía de la política científica”,  que se iniciaba precisamente en tales fechas. A raíz de esas inquietudes, llevo un cuarto de siglo interesado  por la ética en la investigación científica y el desarrollo tecnológico, intereses que se han ido reflejando en una serie de publicaciones, algunas de ellas en esta web de ASEBIO.

 

 

La filosofía de la política científica permite conocer cuándo y cómo surge tal política  y por qué y por quien se pone en práctica. En este proceso de indagación, he contribuido con trabajos que, insisto, han ido más allá del atrayente, pero más focalizado,  campo de la bioética. En el curso de esta actividad investigadora se ha constatado la evolución  mediada contextualmente  de la política científica. Esta evolución  ha derivado del concepto  político de “la ciencia como frontera sin límites “que propuso y desarrolló inicialmente Vannevar Bush, que se articuló académicamente por medio de la sociología mertoniana y que se ejecutó por la National Science Foundation, hacia la visión ofrecida- en el trabajo de Michael  Gibbons y colaboradores del “modo 2” de producción de los conocimientos, trabajo promovido desde la  perspectiva de la Comisión Europea. Este modo 2 que conecta  ciencia y empresa, también se ha referido como tecnociencia , término empleado  entre otros por Javier  Echeverría en relación a la política científica. Una consecuencia de esta reorientación ha sido la  conversión de la ciencia en “commodity”, en objeto de negocio.

 

 

Verosímilmente, tanto  por esta razón como por la enorme competitividad  científica y tecnológica en la que se viene desarrollando la investigación científica desde la segunda mitad del siglo XX,  se ha generado la presencia de  fraudes, y no solo lógicos errores, en las publicaciones científicas. Lo positivo, a pesar de la situación preocupante que  estudiosos de la política científica venimos denunciando, es que la propia comunidad científica es capaz de reaccionar contra esta  flagrante violación de las reglas y principios  establecidos  por V. Bush y desarrollados sociológicamente por Robert K. Merton.  En efecto, la revista The Scientist  que lleva tiempo siguiendo este tema , ha hecho un esfuerzo particular al finalizar el año 2015. En el mes de diciembre se han publicado, al menos, tres artículos sobre esta cuestión, recogidos en su edición online. Dos de ellos con fecha del  1 de diciembre, con los títulos, autores y secciones en las que aparecen, se detallan a continuación: uno, “ Explaining Retractations” ( explicando las retractaciones, las retiradas de artículos) por Hervé Maissonneuv y Evelyne Decullier, sección “ Critic at large” ( Critica abierta, libre), que trata de que los editores y las editoriales  deberían utilizar un formulario estándar para dar cuenta de los porqués se retiran los artículos ; el otro, “ Self Correction” ( auto corrección ) por Kerry Grens, sección “ Careers” ( carreras científicas), que contiene recomendaciones  acerca de lo que debe hacer un autor científico cuando se da cuenta de  que su trabajo está “ fatalmente viciado”.  El tercer artículo, publicado con fecha del 23 de diciembre,  con el título  “ The Top 10 Retractations” ( las 10 retractaciones memorables) recoge  esos diez casos a juicio del  “ Retraction Watch”( el Observatorio de la Retractación ).

 

 

Además de recomendar su lectura para lo que Google puede ser un excelente soporte, sintetizo algunos datos reveladores:  “Las retractaciones están en alza. Al principio de la década del  2000, el número de retractaciones que se hacían públicas oscilaba en torno a 30, mientras que ese número ha ascendido una década después a  500 trabajos retirados. En agosto de 2010 se lanzó la iniciativa “Retraction Watch”  que ha contribuido a incrementar el interés de las editoriales, los editores, los autores, y la prensa especializada por  los manuscritos que se retiran de la literatura científica. Anteriormente, las retractaciones tenían poca visibilidad ya que se hacían sin ninguna advertencia.  Desde la aparición del Observatorio, la comunidad científica  puede seguir la pista de los trabajos  defectuosos, y a menudo conocer  y aprender  algo acerca de las historias que rodean a los desistimientos .  La revista The Scientist  ha enarbolado esta bandera  y presta una gran atención  a  esta cruzada en defensa de la responsabilidad e integridad de la actividad científica y de sus actores, los investigadores. En España la Ley 14/2011, de 1 de junio, de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación,  contempla en su artículo 10 la creación del Comité Español  de Ética de la Investigación, adscrito al Consejo de Política Científica, Tecnológica y de la Innovación, como órgano colegiado de carácter consultivo  sobre materias relacionadas con la ética profesional en la investigación científica y técnica. Cuatro años y medio después, no tengo conocimiento de que se haya puesto en marcha dicho Comité como tantos otros puntos y disposiciones de dicha ley.

 

 

Sorprendentemente,   el 2 de  diciembre de 201, se presentaba en la sede central del Consejo  Superior de Investigaciones Científicas   (CSIC) , la” Declaración Nacional sobre Integridad Científica “, suscrita   por tres instituciones: el propio CSIC,  la Confederación de Sociedades Científicas de España  (COSCE) y la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas ( CRUE). En la Declaración no se hace referencia a la ley en vigor, por lo tanto  ignoro si esta declaración guarda relación con dicho precepto o es una interesante iniciativa institucional. De ella ya hay información de interés en Google. Es justo reconocer la importancia de  esta acción institucional aunque no me satisfaga el concepto de integridad científica y requiera a mi entender un cierto debate semántico y filosófico, junto al hecho de que no deje de lamentar la ausencia de desarrollos de la ley citada.

 

 

 

 

Cerco sobre el alzhéimer: Prevención, acción personalizada y modelos matemáticos 

 

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

 

Empiezo este Ojo crítico con confesiones. Confieso en primer lugar  que pondría en un marco el número de julio de 2015 de Investigación y Ciencia, la versión española de Scientific American. Dicho número ha supuesto un rico caladero para la búsqueda de  grandes temas científicos y técnicos con los que se puede reflexionar desde la perspectiva de la alta divulgación. Reconozco asimismo que no soy imparcial respecto a uno de los redactores de la revista original. Me refiero a Gary Stix, a quien aprecio por su forma de aproximarse a la neurobiología. En dicho número y bajo la rúbrica Medicina, Stix presenta un trabajo de investigación antropológica sobre lo que podemos considerar un ejemplo de la interdisciplinariedad con la que se  construye la investigación en la biomedicina contemporánea, apoyándose en evidentes estrategias biotecnológicas en atención al empleo  de una diversidad  de técnicas.

 

El artículo se recoge en las páginas 32-39 del citado número de julio. Está escrito  como si fuera un reportaje para el suplemento de una publicación convencional. Se titula “Conjurar la maldición del alzhéimer" y para su elaboración  ha contado con la colaboración de  un fotógrafo, Juan Avendaño. Bajo esa forma de reportaje, Stix aborda el caso innovador de “un grupo de familias colombianas afectadas por una forma hereditaria  de baja frecuencia de la enfermedad (neurodegenerativa) que ha atraído la atención de los científicos que buscan tratamientos contra este mal”.  Como reconoce el autor: “Desde hace años todos los intentos por desarrollar un tratamiento con el mal han caído en saco roto”. Esta frustración ha llevado a la conclusión de que cuando los síntomas aparecen quizá es demasiado tarde para frenar la enfermedad. De ahí que la estrategia se haya orientado a la prevención. Se trataría de administrar los fármacos experimentales a personas sanas y someterlas a un seguimiento regular.

 

 

Esta estrategia aplicada a la población general sería muy difícil y costosa de aplicar. En línea con lo que se ha dado en llamar “medicina personalizada”, un neurólogo colombiano de 63 años, Francisco Lopera, ha avanzado una aproximación a lo que  llamamos “medicina personalizada” para lo  que ha aportado su experiencia vital con familias vecinas de zonas rurales  cercanas a la ciudad de Medellín. Esas familias poseen una carga genética que les predispone a sufrir  una forma hereditaria   de baja frecuencia de la enfermedad. Al concluir su trabajo posdoctoral en Bélgica a finales de la década de los 1980, Lopera que ya había conocido la primera familia  en  la que suponía que estaba afectada por tal predisposición  a sufrir la enfermedad en edad temprana, decidió regresar a Colombia en 1987 cuando se acercaba a la cuarentena. Desde entonces, el hoy jefe del grupo de neurociencias de la Universidad de Antioquía  ha podido trazar  con precisión los árboles genealógicos de las 26 familias afectadas. Este cambio de énfasis hacia la prevención en la lucha contra el alzhéimer ha supuesto recurrir a las técnicas físicas de imagen  más avanzadas en el diagnóstico: la resonancia magnética, la tomografía en sus variantes  junto con la punción lumbar permiten revelar signos del alzhéimer en el sistema nervioso central.

 

 

La disposición de personas predispuestas a la enfermedad en combinación con el uso de las técnicas físicas antedichas permite desarrollar el ensayo clínico  anticipatorio (Iniciativa para la Prevención del Alzhéimer) con fármacos nuevos o antiguos que han fracasado cuando se han aplicado en fases ya avanzadas de la enfermedad. La curiosidad inicial por las familias colombianas ha seguido una evolución positiva hasta convertirse en un proyecto  de investigación con varias facetas en su desarrollo. La colaboración internacional con varios grupos destacados norteamericanos como los de Kenneth S. Kusik cuando estaba en la Facultad de Medicina de Harvard, Alison Coate de la Universidad de Washington en San Luis, junto otros investigadores estadounidenses, ayudó a Lopera  a localizar en 1999 la mutación Paisa en el cromosoma 14. La popularidad de las familias colombianas ha trascendido ámbitos y fronteras. La orientación de los ensayos clínicos hacia la prevención es consecuencia del fracaso  que ha resultado de los tratamientos ensayados. Como Stix señala: “De los 413 estudios clínicos registrados entre 2002 y 2012, más del 99 por ciento no han cosechado los frutos esperados”. Como mucho, los pocos fármacos aprobados aportan un alivio pasajero de las molestias, pero no consiguen frenar el deterioro de la memoria y de otras capacidades cognitivas.

 

 

El artículo destaca en la parte final algunos datos interesantes acerca de la evolución del proyecto, que ha ido incorporando algunas características que lo orientan hacia sugerentes  procesos de gobernanza y lo proyectan sobre los caminos de la ética. Entre esas características cabe mencionar en primer lugar la cooperación y la internacionalización, estrategia  canalizada por el Instituto Banner para el Alzheimer ubicado en Phoenix, Arizona, que atrajo a atención de las grandes farmacéuticas sobre el proyecto. El Instituto se asoció con Genentech  y la Universidad de Antioquía para emprender un ensayo con crenezumab .El segundo elemento  para sustentar el  progreso del proyecto fue  la asunción del liderazgo  por parte de Lopera y la Universidad de Antioquía gracias a la confianza depositada en estos agentes latinoamericanos por la Fundación Banner. En tercer lugar, y no menos importante, por la participación de las familias para el éxito del ensayo  gracias a los poderosos lazos establecidos entre Lopera y sus colaboradores con las familias. Las familias colombianas cuyos recuerdos sobre parientes enfermos se remontan varias generaciones, han acogido y se han implicado en el proyecto con entusiasmo. Definiría a Gary Stix  como un intelectual pragmático y como tal desliza la siguiente consideración: Aunque el crenezumab fracase en Colombia, no todo estará perdido. El ensayo  representa el mejor análisis para demostrar la vigente hipótesis del amiloide beta” como responsable , en forma de fragmentos tóxicos de la proteína , de la patología del alzhéimer.

 

 

Entretanto,  al otro lado del Atlántico, el boletín Notiweb de madri + d (  9 de diciembre de 2015) se hace eco de un trabajo del Instituto de Neurociencias  de la Universidad Autónoma de Barcelona, en colaboración  con el Hospital General  de Massachussetts, en el que utilizando modelos matemáticos  similares a las que se utilizan  para estudiar las galaxias, han dado un giro a  la investigación sobre  esta patología. Este análisis demuestra un cambio acerca de lo que se creía sobre el papel de los astrocitos  en el proceso de inflamación del cerebro; de ellos,  se postulaba  que se desplazaban  hacia las placas de amiloide y que las fagocitaban. La investigación realizada constata sin embargo que los astrocitos se  alejan de tales placas, se repelen entre sí,  y  son repelidos por las placas amiloides. Tenemos un nuevo ejemplo de investigación interdisciplinar y de visión holística en la biomedicina contemporánea para afrontar problemas complejos. ¡ Esto sí que es innovación radical,  disruptiva !

 

 

 

 

La transmisión del saber agrícola y el Neolítico: Modelos matemáticos y reflexiones sobre política científica

 

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

 

Mi carrera investigadora ha estado enmarcada por la orientación interdisciplinar. Empezó con   la investigación sobre la bioquímica, la biología celular y molecular de los microrganismos, buscando no solo la obtención de conocimientos básicos sobre sus estructuras celulares y sus componentes, sino también persiguiendo la posible repercusión de tales hallazgos en campos esenciales para el bienestar humano como la alimentación y la salud. En un momento crítico de mi actividad investigadora en España, al detectar déficits importantes en la promoción de la ciencia, decidí apostar por la implicación en la política científica. La política científica moderna se convirtió en una cosmovisión con el fin de comprender el porqué de las dificultades  de la ciencia española para alcanzar la asíntota de la excelencia  mundial.

 

 

El periodo álgido de esta preocupación filosófica y  propositiva coincidió con la segunda etapa de mi actividad investigadora  iniciada en 1991 al abordar el ámbito interdisciplinar de los estudios  sobre las relaciones entre ciencia, tecnología y sociedad (estudios CTS), albergados desde su origen por instituciones dedicadas al cultivo de  las humanidades y las ciencias sociales. Opté por articular mis investigaciones alrededor de dos programas: uno sobre  filosofía de la política científica y otro sobre filosofía de la biología con el propósito de que se diera una feliz hibridación entre ellos. Los soportes epistémicos para la ejecución de tales programas han sido la evolución, en su vertiente más integradora  y sistémica como marco teórico;   mientras que,  la evaluación  y el seguimiento de los procesos orientados a la enculturación social sobre el  desarrollo de la ciencia y la tecnología, la alta divulgación de la sociología e historia de la investigación científica, el análisis de las reacciones de la sociedad ante los avances científicos y tecnológicos con sus posibles impactos  políticos, normativos y éticos,  han constituido el armazón para explorar las dimensiones y dinámicas prácticas de dichos programas.

 

 

Tanto esta web de ASEBIO, casi un centenar de editoriales en el Boletín Perspectivas  y más de cuarenta y cinco textos de opinión en la sección Ojo crítico, como la web del Instituto Roche ( www.institutoroche.es),  donde se han publicado cuarenta editoriales con mi firma y otro introduciendo al joven  y brillante historiador Miguel García Sancho, junto  con  más de cuarenta artículos  sobre Bioinformática, Genómica aplicada  y Nuevas vías,   han sido dos plataformas esenciales para la difusión de los resultados de tales proyectos durante el periodo 2006-2015. El trípode integrado por la evolución, la alta divulgación y la ciencia y sus metodologías con especial énfasis en la biología moderna y contemporánea, ha funcionado con eficiencia  para ser soporte de mis intereses  y  percepciones  con  el objetivo de analizar problemas de actualidad y cuestiones significativas para la vida social y política bajo una  perspectiva lo más interdisciplinar posible. De nuevo nos rinde utilidad este trípode; en este caso se trata de la publicación en el número de julio de la revista Investigación y Ciencia y bajo la rúbrica Prehistoria (págs. 58-65), de un texto muy sugerente e innovador  que describe la  aplicación de modelos matemáticos  al estudio de la transición neolítica, de modo específico para “reconstruir el proceso ( espacio-temporal) por el que la agricultura llegó a Europa desde Oriente Próximo. Ell autor es Joaquim Fort, catedrático de física de la Universidad de Girona y especialista en  aplicar modelos matemáticos y simulaciones por ordenador para probar hipótesis históricas. Lo más importante en relación a nuestra constante  defensa de  la investigación interdisciplinar  es comprobar cómo estas aproximaciones “han permitido identificar que en  la evolución histórica de las sociedades humanas han tenido lugar algunos fenómenos generales observados en otras disciplinas como la genética de poblaciones, la lingüística y la antropología”.

 

 

Inicia Fort el texto  partiendo del trabajo pionero del arqueólogo Albert  Ammerman y el genetista  Luigi Luca Cavalli-Sforza, los dos adscritos en  aquellos tiempos a la Universidad de Stanford, Esos científicos desarrollaron  en 1973 el primer modelo  matemático que permitió explorar  la velocidad de propagación de la transición (revolución) neolítica en Europa, en  cuyo trabajo se predijo que  por “ el alejamiento del lugar de los agricultores (Oriente Próximo  en el caso de  Europa)  los genes de las poblaciones pasadas- y quizás de las actuales-serían  cada vez más distintos, fenómeno que recibió el nombre de clina genética”. Sorprendente en términos de política  y sociología de la ciencia  es que la “clina genética” predicha por Ammerman y Cavalli-Sforza fuera confirmada cinco años después (1978) por  el grupo de Cavalli- Sforza.   Además es enormemente constructivo para hacer  llegar a la sociedad la forma en que funciona  la investigación científica, difundir el relato que hace Fort  de cómo se llegó a emplear un modelo matemático para describir un fenómeno histórico. Cavall- Sforza había trabajado en el laboratorio de Sir Ronald Fischer , eminente estadístico y genetista de la Universidad de Cambridge. Allí accedió a un trabajo de Fisher en el que se proponía que un gen (o una población) podía expandirse propagándose como una “ola de avance”. Sobre esta base, Cavalli_ Sforza  decidió aplicar una versión del modelo de Fisher a la transición del Neolítico: la población agrícola se reproduce y sus hijos emigran hacia otros lugares, hay un avance de modo similar a como lo hace una ola en el mar. No obstante, esta ola no está formada por moléculas de agua sino por individuos humanos; además no  adopta forma de montículo sino de escalón. Fort describe de un modo muy atractivo todo el potencial analítico de los modelos matemáticos hasta entender procesos tan variados como: la velocidad de propagación, la evolución de la diversidad cultural durante el proceso, y la importancia relativa de la difusión de poblaciones e ideas.

 

 

En el apartado final del artículo, el autor da un importante salto en términos de prospectiva gnoseológica, de favorecer el conocimiento. Su pregunta básica concierne  al potencial que ofrecen las matemáticas para describir la prehistoria: reconoce que los procesos históricos no pueden repetirse y  por lo tanto, tales datos quedan lejos de la experimentación. Para avanzar en una respuesta, evoca a la cosmología como ciencia de referencia para afrontar esta situación. Otros temas relacionados como el de la expansión de lenguas indoeuropeas ya se ha tratado recientemente en esta web ( editorial del Boletín de enero de 2016). Por otro lado, termino formulando una pregunta retórica: ¿Bajo la dirección de la política científica corriendo a cargo de un Ministerio de Economía y Competitividad,  se habría financiado el proyecto inicial de Cavalli-Sforza?

 

 

 

 

 

La controversia sobre el  sistema CRISPR (edición génica): Aspectos sociológicos y políticos con tintes de nacionalismos

 

 

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

 

Este texto es un híbrido de sociología y política de la ciencia y de la comunicación científica. Una primera anotación sobre este último punto. La revista  The Scientist fue fundada en 1986 por Eugene Garfield, uno de los padres de  los desarrollos bibliométricos que se aplican en política científica. La publicación se ha convertido en un poderoso sensor  de la actividad científica en el ámbito de las ciencias y tecnologías de la vida y su población objetivo son los propios científicos y  los agentes que difunden sus actividades. Se distribuye por una doble vía: como revista en papel y periodicidad mensual- en este momento circula por el volumen nº 30- y electrónicamente con la emisión selectiva diaria de artículos y noticias. Recibo  las versiones online que archivo y que me permiten mantener la visión sobre la evolución de la biología  contemporánea, eso si desde la perspectiva estadounidense.

 

Por razones tanto de interés como de oportunidad le he prestado  una particular atención  a  las versiones de finales de 2015 y el inicio de 2016, en las que se ha generado un interesante debate sobre la historia del descubrimiento del sistema  CRISPR/ Cas 9 y la cuestión de las patentes en relación con su potencial de aplicaciones terapéuticas. El impacto de este descubrimiento/invento en 2015 ha sido enorme, que se iniciaron con  los reconocimientos en la revista Nature (diciembre de 2013). En España el interés por este   instrumento biotecnológico ha  mostrado un crecimiento exponencial en dicho año ,activado por la concesión del Premio Princesa de Asturias en el apartado de Investigación /Ciencias.  En el Boletín Perspectivas de septiembre de 2015  ya me hice eco con el editorial número 91, titulado “Revolución  en la ingeniería genética: Hipérbole, entusiasmo e interéticas “, y que asimismo fue tratado en un texto  para la sección Ojo crítico en fechas próximas a dicho Boletín.

 

The Scientist  ha publicado dos interesantes artículos profundizando en los aspectos sociológicos, políticos y éticos que rodean las repercusiones de esta tecnología que  ha abierto notables perspectivas sanitarias y socio-económicas. El primero de ellos (diciembre de 2015) que firma Bob Grant,  recoge una  conversación  con George Church  que  es un reconocido líder en el campo de la biología sintética  en el Instituto Nyss de la Universidad Harvard, donde   es  Profesor de Genética en la Facultad de Medicina  y Profesor de Ciencias de la Salud y Tecnología en posición compartida entre Harvard y MIT. Es conocido por sus innovadoras contribuciones en el terreno de la genómica. Muchas de ellas se han transferido al mundo empresarial, sirviendo a la creación de empresas en los ámbitos de las energías renovables y la secuenciación genómica.

 

Church solicitó la conversación con The Scientist a raíz de un artículo previo de Jef Askt en la misma revista reseñando una  Cumbre sobre Edición de Genes en Humanos. En esa reseña,  Askt había reconocido a Jennifer Doubna (Universidad de California en Berkeley), Emmanuelle Charpentier (Iinstituto  Max Planck para la Biología de la Infección) y Feng Zhang del Instituto Broad , institución mixta entre Harvard y el MIT, como los tres descubridores de la edición génica , si bien también evocaba a otra docena de nombres importantes en la ciencia genómica.  Church reclamaba que se reconociera una contribución de su grupo que se había publicado en el mismo número de Science (febrero de 2013 ) donde apareció el artículo de Zhang, y en  la que se había aplicado el sistema CRISPR/ Cas 9 a células madre humanas.

 

La posición de Church es que mientras que la  contribución de Doubna y Charpentier fue pionera en estudiar el sistema enzimático, la consecución  de que dicho sistema pudiera editar genes de modo preciso por la vía de la recombinación homóloga es otra historia.  El autor del artículo donde se recoge la puntualización de Church ( ¿ posicionamiento ante un posible Premio Nobel ? amén del debate sobre patentes que también ha estallado )recuerda de forma exhaustiva  las contribuciones previas sobre el descubrimiento  de  CRIS.PR : se inicia en 1987 por el grupo de Yoshizumi Ishino de la Universidad de Osaka que publicó la secuencia de corta repetición, iap,  en Escherichia coli. En 2015, Francis Mójica  (Universidad de Alicante) y sus colaboradores caracterizaron  el locus  que sería denominado CRISPR . Estos investigadores reconocieron que lo que ellos y otros habían considerado secuencias sin sentido compartían características comunes. Mójica y su colega Ruud Jansenn acuñaron el término CRISPR (acrónimo de clustered regularly-interspaced short  palindromic repeats ) en un intercambio de correspondencia entre finales de los 90 y principios del 2000). Tanto Church como Zhang han reconocido que esta fantástica historia científica es el resultado de una  creación de investigación básica  de naturaleza global y de gran calidad. Doubna por su parte ha asumido  la reclamación de Church.

 

Es interesante que la versión online de The Scientist recoge comentarios externos críticos con la controversia sobre autorías y  apuntan en la dirección de criticar los “egos”, “la mediatización” y  la “comercialización “de la ciencia.  Para añadir más leña al fuego, Eric Lander, otro de los “popes” de la genómica, presidente y director del Instituto Broad ha publicado un artículo en Cell   en el que ha ofrecido un relato histórico de los logros que están detrás de la técnica CRISPR. Este artículo ha provocado reacciones de The Scientist (19 de enero de 2016) en un artículo  que se titula “Heroes of CRISPR Disputed”   del editor de la sección de Noticias ( News) de la revista,  Tracy Vence. En este artículo se  reflejan el debate y las duras críticas suscitadas por el artículo de Lander que se extienden a  la reputada revista Cell.

 

En medio de este conflicto de intereses,  en que un biólogo molecular quiere convertirse en cronista e historiador, surge el tema de  la contribución muy importante por pionera de un grupo español de investigación a CRISPR: está provocando alguna reacción   de medios y  científicos próximos como es el caso del Director del Instituto de Neurociencias de Alicante, Juan Lerma, reclamando un reconocimiento a esa contribución.  El problema  es que cuando me he puesto a investigar el tema  a través de Google, he percibido  la distancia entre la estrategia de los grupos norteamericanos y la de nuestro valioso , pero modesto  investigador, F.J.M. Mójica;  es sideral .Tampoco debemos olvidar en el caso europeo la  situación de su colega en Utrecht , Ruud Jansenn.  Para darnos cuenta de la posición de un gran resultado de investigación  realizado en España, basta comprobar en  el enlace a un interesante texto preparado desde Holanda y  al que se llega pinchando en Google : Ruud Jansenn crispr,  que Francis Mójica y su grupo están  en el principio del relato pero  han desaparecido  en el resumen, conclusión del mismo: https://www.quora.com/Who-invented-CRISPR     

 

Nota final: En el Reino Unido, la Autoridad en Embriología y Fertilidad Humana ha aprobado el uso de la técnica  en un experimento  del Instituto Francis Crick de Londres para identificar qué genes son determinantes  para que un óvulo fecundado se desarrolle, tema  con importantes connotaciones éticas ( artículo de Milagros Pérez Oliva, El País, 5 de febrero de 2016, pág.12).

 

 

 

 

 

 

Transmisión de moléculas patológicas en procesos neurodegenerativos: Encuentro entre comunicación y método científico

 

 

 

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

 

Las enfermedades neurodegenerativas  siguen impactando en la sociedad. Los medios de comunicación son sensibles a este proceso y recogen  con interés los trabajos científicos que ofrecen datos nuevos y/o esperanzadores sobre tales patologías. La diseminación de los resultados científicos tiene ya  incorporada entre sus pautas a una estrategia de difusión a la sociedad. A finales del siglo pasado, las revistas científicas de mayor reconocimiento, encabezadas por Nature y Science, iniciaron tal estrategia con la distribución a los medios de comunicación convencionales y a agencias de noticias de información y notas de prensa sobre temas de gran interés para la sociedad. Entre estos temas  dentro del ámbito biomédico    han figurado con carácter prioritario  artículos sobre el cáncer y  las enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer, el párkinson y la esclerosis lateral amiotrófica.

 

 

No hay duda que la cognición y el lenguaje son dos de las facultades  y  funciones que definen la naturaleza de los seres humanos y asimismo se reconoce que hay elementos estructurales y funcionales en nuestro cerebro que nos diferencian de  otros mamíferos. En consonancia con estos contextos, ha emergido con fuerza la publicación de un artículo en el que se describe  los datos de  autopsias de cadáveres de pacientes que habían fallecido a causa de la enfermedad de Creutzfeldt- Jakob, Esos datos muestran presencias de beta-amiloide, un indicador de alzhéimer. El trabajo recoge un estudio de los grupos de  John Collinge y  Sebastian Bradner que se publicó en la revista Nature en el mes de septiembre de 2015 ( Z. Jaunmuktane y cols. , 525, págs.247-250). Los investigadores practicaron las autopsias a ocho pacientes de 36 a 51 años fallecidos  a causa de la enfermedad de Creutzfeld- Jakob , enfermedad que es la versión humana de la encefalopatía espongiforme bovina, la enfermedad de las “ vacas locas”, que cursa con un deterioro del cerebro en el que se  aprecia la aparición de agujeros, situación que conduce a la demencia y causa la muerte en el plazo de un año en el 90 por ciento de los casos.

 

 

Los responsables moleculares de esta demoledora enfermedad son unas proteínas con defectos estructurales, mal plegadas, a las que se conoce como priones. Estos priones actúan de un modo que ronda lo inverosímil en biología, ya que careciendo de ácidos nucleicos por lo conocido hasta la fecha, son capaces de contagiar su conformación  anómala a las proteínas normales del cerebro. Estos priones parecen estar también en el origen de otros trastornos cerebrales raros, de baja prevalencia, como el kuru de Papua Nueva Guinea que se transmite por canibalismo al ingerir los indígenas cerebros afectados. Lo fascinante de estos hallazgos ha seducido al comité Nobel que otorga los premios en Fisiología o Medicina  con la concesión del mismo a DanieL Carleton Gadjusek en 1976 por sus trabajos sobre lo que llamó virus lentos implicados en enfermedades neurológicas, agentes patológicos  moleculares que hoy conocemos como los priones según los trabajos de  Prusiner, premio Nobel en 1997 por este descubrimiento. Es decir que el Comité  Nobel  acertó  en un 50 por  ciento en la concesión del premio a Gadjusek y pasó a premiar  a Prusiner con mucha rapidez para corregir a la parte de sus errores y para responder a la vez  al impacto de las vacas locas. Por eso, y sin conocer toda la historia que ahora sé, ya anticipé  en 1997 que en el Nobel a Prusiner  no se  premiaba solo la originalidad, valentía y atrevimiento de sus propuestas sino que el premio  bebía en las fuentes de la política científica.

 

 

El trabajo de Collingue y colaboradores  mantiene viva la idea de que hay  datos que crecen en número y robustez y  que apoyan la idea de que los priones están implicados en un número ascendente de trastornos neurodegenerativos como el alzhéimer, la corea de Huntington, el párkinson. Pero asimismo ha aportado los primeros indicios de que estas enfermedades y sus agentes patológicos serían transmisibles entre personas aunque por vías externas a las propias personas. En efecto, los pacientes fallecidos por la enfermedad de Creutzfeld-Jakob a los  que se les practicó la autopsia habían sido tratados con hormona del crecimiento contaminada con priones. El resultado más sorprendente fue que seis de los cerebros presentaban también signos específicos del diagnóstico del alzhéimer como son los agregados proteicos del péptido  beta-amiloide o sustancia amiloidea, aunque la relativa juventud de los pacientes hacía muy difícil que hubieran manifestado síntomas de la  enfermedad.

 

 

Este hallazgo revolucionario acerca de la (posible) transmisión de moléculas patológicas en trastornos neurológicos ha tenido una notable repercusión mediática.  Ya se ha comentado la estrategia de mercadotecnia que emprendieron las grandes revistas científicas hace unas dos décadas para hacer llegar a la sociedad los artículos más representativos de la importancia de la producción científica. El trabajo de Collingue, Bradner y sus colaboradores ha sido objeto de esta estrategia. Se inició con un comentario de Alison Abott, un redactora histórica de  Nature en el campo de la biomedicina,  en  la sección News (noticias) del mismo número donde aparecía el trabajo original ( Nature,  525, págs. 165-166, 2015). Dicho comentario fue recogido en España de forma más o menos literal  en versión en castellano en secciones sobre salud o noticias de alcance en varios medios como ABC, El Mundo, el Periódico y 20 minutos (véase https://www.google.es/?gws_rd=ssl#q=John+collinge+autopsias según consulta del 6 de diciembre de 2015). También la revista de alta divulgación Scientific American  y su versión en castellano Investigación y Ciencia se han hecho eco de la repercusión y el debate que han generado estos resultados. En la sección Apuntes del número de noviembre de 2015 de Investigación y Ciencia (págs. 4-5), el  artículo de Diana Kwon ilustra sobradamente la discusión levantada alrededor de la situación científica sobre este fascinante tema.

En todo caso, cabe pensar que uno de los más felices con estos resultados debe ser el  premio Nobel Stanley Prusiner. Lo provocador de sus propuestas  para  dar cuenta  de la  relación entre estructura y función en  los priones, lo innovador de los mecanismos de propagación sin tener en cuenta a la molécula de la herencia   y la muy pronta concesión del premio concitaron reacciones contrarias en investigadores de prestigio que han tratado de encontrar ácidos nucleicos en las moléculas identificadas como priones. Prusiner ha estado esperando el cambio de pensamiento que acompaña  a estos resultados. En el texto de  Investigación y Ciencia se recoge lo que predijo en el discurso de aceptación del premio Nobel y que trascribo: “el conocimiento en la formación de los priones podría abrir nuevas vías para descifrar las causas y diseñar tratamientos contra las enfermedades neurodegenerativas más comunes, como el alzhéimer, el párkinson y la  esclerosis lateral amiotrófica ( ELA) “.   

 

 

 

 

 

 

 

 

Las conexiones intercelulares: Desde la retrospectiva a la prospectiva

 

 

 

 

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

 

 

Una vez más y ya son muchas, la revista Investigación y Ciencia ofrece nuevos retos en este siglo, al que

Curiosamente, medio siglo después me reencuentro  con las uniones intercelulares como tema tratado en Investigación y Ciencia, la versión en castellano de Scientific American, una de las referencias de la alta divulgación científica. En la mitad de la década de los sesenta del pasado siglo se puso de manifiesto que las células poseen mecanismos para comunicarse. El experimento para revelar este hecho muy significativo en biología, fue sencillo- inyectar un colorante fluorescente en una célula dentro de un paquete de ellas-y el resultado fue espectacular-microscópicamente se observó que la fluorescencia se extiende con rapidez y con gran extensión entre las células vecinas. En aquellos momentos iniciaba mis estancias posdoctorales que transcurrieron en Lieja y Nueva York, donde trabajé sobre las estructuras y funciones de las envolturas celulares, pared y membrana  en las células bacterianas. A mi regreso a España en 1968 pasé a dirigir  la unidad de Bioquímica de Membranas en el Instituto de biología celular del  CSIC.

 

 

Aunque  las  investigaciones en nuestro laboratorio no trataron  específicamente de las intercomunicaciones celulares, el problema nos pareció de gran importancia y estuvo presente en discusiones y seminarios, movilizado este interés por mi vocación por la política científica y la preocupación por la divulgación de la ciencia. De hecho, en este contexto de interés por la relación entre  ciencia y sociedad, el importante trabajo desarrollado en los  años  60 y 70 del siglo XX sobre las uniones celulares o “ gap junctions” se proyectó en dos de  los primeros ensayos sobre “filosofía de la biología” que  realicé y  que versaron  sobre la emergencia de la biología citosocial, concepto acuñado  por este autor  . Estos trabajos fueron expuestos en  una ponencia desarrollada en un Seminario en la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo (UIMP) celebrado en  Santander del 29 de agosto al 3 de septiembre de 1983 y en el artículo titulado “ Biomembranas y biología citosocial. Función normal y patológica”, Mundo Científico, 21, pp.38-45 (1983). Hoy, más de tres  décadas después, me encuentro con el artículo” Dinámica y función de las uniones intercelulares” (   aparecido en el número de julio de Investigación y Ciencia, págs. 66-73): la revista es atalaya desde donde se disemina y reconoce la más significativa actualidad de las investigaciones científicas.  Se trata de un artículo que  a su indudable interés científico, une aspectos que ayudan a reflexionar sobre las  estrategias y dinámicas de la investigación en biología, en suma sobre su sociología y su política.

 

 

En este ámbito de la reflexión, un dato  importante es conocer ( reconocer ) la importancia de la retrospectiva de los problemas para afrontar  líneas de futuro. Un segundo dato para este proceso de reflexión concierne a los autores. Son tres, separados generacionalmente pero conectados  intelectual y operativamente. El más sénior es Ross G. Johnson, profesor emérito de genética, biología celular y desarrollo en la Universidad de Minnesota; comenzó a trabajar en las uniones celulares poco tiempo después de su descubrimiento en los años 60 y ha estado  investigando  su ensamblaje y regulación  junto a los dos autores, Dale W. Laird y Paul D. Lampe, durante más de veinte años. Laird es profesor de biología y ostenta la Cátedra de Investigación  de Canadá sobre Uniones Intercelulares y Enfermedades en la Universidad de Ontario Occidental- es decir toda una carrera construida sobre el tema  del artículo-, mientras que Lampe es co-director del Programa de Investigación aplicada y miembro de las divisiones de Ciencias de la Salud Pública y de Biología Humana en el centro de investigaciones oncológicas Fred Hutchinson en Seattle. Esta diversidad de afiliaciones  y localizaciones ya muestra una característica importante que  ilustra sobre  la ejecución de la actividad científica: la pasión por un tema, la conexión entre maestros y discípulos  son factores que permiten construir carreras aparentemente diferentes pero articuladas sobre dichos  factores. Es decir  que tan importante  para una  carrera científica  de éxito como la calidad y capacidad  personales  y  la importancia de las facilidades institucionales, son la pasión por un tema y la colaboración movida por la confianza histórica  entre colaboradores  junto a los intereses  científicos comunes  para un objetivo futuro.

El relato del artículo que  glosamos se asemeja bastante a lo que podría ser una síntesis de los cuadernos de campo o laboratorio de los tres autores y por lo tanto contiene importantes aspectos autobiográficos que deviene en radiografía de la evolución de un problema científico.

 

 

Los resultados principales de este camino se pueden  traducir  a partir del resumen del artículo. Hace casi cinco  décadas se   pudo demostrar con experimentos sencillos, pero de  gran valor  probatorio, que “las células intercambian información entre vecinas   por medio de unas estructuras denominadas uniones intercelulares comunicante (gap junctions). Este sistema de comunicación  tiene una gran capacidad de influencia en funciones que van desde el  latido sincronizado de las células cardíacas hasta  la audición”.

A pesar de  la complejidad de las uniones intercelulares, y de  que en su estructura y función  están implicadas “más de 100.000 moléculas proteicas, (estas estructuras) se destruyen y se reconstruyen sin cesar. Esta reestructuración  perfectamente controlada (importancia de la regulación)  permite a  las células reaccionar con rapidez ante las heridas o el estrés”. Sin embargo,  estas características tan especiales han limitado  la aproximación bioquímica  y molecular,  que ha dominado la biología  en estas últimas décadas,   a un estudio  de estos elementos celulares.

 

 

Sin embargo, la genética molecular ha sido decisiva para la positiva evolución de  las  caracterizaciones funcionales y su repercusión en patología de estas estructuras y sus componentes proteicos; en efecto “las mutaciones genéticas que codifican  las proteínas de esas uniones dan lugar a una serie de enfermedades, como dermopatías, cardiopatías, epilepsia  y sordera. Conocer el efecto de estas anomalías en el ensamblaje y actividad de las uniones podría contribuir al desarrollo de nuevos tratamientos”.

Con este texto cerramos  la sección Ojo crítico en 2015 y me alegra que por medio  de  la alta  divulgación   y sin buscarlo -serendipia, una vez más-,  el caso de las uniones celulares  facilite la divulgación de cómo funciona la investigación en general y de modo particular en biología. Cuenta este proceso que la interdisciplinariedad es no solo  es útil para mejorar, enriquecer,  resultados sino esencial: la historia,  la sociología y la política de los temas complementan las capacidades científicas y estratégicas de quienes los estudian. De ahí que sea  lícito reclamar  capacidades y conocimientos especiales en quienes gestionan   los recursos y las políticas para  el desarrollo de lo que  se suele llamar I+D  tanto en lo público como en lo privado. Y de advertir de los riesgos de las incompetencias y los errores que se puedan cometer en tales  menesteres.

 

 

 

 

 

Medicina electrónica: ¿Más o menos cerca de las biotecnologías?

 

 

 

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

 

 

Una vez más y ya son muchas, la revista Investigación y Ciencia ofrece nuevos retos en este siglo, al que algunos nos gusta definir como “siglo de la biología y sus aplicaciones”. El artículo central y que da título al número  de junio de 2015 concierne  a la potencialidad de la estimulación eléctrica para el tratamiento de enfermedades asociadas con el sistema inmunitario: las inflamatorias y las autoinmunitarias, “Electricidad que cura” es el rótulo que figura en la portada de la revista  y el artículo de base, colocado bajo una rúbrica nueva y sugerente como “Electrónica médica”,  se titula “ Medicina electrónica” ( págs. 14-21). Su autor es Kevin J. Tracey, presidente del Instituto Feinstein de Investigación Médica del Sistema de Salud North  Shore-Long Island Jewish ( Manhasset, New York) donde dirige el Laboratorio de Ciencia Biomédica; es asimismo profesor de medicina molecular y neurocirugía de la Facultad de Medicina de  Hofstra y North Shore- Long Island Jewish.

 

 

Desde esta particular y compleja afiliación hasta la esencia temática del artículo nada es trivial ni rutinario. El artículo es autobiográfico, escrito en primera persona y rezuma innovación apoyado en cualidades y características que  se han  destacado en muchos de nuestros escritos: interdisciplinariedad, visión evolucionista, serendipia, y un profundo respeto  por la ciencia y  el método científico. El autor se define como “neurocirujano fascinado por la inflamación, y en  su  equipo de investigación  se estudian las moléculas que la causaron.  Declara  que “Con ello pretendemos desarrollar métodos que alivien el dolor,  la hinchazón y el daño tisular ocasionado por numerosas enfermedades”. La carrera científica de Kevin J. Tracey  que  ha discurrido a lo largo de tres décadas- tiene 57 años- es realmente impresionante  con más de 60.000 citas de sus trabajos y con unos  índices de reconocimiento  realmente sorprendentes.

 

 

El texto recoge  la siguiente declaración que es una feliz síntesis de todas las características y valores que se han desglosado así como del propio artículo.” En 1987 publiqué los resultados de un experimento  en  el que se actuaba sobre una molécula inflamatoria, el factor de necrosis tumoral  (TNF por sus siglas en inglés) con el fin de salvar a mandriles de laboratorio de las consecuencias de una infección letal.

Como neurocirujano también estoy muy interesado en el funcionamiento del cerebro. A finales de los noventa del siglo XX, hicimos un hallazgo sorprendente, asimismo relacionado con el TNF, que enlazaba conocimientos  de la neurociencia y la inmunología. Descubrimos de modo accidental que los reflejos neurológicos (repuestas predecible a los estímulos sensoriales) anulaban la producción de TNF “.

 

 

Este descubrimiento accidental en palabras del propio autor, ocurrió mientras trabajaban con anticuerpos monoclonales- la segunda gran herramienta que junto a la ingeniería genética ha sustentado a la llamada” moderna biotecnología” .La preocupación   del Dr. Tracey y su laboratorio era desarrollar alternativas a los anticuerpos monoclonales- entre sus notables éxitos  tenían en contra  sus elevados costes y un porcentaje de fracaso alrededor del 50 por ciento – para inutilizar el TNF utilizando una molécula a la que llamaron CNI-1493. En el curso de estos experimentos diseñados para que con una inyección de esta molécula directamente en el cerebro se inhibiera la producción de TNF como así ocurrió, descubrieron incidentalmente que “ la administración de cantidades ínfimas de CNI-1493 en l cerebro inhibía también la síntesis de TNF en órganos de todo el cuerpo”.

 

 

Estos resultados sorprendentes fueron tratados de forma modélica, y así se describe en el texto,  según las pautas de la experimentación científica: dudas razonables, confirmación  razonable, debates  en grupo, nuevas hipótesis, hallazgo de modo sorprendente y oportuno de artículos seminales ( en el texto de Tracey se hace referencia  a un artículo de Linda Watkinks  de  la universidad de Colorado en Boulder en el que se demostraba  que el nervio vago resulta esencial en la transmisión de la información sensorial desde los órganos  hasta la base del cerebro: “ Esta afirmación se basaba en que la interleucina (IL1)  que causa inflamación y fiebre, inyectada en el abdomen de ratas producía fiebre, mientras que si se cortaba el nervio vago y se repetía el experimento, la fiebre desaparecía.

 

 

A partir de ese momento, el nervio vago fue objeto de experimentación central en el equipo de Tracey  y en él se identificó el  fenómeno de “reflejo inflamatorio”, un mecanismo que mantiene el sistema inmunitario con actividad intermedia, ni mucha ni poca, de tal modo que se evita toxicidad y daño celular. La medicina electrónica ha puesto de relieve la importancia de los reflejos, omnipresentes aunque no hayamos pensado mucho en ellos. Ofrece la posibilidad de utilizar técnicas de estimulación eléctrica par tratar diferentes enfermedades y de convertirse en una opción  alternativa al empleo de fármacos. Una figura del texto ilustra la variedad de técnicas y la gran diversidad de enfermedades  que pueden usarse y tratarse.

El artículo que introduce este tipo de medicina y que se focaliza en el nervio vago  debería ser de lectura obligada en los seminarios y cursos introductorios en la investigación biomédica  así como en las enseñanzas en las que se forma a los comunicadores y divulgadores sobre ciencia, investigación y cultura científica.

 

 

Este innovador trabajo me ha colocado en la tesitura de interrogarme acerca de si la medicina electrónica se puede considerar un nuevo espacio de la biotecnología. Creo que tanto por su origen como por sus estrategias se acomoda a la definición canónica de biotecnología como: “tecnologías que aprovechan el potencial de los seres vivos, sus componentes y sus partes para desarrollar bienes y servicios”. Pero al mismo tiempo nos enfrenta a la contradicción  de chocar con la biotecnología de la salud convencional al tratar de reducir  y ofrecer alternativas al uso de fármacos. Pienso sin embargo que estamos ante una dimensión nueva de la biotecnología de la salud, que estaría en línea de lo que  se podría llamar “biotecnología natural  o integrativa” en el campo de la salud. Como reflexión final , personal y contextual, me pregunto y extiendo esta pregunta a los lectores: ¿ hubiera podido Kevin J. Tracey desarrollar en España  o incluso en la Unión Europea en el programa “ Horizon 2020” una estrategia de investigación como la que se ha delineado? La respuesta tiende a ser negativa, lo que no solo es preocupante sino  que llega a ser sobrecogedor.

 

 

 

 

 

 

La  hélice de la herencia epigenética: Nuevos pasos  en la espiral del conocimiento

 

 

 

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

 

 

La epigenética es para quien escribe unos de los avances más representativos de este fascinante siglo de la biología en que estamos. Ese descubrimiento , en el que ha habido importantes contribuciones españolas  como   los trabajos de Manel Esteller  sobre cáncer y epigenética, ha sido tratado en  algunas contribuciones en esta web como  el editorial del Boletín Perspectivas de mayo de 2015 y un texto en  esta sección Ojo crítico sobre” epigenética : drogadicción y depresión”.

 

 

La epigenética supone la producción de cambios químicos en el genoma  que afectan la expresión de los genes sin alterar la secuencia del ADN. Entre los grandes retos asociados a la alta divulgación de este hallazgo y sus consecuencias está  el hacer conocer cómo estos cambios se propagan en los procesos de desarrollo celular y su proyección en lo que  constituye para  este divulgador de la filosofía de la biología uno de los mayores desafíos intelectivos de la civilización moderna: la evolución. Otra vez la feliz conjunción de la traducción de un artículo publicado en la revista Nature  ( vol. 511, págs. 540-541, 2014) del que son autores Wolf Reik y Gavin Kelsey, de  dos instituciones de Cambridge (Reino Unido ), y que se ha incorporado en la  sección Panorama del número de abril de 2015 ( págs.. 8-9) de la revista Investigación y Ciencia ,nos permite abordar nuevos datos y  hechos relacionados con este deslumbrante proceso.

 

 

El título en castellano es “Erradicación de la memoria celular en embriones humanos” (en inglés: “ Epigenetics: celular memory erased in human embryos”) pone el énfasis en una de las facetas del proceso pero  hay otras no menos relevantes. El artículo nos enfrenta en realidad a una de las grandes contradicciones  a las que conduce este fascinante reto de la biología contemporánea. Hay que señalar en primer lugar que las modificaciones epigenéticas  acompañan la trayectoria del ADN propio en el proceso de la división celular ya que se copian fielmente durante dicho proceso. Con ello se garantiza que la expresión génica se mantiene en todos los linajes celulares. Sin embrago, Reik y Kelsey recuerdan el importante dato de que en  “los embriones humanos inmediatamente después de la fecundación existe una eliminación masiva de de grupos metilo en la mayor parte del genoma”. Esta pérdida de la “memoria de la metilación” es, paradójicamente “una ganancia  como paso a la reprogramación genética, que parece ser fundamental en los mamíferos”.  

 

 

Reik y Kelsey avanzan en la explicación molecular  al recalcar que la “metilación tiene lugar principalmente en las bases de citosina de los dinucleótidos formados por la secuencia citosina-guanina ( CpG ), en donde la letra p se refiere al grupo fosfato del esqueleto azúcar -fosfato del ADN”. La transmisión de los patrones de metilación durante la división celular es posible gracias a la alineación de las secuencias CpG, que se hallan en la misma hebra del ADN  y como la base C se empareja con la G, las dos hebras del ADN están mutiladas en el mismo lugar. Por medio del”módulo de memoria” CpG , tal transmisión es posible.

Esta herencia de información epigenética es esencial para los linajes de las células especializadas que deben mantener su identidad a medida que se dividen. Piénsese en el desastre biológico potencia si las células sanguíneas que se dividen se no mantuvieran  su identidad epigenética a lo largo de una vida: la vida sería imposible, la muerte sería la desgraciada conclusión.

 

 

De ahí surge la importancia de  los trabajos de secuenciación que permitieran analizar la metilación del ADN en el genoma de los embriones humanos en distintos estadios. Los autores del trabajo de Nature relatan  los estudios realizados en China (equipo de Hongsham Guo de la Universidad de Pekín) y   en Harvard (equipo de Zachary D.Smith ) con resultados impresionantes . Ambos grupos identificaron una metilación diferencial entre espermatozoides con una elevada tasa y óvulos con un nivel moderado. No obstante “los zigotos  y los embriones de dos células  habían perdido una gran parte de los grupos metilo”. En la etapa de blastocisto, el grado de metilación seguía siendo escaso. Parece que nos enfrentamos a una paradoja: para que las células embrionarias adquieran pluripotencialidad deben desprenderse de la “memoria epigenética”, lo que explica la desmetilación observada. Sin embargo, tras la implantación, cuando se requiere la adopción de identidad específica de cada tejido, la metilación del ADN aumenta  hasta alcanzar el nivel del “sistema de memoria epigenética”. Estos resultados se dan no solo en humanos sino en múridos y otros mamíferos, lo que sugiere que “la reprogramación global en este paso  posterior  a la fecundación es un mecanismo que se ha conservado durante la evolución”.

 

 

 Hay nuevos datos y hechos   que producen  real fascinación como  que Guo y colaboradores hayan identificado, sobre todo en el genoma paterno, una nueva forma  de modificación epigenética- denominada hidroximetilación- que en los ratones  está implicada en la desmetilación.   El grupo de Smith por su parte ha diseñado una estrategia experimental, cultivando in vitro células madre pluripotenciales de blastocistos, que  emerge como un sistema viable para el estudio de este fascinante  paso de rosca entre metilación y desmetilación en embriones  humanos. Los análisis de la totalidad del genoma en esta aproximación secuencial  permiten identificar las secuencias de ADN que intervienen en la interacción entre metilación  reclamada por la especificidad y la desmetilación global. Estas regiones incluyen los genes con impronta- los que se expresan de modo preferente a partir de uno de los cromosomas parentales -las regiones ricas en CpG y los transposones- las secuencias de ADN con carácter viajero  entre un lado y otro del genoma. Los trabajos de los laboratorios   de Guo y  Smith ofrecen un  fulgurante   punto de partida para el estudio de la regulación epigenética del desarrollo humano; ofrecen datos significativos en este presente   para un futuro apasionante.

 

 

Para este modesto cultivador de la “filosofía de la biología”,   estamos ante experimentos trascendentales. Permiten confirmar la idea expuesta  anteriormente de que el conocimiento en biología se desarrolla   a modo de muelle o tornillo  con pasos de hélice o de rosca que se van rellenando  para alcanzar un grado de fuerza que impulsa  el salto a uno nuevo; ofrecen además evidencia de creciente fuerza y robustez  para apoyar la tesis repetida continuamente en nuestros escritos de que la regulación en biología es tanto o más importante que la información y en todo caso que de su feliz interrelación resulta la vida. 

 

 

 

 

 

 

¿Es realidad la ciencia ficción? Ideas innovadoras y biotecnologías

 

 

 

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

 

 

La revista Investigación y Ciencia inició en 2011 la publicación  de un artículo que,  a modo de recopilación anual, recogiera de forma resumida y atractiva las ideas más innovadoras  que desde la ciencia y las tecnologías ofrecieran el mejor potencial de desarrollo socio-económico.

 

 

“ideas para cambiar el mundo” es  la locución que da título al número de febrero de 2015 que se aborda en un texto  que se extiende desde la página 16 hasta la 29 con un ligero cambio en el título para hacerse más asertivo: “Ideas que cambian el mundo”  y al que contribuyen un editor senior de la revista madre Scientific American, Seth Fletcher, una escritora y periodista, Margaret Knox  junto con varios redactores de la revista. El texto nos ofrece diez avances que” impulsarán el progreso en el próximo futuro” según reza el subtítulo. De ellos, cinco de los temas tienen que ver con las aplicaciones biotecnológicas. El tema escogido como gran avance está relacionado con  el gran  salto en ingeniería genética que proporciona la aplicación de la técnica CRISPR y es el artículo escrito por Margaret Knox con título “La edición genética más precisa” y  el formato y  la extensión habituales en la publicación ( págs. 18-22). El término CRISPR se corresponde con una nueva técnica  que permite modificar el genoma de los organismos con un método que se asienta en el mecanismo de defensa de las bacterias frente a los virus. En Google, consulta efectuada a mediados de mayo de 2015, se recogen casi 670.000 resultados mientras que en Wikipedia ya se ofrecen las versiones en inglés y en español sobre el tema. Se trata de un método, según dic has versiones, identificable  como “sistema inmunitario procariótico “,  carácter altamente revolucionario en visión biológica, que actúa frente a los elementos genómicos externos a la bacteria que lo posee como son los plásmidos o los fagos, y dota así  al organismo bacteriano de una especie de “inmunidad adquirida”.

 

 

El acrónimo CRISPR  responde a una ristra de palabras en inglés (clustered  regularly  interspaced  short  palindromic  repeats), cuya traducción no es sencilla y la que encuentro más apropiada no es la de  Wikipedia sino la del artículo de Investigación y Ciencia: “repeticiones palindrómicas cortas agrupadas y regularmente espaciadas”. La importancia de este “mecanismo de edición genética más precisa” merece un tratamiento especial por sus repercusiones científicas, éticas, económicas, políticas y sociales.  Las otras cuatro ideas y desarrollos responden al patrón de hibridación, de interdisciplinariedad, que caracterizan los avances en la biología moderna. Estos maridajes ocurren en el terreno de la bioingeniería, ámbito de interrelación cada vez más  importante.

 

 

 La primera de ellas persigue obtener células reprogramables, que hicieran lo que nos interesara como producir hormonas o atacar tumores .La solución surgió por casualidad: en un experimento  realizado por investigadores del  Instituto de Tecnología de Massachusetts ( MIT, del inglés) se buscaba implantar nanomateriales y macromoléculas en células mediante una  pistola  de agua. El ingeniero químico Aaron Sharei observó que, en algunos casos, las células que recibían disparos de agua se deformaban y se alteraba su permeabilidad.   A partir de ese dato, el investigador, bajo la supervisión de dos líderes científicos: Klaus F. Jensen, uno de los padres de la microfluídica y R. S. Langer , pionero de la biotecnología, desarrolló un microchip de silicio y cristal que lleva grabados una serie de canales por los que circulan las células. Estos canales se estrechan de forma gradual hasta alcanzar diámetros inferiores al de las células. Al avanzar por los canales gracias a la presión , las células flexibles abren poros transitorios que permiten la entrada de sustancias que pueden modificar  propiedades y comportamientos celulares como proteínas, ácidos nucleicos y nanotubos .Lo más significativo a reseñar es que el dispositivo funciona con un amplio espectro de células, incluso las muy sensibles como las células madre y las inmunitarias. Fruto de este desarrollo ya se ha fundado una compañía, SQZ Biotech, que trata de comercializar la técnica ya que el microchip que puede procesar 500.000 células por segundo sigue mejorando en velocidad y eficiencia.

 

 

Parece que es posible obtener animales transparentes, la propiedad que ha llevado a la gloria de modelo experimental   al gusano Caenorhabditis elegans . Así  lo trae la segunda idea que nace  de una estudiante de posgrado, Viviana Gradinaru, trabajando en el prestigioso laboratorio del neurocientífico Karl Deisseroth , del Departamento de Bioingeniería de la Universidad Stanford.  La joven investigadora se inspiró en la exposición  “Mundos corporales” para aplicar un nuevo método al “aclarado de tejidos”, reemplazando las moléculas lipídicas del tejido que son responsables de la opacidad. Con la inyección de monómeros de acrilamida en los vasos sanguíneos de roedores, se creaba una malla de hidrogel  que actuaba como soporte, sustituyendo a los lípidos. De esta forma lograron lo que ha servido para trazar el mapa completo del sistema nervioso.

 

 

El tercer desarrollo se ha debido a Muhammad Mustafa Hussein, profesor de ingeniería eléctrica de la Universidad Rey Abdalá de Ciencia y Tecnología de Arabia Saudí y consiste en el diserño y uso de pilas combustibles, construida ofrecen la biología moderna y sus proyeeciones prácticas en s con un electrodo de grafeno y baterías capaces de alimentarse de saliva. La idea tiene su origen en otra estudiante de doctorado, Justine E. Mink,  y se ha aplicado a laboratorios en chips destinados al diagnóstico y monitorización . La meta del laboratorio de Hussein es generar  energía a partir de residuos orgánicos industriales para suministar energía a plantas desoladoras en países pobres.

 

 

La última idea procede del laboratorio de Gordon Wetzsein del Departamento de Ingeniería Eléctrica, grupo de Gráficos y Computación ( Graphics Computer). Persigue la corrección de problemas de visión utilizando pantallas correctoras.

 

 

Estos ejemplos son un reflejo del fulgor de la bioingeniería. En ocasiones anteriores, ya he destacado algunos datos y hechos procedentes de estos trabajos  con el fin de poner de manifiesto el potencial innovador  que en estas primeras décadas del siglo XXI ofrecen la biología moderna y  sus proyecciones prácticas en las biotecnologías contemporáneas. Los siguientes enlaces  muestran ejemplos de estas referencias: http://www.asebio.com/es/boletin.cfm?bid=36 http://www.asebio.com/es/boletin.cfm?bid=33; http://www.asebio.com/es/boletin.cfm?bid=19

 

 

 

 

 

 

 

Biocircuitos sincronizados: La regulación seduce a la biología sintética

 

 

 

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

 

 

La biología sintética es considerada por sus promotores como la ingeniería de la biología, véase por ejemplo  el libro "Regénesis: How sinthetic Biology  will reinvente nature and ourselves" ( Church and Regis, Basic Books, Nueva York, 2013) del que la revista Investigación y Ciencia ofrece una interesante reseña en su número de  junio de 2013. Este ámbito  trata de dar un salto en la biología que se puede quizá resumir en que pretende sintetizar genomas completos o crear especies totalmente nuevas.

 

Sus defensores sostienen que quieren llegar a la ingeniería de la biología, es decir inspirarse en la biología pero adoptando y adaptando los principios de la ingeniería a los sistemas biológicos. En los grandes discursos sobre  la biología sintética  se puede leer que  este campo potencia la multidisciplinariedad, acogiendo a “biotecnólogos, ingenieros , informáticos , matemáticos y físicos”. Hay en esta declaración algún problema que se puede debatir desde la filosofía  y la  historia de la biología. La aproximación multidisciplinar está en los orígenes de la biología y así ha continuado  a lo largo de su trayectoria histórica con el ejemplo fascinante de la biología molecular a mediados de la década de 1960 en cuyo  nacimiento y desarrollo convergieron físicos, químicos, bioquímicos, microbiólogos y genéticos. Ahora lo que se persigue, y  se requiere, es aplicar interdisciplinariedad: es decir abordar problemas desde diferentes visiones, perspectivas y variadas técnicas y eso es lo que debe constituir la esencia de la biología sintética.  Otro problema de origen sobre tal visión de la biología, en opinión de quien esto escribe, es que su punto de partida está profundamente marcado por una visión mecanicista.

 

 

Tal punto de partida estuvo impregnado del juego de construcciones “lego” y  llevo a que se acuñara el término “biobricks” , fragmentos de ADN que codifican  una característica o propiedad biológica y que se pueden combinar para formar circuitos complejos . Para recoger información sobre estas posiciones,  que me atrevería  a calificar  de sesgadas o unidireccionales, no hay sino que acudir a lo que en estos tiempos se considera como templo  de la información social:  es decir Google, donde al  introducir el término biología sintética aparecen como primeras entradas: Wikipedia, Investigación y Ciencia, Universidad Pablo de Olavide  ( y consultado  con fecha 1 de mayo de 2015  se recogen unos 316.000 resultados) . Para quien haya tenido la curiosidad de seguirme  en esta y otras plataformas, habrá leído muchas veces que en biología, la regulación es tanto o más importante que la información. Asimismo habrá encontrado alguna referencia crítica al determinismo genético a ultranza. Para ser consecuente con esos pensamientos, nunca me he sentido cómodo con la versión reduccionista de la biología sintética.

 

 

Una vez más, la divulgación del conocimiento científico acude en mi ayuda; otra evocación más a la serendipia. Dos representantes de la brillante nueva generación de investigadores  españoles en biomedicina, Ricard V. Solé y Javier Macía, del  Departamento de Ciencias experimentales y de la Salud de la Universidad  Pompeu  Fabra, publicaron un artículo en Nature   (vol. 508, págs. 326-327, 2014), que se ha traducido al castellano  en el número de enero de 2015 de Investigación y Ciencia ( págs. 16-17). El trabajo con el título “Biocircuitos sincronizados”  ofrece una nueva y, a nuestro juicio, más atractiva versión de la biología sintética.

 

 

En  dicho artículo, se  hacían eco de un pionero hallazgo de Arthur Prindle y  colaboradores de la Universidad de California en San  Diego.  Tal hallazgo se encuadra en la dificultad de crear circuitos complejos que requieren una sincronización de múltiples componentes. Esta sincronización que en los circuitos eléctricos  esta ya bien conseguida y estandarizada por una señal de reloj externa, presenta más dificultades en los biocircuitos sintéticos por la inexistencia de una señal precisa. Dificultad que tiene su origen en lo que constituye la riqueza de la biología: la alta variabilidad que los sistemas biológicos presentan  en su respuesta ante un mismo estímulo externo.

 

 

La estrategia desarrollada por el grupo de Prindle se ha basado en los mecanismos de regulación que existen en las bacterias. La concentración de una determinada proteína – ya no hay influencia de los genes- puede inhibir el promotor que regula su propia síntesis; es una autorregulación negativa (el proceso de “ feed back”  en la regulación que la bioquímica enzimática conoce desde hace décadas), El otro gran proceso regulador en el funcionamiento y degradación de las proteínas, que puede generar oscilaciones, corre a cargo de enzimas que las degradan, son las históricas proteasas. Sobre estas enzimas degradativas, que estuvieron en el origen de la enzimología, se han hecho importantes avances en los últimos tiempos , algunos reconocidos con el Premio Nobel. Que han llevado a conceptos innovadores como los de degradoma (grupo de López Otín en Oviedo) y  de proteosoma (Premio Nobel de Química en 2004).

 

 

El grupo de Prindle ha generado un biocircuito sintético introduciendo a la vez dos tipos de osciladores en la bacteria Escherichia coli. El primero es un oscilador intracelular de autorregulación: produce una proteína represora  que inhibe la actividad y una proteína fluorescente; estas dos proteínas son degradadas por una proteasas.  Resultan  oscilaciones de baja amplitud y alta frecuencia que se detectan y siguen por los niveles de fluorescencia emitidos.

 

 

El segundo módulo  que se basa en la percepción de quórum (PQ)- un  mecanismo de regulación  de la expresión génica en respuesta a la densidad celular,- y  produce una proteína que degrada  las moléculas de percepción del quórum y una proteína fluorescente. La proteína que degrada PQ inhibe su actividad por autorregulación negativa. Ambas proteínas son degradadas  por las mismas proteasas que  actúan sobre el primer módulo. El resultado es que el módulo PQ se sincroniza en toda la población bacteriana con oscilaciones de baja frecuencia y alta amplitud. La competencia de los dos módulos introducidos en la célula genera una dinámica de sincronización.

 

 

Este descubrimiento puede parecer menos espectacular mediáticamente que aquellos  que anunciaban la síntesis  de células exnovo, todavía no conseguido, pero es más significativo  y operativo para que la biología sintética avance  hacia realidades más tangibles. Con este reconocimiento la biología sintética  de los” biobricks” de ADN queda bajo la seducción de la regulación.

 

 

 

 

Las bases neurales de los hábitos: Proyecciones sobre la evolución y el entorno de la sociabilidad

 

  

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

 

Hay dos procesos  sobre los que  vengo reflexionando,  investigo y hago propuestas desde una visión interdisciplinar y holística y  sobre los  que recientemente he publicado como son el de clonación  social y el de la relación entre evolución y éticas ( www.institutoroche.es) y en esta web tanto en el Boletín  Perspectivas del sector biotecnológico como en esta misma sección).

 

 

Una de las propuestas  más innovadoras y sugerentes para el pensamiento  científico basado en la filosofía de la biología que ha emergido de estos trabajos es que la evolución se articula por procesos adaptativos en los que los acervos génicos se confrontan a un entorno denominado “ entorno para la sociabilidad” ( integrado  por tres factores  naturaleza, cultura y ética al que se le identifica con el acrónimo NACE). Acabo de encontrar nuevos elementos para  contrastar  esta propuesta en los avances obtenidos en el desciframiento de los mecanismos neurales que subyacen en la adquisición de los rituales cotidianos de los animales. Estos conocimientos  ilustran como las actuaciones de los seres vivos superiores, incluso los que se pueden interpretar como más automáticas, están siendo articuladas y supervisadas por un complejo mecanismo en el que se implica  una parte del cerebro.

 

 

 Me ha traído la atención un artículo, recogido en el número de agosto de 2014 de la revista  Investigación y Ciencia (págs.16-21) con el título ”Psicobiología de los hábitos” del que son autores Ann M. Graybiel , profesora del  Instituto de Tecnología de Massachusetts ( MIT de sus siglas en inglés) e investigadora del instituto Mc Govern para el Estudio del Cerebro  en dicha institución  y Kyle S. Smith, profesor de psicología y neurociencia  de la Universidad de Darmouth. El objetivo  primario del artículo es dar cuenta desde el punto de vista neurológico de los hábitos como parte integrante del amplio espectro de la conducta humana. Para nuestro propósito, hemos prestado particular interés a este trabajo por su posible relación con los dos procesos apuntados al inicio, la clonación social y el entorno para la sociabilidad. A este respecto me parece  pertinente trascribir el párrafo siguiente que aparece al principio del artículo: “En una parte del espectro (de  la conducta)  hallamos comportamientos que pueden realizarse con automatismo… para dejar espacio cerebral para otros propósitos. Otros… exigen… tiempo y energía. Los hábitos se forman a medida que exploramos el medio físico y social y nuestro mundo interno. Ponemos a prueba las conductas en situaciones concretas, descubrimos cuáles parecen beneficiosas y no muy costosas, las seleccionamos y pasamos a integrarlas en nuestro  sistema”.

 

 

Encuentro sorprendente esta reflexión de los autores glosados que ofrece un nuevo ejemplo de convergencia evolutiva intelectual  y  que aparece sustentada en una visión interdisciplinar. Hay notables resonancias  entre los tres factores del entorno para la sociabilidad con los medios enunciados  por Graybiel  y Smith según el párrafo trascrito: naturaleza equipara al medio físico, cultura al medio social y ética al mundo interno. El trabajo sobre hábitos se sitúa en el campo bien definido de la psicología de la conducta  y como tal aparece focalizado en la revista bajo el rótulo “Comportamiento“ ; sin embargo el artículo ha sido considerado por la revista  como de gran repercusión  y relevancia hasta el punto de haberle dado los honores de portada y de título del número. Hay dos factores que he evocado  para justificar la elección por mi parte  en base  a  las convergencias que no se mencionan explícitamente en el artículo, focalizado como se ha dicho en el ámbito de la psicología conductua: son interdisciplinariedad y evolución. Sin embargo, el trabajo rezuma  base y análisis interdisciplinar mientras que el marco de la biología evolutiva y comparada está muy presente ya que  se recurre  en los experimentos  a modelos animales como  ratas y ratones.

 

 

La idea central del grupo del MIT es comprobar la tesis que emergía  de experimentos  realizados  con ratas, monos e incluso humanos  que apuntan a la existencia de “múltiples circuitos que conectan la neocorteza- la parte más avanzada de nuestro cerebro- con el  estriado, de origen más primitivo y situado en el núcleo del cerebro”.  Los trabajos realizados a tal fin  en el laboratorio del MIT  han consistido en enseñar a ratas y ratones a realizar tareas simples y registrar la actividad eléctrica durante dichas tareas. Por ejemplo,  recorrer un laberinto en T y en función de instrucción sonora recibida girar a la derecha o  la izquierda para alcanzar una recompensa. El registro de la actividad eléctrica de un pequeño grupo de neuronas en el estriado permitió identificar un patrón de actividad neuronal con gradientes de intensidad: en  el  primer periodo, aprendizaje de las ratas a recorrer el laberinto, las neuronas del control motor del estriado se mantuvieron activas todo el tiempo. Pero cuando la tarea se  va transformando  en rutina (rutinización) , la actividad neural se empieza a concentrar al principio y al final, mientras que disminuye durante el período intermedio, solo se mantiene cuando la rata se dispone a realizar una acción diferente: girar o beber. Cuando el hábito se ha fijado, la actividad es alta solo al principio y al final. Los autores definen  esta situación como “delimitación de una unidad de conducta”.

 

 

El registro de la actividad cerebral revela que en el aprendizaje y fijación de un hábito se siguen tres pasos : exploración de una nueva conducta con intervención de la corteza prefrontal  que se comunica con el estriado y este a su vez con el meséncefalo donde la dopamina facilita el aprendizaje; el hábito se forma por repetición de una conducta previa  por lo que se fortalece un bucle  de retroalimentación entre la corteza sensitivo motora y el estriado, lo que sella las rutinas en una unidad de actividad cerebral; el hábito es almacenado como “ unidad de conducta” y entonces es influenciado por  la corteza infralímbica  que parece ayudar al estriado a fijarlo aún más como actividad semipermanente. La dopamina   actúa  como   agente en esta  zona de la corteza para permitir la activación de un hábito, mientras que  la inhibición de esta región puede suprimir rutinas arraigadas.

 

 

Es comprensible la importancia prestada a estos resultados  así como el entusiasmo de los investigadores que le lleva a hipotetizar la posibilidad de una recodificación de patrones de conducta. Yo mismo, llevado por el optimismo científico, aunque no exento de preocupación por  lo que puede suponer esta vía de conocimientos, planteo la visión utópica de que pueda corregir o desterrar adicciones sociales  a que nos conducen comportamientos gregarios  presentes en la clonación social inducidos por el dinero como único valor  y el uso perverso de la mercadotecnia. En  suma, contemplar la posibilidad de una detención o un cambio de sentido   en el proceso  de involución al que parece condenada  una especie clonada socialmente.

 

 

 

 

 

Convergencias con Albert Jacquard  desde la filosofía de la  ciencia:   evolución, biología,  humanismo 

  

 

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

 

Si hubiera sido francés, es plausible que el encuentro intelectual con Albert Jacquard se hubiera producido hace  tiempo. Sin embargo, mi primer conocimiento de su  admirable personalidad fue  en septiembre de 2013  cuando un artículo publicado en El País me descubrió que había muerto un héroe intelectual. Lamentablemente ese descubrimiento  se quedó archivado en mi mente ante la complicada agenda intelectual de aquellos momentos. Y no reaccioné buceando en su obra.

 

Afortunadamente, el fructífero choque intelectual  en el mes  de febrero de 2015, se lo debo a ese concepto al que  recurro, como   reflejo de la historia de la ciencia, que es la serendipia. Tras  los últimos trabajos  en los que he avanzado en las relaciones entre evolución, biología y éticas ( www.institutoroche.es) - dentro del proyecto en el que trato de  reflexionar críticamente sobre la política  económica ( economy en inglés)   que se aplica desde Europa- había empezado a leer el libro de Thomas Piketty “ El capital en el siglo XXI”  ( Fondo de Cultura Económica, 2014). Se trata de una obra intensa, rica, compleja  que recoge  un fantástico trabajo de un equipo de economistas que parecen poseer una cultura interdisciplinar.

 

 

Al llegar al Capítulo II en el que se aborda el crecimiento como cruce de ilusiones y realidades, me enfrenté a un problema :   empecé a identificarme con las preocupaciones del economista francés respecto a ese tema  y que tomo del propio texto: “La tesis central de este libro es… que una diferencia aparentemente limitada entre la tasa de rendimiento del capital y la tasa de crecimiento puede… producir efectos muy potentes y desestabilizadores de la estructura y dinámica de las desigualdades en una sociedad determinada. En cierta manera, esta situación será el resultado de la ley del crecimiento del crecimiento y del rendimiento acumulados”. Tal preocupación se  ilustra  en el libro  con la pregunta:“¿ El final del crecimiento? “que da título a un apartado de dicho capitulo ,  y en  el que rápidamente se  descuelga esta otra pregunta” ¿ Nos dirigimos hacia el final del crecimiento por razones tecnológicas, ecológicas , o por ambas al mismo tiempo? “. A poco que se piense sobre estos interrogantes, se colige que Piketty empieza pronto en su libro  de más de seiscientas cincuenta páginas (págs. 89-126) a cuestionarse las bases de la economía que nos venden como éxito, es decir la economía basada en recursos infinitos y en un planeta sin límites. Cuando en una reunión de trabajo con un colaborador del  CIEMAT, Juan Carlos Sanz, comenté esta primera reflexión trufada de preocupaciones, él reaccionó rápida y oportunamente pasándome un libro de Albert Jacquard.

 

 

El libro se titula “Este es el tiempo del mundo finito” (Signo más, Acento Editorial, Madrid 1994; versión original en francés, Éditions du Seuil, 1991). El libro ha sido un descubrimiento y un apoyo intelectual  para mis argumentos y propuestas, que he leído y releído de un tirón. Confieso que es el libro que me hubiera gustado escribir y que fue escrito hace un cuarto de siglo por un autor al que en la contraportada del libro  se define como “… uno de los nombres más influyentes del actual- es decir hace veinticinco años,  el  subrayado es mío- pensamiento europeo”. Es un sugerente caso de lo que he llamado “convergencia evolutiva intelectual”. En poco más de 160 páginas, texto dotado de una elevada  calidad intelectual y de una notable claridad expositiva,  el genetista, estadístico, pensador, el humanista  Jacquard ofrece la historia evolutiva de nuestro planeta y sus habitantes desde la perspectiva del desarrollo técnico y científico- este orden está establecido a propósito, ya que a lo largo de la historia, el libro apunta  que la técnica precede al conocimiento científico en muchos avances. En este fascinante viaje, el autor nos muestra los avances y retrocesos de este proceso histórico, y por lo tanto evolutivo, que es la aventura de la humanidad.

 

 

Consta de dos partes, bien diferenciadas aunque maravillosamente conectadas. La primera, que es la que va a ser objeto de esta reseña, intitulada  “Una nueva mirada “nos conduce, a través de siete capítulos y quince apartados,  desde los orígenes del universo hasta la emergencia de  la persona. Un apasionante primer capítulo, con el rótulo “Renacimientos del tiempo”, nos lleva a la deconstrucción del dios Cronos acompañando  el discurso con las teorías de la relatividad, del Bing Bang y  la constante de Plack. El segundo capítulo,” Evanescencia de la materia”, nos revela  un camino, que va desde Lucrecio a De Broglie y que combina rigor científico con la imaginación del narrador, en el que  se  sostiene que “los objetos para definirlos hay que imaginarlos aislados, pero que para observarlos hay que hacer conjuntos interactivos “. En resumen, en brillante incursión en la metafísica, señala que: “la partícula material aislada no es más una abstracción. Solo es objeto de ciencia nuestra relación con la realidad, no ésta en sí”.

 

 

El tercer capítulo “Apertura de la lógica” expone la crisis de las matemáticas experimentada a finales del siglo XIX transitando desde las paradojas hasta la indecibilidad, las dificultades para probar la verdad, pasando por lo que el autor califica de” el fracaso de los matemáticos”. El cuarto capítulo marca el paso hacia la biología, con el sugerente título de “Segunda muerte del dios Azar”, y del que es resucitado gracias al razonamiento probabilístico, resurrección que luego es sostenida por la física antes de ser muerto por segunda vez. La mayoría de los procesos  aun  descritos por fórmulas matemáticas simples, sigue caminos con bifurcaciones  múltiples”.

 

 Los últimos capítulos de esta primera parte nos acercan a la biología- el libro se escribe en pleno “siglo de la biología”- y aquí se hace más  notoria la convergencia entre el genetista humanista que es Jacquard y este modesto biólogo multidisciplinar- bioquímico, biólogo molecular y celular- devenido en  filósofo de la biología evolutiva. El primero de ellos, quinto en el orden, “Trivialización de la vida”, plantea  al inicio la perplejidad que supone la aparición de la vida, para reconocer luego la importancia de la genética en unificar las diversas categorías de células a mediados del siglo XX y con el impulso vital  que es la información biológica avanzar hacia el impulso” complejizador “. Los objetos vivos son “seres”  por sus aptitudes: metabolismos que les permiten reaccionar, adaptarse, vivir. El sexto, con el sorprendente título “Del individuo al dividuo”,  nos acerca a la maravilla de la herencia, a la transmisión y  a la división de caracteres  de la mano de las leyes de Mendel  Concluye que  la procreación, en contra de la uniformidad, es una no-reproducción. En  el séptimo,  “La persona, hija de la especie” se  habla de que el yo  es el resultado de los con los que se ha tratado”. Los hombres   desde que aparecieron en la Tierra se han dado  una mirada emotiva sobre el universo (el arte para el autor, la cultura para mí),  una  lúcida sobre los procesos (la ciencia) y una exigente sobre sí mismos (la ética). En la segunda parte,” Una realidad nueva”,  la  convergencia entre  nosotros  alcanza  máximos (destaco  otra obra de Jacquard: “Yo acuso a la economía triunfante”). El análisis de este proceso será objeto de  un próximo trabajo.    

 

 

 

 

 

 

La epigenética  como revolución biológica: Incidencias sobre drogadicción y depresión   

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

 

Con la tendencia actual a recurrir a  llamativos titulares y a su transmisión rápida y multiplicada, ya se encuentra  la calificación de revolución biológica  para el término epigenética si se entra en Google. También Wikipedia ofrece, en consulta realizada a principios de marzo de 2015, un reflejo bastante ajustado de lo que ha sido y es el proceso de desarrollo así como la influencia sobre la nueva biología del  “estudio de los factores no genéticos que intervienen  en la determinación de la ontogenia o desarrollo de un organismo” o como resume acertadamente dicha enciclopedia “  ( la epigenética ) es el conjunto de reacciones químicas  y de sus procesos que modifican la actividad del ADN pero sin alterar su secuencia”. Para quien esto escribe y, arriesgando semánticamente, es como  encontrar el antónimo biológico de la mutagénesis. Se trata de un producto del siglo XXI, por lo tanto puede adscribirse a lo que he llamado “biología contemporánea”, aunque el término fue acuñado  en 1942 por Conrad V. Waddington para centrar los estudios de las interacciones entre genes y ambiente que confluyen e influyen en los organismos.

 

 

En el terreno de la alta divulgación por el que  circulo en esta web y en la del Instituto Roche (www.institutoroche.es)   y con  respecto a los estudios en los que  exploro la relación entre biología, evolución y éticas, la conceptualización de la epigénética que me gustaría subrayar es  la de “ ciencia de la adaptación biológica heredada” que se formula en un trabajo de Patricia Kaminker ( Archivos argentinos de Pediatría,  versión online ISSN 1668-3501). Por otro lado, en el ámbito metodológico  que sigo  para desarrollar estas reflexiones que datan de 2006-2007 y que se basa en el análisis de la acumulación de conocimientos científicos y técnicos que suministra esencialmente la revista Scientific American, en su versión española Investigación y Ciencia, he evocado en algunas ocasiones la epigenética, pero no he incidido en detalles  sobre ella y lo que este concepto  supone.

 

 

Si mis datos no fallan, el primer trabajo específico sobre este tema  publicado en dicha revista corresponde al número de abril de 2004 (“El nacimiento  de la epigenética"  del que es autor W. Wayt Gibbs, págs.16-23)- por lo tanto antes de  iniciar  el  programa de “filosofía de la biología” en que se encuadran  nuestros trabajos en esta web. El segundo, casi ocho años después, combina este apasionante tema  con otro que es muy querido de la revista  americana en estos últimos años  como es la neurociencia y que descansa en la responsabilidad del editor y amigo Gary Stix. Tal artículo apareció en el número de febrero de 2012  de Investigación y Ciencia, págs.50-57 y bajo el rótulo Neurociencia. Su título es  “Interruptores  ocultos en la mente” y el autor  Eric J. Nestler, un experto en la investigación sobre los mecanismos moleculares de la drogadicción  y la depresión, que trabaja  como profesor de neurociencia y director del  Instituto Friedman del Cerebro en el Centro Médico de Monte Sinaí en Nueva York. El autor plantea la conocida situación de dos hermanos gemelos con distinto recorrido vital, contando una historia real con los nombres cambiados, para mostrar el caso de uno de ellos que es profesor de historia (Matt) y el otro es drogadicto (Greg). Ambos siguieron trayectorias positivas en estudios y vida social, con las habituales transgresiones  como fumar cigarrillos a escondidas o beber de vez en cuando cerveza y de haber experimentado con marihuana, hasta llegar a la universidad. Allí probaron la cocaína y esta acción trastornó la vida de Greg.

 

 

El profesor Nestler  señala que en su laboratorio, junto con otros,  se está descubriendo la influencia en el cerebro de los cambios epigenéticos causados por el consumo de drogas o el estrés crónico (dos de los problemas sociales más significativos en esta sociedad “desnortada” en la que vivimos) para responder a la experiencia. Con el recurso a las ilustraciones y diagramas que ornan los artículos, el artículo pone en evidencia claramente las diferencias entre genética y epigenética con un recuadro titulado “Genética frente a epigenética” y que podemos resumir así: “las mutaciones alteran a menudo el significado; los cambios epigenéticos  modifican la actividad”. Estos cambios epigenéticos derivan de marcadores químicos, como ya se apuntaba antes, que se sitúan sobre la maquinaria génica, ya sea en el ADN o en las proteínas sobre las que se enrolla el ADN, las histonas. Los grupos químicos más habitualmente implicados son los radicales metilo y acetilo. Los grupos metilo provocan una condensación de la cromatina (ADN más histonas y otras proteínas), impidiendo la codificación de los genes; los segundos, acetilo, facilitan el despliegue de la cromatina  y con ello se estimula la actividad génica. Un segundo diagrama ilustra los hallazgos obtenidos con ratones como modelo sobre el tema “Epigenética de la adicción”. Los principales datos son: la cocaína provoca cambios notables y extensivos en la expresión génica: una sola dosis activa casi cien genes nuevos, mientras que muchos de estos genes activados se silencian si la droga se suministra diariamente. Sin embargo, un número mayor de genes revelan un efecto contrario, se activan transitoriamente en respuesta a las primeras dosis, pero en exposición prolongada aumentan más su actividad  y estos genes permanecen sensibles después de haber dejado de recibir la droga. Los mecanismos que subyacen en estos fenómenos tienen que ver con los cambios en el número y configuración de los grupos metilo y acetilo, junto con la regulación de la actividad de los enzimas que eliminan grupos acetilo (borradores) o de los que añaden grupos acetilo (escritores). Estos enzimas mantienen las alteraciones después del consumo prolongado de la droga. Estas son las señales de la “huella adictiva”.

 

 

Estos procesos y efectos también afectan y acompañan a una de las enfermedades psiquiátricas más crónica e incapacitante: la depresión. Lo más relevante es que los cambios epigenéticos pueden afectar asimismo las conductas maternas y de acuerdo con ello las crías reproducen comportamientos de la madre y se han encontrado efectos bioquímicos y hormonales que parece que pueden transmitirse a la siguiente generación, a pesar de que las modificaciones no se transmiten por línea germinal.  Los grandes retos que surgen en este trabajo se centran en la potencial curación epigenética y en la pregunta acerca de la herencia epigenética. Al mismo tiempo apunta a un cierto reconocimiento a la propuesta de la herencia de caracteres heredados que enunció Jean Baptiste Lamarck en el siglo XVIII. Una profundización sobre estas cuestiones se ofrece en un próximo editorial en el Boletín Perspectivas del sector biotecnológico.

 

 

 

Contaminación ambiental y salud infantil: Tropezando  en las mismas piedras  

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

 

La contaminación es para mí como ciudadano y por descontado como científico una preocupación fundamental. El abandono por parte de los políticos ha sido escandaloso, hasta que llega el único factor que parece movilizarles: las elecciones. El Ayuntamiento de Madrid, una de las instituciones que con mayor desdén y ausencia de justicia ambiental  y responsabilidad con los ciudadanos  ha abordado el tema de los niveles de contaminantes, ha decidido promulgar una normativa. En ella, se contempla que en el mes de marzo de 2015 se restringirá el tráfico  cuando se alcancen niveles considerados crítico. Independientemente de que voces de expertos  han señalado que los niveles que se han propuesto son excesivamente altos y por lo tanto las medidas restrictivas pueden, cuando se apliquen, haber sido ineficientes  respecto al daño ambiental y a la salud ciudadana, la decisión política es sorprendente por ser una muestra más del oportunismo político, por utilizar un término suave. Creo que por ello merece un comentario en esta tribuna en relación con la situación actual expuesta en un trabajo reciente publicado en la revista Investigación y Ciencia( número de diciembre de 2014, págs.8-10).

 

De nuestro interés por el tema dan fe  algunas incursiones previas en esta tribuna de quien escribe. En un artículo titulado “Contaminación y modificaciones genéticas: invocación a la epidemiología molecular, publicado en esta sección (http://www.asebio.com/es/ojo_critico.cfm), se mostraba  la preocupación por la calidad del aire en las ciudades españolas, problemática que había surgido a raíz  de un estudio global de la Organización Mundial de la Salud ( 26 de septiembre de 2011) al que se sumaba el informe realizado por Ecologistas en Acción con el título “ La calidad del aire en el Estado español durante 2010). La gravedad de la situación española se acompañaba en nuestro artículo con la discusión sobre el caso de una ciudad china, Tongliang, en la que había detectado la conexión entre una terrible situación atmosférica con enfermedades en niños expuestos a esta presencia de contaminantes  cuando estaban en el seno materno.

Siete años después llega a nuestro conocimiento el artículo mencionado, un nuevo trabajo de epidemiología ambiental  titulado “Exposición prenatal a contaminantes  y salud infantil ”, esta vez de autoría española a cargo de Mireia Gascón Merlos, que trabaja en el reputado Centro de Investigación en Epidemiología Ambiental  del Parque de Investigación Biomédica en Barcelona. Como si el tiempo no hubiera pasado, como si no estuviéramos en  el mundo desarrollado y globalizado, como si estuviéramos escondidos en cavernas en esta sociedad pomposamente identificada como sociedad de la información, la autora desgrana con sencillez y precisión los problemas detectados gracias al proyecto “Infancia y Medio Ambiente”   (INMA), en el que se han estudiado  cohortes de nacimientos con la participación de varios centros de investigación españoles. El objetivo es aproximarse al análisis de los efectos de varios factores ambientales en la salud infantil.

 

A lo largo de doce años se han estudiado los efectos en los niños que nacieron de más de tres mil mujeres embarazadas con origen en diferentes zonas de  España. Ante la magnitud de los datos disponibles, la autora se centra en este texto divulgativo en cuatro grandes factores tradicionalmente  analizados: tabaco, contaminación atmosférica, metilmercurio y compuestos orgánicos persistentes, a los que incorporan otros dos que atraen la atención de la epidemiología ambiental en estos tiempos: el bisfenol y los ftalatos, y los plaguicidas no persistentes. Una magnífica y completa tabla ilustra un muy buen resumen (pág. 9) en el que se recopilan la persistencia, las vías de exposición y los efectos en la salud infantil de los contaminantes analizados.

 

Recogemos a continuación algunos de los efectos más significativos. Las madres fumadoras o que están expuestas de forma pasiva al humo del  tabaco durante el embarazo aumentan las probabilidades de dar a luz a bebés de bajo peso, que presentan retraso en su crecimiento y que sufren trastornos respiratorios. La contaminación atmosférica influye en la salud respiratoria de los niños con asma; además los niños que viven en zonas con alta densidad de tráfico o en las inmediaciones de una autopista sufren un mayor riesgo de crecer con vías respiratorias de menor tamaño así como de padecer asma, efectos que parecen más acusados  si la exposición tiene  lugar durante el embarazo.

 

Por su parte, los efectos del metilmercurio, cuyas fuentes principales son el pescado y el marisco-dos preciados alimentos por otra parte- en el subdesarrollo infantil son bien conocidos: el consumo de depredadores de gran tamaño ( pez espada, atún rojo grande,  tiburón, lucio) determina la aparición de niveles de mercurio muy elevados, con porcentajes de mujeres embarazadas ( 64%) que superan el valor máximo recomendado por la Agencia de Protección Ambiental estadounidense ( EPA). Estos riesgos hay que contrapesarlos con los beneficios que representa el consumo del pescado por lo que hay que a acudir a otras especies.

 

Los compuestos orgánicos persistentes abarcan una variedad de sustancias que se emplean en la industria y en la agricultura y que  son difícilmente degradables por lo que permanecen en el ambiente y en los tejidos animales durante largo tiempo.  Sus efectos son variados: la exposición prolongada afecta al sistema endocrino; con exposiciones menores se han identificado efectos pequeños en el neurodesarrollo infantil.

 

Entre los recién llegados, el bisfenol y los ftalatos que  proceden de diferentes productos industriales: plásticos, latas, perfumes y productos cosméticos, inciden también alterando el sistema endocrino, mientras que los plaguicidas no persistentes,  que se usan para el control de plagas en actividades agrícolas y ganaderas, repercuten en el neurodesarrollo humano.

 

La autora reconoce, en un gesto que le honra, que la información disponible es aún insuficiente y estima que queda mucho camino por recorrer en el campo de la epidemiología ambiental. Aprecio esta declaración  pero creo que es todavía más esencial promover y realizar estudios sobre estas cuestiones de naturaleza multi e interdisciplinar.

 

En el terreno de las prescripciones, la autora evoca  las opciones personales  como instrumento para superar los problemas y en lo que no cabe más que nuestro acuerdo. Sin embargo,  el trabajo no hace mención a las políticas preventivas en el  importante campo de la salud pública . Esto es algo que quiero reivindicar porque me parece inquietante que sigamos dando vigencia al dicho de que: “los humanos son los únicos animales que tropiezan siempre en  la misma piedra”.

 

 

 

 

 

 

 

 

“Justicia salvaje”, un libro cohesivo. Las éticas  a través del comportamiento de los animales

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

 

ASEBIO es una organización que ha apostado  por medio de su Departamento de Comunicación por la Responsabilidad Social Corporativa como uno de los signos de su acción institucional. De hecho, el Informe Anual, publicación que es referencia para conocer la situación y tendencias del sector de la biotecnología en España, ha incorporado en sus últimas ediciones un capítulo sobre esta iniciativa de transparencia y acción propias de la ética profesional. En la edición de 2014, que reúne las actividades de 2013, se recoge tanto la declaración institucional  con apuntes como “el papel que el sector biotecnológico está jugando como mecenas de la formación universitaria … como actitud valiente y generosa" en las situaciones de crisis que se han vivido en España, como las visiones sobre el tema de una serie de empresas : Myriad Genetics, Celgene, Neuron Bio, Grupo Zeltia, Sistemas Genómicos ,Esteve, Biomedal, Fundación Genzyme, Promega Biotech,MSD, y la Fundación General del CSIC.

 

Por otro lado, quien esto escribe lleva  algo más de dos décadas ocupándose en el análisis  de las dimensiones y dinámicas éticas  que circundan el desarrollo de la investigación científica y técnica  en general, así como de ciertos espacios específicos, por ejemplo los relacionados con las consecuencias sociales de los avances de la biología y la biotecnología contemporáneas, de los usos de la energía y de los recursos naturales respecto al impacto ambiental,  y a partir de los años de crisis económica  explorando la posible conexión entre la economía y la ética bajo el prisma de la biología y la política en el marco de la teoría de la evolución. A lo largo de este itinerario se han aportado nuevos conceptos e ideas que se han reflejado en esta plataforma online  en editoriales del Boletín Perspectivas y en la sección de Ojo Crítico; en la web del Instituto Roche ( www.institutoroche.es ); en los cursos de Ética y Valores ( UESEVI) en la Escuela Técnica Superior  de Minas y Energía de la UPM; y en los programas de investigación sobre culturas científica e innovadora de la Unidad de Investigación en Cultura Científica (1ICC) del CIEMAT.

 

 

En este camino me he encontrado, gracias a la generosidad intelectual de Juan Carlos Sanz,   un colaborador del CIEMAT, con el libro  “Justicia salvaje”, subtitulado como “La vida  moral de los animales” (Editorial Turner, colección Noema, 2010). El libro tiene muchos valores- no podría ser de otro modo, se trata  de moralidad .El primero de ellos concierne a la autoría que rezuma interdisciplinariedad, colaboración, confianza y compromiso.  Corre a cargo de Marc Bekoff, profesor emérito de Etología y Biología Evolutiva en la Universidad de Colorado y uno de los grandes expertos en el estudio de la mente animal y de Jessica Pierce  que es profesora de Filosofía con un grado en Estudios Religiosos por la Universidad de Virginia y un master en Teología por la Universidad Harvard.

 

 

Otro de los valores radica en la claridad del objetivo que se persigue:  ilustrar a los lectores de que los animales son seres morales, capaces de esforzarse por el bien del grupo en el que viven y desmontar  el abuso, errado además, del paradigma de la competitividad que según los autores del libro: "ha monopolizado el discurso sobre la evolución del comportamiento social" de hecho, contraponen  a la idea de la “ ley del más fuerte” el concepto de “ justicia salvaje”.

 

 

Bekoff y Pierce afrontan el alcance de este objetivo pertrechados de talento analítico y discursivo para desgranar y desarrollar un relato que ya en el prólogo nos hablan con serenidad  de que los seres humanos somos animales y que solo por  convencionalismos nos inclinamos a olvidar esta condición. Y que en ese mismo prólogo ya nos introducen en lo que va a ser un eje de lo que estudian y analizan: las emociones porque  declaran: “Estamos muy emocionados  con nuestro proyecto interdisciplinar”,  para a continuación  invitarnos a que nos emocionemos. Como lectores que debemos transformarnos en actores a los que se  nos anima: “invitamos a otras personas a unirse a nosotros a seguir desarrollando el estudio de la moralidad animal”. Yo me he apuntado con entusiasmo a la invitación; en mi caso  se da una paradoja ya que  curiosamente alguien que nunca pensó en escoger la fisiología animal  porque el objeto de investigación eran los animales y no me sentía cómodo con ellos- de ahí mi orientación a la bioquímica y biología celular microbiana-,  encuentra ahora en  las emociones de los animales  y en la identificación de sentimientos de empatía  apoyos fundamentales  para la tesis expuesta recientemente ( www.institutoroche.es) de que la evolución  se ha podido orientar sobre  tales comportamientos morales ,  las éticas , y en sus interrelaciones , las interéticas, para  la selección natural.

 

Otra de las virtudes del texto es que los autores no presentan casos sueltos- algo tan querido  de las Escuelas de Negocios- sino que acumulan casos,  datos  y  conocimientos.  Se muestran ejemplos de: las  ratas, los  ratones, los elefantes, los perros, los coyotes, los osos polares, los lobos, no solo de mamíferos sino también de pájaros , peces, por descontado  los primates, grupo más próximo a los humanos , variedad que  nos sirve para identificar que los comportamientos morales son diferentes entre especies, entre grupos y a veces entre individuos.

 

Hay otros importantes logros en el libro como la identificación de ” clusters “ de valores, son  tres: el de la cooperación,  que sería el principio asociado con el altruismo  que se  acerca al ejercicio de la( s) responsabilidad(es) ; el de la empatía que es el sustrato de la regulación social; y el de la justicia, al que los autores del libro consideran como la única innovación moral humana, que persigue la igualdad y que para los animales tiene que ver con “ el honor y el juego limpio”.

 

No rehúyen los autores asumir que sus tesis, sus propuestas, van a producir reacciones, malestar en los entornos académicos  y para ello apuntan a la conveniencia de que se realicen análisis y trabajos que trasciendan de la visión disciplinar y que se nutran de colaboraciones con un grado creciente de interdisciplinariedad, algo con lo que no puedo estar más de acuerdo.   Lo expuesto no es sino un aperitivo de todo lo que  ofrece este libro. Acudan a su lectura con mente abierta  y   les aseguro  que  para este servidor ha supuesto un hallazgo emocional (la inteligencia social compartida)  y un apoyo sustantivo para apuntar que la moralidad puede ser (es) producto de características biológicas sujetas a la evolución (neurociencia cognitiva).     

 

 

 

 

La diversidad, surtidor de oportunidades en los estudios sociales de ciencia y tecnología

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

 

El número de diciembre de 2014 de la revista Investigación y Ciencia   ha presentado el Informe sobre el Estado de la Ciencia Global en dicho año. Además del interés general del trabajo, ya en su tercera edición, la del presente  año ofrece un valor añadido como es el hecho  que se haya centrado en los individuos responsables de que la ciencia y la tecnología sean motores de desarrollo en nuestras sociedades , las avanzadas, y las que quieren serlo. Ya no gira todo alrededor de los datos macro y meso de carácter institucional, sino que el foco está ahora en el talento. En el análisis de esta faceta fundamental hay una propiedad que emerge como factor decisivo que es la diversidad.

 

 

A explorar la influencia de este factor se dedica la mayor parte del Informe. Este tratamiento se organiza editorialmente de forma innovadora, estructurado a modo de mosaico, con tres artículos concebidos como piezas centrales con incrustaciones de otros cuatro artículos de opinión, de menor extensión y más focalizados en  los temas que abordan. Los tres textos centrales son: el de Katherine W. Phillips con el sugerente título “Beneficios de la diversidad social “(págs. 22-27) y el de Victoria Plaut “Todo el mundo es bienvenido (págs. 30-35).   El tercer texto, más concreto en su temática,  se intercala entre esos dos para ofrecer una aproximación cuantitativa  al tema de las “Diferencias por razón de sexo”, centrando el análisis en el número de doctorados según  ese factor y comparando la situación entre 56  países (págs.28 y 29). A lo largo de las dos páginas antecitadas se expande un gráfico, elaborado a partir de datos recogidos de la estadounidense Fundación Nacional   para la Ciencia (NSF, acrónimo del inglés). En este gráfico ,en abscisas  figuran  los nombres de los países, y al lado de este nombre aparece un número que identifica la posición de los países en el ránking de las diferencia entre hombres y mujeres en el acceso a recursos y oportunidades  en  las áreas de salud, educación , economía y política .En ordenadas  se recogen los porcentajes de doctorados entre hombres ( parte media superior , entre 50 y 100 por cien) y mujeres ( parte inferior, entre 0 y 50 por cien): también se distinguen doctorados en ciencia e ingeniería y los doctorados en  los otros campos  Predominan los hombres y a este respecto  el país más desigual es Taiwán , mientras que Ucrania es  el que ha alcanzado la igualdad. Las mujeres predominan en  seis  países: Letonia, Kirguistán, Argentina, Lituania, Portugal y Uruguay.

 

 

El texto de Katherine W. Philips, profesora de liderazgo y vicedecana de la Escuela de Negocios de la Universidad de Columbia y de raza negra, reconoce  la dificultad de gestionar la diversidad , pero inmediatamente plantea el valor de lo interdisciplinar e insiste con claridad en que para entender las ventajas de lo plural hay que apoyarse en el concepto de diversidad informativa. Toda la argumentación   se sustenta  en la presentación en profundidad de una variedad de casos que prueban que la innovación es mayor en los grupos socialmente mixtos que en aquellos caracterizados por la homogeneidad. Alrededor de este artículo, hay tres piezas independientes que  adornanr  el tema. En el primero, tres autores, Douglas Medin, Carol D. Lee y Megan Bang, que comparten el profesar sobre educación e influencia social, tratan bajo el clarificador título “Puntos de vista particulares” ( págs. 24-25)  , la influencia de la cultura en la forma de encarar el desarrollo de la investigación  y en los modos de aprender y observar el mundo. En el segundo, Steve Bishop, un profesor de matemáticas del  University College de Londres  afronta  el tema, página 26, de “Ciencia ciudadana, ciencia participativa”- en la más pura línea de los  estudios CTS-, poniendo de manifiesto que la participación ciudadana  añade una nueva dimensión a la ciencia, permitiendo que lleguen soluciones nuevas a problemas irresueltos. El tercer elemento  es el que desarrolla D.N. Lee, investigadora  en ecología y comportamiento animal en la Universidad de Oklahoma.  Desde su condición de ciudadana de raza negra, plantea la  importancia de la experiencia personal,  destacando que la procedencia, los contextos educativos y las vivencias pueden influir  en la forma en que se abordan las investigaciones sobre  una temática (pág.27): “Cuando la ciencia es inclusiva, todo el mundo se beneficia” es la declaración de bandera.

 

 

El segundo tema general  es el que presenta Victoria Plaut con el título “Todo el mundo es bienvenido” (págs. 30-35)). La autora, psicóloga social y profesora de derecho y ciencias sociales en la Universidad de California en Berkeley, persigue responder a la pregunta de  ¿cómo hacemos para llevar la diversidad a los entornos en los que operamos? Su posición está bien clara: “No existe una receta que garantice el cumplimiento de este objetivo”. El paso considerado como esencial es “reconocer   las diferencias sin estereotipos ni encasillamientos”. Es asimismo necesario  comprender mejor cómo opera la diversidad… Y aunque no hay ninguna receta, hay algo  que funciona  y que descansa en la forma de operar de las organizaciones: éstas atraen  y retienen el  talento derivado de la diversidad cuando obra con inteligencia, constancia, alimentan el sentido de pertenencia y  contratan a personal especializado para fomentar  y vigilar la diversidad.

 

 

La última aportación, en las páginas 32 y 33, es un artículo de opinión, de nuevo una pieza más corta, sobre “La invisibilidad de las mujeres” que firman  Brian Welle y Megan Smith, dos personas con responsabilidades estratégicas en Google, y cuyo objetivo general  es reconocer los problemas que han afectado a la empresa, en cuanto a la búsqueda y reconocimiento de mujeres. Entre los que subrayan, está  la necesidad de identificar qué factores animan a las chicas jóvenes  a estudiar informática ante las bajas cifras de personajes femeninos que en el cine y en la televisión asumen papeles en ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas , lo que se conoce en inglés con el acrónimo STEM.

Otro aspecto de los beneficios de la diversidad surge desde la ecología. Una ecóloga, Hilary S. Young, de la Universidad de California en  Santa Bárbara, ha estudiado  que los cambios, con reducción de diversidad,  en las comunidades faunísticas repercuten de modo notable en la transmisión de enfermedades (número de mayo de 2014 de Proceedings of the National Academy of Sciences,  citado en Investigación y Ciencia, número de 2014, pág. 5).

 

 

 Sorpresa ¡Conservar  la fauna en su diversidad ayuda a preservar la propia salud!

 

 

 

Ciencia, tecnología + diversidad como fuerzas de inclusión, ¿ sabemos, podemos?

 

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

 

Quien me siga en esta página web de ASEBIO o en alguna otra en la que colaboro, debe saber la colusión que existe entre el binomio Scientific American/ Investigación y Ciencia y mi vocación por ejercer la divulgación sobre la que  consolidarse, porque cada vez me siento más cómodo con la política editorial de la revista original en inglés y la forma en la que la versión española la recoge, la trasciende y la proyecta.

Partiendo de la ciencia, investigando en bioquímica, biología celular y molecular, he transitado por campos del conocimiento como la política científica, la sociología, la historia y la filosofía de la ciencia y la tecnología, para  llegar a la ética  en cuestiones relacinadas con la energía y y los recursos naturales, sobre las dimensiones y dinámicas  en I+D+i, asi como  sobre gobernanza y sosteniblidad. Tal  trayectoria  me ha conducido a ejercer una profunda defensa de lo” inter” (disciplinar, generacional, cultural)  y a  promover procesos de hibridación o mestizaje en el ámbito de los estudios CTS , ciencia, tecnología y sociedad. Quizá los frutos que gozan de mayor repercusión en el indicador actual que es Google sean: haber acuñado el término “interéticas” (https://www.google.es/?gws_rd=ssl#q=Emilio+Mu%C3%B1oz%2C+las+inter%C3%A9ticas);  y haber criticado a la economía como ciencia social y práctica política , reclamando para ellas más interdisciplinariedad desde la biología (https://www.google.es/?gws_rd=ssl#q=la+econom%C3%ADa+reclama+(interdisciplina.+la+biolog%C3%ADa+al+rescate).

 Scientific American e Investigación y Ciencia, al llegar a final de año, han sido fieles a la cita que en el número de diciembre iniciaron en 2012 con un Informe sobre “Estado de la ciencia Global”. En la edición de 2014, este “ Estado de la ciencia global 2014” ( número de diciembre, págs. 19-35) no se  centra solo en el entorno institucional de la I+D+i sino que se ocupa de los trascendentes aspectos , social y políticamente hablando, de la inclusión y la diversidad mirados desde el prisma individual , es decir del talento, de los recursos humanos. Esto es lo sorprendente y que me ha llevado a la inmediata reacción de escribir este texto. Son diecisiete apasionantes páginas que se inician con un texto de Fred Guterl, editor ejecutivo de Scientific  American . Su artículo titulado ´” La fórmula de la  inclusión “ reconoce desde el principio que “ la ciencia y la tecnología son los principales motores de la sociedad”, para preguntarse a continuación ”¿ Quién los impulsa? ”

 

 

El pilar básico de la argumentación es la colaboración, un principio y un proceso intínsecos en el desarrollo de la ciencia y que además la moderna visión  de la teoría de la evolución ha identificado como factor fundamental para que el cambio evolutivo hacia algo más complejo o más perfecto ocurra. Es algo en lo que vengo insistiendo en todas las críticas que he formulado a las políticas económicas que se nos vienen aplicando,  y a las que he calificado por tanto de contraevolutivas. Como Guterl señala: “ la colaboración  viene siendo habitual en ciencia y tecnología en los últimos años”, hecho favorecido no solo por la propiedad de internacionalización que  intrínsicamente posee la ciencia, sino por la facilidad de conectarse que ofrecen a los investigadores las tecnologías de la comunicación. Esta característica de fuerza evolutiva- vuelvo a insistir- se ha  tratado en los informes previos sobre “ el estado de la ciencia global”, en 2013 respecto a la innovación y en 2012 en relación a la investigación básica. En 2014 como ya se ha dicho, lo hacen sobre las personas, una orientación que intelectual y profesionalmente apoyo, y así  se ha  destilado en nuestros trabajos en la web de ASEBIO, en la Unidad de investigación en Cultura Científica del CIEMAT ( 1ICC) , en la Unidad de Emprendimiento Social , Ética y Valores en la Ingeniería (UESEVI)  de la Escuela de Minas y Energía de la UPM, así como en las intervenciones sobre ética  en  investigación, desarrollo e innovación que atraviesan los cursos  que desarrollo en  conexión con  el programa  de “filosofía de la política científica “,  articulado alrededor  del Instituto de Filosofía del CSIC.

 

 

La diversidad es una cuestión incitante que merece un próximo artículo, pero entretanto avanzo algunos datos que acompañan el texto de Guterl.Los datos mundiales” sobre diversidad social en las plantillas de científicos e ingenieros son difíciles de obtener, pero lo que sabemos no resulta halagüeño” denuncia Investigación y Ciencia ( págs.20-21) en el citado número de diciembre de 2014.Entre 1995 y 2010, ese número creció  un 36 por ciento en Estados Unidos y un 65 por ciento en Europa en el periodo entre 1995 y 2010.Dos de los países con mayor diversidad étnica en sus poblaciones residentes, EE:UU y Sudáfrica, son los que se utilizan para examinar la diversidad de los empleados en ciencia e ingeniería. En ambos predomina la etnia blanca y en ella se observa una sobrerrepresentación del varón blanco. La etnia asiática tiene una notable presencia en Estados Unidos y la etnia negra en  Sudáfrica aunque con infrarrepresentación con respecto a su proporción en la población residente.La infrarrepresentación  de las mujeres y la de las personas con discapacidad son variables que se dan y  que hay que valorar con inquietud. Por otro lado,el nivel socioeconómico ha sido identificado en un reciente informe de la Real Sociedad británica como factor que favorece en el en el Reino Unido la elección de carreras relacionadas con la ciencia.

 

 

La diversidad es el eje del Informe: como indica Guterl ”… no tratamos la diversidad tan solo como cuestión utilitaria. La ciencia impone  la disciplina de formar equipos de individuos diferentes entre si…, lo que otorga a los científicos e ingenieros la oportunidad de ser pioneros del cambio cultural”. Para terminar, la habitual transliteración al caso español. El economista Santiago Niño , habitual colaborador del programa La Ventana en la SER, mostraba en su intervención en la mitad de la primera semana de diciembrede 2014, la preocupación por la calidad del empleo, al comentar los datos favorables del mes anterior.A grandes trazos, exponía lo siguiente:”es preocupante el dato del empleo en I+D+i .Tal empleo ha aumentado  durante la crisis entre el 30 y el 12 por ciento en países como Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, Holanda e incluso Francia; en España ha descendido en un 13 por ciento”. Hay una preguntas  a formular con inquietud responsable   ante esta circunstancia: ¿ Sabemos,podemos? o ¿ No creemos?, ¿ ni queremos?

 

 

 

 

Convivencia y traición entre una bacteria y el ser humano, ¿coevolución o segundo cerebro?

 

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

 

La relación entre las bacterias y los seres humanos no  ha sido fácil de encontrar ni  estudiar. Puesto que nuestros sentidos no servían para detectar esta relación, ha habido que acudir a  la ciencia y la técnica bajo la visión antropocéntrica. En un principio se empezó a pensar en su existencia por los efectos nocivos en los que podrían estar implicados y se empezaron a utilizar términos que darían cuenta de tal relación como contaminación e infección. Posteriormente, se  reconoció  su utilización provechosa en procesos industriales, tanto en la industria alimentaria ligados  a  la fermentación y tan asociados a la evolución de la humanidad, como en la industria farmacéutica donde la introducción de las vacunas y los antibióticos supusieron cambios radicales en dicho ámbito, tanto desde el punto de vista de la producción como de las aplicaciones y de los mecanismos de acción.

 

La evolución de los conocimientos científicos sobre las bacterias han sido tan enormes que hace apenas dos décadas, una Enciclopedia tan reputada como la Británica en su décimo quinta edición de 1990, decía que: “…la clasificación de las bacterias está en transición. Tradicionalmente las bacterias se clasificaron como clase (Esquizomicetos) dentro del reino de las plantas. Ahora, la mayoría de las autoridades coloca a las bacterias , junto a las micro algas que son igualmente procariotas- células sin núcleo diferenciado y con escasa diversificación de membranas  en el interior celular-, en un reino aparte: el de los Procariotas que se separaba del reino de los Eucariotas ( protistas, animales, hongos ,levaduras y plantas )”. En Wikipedia hoy se puede leer que los seres vivos se dividen actualmente en tres dominios: Bacterias, Arqueas y Eucariotas. Esta división es consecuencia de que  en la revolución  taxonómica que se iniciaba en la década de 1990  se aplicó el término bacteria a todos los organismos procariotas  (Eubacteria y Archeobacteria),  y que  han sido renombrados como Bacteria y Archea  ya que evolucionaron independientemente de un ancestro común.

 

Estas importantes revoluciones taxonómicas  han ocurrido en veinte años y  han aportado más que diez siglos de historia de la bacteriología. Hoy en día, gracias a las "ómicas” y las nuevas  técnicas de secuenciación de ADN, conocemos  la enorme complejidad del microbioma, término acuñado por Joshua Lederberg en 2001  y desarrollado a través del proyecto “Human microbiome”. Este proyecto está generando un importante acervo de datos y un  aumento del conocimiento sobre la relación entre bacterias y seres humanos que ya tiene un abundante tratamiento en Wikipedia en inglés, aunque también existe la voz Microbioma en la enciclopedia popular en castellano, si bien bajo una perspectiva y planteamiento diferentes (molecular en el primer caso, médico nutricional en el segundo).

 

En un prodigioso avance, se abren nuevas visiones para la medicina porque sabemos cada vez  con mayor certeza que “hay pocos parámetros fisiológicos e inmunológicos que no estén afectados por la presencia y naturaleza del microbiota que convive (casi lo  coloniza) en el cuerpo humano”.  Una  visión antropocéntrica llevó en mi opinión a Michael Gershon, profesor de anatomía y biología celular en la Universidad de Columbia, Nueva York, a proponer que el intestino sería nuestro segundo cerebro. Su libro  “The Second Brain” ha alcanzado grandes cotas de reconocimiento popular. Acaba de aparecer un libro en español con ese mismo título del que es autor el divulgador científico Miguel Ángel Almodóvar (Paidós, 2014),  en el que se  ha tratado  y actualizado el tema desde la perspectiva española.

 

He discutido mucho con el autor, colaborador en la Unidad de Investigación en Cultura Científica (1ICC) del CIEMAT acerca de lo inapropiado de llamar “ segundo cerebro” a lo que ,como biólogo evolucionista, creo que es un extraordinario ejemplo de cooperación entre reinos o dominios y por lo tanto de  evolución convergente  o coevolución.

 

La suerte una vez más ha venido en mi ayuda. La revista Investigación y Ciencia en el número de enero de 2014 en  la sección  Apuntes ( página  6) y bajo el rótulo Biología recoge un  texto de Robyn Braun- colaborador de la revista Scientific American- que  se titula “ Una bacteria traicionera” y en  el  que autor  parece descubrir que hay bacterias oportunistas( algo ya muy conocido y que quien esto escribe ha  utilizado en varios textos para  relacionar comportamientos humanos y bacterianos). Como tal califica a Streptococcus pneumoniae. Esta bacteria que vive habitualmente en las fosas nasales sin causar problemas de salud, cuando detecta un peligro  trata de huir y coloniza otras zonas del cuerpo o nos hace enfermar. Provoca neumonías que son causa de muerte en poblaciones en riesgo y por ello es una de  las principales para los niños.

 

Lo que ha llamado la atención del periodista R: Braun es el trabajo de Anders Hakansson, microbiólogo de la Universidad de Búfalo. Para este investigador se sabía que existía relación entre la gripe y la infección posterior por S. pneumoniae, aunque se ignoraba por qué la bacteria se tornaba virulenta. La investigación fue descubriendo que el cambio parecía estar desencadenado por la reacción del sistema inmunitario; con la fiebre el cuerpo humano libera hormonas asociadas al estrés como la noradrenalina o  norepinefrina. El dato fascinante es que la bacteria percibe esas modificaciones en el entorno  y según se detalla en el trabajo, publicado en la revista mBio , la bacteria  S. pneumoniae, se” propaga desde sus colonias habituales y comienza a expresar genes que causan estragos en las células respiratorias”.

 

Este hecho fascinante se califica en el texto de Braun como un fenómeno denominado “comunicación entre reinos”.  Está claro que una bacteria es capaz de reaccionar ante, de reconocer, una molécula que es a la vez hormona y neurotransmisor, es decir una molécula  fundamental para el cuerpo humano. Hakansson aclara, nos dice el texto de Braun, que “es una bacteria saprofita de los humanos, por lo que resulta lógico que haya desarrollado mecanismos para interpretar los cambios de ambiente” y cita textualmente al investigador para recalcar que  “Somos el nicho ecológico de esta bacteria”.

 

Es decir que para mí emerge con fuerza la idea que no es que haya segundo cerebro en el intestino de  los humanos como consecuencia de la convivencia en esta parte del aparato digestivo  de cientos o miles de bacterias y de millones o billones de genes, sino que  lo que hay, como prueba el caso de Streptococcus pneumoniae , son  procesos de interacción y relación entre organismos de diferentes reinos o dominios. Se trata  por lo tanto de reconocer  la importancia de la coevolución, lo que confiere mayor peso   a la dimensión ecológica y evolutiva  que a la antropocéntrica.

 

Publicado en versión más amplia en  Facebook çhttps://www.facebook.com/cienciaculturaydemocracia?ref=hl 

 

 

 

 

Una  visita al  eje del Año de la Biotecnología en España: BioSpain, datos y propósitos

 

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

 

El año 2014, Año español  de la Biotecnología, está trascurriendo con un notable nivel de actividades y aún quedan importantes actos en la recámara. Para mí ha supuesto un plus de diversificación en mi agenda, ya de por sí cargada de variadas actuaciones y objetivos. Esto ha cambiado mis fórmulas y pautas de seguimiento de la evolución de los avances científicos y técnicos en biología que recojo, entre otros medios, en esta web.

 

Uno de los últimos eventos celebrados, y sin duda el de mayor repercusión internacional, ha sido la feria BioSpain celebrada en Santiago de Compostela durante los días 24 a 26 de septiembre. Ha gozado de nuevo del agradable susurro del éxito: éxitos de participación, de repercusión política y estratégica para el sector, lo que asumo se ha debido al muy importante alcance mediático ligado a iniciativas, tan innovadoras y tradicionales a la vez, como el Xacobio. Para mí, ha sido una parada en el camino, la llegada a un albergue que me ha facilitado la reflexión.

 

Uno de los resultados de este proceso ha sido el darme cuenta de que este año, la explotación del yacimiento de datos sobre la evolución de la biología y las biotecnologías que supone la revista Investigación y Ciencia no ha sido ni tan intensa ni tan profunda como otros años. He encontrado al regresar al almacén informativo que suponen los números mensuales de tal revista que el número de enero de 2014 ofrecía un conjunto de jalones que  auguraban un gran potencial analítico ,pero que  no había sido explorado satisfactoriamente. Aprovecho  la ocasión para cotejar lo que se decía en algunas secciones y artículos de ese número con lo  que he entrevisto en mi limitado- por obligada imposibilidad de tiempo  y espacio-, pero fascinante recorrido por BioSpain.

 

 El número está en primer lugar dedicado, por medio de un Informe Especial, a los “big data” bajo el rótulo “La Era de los Macrodatos”, un tema de rabiosa actualidad  por ejemplo para la gestión de la salud y de los avances generados por  las nuevas tecnologías ómicas (págs. 46-69). Entre los artículos separados del Informe, destaca a nuestro propósito, uno del reputado escritor científico George Johnson, que bajo el título “El largo camino hacia la comprensión del cáncer”  nos recordaba que la biología de esta enfermedad “resulta ser más compleja de lo que se pensaba”; se glosa la revisión seminal  de Hanahan y Weinberg , publicada en Cell en el año 2000 ( The hallmarks of cancer) , que atribuyó el origen del cáncer a una “célula renegada” que proliferaba para formar un tumor y a la activación de unos genes decisivos que sufrían daños o mutaciones con el tiempo. Se llegó a acuñar para el cáncer el concepto de ecosistema aberrante dando así carácter de entidad al microentorno celular del cáncer. Los últimos diez años  han permitido desvelar muchos otros factores que contribuyen al cáncer: bacterias del intestino como Helicobacter pylori; cambios genéticos que no son necesariamente mutaciones (deleciones, adiciones o reordenación de la secuencia de nucleótidos); la incorporación de señales moleculares en nucleótidos e histonas (los interruptores epigenéticos).

 

Estos temas han estado muy presentes en BioSpain  en   el  Stakeholder´s Forum organizado  por  el Instituto Roche  con motivo de la celebración de su 10º aniversario sobre “Medicina Personalizada”, celebrado el día 25. En él se disfrutaron las excelentes intervenciones de todos  los ponentes, mereciendo destacarse  las de  Gerardo Jiménez-Sánchez ( Harvard School of  Public Health ) sobre el tema “”Moving Genomes to the Clinic: Opportunities and Challenges”, la de Manel  Esteller (IDIBELL) con su  intervención “ Genomes, epigenomes and future perspectives in Personalized Medicine”; de Joaquín Dopazo (Centro Príncipe Felipe) sobre “Bioinformatics  and Big Data in the era of Personalized Medicine”, o  la estelar presentación de Carlos Buesa, CEO de la empresa Oryzon, mostrando que  la metilación de las histonas ya no es solo un fascinante logro científico sino fuente  potencial de fármacos, lo  que le ha permitido firmar un acuerdo de colaboración con Roche. Se ofrecía  así  un ejemplo de  la estrategia presentada en ese  mismo Forum por  María Bobadilla (Senior Director of Extending Network; Roche Partnering)   con el título “ Pharma access to external innovation : the example of Roche”.  La contribución de Carlos Buesa  titulada “ Breaking down walls in biomedical research and the challenge of patents in  Spain: a success story”   fue  una demostración de éxito científico transformado en éxito empresarial como el título apunta.

 

En ese mismo número de la revista, un artículo (págs. 74-80) mostraba la emergencia de una nueva área, la metabiología, término asociado a un programa de investigación que aspira a sentar las bases matemáticas de la teoría de la evolución darwiniana. De  acuerdo con el dato de que la teoría de la evolución   se ha calificado frecuentemente como “diseño sin diseñador”, los autores del trabajo, liderados por Gregory Chaitin, matemático y teórico de la computación de la Universidad Federal de Río de Janeiro , exploran la idea de la “programación sin programador” , noción que les permite proponer un modelo evolutivo bastante simple para demostrar que las mutaciones aleatorias generan organismos cada vez más aptos, en un proceso que no contempla el fin.

 

Esta aproximación abre un campo  de relación , hasta ahora poco explorado,  entre las matemáticas y la biología aunque la velocidad a la que se están produciendo los avances  en el conocimiento biológico plantean , desde mi punto de vista,   una apuesta arriesgada, tengo dudas razonables de que las investigaciones futuras  en esta línea sean relevantes  para comprender y analizar la evolución biológica: mutaciones y genes son necesarios, pero no están  solos en el desarrollo de los seres vivos y por lo tanto no son suficientes factores explicativos del proceso.

 

En todo caso, estas   (nuevas) orientaciones sobre metabiología pueden ser interesantes para avanzar en la comprensión y clarificación del concepto de bioeconomía que preside la agenda  más actual de la I+D+i de la Unión Europea y de la OCDE. No parece  existir claridad sobre tal concepto, que cuando uno escucha a sus proponentes como ha ocurrido en BioSpain, parece que  se orienta  a  desarrollar y conservar,  es decir   mantene la sostenibilidad, contando para ello con el potencial de los recursos naturales y el poder de lo agroindustrial. Si eso es así, nos inclinamos a hipotetizar que va ser necesario pensar, analizar y simular  o modelizar combinando ecología y evolución: ¿Quizá progresando por el camino  hacia una síntesis que se podría  calificar de ecología evolutiva?      

 

 

 

 

 

 

El debate sobre los cultivos modificados genéticamente. De nuevo una cuestión política

 

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

 

El verano biotecnológico de la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo (UIMP) nos ha deparado un nuevo Encuentro, este sobre “Oportunidades y desafíos de la moderna biotecnología: aplicaciones en agricultura, alimentación y salud”, dirigido por Montaña Cámara y Daniel Ramón y celebrado del 4 al 6 de agosto de 2014.

 

 

He participado en el mismo, en primer lugar sustituyendo a la presidenta de ASEBIO, Regina Revilla  que no pudo acudir por razones personales, leyendo su magnífica conferencia inaugural, y en segundo lugar, en la mesa redonda que compartí con Esteban Alcalde y Jaime Costa. La intensa jornada del día 4 en la que tuve además el disfrute académico de una extraordinaria conferencia del reputado experto en biotecnología agrícola José Ignacio Cubero, Catedrático Emérito de la Universidad de Córdoba , me sumergió de nuevo en el eterno problema del debate político sobre los cultivos modificados genéticamente (CMG).

 

 

Subrayo lo del debate político porque durante veinte años en los que he estado activamente implicado en el debate y difusión de los avances en biotecnología agrícola, llegué  por métodos analíticos variados a la conclusión indiscutible de que era una cuestión política, y no científica ni técnica, la que armaba el debate. De acuerdo con la metodología que he seguido en las revisiones críticas de temas  tratados en las actividades  de la UIMP dentro del Año de la Biotecnología, acudo de nuevo a un número de Investigación y Ciencia, publicado en noviembre de 2013. Ese número   dedicado monográficamente a la alimentación, como elemento de convergencia entre la biología, la cultura y la tecnología, ya fue tenido en cuenta por mí para desarrollar el  editorial del nº 75 del Boletín mensual de ASEBIO, editorial que se titulaba “ Alimentación, sabores y salud. Su complejidad e influencia  en la evolución”;  y que está accesible en esta web: www.asebio.com.

 

 

Retomo ahora el número por el reencuentro con el tema de los CMG: la última sección del número se dedica a los recursos y  a su asociación con cultivar el planeta. La sección tiene un apartado dedicado a la biotecnología y en él se insertan dos artículos, uno que forma el núcleo central y procede de la versión original en inglés ,del que es autor David Freedman  y que se titula “ Cultivos transgénicos: sigue el debate”  y el segundo que se incluye  en el núcleo del otro texto- según línea habitual de la revista en español- y del que es autor Pere Puigdoménech . Este autor que es un referente del tema no solo en España sino en Europa  e revisa la situación sobre  los CMG en ese espacio geopolítico. Freedman según la nota de la revista es un experto en divulgar sobre los impactos científicos, económicos y tecnológicos que se han producido en las últimas décadas y  el papel complicado de los expertos para incidir sobre ellos. Uno de sus últimos libros que en castellano se titula: “Equivocados. Por qué los expertos siguen fallando y cómo saber cuándo no hay que confiar en ellos” (Empresa Activa, 2011) es bastante revelador de las posiciones del autor norteamericano. No lo  conozco profesionalmente, pero  este título y  la breve nota biográfica que acompaña su artículo me hace presumir  que este escritor científico  y sus publicaciones sobre temas variados relacionados con la ciencia y la tecnología v sus políticas, podrían situarlo en el terreno de los estudios sobre ciencia, tecnología y sociedad (CTS)  aunque como norteamericano esta adscripción no sea evidente.

 

 

Su texto  se desarrolla  en  las  páginas 72-79 del citado número de Investigación y Ciencia- que se interrumpe en las págs. 76-77 para insertar el trabajo de Pere Puigdoménech  “ Los cultivos transgénicos en Europa” y  con  un subtitulo interrogativo sobre si  “¿Está científicamente justificada una postura tan restrictiva? "-  parece moverse en el terreno CTS  ya que se presenta un análisis muy documentado de los avatares que han configurado el debate sobre los CMG. Muestra  un conocimiento apropiado de la historia del problema y recoge el contraste de opiniones y posiciones entre los científicos  hasta tal punto que lo ejemplifica desde el principio con la posición favorable de un biólogo molecular de plantas de la Universidad de California en los Ángeles   (UCLA), Robert Goldberg, y la contraria de  un  biólogo celular, especializado en visión, David Williams, del otro lado del campus de la misma universidad . Reconoce también  que el grueso de los estudios científicos apunta en una sola dirección y esta declaración la sustenta con los argumentos de David Zilberman, un economista ambiental y agrícola de la Universidad de Berkeley, al que le atribuye la condición de  gozar del crédito de ambos bandos. Zilberman declara que “los beneficios de los CMG superan con mucho a los riesgos y que incluso han aumentado la seguridad de los alimentos”, moviéndose en mi opinión en la línea de una aproximación ética consecuencialista, la que propone el  análisis de costes frente a beneficios  y promueve el análisis caso por caso y por ello se orienta hacia una toma de decisiones ponderada.

 

Sin embargo, Freedman se inclina hacia una posición más ecléctica  y para ello selecciona las opiniones  de  los  críticos para mantener que las dudas son persistentes y para criticar por su parte la dureza con la que los científicos favorables a los CMG  reaccionan a las críticos, invocando que dentro de este grupo  de opositores no hay solo activistas sino también científicos. En la línea del eclecticismo, Freedman propone que: “realizar pruebas adicionales tal vez proporcione el compromiso necesario para que la humanidad pueda acabar beneficiándose de las grandes ventajas de dichos cultivos”. Aquí creo que el eclecticismo del autor le lleva a la contradicción.  Simplemente mencionar que no puede haber más pruebas si las posiciones desfavorables y la aplicación de la versión estricta del principio de precaución que menciona  impide el cultivo de estas plantas. El artículo de Pere Puigdoménech al que por cierto citaba Regina Revilla como referencia sobre el tema de los CMG en su conferencia, es más directo. El experto español es un científico preocupado por la ética pero no está en la línea CTS.  Cito las palabras finales de su contribución: “Puede que antes o después  la situación cambie pero en este momento no parece posible predecir si tendrá lugar un desbloqueo o si, por el contario, asistiremos al refuerzo de una ciudadanía europea que protege concepciones de interés cuestionable”.

 

Termino  señalando que de acuerdo con el estado actual de la ciencia y del marco regulatorio los CMG son tan seguros o más que los convencionales .Me preocupa que la Europa interesada y hedonista reaccione antes estos productos del capitalismo industrial, pero no lo haga con la misma fuerza ante la corrupción, la desigualdad social, el deterioro de la salud ambiental, frutos del capitalismo especulativo.

 

 

 

 

 

EMBO nos desvela la adecuada apuesta de la India en las ciencias de la vida  

 

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

 

La Organización Europea de Biología Molecular ( EMBO por sus siglas en inglés) se puede considerar como una organización asimilable a una Academia Europea de Biología Molecular, es decir por lo tanto como entidad científica de referencia. Lo es por varias razones: por su esfuerzo en perseguir el reconocimiento de la excelencia a partir de las decisiones de los pares, por su permanente atención a que tal objetivo no oculte nunca  la valiosa diversidad y riqueza de la comunidad científica de los países europeos menos desarrollados científicamente, por el histórico empeño en ser un agente importante en el debate sobre las decisiones en política científica europea, y sobre todo por su magnífica estrategia de comunicación ,  y que nos atañe en relación con nuestro compromiso de contribuir a la difusión de la ciencia en España. La estrategia de EMBO  se hace patente tanto en las publicaciones orientadas  a la diseminación de los conocimientos científicos y técnicos, las denominadas revistas científicas, como en aquellos otros instrumentos que acercan los avances  alcanzados en el ámbito de la biología molecular y de sus crecientes impactos socioeconómicos a públicos más amplios, desde los científicos que trabajan en otras   áreas y disciplinas  a los ciudadanos interesados por la ciencia y la tecnología; en suma por la existencia en la institución europea de una política activa de divulgación científica.

 

 

Una de las publicaciones que se mueve en este terreno de proyección social es la revista “EMBO encounters “. Aparece con periodicidad trimestral y cuyos números se identifican  con referencias a las estaciones de los años en que se publican. Entre las últimas llegadas a mis manos está el número de invierno 2013/2014, en el que se encuentra un artículo sobre el desarrollo evolutivo de las ciencias de la vida en la India ( “Life sciences in India: on the right track”, págs. 4-5).

 

El artículo recoge los impresionantes cambios experimentados  por el sector de las ciencias de la vida en India, aunque sorprendentemente no se hace mención al punto de partida  de este camino o  de   inflexión sobre lo anterior, que habría que situar  con el inicio de Centro Internacional de Ingeniería Genética y Biotecnología ( ICGEB de las siglas en inglés) en febrero de 1984 con la sede de Nueva Delhi  compartida con la de Trieste y bajo  la dirección del biólogo molecular italiano Arturo Falaschi. El proceso de cambio es un reflejo  de la importante estrategia  de política científica que ha perseguido construir una base importante de ciencia, la denominada fundamental o básica; la creación de laboratorios; el establecimiento de programas de financiación y reclutamiento de profesionales tanto a nivel  de personal de plantilla como de postdoctorales.

 

Tras ese esfuerzo de estrategia política , el reto que se afronta por el ámbito de la moderna biología en India se cifra en mejorar el flujo de las inversiones ( “flow of funds”) y de retener o atraer a las mejores cabezas con el objetivo de ser más competitivos internacionalmente.

 

En la apuesta por convertirse en un país significativo en el mundo, la India se ha convertido en un núcleo de referencia (el término hub en inglés) en ciencia y tecnología. Algunos datos que soportan esta apuesta son: la creciente internacionalización como refleja la participación en grandes proyectos como: el Proyecto internacional del Genoma del Arroz (International Rice Genome Project) , el Gran Colisionador de  Hadrones (Large Hadron Collider) y el ITER- el gran proyecto de colaboración internacional para obtener energía eléctrica por fusión nuclear;  y  por otro lado, en el terreno de la inversión en I+D, el gobierno indio ha aumentado la inversión en I+D con porcentajes del 7% anual en el periodo 2007-2012. Como comparación, en ese periodo dicho indicador ha descendido en un 0,5% en Europa y en USA el 2%.

 

El esfuerzo en I+D de la India se ha focalizado, bajo una perspectiva de aplicabilidad ,en la ingeniería  y las tecnologías de la información (TIC), complementándolo  con inversiones muy importantes en I+D nuclear y en el programa del espacio a escala nacional .Dentro de este contexto de impulso por la modernización del sistema científico y tecnológico y en alianza con unas raíces históricas e identitarias por la búsqueda del conocimiento científico y técnico, el sector de las ciencias de la vida  está ganando creciente protagonismo como ilustra el artículo que comentamos. Se han fundado cinco nuevos Institutos de Educación e  Investigación, nueve nuevos Institutos de Tecnología, un nuevo Instituto Nacional de Educación e Investigación, así como 28 nuevas Universidades  Centrales. Además de un fértil periodo de oferta de empleos, merecen destacarse  proyectos de investigación en el ámbito de la biología moderna  tales como los destinados al conocimiento del sistema inmunitario en la lucha contra la enfermedad  y en cómo se conectan la nutrición y el desarrollo cerebral. Las investigaciones clínica, agrícola y biotecnológica están evolucionando muy positivamente y consecuentemente cobrando impulso.

 

Entre los  actores importantes se cita en el artículo  de EMBO encounters al miembro asociado de EMBO y miembro asociado extranjero de la Academia de Ciencias de los Estados Unidos, VijayRaghavaran, Profesor del Centro Nacional para las Ciencias Biológicas (NCBS de su nombre en inglés) con sede en Bangalore, y Jefe del Departamento de Biotecnología (DBT de sus siglas en inglés) adscrito al Ministerio de Ciencia y Tecnología. Es reconocido por sus trabajos en la genética de los sistemas sensorial y motor. Otro distinguido actor en este proceso, es el también miembro asociado de EMBO, Inder Verma quien trabaja en Estados Unidos en el Instituto Salk en La Jolla.  Verma, mientras que reconoce que la India no ha tenido el éxito de revertir la diáspora científica como ha hecho China por ejemplo, también manifiesta una opinión favorable a los pasos que está tomando el gobierno; declara en efecto que: “creo que el gobierno está en el buen camino”.

 

Una trayectoria que despierta nuestra envidia. No podemos decir lo mismo de la senda que se sigue en nuestro país. Se vuelve a incorporar la I+D en el discurso y se evoca asimismo la reindustrialización como objetivo pero  los hechos no terminan de hacer creíble el discurso. Ojalá que  la dialéctica se traduzca en realidades.  Pero existe la terrible sospecha de que  el daño hecho durante estos tres o cuatro últimos años puede ser irreparable.

 

 

 

 

La interacción entre microorganismos y animales: El reconocimiento de la biología integrativa 

 

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

 

La biología evolutiva viene aportando datos muy significativos para dar soporte a la defensa de  que la cooperación y las interacciones entre organismos, unas veces próximos y otras muy distantes en la filogenia, son factores evolutivos de primordial importancia. Estos importantes hallazgos permiten una revisión crítica acerca de las interpretaciones competitivas del darwinismo social y su utilización tendenciosa en economía y al mismo tiempo  tales  resultados ofrecen nuevas perspectivas para examinar el desarrollo de los organismos sobre la base de la integración cooperativa entre ellos. Dentro de esta nuevas visiones que contemplan  el desarrollo biológico en relación con la salud y la enfermedad han aflorado conceptos como el de” microbioma humano” o el de “medicina integrativa “. En el ámbito de la investigación es posible identificar una iniciativa integradora y  abierta como es la del “OMICS Group”, configurado como empresa, que está promocionando la publicación en 350 revistas de acceso abierto y la organización de 100 congresos y conferencias científicas  por todo el mundo con el fin de englobar y relacionar los siguientes  campos: medicina clínica, química,  ómicas, ingeniería, ciencias farmacéuticas, ciencias ambientales ,medicina  y gestión. Es impresionante la actividad de este grupo que debe hacernos pensar en su potencial y ello  sin dejar de lado el temor de que se convierta en  una burbuja. La experiencia en todo caso es sorprendente y reclama  un cierto seguimiento que deberíamos promover  quizás desde ASEBIO.

 

El número de marzo de 2014 de la revista Investigación y Ciencia que tan fructífero ha sido, trae un nuevo caso que prueba, si se me permite el juego de palabras, la  nueva evolución de la biología evolutiva. Se trata de un artículo, inicialmente publicado en Nature 500 ( págs. 412-413, 2013) que traducido al castellano aparece en las páginas 12 y 13 bajo la rúbrica Panorama del citado número  de la revista española de alta divulgación científica. Nos enfrentamos a a un texto netamente innovador: por la forma ya que presenta una revisión analítica de otros trabajos; por el tema como refleja el título “Nuevos  mecanismos de creación de especies”; e incluso por la afiliación del primer firmante, Gregory D. Hurst  que trabaja en el Instituto de Biología Integrativa de Liverpool  que firma en colaboración con  Chris D. Jiggins del Departamento de Zoología de la Universidad de Cambridge.  

 

Se afronta nada menos que el proceso de especiación, cuyo origen se ha atribuido  al "desarrollo de barreras en el flujo génico que se mantienen con diferencias en las poblaciones cuando éstas se hallan en contacto". Como el artículo que comentamos señala, en agosto de 2013 un trabajo en la revista  Science , firmado por Brucker y Bordenstein, describía la influencia de “los microorganismos que residen en los intestinos como nueva forma de aislamiento reproductivo al contribuir en la supervivencia de los híbridos” .El artículo de Hurst y Jiggins analiza en profundidad el trabajo   publicado en Science y  realizado con avispas del género Nasonia. Fruto de trabajos previos, Brucker y Bordenstein  han estudiado  los descendientes masculinos resultantes de cruzamientos entre N.vitripennis y N. giraulti , dos especies alejadas y con comunidades diferentes de microorganismos ( microbiota intestinal diferenciada). La observación primaria era que la mayoría de tales descendientes masculinos morían durante el desarrollo larvario. Estas larvas de corta vida estaban melanizadas, una característica de las patologías microbianas y además su microbiota intestinal estaba dominada por la bacteria Proteus mirabilis, mientras que las especies parentales albergan esencialmente bacterias del género Providencia.

 

Una serie de experimentos con  dietas variadas: carentes de bacterias, con mezclas de Proteus y Providencia  o  solo con esta última, mostraron que se reducía la mortalidad. Por el contrario, la mortalidad de las larvas aumentaba cuando en la dieta se introducía una bacteria como Escherichia coli, huésped poco habitual del intestino de estas avispas.

 

Un hecho interesante es que las larvas criadas con una dieta sin bacterias, la que reduce la mortalidad, mantienen  un genoma con variantes génicas que se habían relacionado con la inviabilidad de los híbridos y lo hacen con proporciones hereditarias normales.

 

Este hallazgo apuntala con fuerza la idea de que la inviabilidad de los híbridos guarda una relación alterada entre huésped y microbiota. Son datos que refuerzan la idea de que la microbiota afecta al desarrollo y a la función del organismo, y que ello puede ocurrir en todas las especies que poseen tubo digestivo. Asimismo, la divergencia que se da entre linajes sobre esta interacción  entre huésped y microbiota aparece como un requisito para la disfunción de los híbridos. Se observan efectos de presión selectiva entre los microorganismos y los huéspedes, así como se detecta que los cambios evolutivos de éstos pueden hacer variar la composición de la microbiota.

 

Todo este acervo experimental hace pensar que la asociación entre microorganismos y huésped divergirá  de forma que la hibridación puede originar combinaciones que funcionen mal. Pero el resultado más importante  que aflora de estos  experimentos, análisis   y consideraciones es  que el fallo esencialmente responsable de la disfunción de los híbridos de  Nasonia es que regularon mal el desarrollo y control de su microbiota,  proceso que resultaría ser así   la interacción biótica más importante y universal. Estos nuevos aportes de la biología evolutiva  dan paso al reconocimiento de la importancia del concepto de biología integrativa y suponen un refuerzo para la orientación renovadora en la práctica médica que se conoce como” medicina integrativa” .Y en un plano personal, y desde nuestro punto de vista crítico a la  economía política y práctica, me animo a considerar que esta evidencias   apoyan   la  necesidad de que la política económica busque orientaciones e indicaciones en la biología ( lo que he llamado economía biológica). Como una reflexión sobre estas cuestiones  cabe pensar en los daños colaterales sobre alimentación y salud que pueden derivar de los recortes y la austeridad  y en consecuencia afectar negativamente la interacción biótica importante y universal que hemos discutido en este texto.

 

 

 

Europa y la biotecnología agrícola: ¿Sueños o pesadillas?

 

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

 

Europa se encuentra desorientada, guiada por una brújula no imantada que no señala el norte de los valores sociales y democráticos sino que se orienta por los impulsos  de unos pocos: algún país que está en la mente de todos y por los intereses de los agentes  y actores que persiguen solo sus beneficios. Me parece pertinente atraer la atención sobre dos artículos  que denuncian estos problemas: uno de ellos  cuyo autor es Antón Costas, catedrático de Economía de la Universidad de Barcelona, denuncia que  “Algo va mal  con  la Unión Europea” ( El País Negocios, 16 de marzo de 2014, pág.17). Para justificar este diagnóstico apunta que “la política económica de la zona euro sigue bajo la influencia de malas ideas y de prioridades equivocadas” y se basa para apoyarlo en los argumentos que de forma sintética expongo a continuación: “A pesar de la gravedad de los datos, el desempleo no es un problema político prioritario en Europa a diferencia de los Estados Unidos. El mantra de la austeridad  se ha impuesto en Europa a pesar de pruebas evidentes de que no funciona. Como esto no funciona, los responsables de la política económica lo han sustituido por un nuevo mantra: la devaluación interna. La austeridad más la devaluación  salarial sistemática puede conducir a la deflación prolongada. La austeridad y la devaluación salarial asesinan a la economía social del mercado europeo”.

 

 

El segundo artículo del que es autor Carlos Álvarez Pereira, Presidente de la Fundación Innaxis además de  ser colega en el Foro de Empresas Innovadoras (FEI), se ha publicado en InfoLibre el 18 de abril de 2014 bajo la sugerente pregunta de si “¿Se atreve Europa a soñar?”, nos ofrece un discurso analítico que muestra por qué no hay ilusión en el proyecto europeo. Son los efectos de la autocomplacencia  de las élites, de las propuestas que como mucho pretenden construir el futuro de la UE como un estado del siglo XX, o incluso del siglo XIX. Todo esto significa que las élites europeas ya no se atreven a soñar, que Europa está sumergida en el suicidio colectivo que los políticos cometieron en los años 80 al abogar por la minusvaloración de la política. Y ya todos colaboramos en este suicidio colectivo persiguiendo egoístamente los intereses individuales. 

 

 

En este marco de aturdimiento en que se mueve la UE a causa de un mal gobierno, de una inadecuada gobernanza, somos testigos sorprendidos de una interesante (curiosa) iniciativa  en relación con uno de los temas en los las políticas europeas han mostrado los mayores grados de desorientación y desacierto. Me refiero a las aplicaciones de la biotecnología moderna a la mejora agraria, es decir al cultivo de organismos  modificados genéticamente. Se trata de valorar los efectos, los impactos socio-económicos de estos cultivos (GMOs del inglés, OMG del castellano).

 

 

De hecho, entre las habituales y flagrantes contradicciones europeas tenemos el siguiente dato: la Directiva 2001/18/EC del Parlamento Europeo y del Consejo  de 12 de marzo de 2001 que obliga a la Comisión Europea a suministrar una valoración de esos efectos, permaneció sin cumplirse hasta el año 2011, en el que la Comisión concluía que no se disponía de las suficientes experiencias para realizar tales evaluaciones. Como consecuencia de esta sorprendente y triste conclusión, se creó un organismo: la Oficina  Europea sobre Socio Economía de los OMG ( European Socio Economics  GMO Bureau, ESEB) para organizar y facilitar el intercambio de información respecto a estas implicaciones. La misión de ESEB es desarrollar Documentos de Referencia que permitan efectuar evaluaciones basadas en el estado de la ciencia  de los impactos de esta aplicación agrícola en los Estados Miembros. 

 

 

En 2013 hemos tenido conocimiento  a través del Ministerio  de Agricultura, alimentación y Medio Ambiente de que se estaba trabajando en un Documento de Referencia que sirviera para establecer varios objetivos: una lista de temas que constituyera la base de las evaluaciones y de la que se pudiera derivar el establecimiento de los indicadores adecuados, las directrices método lógicas  y las fuentes potenciales de datos. El primer documento que todavía se encuentra en proceso de elaboración  se ha centrado en aquellos cultivos vegetales que se han sembrado  o puedan serlo en los Estados Miembros y en  el que se integran y recogen las contribuciones del Grupo de Trabajo del ESEB, compuesto dicho grupo por representantes de los Estados Miembros y apoyado por la Secretaría del ESEB  que corre a cargo del Instituto para los Estudios de Prospectiva Tecnológica ( IPTS, siglas del inglés) del Centro Común de Investigación ( JRC, siglas  del nombre en  inglés). Los miembros del Grupo de Trabajo han consultado con expertos y agentes en los respectivos países (en España, ASEBIO y su grupo de Agricultura y Medio Ambiente que coordina Jaime Costa han  estado activamente implicados). El documento está bien estructurado y trabajado de acuerdo con los patrones de competencia y rigor que presiden los trabajos del IPTS. Entre algunos datos innovadores conviene señalar que se han valorado tanto los efectos de los que cultivan ese tipo de organismos como los de quienes no los adoptan Pero los resultados sin duda importantes para avanzar en la difícil situación en que se encuentra la agricultura biotecnológica en Europa no dejan de suscitarme preocupación ante el sentido y la factibilidad de su aplicación. Aparecen un número considerable de indicadores para valorar los efectos de la siembra y explotación agraria de este tipo de cultivos a los que se unen otros que resultan de la adopción de los mismos. Además se trata de valorar en sección aparte los efectos externos al propio cultivo y explotación, incluso extendiendo las valoraciones de los efectos en la innovación, en  las exportaciones y en las importaciones así como  sobre los consumidores.

 

En resumen, que estamos ante una medición de gran complejidad que a la vista  de lo que en el pasado y en el presente ha sido la trayectoria seguida en la aplicación de la  agricultura biotecnológica en Europa, cabe dudar de su operatividad. Las dudas nos llevan a pensar si no vamos a seguir cayendo en pesadillas más que alcanzando el sueño de lo que esa tecnología podría y debería  aportar a un mejor futuro europeo.       

 

 

 

2014 resuena para la biotecnología: Año español, Manifiesto europeo  y otros apuntes

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

 

Para cualquiera que tenga  contacto con la política de comunicación de ASEBIO no será una sorpresa el dato de que el  Parlamento español ha declarado 2014 como “Año de la biotecnología” en nuestro país. No es el momento de entrar en más detalles sobre las actividades que jalonarán este curso  y sobre las que la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) va a extender, por encargo del Gobierno, su manto como agente gestor y promotor  de tales acontecimientos. El trascurso del año los irá desvelando. Si es el momento de hacerse eco de la publicación de un Manifiesto de la Industria para el quinquenio 2014-2019 ( “Biotechnology Industry  2014-2019 Manifesto” ), editado por Europabio y que ha llegado a España por intermedio de ASEBIO. El documento que lleva en su portada un ladillo explicativo: “Es tiempo de cosechar beneficios en Europa”, contiene en sus tres completas y bien ilustradas páginas una serie de argumentos destinados a convencer a los próximos agentes políticos europeos, parlamentarios y comisarios, de las virtudes de la industria biotecnológica con su variedad y riqueza para contribuir a la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos europeos. Ello en función de sus capacidades para responder a los grandes desafíos a los que se enfrenta nuestra sociedad : el envejecimiento unido a al aumento de la población; la elección de los cuidados de salud y su posibilidad de acceso; la eficiencia de los recursos; la seguridad alimentaria; el cambio climático; las deficiencias y carencias energéticas; el crecimiento económico. Estas posibilidades se sustentan en una serie de argumentos y datos tanto de carácter global como sectorial que ilustran de modo muy claro el potencial de las biotecnologías. Los argumentos destilan la omnipresencia de los productos biotecnológicos en nuestras vidas ( en los tejidos que nos visten y en los productos que lavan nuestras ropas de modo sostenible, en los alimentos que nos nutren y las fuentes que los generan, en las medicinas que conservan y mejoran nuestra salud, e incluso en algunos de los carburantes que nos ayudan a desplazarnos con vehículos apropiados).Los datos impresionan: una muestra son los 22 millones de empleo dependientes de lo que en el léxico comunitario se conoce , con mayor o menor precisión, como “bioeconomía” y que genera ingresos cercanos a los 2 trillones de euros en el entorno europeo, con un efecto incremental sobre el crecimiento del 8% en 2012.

 

Los efectos de las biotecnologías sobre sus sectores son asimismo subyugantes como se muestran en los respectivos recuadros: la biotecnología gris/blanca (industrial) ahorra toneladas de emisiones de CO2 , proporciona un transporte más ecológico, suministra detergentes más efectivos y materiales menos dependientes de combustibles fósiles; la roja ( salud humana) beneficia los tratamientos de 350 millones de pacientes, incide sobre 20-30 millones de afectados por enfermedades raras  y es fuente de tratamientos específicos para muchas enfermedades; la verde ( agrícola ) aporta indudables mejoras en los rendimientos de la producción  así como en las condiciones ambientales y en la calidad de los alimentos.

El manifiesto presenta en su segunda página un minucioso y ambicioso plan de acción con el objetivo de disponer de una industria europea inteligente, exitosa y ejecutiva. El plan discurre por los conductos habituales  en la circulación de los procesos de producción del conocimiento científico y técnico hacia su conversión en activos económicos. En la fase 1 (investigación y desarrollo) y en la 3 (acceso al mercado) se detallan cinco temas en cada una, mientras que en la fase 2 (evaluación y aprobación) son seis para constituir los dieciséis objetivos que se presentan ante los futuros parlamentarios y comisarios como factores necesarios para asegurar que Europa y los Estados Miembros recojan una cosecha de beneficios que la trayectoria de la industria  biotecnológica puede garantizar.

 

La tercera página contiene, chocante coincidencia, una ilustración reminiscente la exposición itinerante de ASEBIO: “Tu casa biotech”. Es la imagen de un comedor cocina con una familia de cinco miembros que disfruta de las aplicaciones y beneficios de las biotecnologías.

 

Otro documento de muy diferente naturaleza se ha producido por Europabio en febrero de 2014 y se ha distribuido encarecidamente con carácter interno. Se trata del Informe de un cuestionario que recoge los resultados  sobre “evaluación de la tecnología sanitaria” (HTA de sus siglas en inglés) y las prácticas de acceso al mercado de los medicamentos huérfanos ( OMPs del inglés). El informe ha circulado solo entre las asociaciones y grupos de interés  y contiene algunos datos clave. No pretendo saltarme la recomendación de difusión interna, simplemente quiero apuntar algunos datos respecto a España que deben animar a la reflexión y quizá a  alguna reacción.

 

Una de las conclusiones más relevantes es que: “los panoramas que ofrecen los países encuestados son muy complejos de forma que hay (muchos) factores potenciales (como la situación financiera global en relación a los sistemas de salud) que pueden afectar de modo significativo al acceso a los medicamentos huérfanos (OMPs). En el sentido de que algunas soluciones pueden funcionar en algunos países, mientras que en otros, tales soluciones no impactarán sobre el acceso a los pacientes de los OMPs”. Este párrafo que cierra el primer apartado del Informe (Objetivos del cuestionario y metodología) parece bastante desolador por cuanto ofrece una nueva prueba de la delicuescencia del concepto e idea de una Europa unitaria .Me trae además  al recuerdo la triste experiencia que viví como representante español en la década de 1980 en el Comité de Política Científica y Técnica ( CREST) cuando los cualificados representantes alemanes se oponían sin rebozo a que la salud y la investigación biomédica se incorporara al Programa Marco, por considerar que tales temas eran un objetivo nacional, no comunitario.

 

La situación sobre España que refleja el Informe es por ello más preocupante. Somos de los países con mayor complejidad en los procesos de evaluación (HTA) pero también de los países que presentan peores perspectivas respecto al acceso a los OMPs. Una frase: “España que se clasifica dentro de la media ( “good access”)  muestra una tendencia negativa a causa de las diferencias no solo entre regiones sino entre hospitales”: heterogeneidad al cuadrado, panorama oscuro .

 

Como dato positivo en este año 2014 biotecnológico, apunto una experiencia personal. A raíz del libro “La economía reclama (inter) disciplina. La biología al rescate”, he contactado con el editor de la línea “Economía a debate” que desarrolla en su web la Fundación 1º de mayo. Bruno Estrada se ha sorprendido del potencial de cambio de modelo económico que ofrece la biotecnología y me ha pedido un artículo desde la perspectiva española que será sometido a debate a principios de mayo. Algo es algo.

 

 

 

 

Datos sobre el sistema científico-tecnológico en España: Un enfermo  de problemática cura

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

 

La vecindad de los idus de marzo nos ha traído signos y datos preocupantes acerca de la salud del sistema español de ciencia y tecnología.  En esos días, en el tránsito entre febrero y marzo, hemos ido conociendo los desalentadores datos que suministrados  en el Informe ya tradicional por la Confederación de Sociedades Científicas de España COSCE, y referidos a la inversión en I+D+i en los Presupuestos Generales del Estado aprobados para 2014, evidencian que tal panorama presupuestario retrotrae a España a la posición de 2005, lo que significa sin muchas dificultades de cálculo  que se ha producido una vuelta hacia atrás  de casi una década. Esta situación no se va reflejar como si ese sistema científico y tecnológico, todavía incipiente a pesar de los treinta años que se viene trabajando en su asentamiento y desarrollo,  estuviera afectado  de un resfriado o de  una gripe convencional. El efecto en su salud va a ser mucho más grave; es como si experimentara un colapso, que va a afectar gravemente a los individuos y a las organizaciones: se pierde personal altamente cualificado y en plena plenitud creadora;  las infraestructuras se deterioran si sufren problemas de deficiente conservación y uso; los proyectos se resienten de la falta de personal para su ejecución; y las instituciones científicas carecen de instrumentos y bases para diseñar estrategias. Los proyectos y programas científicos y tecnológicos requieren prospectiva y perspectiva, demandan estrategias y necesitan para su feliz ejecución, que será casi siempre una adecuada mezcla de serendipia y previsión, estabilidad y sostenibilidad.  Quienes hemos ostentado puestos de responsabilidad en la gestión de las políticas científicas y tecnológicas hemos reclamado desde los inicios de la década de 1980 la conveniencia, la necesidad sería más ajustado decir, de disponer de presupuestos plurianuales para el ejercicio de la actividad científico técnica,  ya que plurianual es el ciclo de vida de los proyectos en los que se  ejercita tal actividad. El ejemplo europeo con los Programas Marcos ha sido el referente que soportaba  esas peticiones. Pero  España es un país de muy  deficiente aculturación científica, hay que reconocerlo, por lo que las élites administrativas, burocráticas, financieras y políticas, ignoran mucho de lo que son  las reglas y los entornos en los que se genera el conocimiento científico,  así como sobre aquellos procesos  y fórmulas que  conducen a la transferencia, o mejor dicho en tiempos modernos a los intercambios de conocimientos entre productores y usuarios de tales conocimientos. Estos déficits son responsables de los oídos sordos ante cualquier demanda que emane de los actores que actúan en el ámbito de la ciencia y la tecnología  de nuestro país.

 

 

Al sombrío panorama, se añade el negro tinte de la las Universidades, que desde la reforma del sistema español de  ciencia y tecnología   que patrocinó la Ley de la Ciencia de 1986, han evolucionado positivamente hasta ser  responsables de alrededor del 60% de la producción científica española. Estas instituciones han perdido 1.400 millones de euros en los últimos tres años como se señalaba en un reciente reportaje en EL País con declaraciones del catedrático  Manuel López, el actual presidente de la Conferencia de Rectores (CRUE). Todo ello empieza a situar al sistema de I+D+i en el filo de la navaja , se decía  hace unas líneas  en el borde del colapso, lo que en un relativo corto plazo tendrá una evidente y negativa repercusión en publicaciones y patentes, que muy probablemente nos alejaran de los puestos que en las últimas décadas se  había logrado alcanzar dentro del contexto internacional.

Más allá de los datos cuantitativos, mi experiencia personal también enciende las alarmas en el terreno cualitativo. Con motivo de la aprobación parlamentaria del Año de la Biotecnología en España, se  ha decidido celebrar por iniciativa de ASEBIO  un Seminario en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, que se quería muy ambicioso y del que he  sido  nombrado director. Desde esta responsabilidad he venido manteniendo contactos en los últimos meses con investigadores relevantes en el sector de la biología y biomedicina y en bastantes casos, demasiados a mi juicio, me he encontrado con una amabilísima negativa a participar, porque durante el verano una  significativa muestra ya se ha garantizado una estancia en laboratorios de Estados Unidos y otros países avanzados científicamente, una suerte de “sabático estival”, porque, me dicen, “no podían permitirse el lujo de quedarse atrás”.

 

 

España se está quedando atrás y como ya hicieron hace poco Juan Carlos Izpisúa, líder en medicina regenerativa, u Óscar Marín, gran especialista en neurociencias, mis invitados al Seminario se van. Para poco o mucho tiempo, algunos para siempre, pero se van y la ciencia que produzcan en los países de destino jamás será transferida al sistema tecnológico español. Reflexiono y medito. Me llegan voces de otros ámbitos y escucho. El economista Santiago Niño, catedrático de Estructura Económica en la Universidad Ramón Llull de Barcelona, dice que en el sector manufacturero ya se han perdido, probablemente de manera irreversible, más de 22.000 puestos de trabajo. Por su parte, la matemática Rosa García, Presidenta y Consejera Delegada de Siemens, consejera independiente de Acerinox y miembro del Consejo de Administración de Bolsas y Mercados Españoles, manifiesta su honda preocupación por la caída del peso de la industria en la economía española.

 

 

Antes de sumirme en el abatimiento, me llego a la estantería y abro un libro de Cajal por una página al azar: “Se ha dicho hartas veces que el problema de España es un problema de cultura. Urge, en efecto, si queremos incorporarnos a los pueblos civilizados, cultivar intensamente los yermos de nuestra tierra y de nuestro cerebro, salvando para la prosperidad y enaltecimiento patrios todos los ríos que se pierden en el mar y todos los talentos que se pierden en la ignorancia”. En suma, el diagnóstico es que la  ciencia española sigue siendo  un enfermo al que ni Cajal. con sus reflexiones y sus tónicos para la voluntad,  consigue curar. Y así estamos.

 

 

 

 

Los efectos colaterales de la crisis: Impactos sobre la (mala) salud mental

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

Debo empezar este texto con una confesión personal. A pesar de mi admiración por la figura y la obra de Santiago Ramón y Cajal  y el indiscutible desarrollo de las neurociencias en España con importantes escuelas anatómicas en diferentes periodos y desde aproximaciones experimentales  más integradas a partir de los años 1980, no he trabajado mucho este ámbito de la biología  ni como investigador ni como analista de la evolución de las ciencias de la vida y de sus repercusiones biotecnológicas. Desde que  en la segunda parte de la primera  década del siglo XXI, precisamente a partir de mi jubilación, inicié mis colaboraciones editoriales en las webs de ASEBIO y del Instituto Roche, estos trabajos han incidido poco sobre el dominio de las neurociencias.  Entre los 73 editoriales publicados en la primera plataforma online , apenas media docena  se ocupan de esta temática aunque la mitad de estas contribuciones se concentran  en el año 2013,  como evidencia de la creciente relevancia de este campo del conocimiento científico; las otras tres se extienden por  tres años, 2009, 2011 y 2012 con un solo ejemplar en cada anualidad .Por lo que respecta a la página web del Instituto Roche, la tendencia es similar: de los 32 editoriales publicados, solo tres abordan cuestiones relacionadas con las neurociencias y las tres contribuciones se han concentrado en los dos últimos años.

 

 

Al ir correlacionando en estos análisis, los efectos de las políticas económicas aplicadas  y su asociación con las crisis económicas   desde la perspectiva de la biología evolutiva y de los avances  en las aplicaciones biotecnológicas, he comenzado a intuir los peligros que podrían derivarse respecto al estado de la salud mental de quienes están sufriendo  las consecuencias: desempleo, desahucio, desesperanza, impotencia. Esta intuición se ha agudizado desde el prisma personal al tener información de casos de esquizofrenia en entornos próximos y al ser testigo de dos episodios de síntomas de esquizofrenia en dos ciudadanos, viajando en la línea  5  , trayecto Alameda de Osuna –Casa de Campo, del Metro de la ciudad de Madrid.   

 

 

 Las intuiciones y la percepción social encuentran una terrible confirmación en una  serie de datos. La Organización Mundial de la Salud, OMS, ya anunció en 2008 que la crisis repercutiría gravemente en la salud mental de las poblaciones, y así ha sido a la luz de los estudios realizados por distintas instituciones. Según datos aportados en el V Congreso Catalán de Salud Mental desde el inicio de la crisis económica el número de casos de depresión atendidos en Atención Primaria se ha elevado en un 19% y el número de personas que toman antidepresivos y sedantes ha pasado del 5,1% en 2005 al 11,4% en 2011. Por su parte, la OCDE estima que el consumo de antidepresivos pasó de 30 dosis diarias por cada 1.000 habitantes en 2000 a 64 en 2011. Por último, una consultora referente en el sector, IMS Health, sostiene que entre 2008 y 2009 la venta de antidepresivos en farmacias aumentó un 5,7% y entre 2009 y 2010 un 7,5%, elevando el consumo a 37,8 millones de envases, que en 2012 habían superado con largueza los 38 millones. La escalada adquiere un tinte aún más preocupante si se considera que la gran mayoría de las prescripciones, más de un 70%, se realizan en Atención Primaria y no por especialistas, lo que conlleva un escaso o nulo seguimiento de la evolución del problema. A mayor abundamiento, la crisis ha empezado a afectar considerablemente a niños y adolescentes que contemplan y viven con angustia la tensión y depresión de sus padres.

 

 

Un cuidado trabajo, aparecido en número de 27 de enero de 2014 en el periódico El País  págs.28-29, firmado por Aina  Castedo y titulado “La crisis enferma”,  insiste sobre  la densidad e intensidad del problema. Señala la extremada preocupación de los expertos en salud pública  que temen el tremendo impacto de una crisis económica  que ha colocado a un “grupo creciente de ciudadanos en situación de desprotección”. En ese trabajo se recogen opiniones de expertos y resúmenes de estudios que muestran un panorama desolador. Trabajos realizados por diversos grupos de la Agencia de Salud Pública  de Barcelona (ASPE) permiten  señalar diversas conclusiones. Cabe citar entre ellas: aumento de la prevalencia de mala salud mental (síntomas de ansiedad y depresión ) entre los varones , siendo los más afectados los que se encuentran entre los  grupos de edad de 35 a 44 años y  de  45 y 54 años; vinculación del aumento en la mala salud mental con el desempleo. Un grupo de investigación ,del que forma parte Lucía Artazcoz  de la citada agencia, ha analizado los datos de personas empleadas y que viven en pareja de los 27 países de la Unión Europea. El estudio ha dividido a los analizados  en cinco tipos según país de procedencia: continentales ( Austria, Bélgica, Alemania, Francia ,Holanda y Luxemburgo), anglosajones ( Reino Unido e Irlanda), Europa del Este  ( República Checa, Estonia, Hungría, Lituania, Letonia, , Polonia, Rumania, Bulgaria, Eslovenia y Eslovaquia), sur de Europa( Chipre, Grecia, España, Italia ,Malta y Portugal)  y países nórdicos ( Dinamarca, Finlandia y Suecia).  En los países con mejores servicios públicos (nórdicos y Este de Europa) no se identifica relación entre cargas y problemas familiares y la salud. En los países anglosajones, la situación es peor para los hombres, por  tener un modelo organizativo en el que son los encargados de la obtención de los ingresos familiares. En los continentales y sur de Europa, esas cargas familiares y laborales se asocian con mala salud en ambos sexos.  El problema empieza a preocupar a las Administraciones sensibles  y hablan de establecer políticas para los sectores más vulnerables. Administraciones menos sensibles ni se preocupan.

 

 

El mensaje es claro: desde la responsabilidad social que se preconiza desde ASEBIO, este tema debe penetrar cada vez más en el desarrollo de  la biotecnología en España. Bajo el prisma científico- técnico y el ético.

     

 

Dato de 31 de enero de 2014: En el año 2012 se produjeron en España 402.950 defunciones, 15.039 más que las registradas en 2011; es un repunte en la mortalidad del 3,8%.

 

 

 

Entornos y biología: II) La barrera hematoencefálica como logro evolutivo que hay que  estudiar y cuidar

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

Un segundo paso en esta exploración de las relaciones entre ambiente y biología viene  a punto con un artículo que sobre la barrera cerebral, por afortunada “convergencia evolutiva intelectual”, figura también en el número de agosto  de 2013 de  la revista Investigación y Ciencia , págs. 38-43. El artículo con el título “Romper la barrera cerebral” ha sido escrito por una periodista científica, Jeenen Interlandi, que según indica su afiliación ha trabajado como becaria especial para estudiar historia de la ciencia y la medicina en la Universidad Harvard. Esta estrategia de  encargar a periodistas científicos la alta divulgación de los avances científicos es una práctica que se va haciendo notar en la revista madre Scientific American a lo largo de los últimos ejercicios .La autora afronta un enigma fundamental en la historia de las neurociencias como resultado de unas observaciones microscópicas realizadas por Paul Ehrlich y uno de sus estudiantes a finales del siglo XIX que  llevaron a la idea  de que debía existir una barrera entre el cerebro y la sangre, al comprobar los límites a la circulación de la tinta entre  el cerebro y otros órganos.

 

 

La historia es la del cambio  experimentado respecto a la visión de esta barrera hematoencefálica que ha pasado de ser considerada como un muro a ser visualizada como  una “unidad neurovascular”, una pared constituida por células endoteliales que se comporta como un órgano de gran utilidad al regular el tráfico entre sus sustancias y que, por lo tanto, desempeña un papel esencial en el desarrollo de los seres humanos  y en el proceso de sus decadencias: envejecimiento y enfermedades. La narración se centra en la investigación de vanguardia realizada por Maiken Nedergaard, una investigadora y profesora  de la Facultad de Medicina y Odontología de la Universidad de Rochester, que estudió en la Universidad de Copenhague donde obtuvo el grado de Medicina en 1983 y el Doctorado en Ciencias Biomédicas,  especialidad Neurociencias, en 1989. Ha realizado a continuación una brillante carrera  como profesora e investigadora en los Estados Unidos en dos universidades del Estado de Nueva York: Cornell y Rochester, en esta es co-directora del Centro de Neuromedicina Traslacional. Su investigación parece haberse ajustado a los objetivos del Centro que codirige puesto que los más de 150 trabajos publicados  se relacionan con  los flujos e intercambios cerebrales  y el papel de los astrocitos y la glía en ellos, y ha abordado también tratamientos para  enfermedades del sistema nervioso. Acumula más de 4.000 citas sobre tales trabajos  y ha recibido reconocimientos de varias prestigiosas instituciones europeas, entre ellas el de académica de la Real Academia Nacional de Farmacia, iniciativa debida a sus indudables méritos pero en la que  cabe  pensar que contó con el apoyo importante de la anterior presidenta de la institución, María Teresa Miras  que sin duda ha compartido  intereses en su trabajo. Además la Profa.  Nedergaard tiene registradas varias patentes.

 

 

El relato subraya desde el inicio la importancia de la utilización por parte de  M. Nedergaard del microscopio de excitación de dos fotones, una técnica de proyección de imagen fluorescente que permite obtener imágenes de tejido vivo hasta una profundidad de varios centenares de micras, y está derivada de  la microscopia fluorescente de múltiples fotones. Es interesante recordar  que la técnica se  inició en la Universidad de Cornell a principios de la década de 1990 por Wifried Denk en el laboratorio de Walt W. Webb. Una interesante coincidencia que refleja una vez más la importancia de la colaboración entre disciplinas y técnicas para dar saltos trascendentales en investigación puntera; aunque no he podido identificar trabajos de colaboración entre M. Nedergaard y W. Denk (en la actualidad Director del Departamento de Óptica Biomédica del Instituto Max Planck de Investigación Biomédica), la coincidencia local y temporal en  los inicios del trabajo y de la técnica es evidente.

 

 

Las imágenes reveladas por este microscopio son fascinantes si se comparan con las que  vio  Erhlich ya que permite observar el cerebro de un animal in vivo. De este modo se puede poner en evidencia, en palabras de Nedergaard, la importancia de la circulación sanguínea en la interacción entre el cerebro y la barrera. Los experimentos realizados por el equipo de Rochester han demostrado el  carácter dinámico y complejo de ese funcionamiento como ilustra con belleza y claridad el esquema que aparece en la página 44 del artículo y que ostenta un doble título: "Cómo funciona" y "Atravesar la barrera". Esta barrera está  formada por células endoteliales, enlazadas con fuerza por uniones estrechas ( “tight junctions” en inglés ), que revisten las paredes de los vasos sanguíneos; están rodeadas por otras células, pericitos y astrocitos, que forman una envoltura del tejido vascular y facilitan la comunicación. En el entorno se sitúa asimismo la microglía. Para las células microgliales se ha identificado una primera e importante función: al morir las células endoteliales, sea de forma natural o accidental, la fuerte unión que existe entre ellas ralentiza la reparación de la brecha producida; para subsanar este hueco problemático, se ha comprobado  que las células microgliales son capaces de envolver el capilar en un tiempo inferior a los 20 minutos y superior a los 10. En la actualidad, el equipo de Nedergaard trata de aclarar si las células microgliales son en efecto la primera línea de defensa. Un funcionamiento inadecuado de esta línea permite avanzar la hipótesis de que el fallo en este mecanismo de reparación puede ser una de las vías para entender la función de la barrera en las enfermedades.

 

 

En todo caso parece claro que en  el juego de rotura y cierre de las brechas está uno de los puntos clave. Domina el pensamiento de que ligeros cambios en la barrera hematoencefálica pueden ser responsables de la neurodegeneración, pero también pueden traer beneficios al  ser la vía para la introducción de fármacos. Cabe concluir que se ha construido evolutivamente un ambiente interno especializado que permite a las neuronas crecer y conectarse entre sí. Hay que mirarlo con respeto y atención por lo que nos puede enseñar para mejorar nuestra calidad de vida y, al mismo tiempo, con preocupación por lo que de peligro pueden suponer  las agresiones socio-ambientales para dicho objetivo.    

 

 

 

 

Entornos y biología: I) Algunos efectos sobre vertebrados no-mamíferos y humanos para pensar sobre sostenibilidad

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

Es cada vez más incontrovertible que las relaciones entre ambiente y biología son fundamentales para la relación regulatoria entre genotipo y fenotipo. En el número de Investigación y Ciencia de agosto de 2013, dos artículos sucesivos que aparecen en la sección de cabecera, Panorama, nos describen importantes resultados que apoyan tales conexiones y nos aportan sustancia para la reflexión socio-ambiental. En el primero de ellos (págs.8-9), un investigador del instituto de Ciencias del Mar del CSIC, Francesc Piferrer bajo el título “ Epigenética, temperatura y sexo” ya anticipa lo que entradilla del trabajo aclara con nitidez: “Las condiciones térmicas que experimentan algunos animales durante el desarrollo temprano determinan su sexo. El ´recuerdo´ de la temperatura se transmite por mecanismos epigenéticos”. A diferencia de los mamíferos, en los que la determinación del sexo tiene su base en la genética cromosómica, es decir el sexo de un individuo depende de los cromosomas sexuales  (XX para las hembras, XY para los machos) y el desarrollo del feto tiene lugar en el seno de la madre- procurando protección de los cambios externos que van a ser muchos, diversos y significativos en periodos de gestación largos-, en otros vertebrados como peces y reptiles, la definición del sexo puede ser genética o ambiental.

 

 

En el caso de los peces, la definición sexual puede proceder de la vía cromosómica similar a  la de los mamíferos o de una modalidad poligénica (combinación de factores masculinos y femeninos distribuidos en los autosomas, los cromosomas no sexuales). En el caso de la determinación del sexo por factores ambientales, el más influyente parece ser la temperatura, cuya acción reguladora se da en  algunos peces y numerosos reptiles. Piferrer ilustra en su trabajo el caso de la lubina, pez que comparte la determinación del sexo por vía poligénica y por efecto de la temperatura, especialmente influyente en el primer mes de vida. Este temprano efecto, en un periodo en el que las gónadas no aparecen expresadas, hizo pensar en mecanismos epigenéticos,  cada vez más reconocidos y asumidos teórica y experimentalmente. La metilación del ADN es entre esos mecanismos el más habitualmente encontrado y ha sido demostrado en la lubina. En dicho pez, una temperatura de 21º C, que se utiliza en numerosos estanques para la producción acuícola, da lugar a una mayor metilación del ADN del promotor del gen que codifica al enzima aromatasa, enzima que interviene en la síntesis de estrógenos

 

 

 La confirmación de este efecto en otros casos como está ocurriendo, ha hecho, puede, y debe hacer reflexionar sobre las consecuencias demográficas y socio-económicas de un cambio  ambiental global. En otro trabajo, publicado inicialmente en Nature  y traducido para la sección Panorama, según práctica usual de la revista, dos profesoras de la Universidad de California en San Francisco, la bióloga y Premio Nobel de Medicina, Elizabeth H. Blackburn y Elisa S. Epel del Departamento de Psiquiatría, escriben sobre “Los costes sociales del estrés”, para dar cuenta de las relaciones entre el acortamiento de los telómeros, el estrés crónico y las enfermedades. Las autoras inician el artículo reconociendo el acierto de Hollywood en la película Vacaciones, estrenada en 2006  y en la que el atormentado y desnostado personaje que encarna Cameron Díaz, declara: “El estrés agudo hace encoger el ADN de nuestras células hasta que pierde la capacidad de replicarse…”. Los guionistas se estaban refiriendo acertadamente al artículo de la Profesora Blackburn  publicado en 2004 en Proceedings of the National Academy of Sciences en el que se presentaba la primicia de la vinculación del estrés psicológico crónico con una disminución en la longitud de los telómeros.

 

 

Desde aquel artículo, se han observado diversos tipos de estrés crónico que se asocian con esta modificación en los telómeros y que probablemente la provoquen. Asimismo, se ha encontrado una ligazón entre telómeros de tamaño reducido con enfermedades frecuentes, prevalentes y graves como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares. Los telómeros humanos que constan de secuencias de ADN repetidas con varios kilobases, que están protegidas por un conjunto de proteínas especializadas, se acortan durante el proceso de replicación del  ADN a medida que avanza la división. En 2004 se examinó la longitud de los telómeros en glóbulos blancos de madres sometidas a diferentes situaciones de tensión, generadoras de preocupación, cansancio y conflicto, como por ejemplo, madres cuidadoras de hijos con enfermedades crónicas,  o con problemas de capacidad para controlar sus vidas, en comparación respecto a la  observada con madres de hijos sanos, con madres sin problemas familiares graves. Los telómeros de las madres más estresadas eran más cortos que los de aquellas que estaban en situaciones más relajadas, mientras que los acortamientos detectados equivalían al que se causaba, como poco, por una década de envejecimiento. Esta relación entre estrés y longitud de los telómeros también se ha detectado en otras pruebas como al cotejar esa dimensión en niños frente a adultos con edades avanzadas, hasta 80 años; o en pruebas con pequeñas muestras clínicas de un centenar de personas hasta  grandes estudios poblacionales con miles de personas. La sobreproducción de  hormonas como el cortisol, entre otros factores bioquímicos,  que ayudan a corto plazo a desarrollar una respuesta contra el estrés puede alterar la expresión génica con efectos negativos; en experimentos de laboratorio, estos factores afectan a la telomerasa o al tamaño de los telómeros.

 

 

También se han encontrado asociaciones entre ese defecto en la maquinaria cromosómica y ciertas enfermedades: mutaciones de frecuencia baja (raras) en los genes que codifican a los componentes  de ese enzima particular que es la telomerasa provocan enfermedades que van desde trastornos del sistema inmunitario a otras dolencias variadas y hereditarias: fibrosis pulmonar, diabetes, trastornos cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer. Nos encontramos ante un profundo problema de salud pública en que, como ¡nueva prueba de la necesaria aplicación de lo interdisciplinar! intervienen factores moleculares y conductuales. Las autoras del artículo evocan que, desde los extremos de los cromosomas , aportan  un  nuevo indicio de que el estrés social y fisiológico incontrolable, sobre todo el que tiene lugar durante la infancia, produce  efectos socio-económicos “ tan dañinos como el tabaquismo o el excesivo consumo de comida basura” según subrayan las autoras. Pero, atención, el estrés no es algo que se sufre o consume voluntariamente: se impone social y políticamente.        

 

 

 

 

Los árboles no nos dejan ver el bosque… de la política científica

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

Los recortes están condicionando la realidad de la política científica española. Estos árboles recortados suscitan, para sorpresa nuestra, preocupación en otros países de la Unión Europea como he podido comprobar personalmente: en el plazo de seis meses he sido entrevistado dos veces por corresponsales de la ARD, televisión pública alemana, alertados ante los problemas de  la  pérdida, o si acudimos a eufemismos a la movilidad en un sentido, hacia fuera,  del capital humano español de alta cualificación en ciencia y tecnología. Esos mismos árboles no nos dejan además ver el bosque global donde se nutre y crece la política científica. Salvo la constante invocación al programa Horizonte 2020 de la Unión Europea que se recuerda y referencia con fuerza e intensidad, no solo por su indudable trascendencia, sino porque nos permite pensar en el buque o la tabla de salvación al que deben acudir los náufragos españoles para salvarse en el siniestro de la investigación científica y técnica, no hay mucha reflexión sobre iniciativas interesantes que se destilan en el alambique internacional.

 

Quiero aprovechar la lectura atenta que he hecho del boletín de la Organización Europea de Biología Molecular ( EMBO Encounters) en el número correspondiente al verano de 2013, para comentar dos artículos que nos despejen nuestra visión sobre el bosque; el lapso de tiempo trascurrido no desmerece su actualidad.

 

La Directora de EMBO, María Leptin, recoge en la página 2, en la sección “Inside Scientific Publishing”, la importante iniciativa, promovida en mayo de dicho año por científicos- más de 7.000 en el momento de la publicación-, sociedades científicas -250 en ese mismo instante-, editores, editoriales científicas e instancias financiadoras, que ha dado lugar a la “Declaración de San Francisco sobre la Evaluación de la investigación” (DORA de sus siglas en inglés; am.ascb.org/dora).

 

La declaración convoca a la comunidad científica internacional para corregir y contrarrestar el mal uso del factor de impacto de las revistas (es decir valorar donde se publica, no lo que se publica) que se viene aplicando desde hace tiempo, y con influencia creciente, a la evaluación de la investigación respecto a decisiones sobre lo que se debe financiar, la atribución de puestos de trabajo, la promoción de los investigadores, o para medir la eficiencia institucional.

 

En su artículo, María Leptin, hace autocrítica y reconoce la responsabilidad en la que han incurrido los propios científicos como autores, jueces ( referees) o integrante de comités al sacralizar esta métrica, que no tiene en cuenta profundos matices analíticos, que no ya en el dominio de la ciencia y la técnica, sino en el propio ámbito de las ciencias de la vida-el específico de EMBO- , hay que tener en cuenta por las diferencias entre campos, áreas o temas en lo que respecta a dimensiones y modas. Los números no pueden imponerse a la justa razón. Este es un punto que hay que empezar a tener en cuenta y procurar acercarse a la evaluación de la calidad intrínseca de los trabajos o de la verdadera relevancia de las carreras.  Esto es difícil sin duda, pero requiere medidas innovadoras y éticamente responsables, como que, en lugar de currículos estandarizados burocráticamente, se pida los investigadores que ellos mismos seleccionen lo que consideran más significativo de su actividad  para el objeto de cada proceso o caso, al tiempo que se aumenta la calidad de los editores y evaluadores y se avanza hacia el reconocimiento de esa dimensión de la profesión y se promueven y valoran la independencia y la experiencia, e incluso que se contemple, aunque sea modestamente, la retribución de esa tarea .De ahí que entre los textos que se han publicado  sobre el proceso DORA me permita destacar el de Bruce Alberts, editor de Science,340,787(2013), www.science.org/content7340/6134/787.full.

 

Otro dato importante para nuestro contexto español que presenta EMBO  Encounters, summer 2013, en la página 3 es una historia/ entrevista a un investigador portugués. Bruno Silva- Santos dejó su país en 1998 para cursar y alcanzar  su doctorado en el Reino Unido, como consecuencia de la situación de la ciencia en Portugal que ni era competitiva ni ofrecía posibilidades Esa situación cambió en pocos años, al producirse incrementos en los presupuestos, crearse nuevos institutos y centros de trabajo e introducirse nuevos esquemas para la financiación. Considero de justicia  hacer mención al  extraordinario papel jugado en este proceso de modernización del sistema científico portugués por el ministro José Mariano Gago, reputado físico en altas energías, que ha ejercido el ministerio en  larga y repetida presencia.

 

La situación ha cambiado con la crisis y Portugal, como otros países europeos, o incluso más, ha sido duramente golpeado por la gran recesión, situación que para la ciencia ha sido particularmente complicada porque entre 2005 y 2010 se ha duplicado el número de investigadores .Por ello, a pesar de que el Gobierno portugués ha decidido mantener el presupuesto en ciencia como muestra de su compromiso , la disminución de la riqueza ha afectado  a la  financiación de las infraestructuras científicas. No obstante, hay dos datos positivos que probablemente  no se pondrían de manifiesto si el entrevistado fuera un científico o científica español/a de la misma edad y trayectoria que B. Silva-Santos. El  primero es que se declara que  hay una comunidad científica ilusionada con muchos posdoctorales foráneos en Portugal, lo que ya no se puede decir en España y ello se debe quizás a que su proceso de modernización del sistema científico empezó más tarde (casi veinte años). El segundo es que el sector privado ha estado y está involucrado en la política científica en Portugal con la creación de centros de investigación básica, al estilo anglosajón: en tiempos de la dictadura salazarista fue la Fundación Gulbenkian, en la crisis  económico-financiera actual es el Champalinaud Research Centre for the Unknown, inaugurado en octubre de 2010 y enfocado con vocación de excelencia internacional a la investigación clínica sobre cáncer y  a la investigación básica en neurociencias

 

Una nota amarga para terminar. En una entrevista reciente en la radio sobre biología y economía, me comentaron los profesionales que me entrevistaron que se empezaba a usar en  el exterior el término “españolizar” para expresar la caída de la inversión en ciencia y para reclamar a sus  gobiernos que no “españolizaran” la ciencia en sus países. Si lo comentado es verdad, una triste señal para la marca “España” y para nuestra realidad como país.

 

PS. Cuando este texto estaba ya terminado, el premio Nobel  Randy  Schenkam ha desencadenado una tormenta criticando en The Guardian las políticas de las revistas de “lujo” (entre otros medios, El País se ha hecho eco en el número de 12 de diciembre de 2013), introducido el problema con un  artículo de Javier Sampedro).

 

 

 

 

 

Reflexiones sobre la privacidad  en la nueva biomedicina. Otra vez las interéticas

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

Me he apoyado en iniciativas de la Organización Europea de Biología Molecular (EMBO de sus siglas en inglés) para  elaborar comentarios  o reflexiones en las dos páginas web donde contribuyo sobre biotecnología  ( www.asebio.com; www.institutoroche.es).  Aunque no sea un buen juez para valorar la tarea que lleva a cabo ASEBIO en el terreno de las relaciones entre ciencia, tecnología y sociedad (el campo CTS)  por mi cercanía tanto a la organización empresarial como al campo temático, procuraré tomar distancia para emitir un juicio sobre tales actividades. Estimo que ASEBIO, en cuanto asociación empresarial, alcanza una buena nota en este terreno tanto por el excelente trabajo que realiza el Departamento de Comunicación con su responsable Lucía Cecilia, como por la estrategia de difusión que se asume desde la Presidencia  y se pone en práctica por la Secretaría General  con la celebración de eventos feriales como BioSpain, ya con varias ediciones y acreditado internacionalmente, experiencia que ahora se proyecta en América Latina con Biolatam 2013, junto con la organización de seminarios y jornadas destinadas a  cubrir cuestiones biojurídicas, relacionadas con la protección intelectual, con las normas relativas al ejercicio comercial y a los tratamientos fiscales que son fundamentales para el beneficio de las empresas. Dos recientes ejemplos de estas actividades han sido: la reunión en Toledo el 25 de septiembre de 2013, bajo el marco del proyecto BIOTIC, coordinado por Europabio, la patronal europea, para debatir sobre los retos pendientes para impulsar la bioeconomía, y la jornada celebrada el 8 de noviembre del mismo año sobre la “Ley de apoyo a los emprendedores: novedades mercantiles, fiscales y laborales”.

 

 

Sin embargo, las cuestiones vinculadas a la ética y el derecho quedan algo más alejadas de la impresionante actividad de proyección hacia la sociedad que realiza la patronal  de los sectores biotecnológicos. Salvo el esfuerzo que realiza la responsable de comunicación para incorporar la Responsabilidad Social en la rúbrica de su departamento y  de algunas incursiones en sus contribuciones de quien esto escribe, la dinámica y las dimensiones éticas no figuran en el eje de las actividades de proyección social de ASEBIO. Por ello, aprovecho una actividad realizada por EMBO para traer a la palestra el sugerente tema de los” límites de la privacidad”. EMBO suele celebrar su Conferencia anual sobre Ciencia y Sociedad en el otoño sobre un tema determinado. El año 2013, la reunión ha tenido lugar en Heidelberg, los días 1 y 8 de noviembre y el tema escogido “ Public and Private  Health. Genomics, Medicine and Society”. El número del boletín trimestral  EMBO Encounters, que se publica online  y en papel, se recoge en  la página 7 de este segundo formato, una entrevista con Bertha Knoppers, profesora de derecho en la Universidad canadiense de McGill en Montreal y acreditada especialista en el análisis social de la genética y la biotecnología. Asistió como ponente donde habrá tratado el tema de  la “Recolecciones de datos a gran escala: protegiendo a quienes intervienen en la investigación a la par que se facilita una investigación útil”. La entrevistada subrayaba la importancia de las recogidas de datos genómicos para la investigación sobre enfermedades raras, y sobre todo que se compartan los  datos, estrategia que no debería ser dificultada (ni impedida) por  una legislación en exceso cautelosa ni por el afán prohibitivo  de los comités de ética. Sostiene la experta en ética esta posición porque en la actualidad, la posición dominante es  la de otorgar preeminencia a la privacidad, mientras que para ella cuánto más sabemos sobre genética y su papel en las patologías, más claro aflora la idea de que la genética, los genes, es “un factor”, no “el factor” , puesto que hay que integrarlo y relacionarlo con el medio ambiente y el estilo de vida.

 

 

A la pregunta sobre los problemas que  respecto a la privacidad pueden generarlos proyectos de gran alcance que recurran a la secuenciación de genomas completos (WGS, del inglés) cuando al mismo tiempo  está emergiendo la fórmula del historial médico electrónico,  B. Knoppers respondía que los problemas pueden darse ya que las barreras que anteriormente existían entre los historiales médicos y los resultados analíticos (registro de la investigación)  se están debilitando con los proyectos WGS. Con tales proyectos, se obtiene información sobre otros datos (hallazgos incidentales) que pueden tener relevancia clínica pero que también se van a incorporar en los historiales médicos. Como institución europea, EMBO recaba la opinión de la profesora canadiense sobre la directiva europea referente a la privacidad. En su contestación, Bertha Knoppers se hace eco de las preocupaciones que los investigadores, sobre todo los que trabajan en el campo de las enfermedades raras,  sienten ante esta regulación porque ellos quieren que datos y muestras estén disponibles para la investigación y el eventual desarrollo de terapias. Termina la entrevista con el reconocimiento por parte de la profesora de derecho que su participación en la conferencia es particularmente atractivo porque le va a permitir escuchar y conocer más sobre los aspectos internacionales, una faceta de creciente significación ya que la actividad científica requiere de modo creciente estrategias de cooperación.

 

 

Aunque no tengo información directa sobre el tratamiento del tema en España, supongo que esta temática  estará siendo objeto de estudio y exploración, al menos, por  parte de la Cátedra de Derecho y Genoma Humano bajo la dirección de Carlos Romeo Casabona. Me gustaría que se pudiera profundizar sobre el tema y que fuera bueno que se pudiera promover desde ASEBIO.

 

 

Personalmente, supone un refrendo para la propuesta que venimos haciendo en todos nuestros trabajos sobre el desarrollo científico y tecnológico  y las cuestiones éticas que lo circundan, y de modo particular en las áreas biológicas, sus  conocimientos y aplicaciones. Debo insistir que en estos campos  no se pueden aplicar de modo directo y unívoco éticas principialistas, códigos deontológicos de una profesión,  grupos o  colectivos tomados aisladamente, sino que hay aplicar éticas diversas. Pero hay que hacerlo de forma interrelacionada: por medio de las que he bautizado como “ interéticas”.

 

 

 

 

 

 

El fitoplancton marino y la evolución: Nuevas evocaciones sobre la crítica situación socio-económica actual

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

Uno de los reportajes científicos más interesantes del año 2013 para mí, como constante difusor y promotor de la teoría de la evolución,  ha sido el firmado por Javier Sampedro en El País, 29 de julio de 2013, por el que se daba cuenta del hallazgo de un equipo internacional de biólogos evolutivos que proponía el aumento rápido del oxígeno (fenómeno externo)  como causa esencial de la explosión cámbrica. Me he apropiado de este hecho para alguna reflexión irónica sobre la situación de la ciencia en España. Curiosamente, casi al mismo tiempo, la revista Investigación y Ciencia escogía como título del número de julio de 2013 las palabras “Motores para la evolución" para dar visibilidad de primer orden al artículo inicial del número, titulado “El fitoplancton de los mares primigenios” (págs. 16-21) del que son autores Ronald Martin, profesor de geología de la Universidad de Delaware y Antonietta Quigg, profesora de biología marina de la Universidad de Texas A&M  en Gavelston.  En este trabajo se prueba una vez más la influencia de los factores externos (ambiente) en procesos evolutivos de grandes dimensiones (diversificación de los animales marinos).

 

Como los autores nos ilustran, la extinción del Pérmico- el último periodo del Paleozoico- eliminó más del 90% de los animales pluricelulares resultantes de la explosión cámbrica, que mayoritariamente vivían en el mar y entre los que predominaban los braquiópodos con aspecto de bivalvos, y los trilobites, parientes extinguidos de los cangrejos e insectos actuales. La pérdida de vida marina fue enorme. Pero la vida en la tierra marcaba una “transformación radical” con el predominio de los dinosaurios y los mamíferos. Consiguientemente, como bien apuntan Martin y Quigg, la vida del mar “entraba en una fase extraordinaria de reorganización que establecería la preponderancia de muchos de los grupos animales que hoy dominan en el ámbito marino “,como peces depredadores, moluscos, crustáceos y erizos de mar. Las primeras hipótesis basadas casi únicamente en el registro fósil llegaron a considerar que el reflejo en ese registro, a lo largo de las siguientes eras geológicas, Mesozoico y Cenozoico, era simple consecuencia del proceso de  conservación preferente, aunque la comprobación posterior mostró que esa notable floración de especies en el mar era una realidad evolutiva.

 

Con el fin de explorar el fenómeno se acudió a factores físicos, como cambios en el clima o en el nivel del mar, o mecánicos como grandes extinciones masivas, de acuerdo con las posiciones dominantes en esos tiempos en la jerarquía disciplinar del conocimiento científico. Aunque estos factores pueden haber contribuido, no ofrecían sustantividad suficiente para explicar la pauta de expansión de especies observada.

La propuesta de considerar el alimento disponible como factor evolutivo ha conducido a  la consideración de que la asombrosa aparición de nuevos animales marinos en el Mesozoico y el Cenozoico  estuvo acompañada de incrementos en la cantidad y el contenido nutricional del fitoplancton, unas plantas minúsculas que forman la base de las pirámides alimentarias marinas. Los autores proponen que la evolución de este fitoplancton promovió el auge de la fauna marina moderna, y a la par extienden su propuesta para señalar que  entre los factores que regulan su proliferación están el cambio climático y la deforestación. Hay datos que demuestran que  tales agentes pueden convertirse en elementos generadores de crisis en la situación actual. Las pruebas presentadas son variadas y consistentes. El predominio de un fitoplancton verde pobre en nutrientes, durante la primera mitad del Paleozoico, contuvo la evolución expansiva de los animales marinos al retardar la aparición de formas nuevas,  más activas en su metabolismo. Con el aumento en la  cantidad y en el protagonismo del fitoplancton rojo rico en nutrientes, compuesto de nuevos grupos como los cocolitoforales, los dinoflagelados y las diatomeas, se produjo una diversificación espectacular. Esta diversificación se ha comprobado por el registro fósil, el cual revela la existencia de grupos nuevos de peces depredadores y variedades de moluscos, crustáceos y corales, entre otros animales. Experimentos de campo, que por su corta duración no muestran diversificación evolutiva, si han aportado pruebas sobre la mayor disponibilidad de nutrientes esenciales lo que eleva el contenido nutricional del fitoplancton con el subsiguiente beneficio para la expansión de especies.

 

Por otra parte, este establecimiento del papel del microplancton en el pasado, puede  en opinión de Martin y Quigg, contribuir a predecir el futuro en este mundo en el que el dióxido de carbono aumenta hasta niveles nunca alcanzados, causando el cambio ambiental global. El aumento térmico y la acidificación pueden resultar devastadores para las especies que forman el microplancton rojo, pérdida que podría exacerbar el calentamiento global. Quienes se aferran a negar el cambio climático, suelen aducir que en el pasado la vida sobre la Tierra se adaptó de forma rutinaria a las variaciones ambientales, y  que por lo tanto lo hará ante fluctuaciones futuras. Pero este discurso es erróneo porque las alteraciones actuales de los océanos se producen a una velocidad inusitada en la historia de nuestro planeta.

 

Junto a esta reflexión sobre el futuro de un experimento sin precedentes, cuyo resultado será  probablemente incorregible, debo señalar que estos trabajos  suministran, en un atractivo ejemplo de lo que llamo “evolución intelectual convergente”, nuevos ejemplos que apoyan  -resultado de una convergencia interdisciplinar- a los análisis críticos que planteo desde la biología a las políticas económicas que se nos vienen aplicando y  a la situación socio-económica a que nos conducen.

 

Acabo de coordinar con José Félix Tezanos el número de octubre de 2013 de la revista Temas para el debate  en el que se reflexionaba acerca de la posibilidad de enfrentarnos a una “ crisis de civilización”, y termina de publicarse una obra que bajo el título “La economía reclama (inter) disciplina. La biología al rescate” (La hoja del monte, Valdemorillo, Madrid), evoca estas cuestiones de lacerante actualidad.  Son lecturas para caminar por la senda de  la reflexión serena, ponderada, rigurosa, y sustentada en el método científico. 

 

 

 

 

Lecciones desde la concesión de un Nobel, el de Medicina de 2013

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

El máximo galardón de la Academia Sueca de este año en Fisiología y Medicina me anima a redactar estas líneas por tres poderosas razones: su significación biológica en términos epistémicos; las aplicaciones y consecuencias que derivan de esos conocimientos; y las inferencias filosóficas y socio-económicas de los hechos puestos en evidencia por investigadores reconocidos.

 

Los galardonados, Rothman, Schekman y Südhof, son tres investigadores básicos, adscritos a instituciones universitarias de gran prestigio, que han aportado notables contribuciones acerca del tráfico de membranas, que han permitido conocer la máquina molecular en forma de complejos y explicar la especificidad y direccionalidad del tráfico intracelular de lípidos y proteínas en las células eucarióticas, dotadas de núcleo y provistas de una red relativamente compleja de orgánulos.

 

Tales hallazgos se asientan en los que a mi juicio son los pilares básicos de la biología: la información y la regulación, que por otra parte han sido objeto de glosa en el número de septiembre del Boletín "Perspectivas", prácticamente en las mismas fechas en las que se hacía pública la concesión del Nobel, como ejemplo de la más rabiosa actualidad. En la misma línea y en el número de octubre, se recoge una segunda entrega sobre estos dos principios con otros ejemplos que ilustran la complejidad de estos principios, reforzados con la proyección hacia la gloria del firmamento científico de estos tres investigadores.

 

Otro dato de indudable valor que nos ofrecen los trabajos premiados a la hora de profundizar en la evolución del conocimiento biológico y como referente de estrategias y acciones políticas por y para la ciencia, se refiere a la interdisciplinariedad y a la complementariedad, tan evidentes en las carreras de los científicos premiados. La naturaleza y resultados de los trabajos rezuman complejidad, ya que usan, desmenuzan y construyen una enorme variedad de estructuras biológicas, que van desde las moléculas y los átomos a las células de diferentes tipos, pasando por los genes, complejos macromoleculares, subestructuras celulares, vesiculares y membranas. En suma, se concluye que el Nobel 2013 se inscribe en el ámbito de la biología celular, otro híbrido de la biología que ya ha obtenido la consideración de disciplina académica subsumiendo la antigua citología, y cuyo objeto de estudio son las propiedades, funciones, orgánulos, relaciones con el ambiente y ciclo vital. Para alcanzar sus objetivos se apoya en otros dos híbridos con más marchamo mediático, la bioquímica y la biología molecular, de cuyos entrecruzamientos han ido surgiendo muy fructíferos hallazgos.

 

Curiosamente, esta relación del premio con la biología celular no ha encontrado apenas eco como tal en los medios de comunicación quizás porque la propia Academia no lo ha hecho constar en su notificación y notas de difusión. En este punto es de justicia considerar como muy oportuna la nota difundida por la Secretaría de la Sociedad Española de Biología Celular, SEBC, elaborada por Gustavo Egea, miembro de su junta directiva, en la que tras felicitar efusivamente a los premiados, se extiende la enhorabuena a todo sus colaboradores, entre ellos algunos científicos españoles, y a quienes durante los años precedentes han venido laborando y avanzando por el fascinante mundo del tráfico intracelular de membranas.

 

Finalmente, me parece importantísimo subrayar que las hojas de vida de los tres galardonados ofrecen un aporte analítico en torno a la reflexión sobre el funcionamiento de la movilidad temática, junto a la apuesta por la innovación y el cambio que informan sus respectivas carreras investigadoras. Todo ello en un contexto, el estadounidense, donde se hacen posibles las interrelaciones entre capital humano, temas de investigación e instituciones, sin obedecer a grandes directrices o planes, sino como resultado de los impulsos concertados de un amplio conjunto de actores sociales.

 

J. E. Rothman se gradúa (BS) en física en la Universidad de Yale, obtiene el doctorado en química biológica en la Universidad de Harvard, con Eugene P. Kennedy, uno de los gigantes de la bioquímica por sus trabajos en biosíntesis y función de lípidos. Realiza su formación posdoctoral en el MIT con Harvey Lodish sobre glicosilación de proteínas de membrana. Su carrera profesional se inicia en la Universidad de Stanford, continúa en Princeton, sigue en Nueva York en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center, donde crea el Departamento de Bioquímica Celular y Biofísica. Deja esta institución en 2003 para ser profesor de fisiología en la Universidad de Columbia. En la actualidad es Profesor Fergus F. Wallace de Ciencias Biomédicas y Jefe del Departamento de Biología Celular en la Universidad de Yale, donde en el campus oeste ocupa la dirección del Instituto de Nanobiología.

 

R.Scheckman se graduó (BA) en Ciencias Moleculares en la universidad de California, campus de Los Angeles; estuvo como estudiante visitante en la Universidad de Edimburgo( Escocia) y obtuvo el doctorado en la Universidad de Stanford trabajando con Arthur Konrberg en replicación del ADN. Como hecho excepcional hizo la carrera profesional en la misma universidad llegando a profesor en 1994. En la actualidad e identificado como biólogo celular trabaja en la Universidad de California en el campus de Berkeley

 

T. C. Shüdof nació en Alemania donde se graduó en la Hannover Waldorf School. Cursó medicina en Aachen, Harvard y Gottingen donde obtuvo el MD en 1982. Ese mismo año terminó su tesis doctoral sobre la "estructura y función de las células cromafines" en el Instituto Max Planck de Química Biofísica. Su formación postdoctoral le llevó a los Estados Unidos en el Departamento de Genética Molecular del Centro de Ciencias de la Salud en Tejas bajo la supervisión de M.S. Brown y J. L. Goldstein, premios Nobel de Medicina en 1985.

 

Estas carreras hablan por sí solas de los principios de diversidad, alto nivel institucional, y de variedad y riqueza de los trabajos. Además hay que subrayar, como ejemplo de interrelación a pesar de las distancias geográficas e institucionales, que han compartido reconocimientos.

A título personal, tres recuerdos: el pionero Instituto de Biología Celular en el CSIC, Centro de Investigaciones Biológicas, de finales de 1960 donde inicié mi carrera profesional en España; los trabajos sobre proteínas de membrana en procariotas y la búsqueda de posibles glicoproteínas con el seguimiento febril de los primeros trabajo de Rothman; y el refuerzo que estos trabajos ofrecen a la defensa de la interdisciplinariedad, de la información y de la regulación como principios básicos de la biología moderna para su proyección en el debate de la situación económica presente.

 

El precio de la civilización (Jeffrey Sachs): Un libro para pensar leyendo

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

                                                                            

Altero la pauta habitual en la elaboración de los textos para esta sección por dos razones: porque voy a reseñar un libro y porque ese libro no tiene, en primera aproximación, que ver  ni con la biotecnología ni con los avances en biología.

 

"El precio de la civilización“ es otro libro sobre la crisis sistémica y global que nos aturde y golpea y que sitúa el análisis en los Estados Unidos, en la sociedad norteamericana, como ya ha hecho previamente, entre otros, J. E. Stiglitz en sus libros “Caída libre”  y “El precio de la desigualdad”.  Es otro libro, pero no es un libro más como voy a tratar de demostrar en esta breve reseña.   Su autor, Jeffrey Sachs,  J.D. Sachs como firma habitualmente sus artículos, es un economista importante, según reza la contraportada del libro, editado por Galaxia Gutenberg, que lo  sitúa entre los tres más influyentes del mundo de acuerdo con  The Economist. Pero  no ha hecho su carrera en la línea dominante de la macroeconomía  ni  ha ocupado algún cargo de relevancia en las grandes instituciones internacionales aunque colabore con ellas. Se ha apoyado y guiado en su trabajo por la cooperación; se ha dedicado al análisis y propuestas para el desarrollo de un gran número de países; es un defensor  racional del medio natural y crítico con los negacionistas del cambio climático, ostenta  una nítida preocupación por la pobreza y su erradicación, asimismo promueve la educación, la salud,  y  la ciencia como bienes públicos que hay  que utilizar para  avanzar en la solución  de todos los temas  apuntados. No sorprende por lo tanto que haya sido asesor desde el año 2000 de los dos secretarios generales de Naciones Unidas que han ocupado el puesto en el periodo trascurrido, desempeñando  la dirección del  programa  de los “Objetivos de Desarrollo del Milenio” (por cierto el lector puede encontrar un artículo suyo en el suplemento Negocios , página 12, de El País de 1 de septiembre de 2013 sobre los “Nuevos objetivos de desarrollo global”, lo que prueba la relevancia y actualidad de sus actividades y reflexiones). Académicamente, Sachs ha sido  profesor de desarrollo sostenible y de Gestión en Salud  en  Columbia University donde dirige el Instituto de la Tierra, creado para él.

 

Apuntaba  hace unas líneas a la singularidad del libro. Guardando lógicas analogías  con otros libros, es diferente en su estructuración  porque no se limita al análisis de la situación y al diagnóstico de sus razones  que aborda en la primera parte que se titula “El gran crack”, sino que propone en la segunda parte, titulada “El  camino a la  prosperidad”,  un programa de  gobierno que engloba tanto la regeneración de la sociedad como un diseño de actuación de gobierno con objetivos y formas de alcanzarlos. Para la recuperación de la sociedad,  se trata  de  alcanzar el logro de “una sociedad consciente” que  sea solidariamente más rica y que responda a una base más ética, invocando a pensadores tan fundamentales en la historia de la humanidad como Buda en Oriente y Aristóteles  en Occidente, promoviendo  la moderación, el “camino del medio”, a través del duro trabajo del autoconocimiento; también en este plano de la ética evoca con devoción ideas  y pensamientos de Hans Küng y Hans Jonas. Para el autor, el enfrentamiento más duro de este “camino del medio” es hoy en día en Estados Unidos   el “crudo libertarianismo de la derecha del libre mercado” que mantiene que la libertad de los individuos es el único objetivo válido de la ética y del gobierno”. Yo diría  que esto se  aplica a la  mayor parte del mundo y   obviamente para nuestra España. Es  tendencia que pude comprobar en las clases  y actividades que desarrollo en la Escuela de Minas  de la Universidad Politécnica de Madrid: al menos hasta hace  dos años, la libertad (individual) era el bien más alabado, reconocido y exigido por los jóvenes.

 

El diagnóstico de  la situación  en Estados Unidos se lleva a cabo a lo largo de ocho capítulos que combinan datos empíricos con agudas reflexiones críticas, expuestas con conocimientos y convencimiento, que se extienden sobre los ciudadanos por su consumismo y su acriticismo ante las  estrategias de publicidad agobiantes; sobre la corporatocracia por su tremenda y egoísta presión; sobre los políticos por plegarse y aprovecharse de estas prácticas. Defiende el autor una economía mixta en la que se combinen las fuerzas del mercado y las acciones del gobierno para alcanzar  los tres objetivos que según el autor apoyan la mayoría de los americanos: eficiencia (prosperidad), justicia (oportunidades  para todos) y sostenibilidad (un medio ambiente seguro para el presente y el futuro).

 

Esta defensa de una economía híbrida  es, en  mi opinión , un paso adelante para poner en práctica en este campo de la economía política la teoría de la evolución, teoría que quien esto  escribe está aplicando al análisis de las prácticas economicistas, y poner en valor una “evolución socializante” de acuerdo con los siguientes principios: solidaridad, cooperación, compromiso, empatía, responsabilidad. En la parte de la propuesta de acciones para la prosperidad hay igualmente mucha riqueza, amplitud y profundidad en el texto del Prof. Sachs. Entre los puntos, dentro de esta riqueza,  que me atrevo a subrayar hay dos:  la condición que establece  para una sociedad consciente de que el  enfoque de la  vida se apoye o se mantenga abierto a  la ciencia, según lo prescrito por el Dalai Lama; y  un programa de gobierno con objetivos superponibles con los Objetivos de desarrollo sostenible (condiciones de trabajo, educación, cuidado del medio ambiente, aumento de la felicidad y el nivel de satisfacción en la vida)  a los que se unen otros más específicamente estadounidenses como: equilibrar el presupuesto, la gobernabilidad (control de la relación entre política y sector privado) y la seguridad nacional, aunque también estos se podrían extrapolar casi universalmente. Programa de gobierno que  se completa con el enunciado y desarrollo de los Siete Hábitos de los Gobiernos Altamente Eficaces.

 

Cuando al leer el  libro, he tenido siempre  presente  el caso español, he encontrado que existen muchas analogías y similitudes en las situaciones y necesidades, aunque salvando obvias distancias. La imagen de la situación y sus soluciones, formada en mi mente sobre España, es más borrosa, algo más oscura, un tanto deformada,   a modo de fotocopia en la que el tóner de la máquina estuviera fallando o de imagen en los espejos deformantes de las atracciones de feria. Además de recomendar su lectura, declaro mi satisfacción personal porque he encontrado en el libro muchos apoyos  a los análisis y diagnósticos que vengo haciendo a las soluciones europeas a la crisis actual desde la perspectiva de la biología evolutiva:  en un libro de pronta  aparición se recogen artículos publicados en esta plataforma y la web del Instituto Roche para avanzar en  la dimensión biológica de la  economía, lo que  de modo tentativo llamo “economía biológica”. 

 

 

 

El paraguas acogedor de la biotecnología: Ojo a los fuertes vientos nórdicos

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

                                                                            

Este artículo surge de la presentación del Informe ASEBIO 2012,   décimo tercera  edición de un evento que se ha constituido como la presentación anual ante la sociedad de la evolución de la actividad biotecnológica en España desde la perspectiva del sector empresarial.

 

 

Para contextualizar la glosa de unos resultados sorprendentes y paradójicos en cierto modo, estimo pertinente poner en marcha la moviola y retroceder en el tiempo para repasar hechos  y situaciones que han ocurrido en los últimos treinta años y que han marcado la senda que nos conduce al hoy. Desde los inicios a la transición a la democracia, los responsables de la política científica española reconocieron la biotecnología como prioridad, con visión de futuro y amparándose en el impulso que  surgía de las estrategias y políticas norteamericanas. Lo hicieron con cuidado y cautela, sin excesos en la financiación,  buscando  que primaran las ideas y las estrategias sobre las grandes declaraciones y los objetivos desmesurados, procurando además contar con un capital humano altamente cualificado. Más pronto que tarde estas estrategias políticas rindieron algunos frutos de impacto como fue la decisión de la empresa Serono de instalarse en España con una infraestructura de investigación y desarrollo relevante.

 

 

Sin embargo, la corriente analítica principal en los estudios socio económicos sobre biotecnología, de influencia anglosajona, promovió una conceptualización reduccionista del negocio de la biotecnología atribuyendo el carácter de empresa biotecnológica únicamente a aquellas que producían y utilizaban avances basados en  las dos tecnologías que han servido de pilar para construir la llamada biotecnología moderna: la ingeniería genética y los anticuerpos monoclonales. Esa orientación era negativa para los intereses de la biotecnología española porque ésta contaba ya con una tradición científica e industrial pero que estaba basada en las técnicas e instrumentos  propios de la biotecnología antigua; no disponía sin embargo de las emergentes empresas biotecnológicas (“ start ups” y “spin-offs”) que surgían de las comunidades universitarias y científicas. Todos los trabajos que elaboraba sobre el panorama biotecnológico empresarial español la consultora Ernst Young  colocaban a España en una posición desfavorable que no hacía justicia al potencial real.   

 

 

Esta preocupante situación movilizó a Gabiotec, una institución de análisis sobre la evolución de la biotecnología, que se había creado en el seno de la fundación CEFI a iniciativa de su presidente, José Tomás García Maldonado, gabinete  que presidí y que contaba con un grupo de expertos y la colaboración de Francisco Bas, un joven consultor que trabajaba en el campo  de las ciencias y tecnología biomédicas, para la creación de una asociación empresarial, iniciativa que fue apoyada por el Ministerio de Industria y Energía, apoyo personificado en el Subdirector General  de ese ministerio, Juan Carlos Mampaso . ASEBIO se crea en diciembre de 1999  bajo la  presidencia de García Maldonado y  con Francisco Bas asumiendo la Secretaría General. Los estatutos de la Asociación eran integradores e innovadores y su puesta en marcha significó disponer de una plataforma para la relación, la cooperación y la acción que iba a suponer un punto de inflexión para el desarrollo de la biotecnología como sector industrial y económico en España.

 

 

Otra iniciativa que ayudó a  mejorar la situación de la biotecnología en España derivó del ámbito de las investigaciones socio económicas que se promovieron dentro del Programa Marco europeo. Nuestra participación  en el proyecto EBIS ( European Biotechnology Innovation Systems), liderado por la investigadora británica Jackeline Senker  de la Science Policy Research Unit ( SPRU) de la universidad de Sussex, permitió plantear el debate sobre la adecuación de la visión reduccionista de la empresa biotecnológica y nos llevó a proponer una mayor diversificación  en la tipología de estas empresas estableciendo   tres tipos  de ellas: las completamente dedicadas a la biotecnología (CDB), las principalmente dedicadas (CMB, del inglés "mostly dedicated  to biotech") y las usuarias de la biotecnologías (CUB)  [Díaz y cols., Journal of Biotechnology , 98,1, págs.. 25-40,2002]. Esta clasificación hizo fortuna y ha sido incorporada en distintos momentos  por agencias  reguladoras y financiadoras españolas e internacionales para ser finalmente adoptada por las oficinas estadísticas de la OCDE.

 

 

La confluencia de estos dos hechos: creación de AEBIO y nueva taxonomía empresarial  ha hecho aflorar ante las audiencias internacionales la idea de que España posee un sistema español en biotecnología, más interesante y potente que el de su sistema de innovación en general. Este sistema biotecnológico se ha construido desde abajo hacía arriba, apoyándose en la hibridación de políticas y estrategias  que han combinado riesgo e imaginación con prudencia y acción cooperativa entre lo privado y lo público, entre actores de diferentes generaciones y orígenes lo que ha facilitado juntar experiencia e impulso. Este desarrollo  que se aproxima  al “modelo espontáneo” de la doctrina en política científica ha revelado que se sembró en terreno favorable enriquecido con políticas previas y con buenas semillas de capital humano de elevado rendimiento.

 

 

Los datos presentados en el Informe ASEBIO  de 2012 y suministrados  por el INE son bastante impresionantes: por ejemplo, su contribución al PIB ha pasado de representar el 2,98% en 2008 al 7,15 % ( en plena crisis), gracias a que los grandes grupos industriales de la alimentación, del sector farmacéutico  y de la energía han decidido cobijarse bajo el paraguas de la biotecnología por su capacidad de despertar ilusión a través de la innovación en toda la riqueza del concepto y por su potencial de crecimiento en el desarrollo de productos y procesos para competir internacionalmente. La cruz de la moneda está, como señalaba un oportuno editorial de Cinco Días (4 de julio de 2013, pág.14) en las empresas esencialmente biotecnológicas (CDB) , generalmente pequeñas y medianas, que a pesar de su gran potencial tecnológico se enfrentan al riesgo de un colapso por fallos derivados de fuertes  vientos contrarios en la financiación y en las políticas. Conviene pensárselo.

 

 

 

 

 

Innovación, educación y empleo: Puntos calientes desde un país nórdico

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

                                                                            

Como miembro foráneo de la Academia Sueca de Ciencias de la Ingeniería (IVA, acrónimo de su nombre en sueco)  recibo anualmente su Memoria;  me acaba de llegar la edición correspondiente a 2012 ( IVA´s Annual Report 2012).

 

Sus contenidos son con frecuencia elementos para la reflexión comparativa y a ellos he acudido en alguna otra ocasión  con el fin de extraer ideas y proponer lecciones a la luz de la estrategia de esta institución  respecto a la innovación y a sus políticas. Una irradiación desde el sol de medianoche nórdico sobre estas cuestiones de gran trascendencia para quienes defendemos la idea de un modelo productivo español basado en la industria y en el aprovechamiento del conocimiento científico y tecnológico. Las ideas y reflexiones que atraviesan la Memoria del año 2012 me parecen de suficiente calado para trasladar una síntesis que permita contrastar con políticas e iniciativas que sobre las cuestiones relacionadas con la I+D+i se están siguiendo  en un país del Sur de Europa,  en parte condicionadas por decisiones que emanan de la capital comunitaria.  

 

 

La Memoria no oculta que Suecia también está experimentando una crisis económica aunque quizá más tenue y soportable que la que se vive en el “condenado” mediodía europeo. Tampoco podemos ignorar que la idílica visión de la sociedad sueca se nos ha venido abajo con el éxito editorial de la saga de novelas policiacas de los últimos años, desvelando miserias  y acciones tan duras y rechazables como en otros enclaves de las llamadas sociedades desarrolladas. Sin embargo, la sugerente reflexión que atraviesa la Memoria se inicia en la carta del Presidente  de la Academia, Bjorn O. Nilsson, que acompaña  su envío. En dicha carta, se reconoce el papel fundamental de la institución  para afrontar los retos a que se enfrenta el país nórdico en un mundo en continuo y rápido  cambio, para seguidamente afirmar que la institución no es solo sostenible sino solvente para asegurar el futuro.

 

 

Tras esta declaración institucional se vierte el gran argumento: la decidida apuesta por la educación como factor clave para ayudar a los jóvenes a que se establezcan en lo que es ahora un mercado laboral inestable. Trascribo el siguiente punto: “Se necesitan más puestos de trabajo. Para crearlos, necesitamos más emprendimiento y si Suecia quiere ser una nación líder entre las sociedades basadas en el conocimiento, necesitamos investigación de primera línea”. En el prefacio de la Memoria vuelve a insistir sobre “la incertidumbre que preside el futuro marcado por  los desafíos que nos agobian. Globalmente sufrimos las consecuencias del cambio climático, del conflicto armado y el sufrimiento humano que ofrecen diariamente los medios”. En este entorno incierto, de un dudoso futuro económico, la misión y el papel de la Academia están claros, se trata de aprovechar la red de conocimientos que la institución posee para identificar oportunidades de nuevas soluciones. Con lógico realismo, se reconoce que la institución no puede resolver los dilemas globales, pero si se aspira institucionalmente  a configurar lo que en Suecia suceda, al mismo tiempo que aprecian que el consejo de IVA es apreciado de modo creciente en el contexto internacional y de modo particular en Europa. 

 

 

Para el presidente Nilsson: “la investigación es una base obvia e importante para la innovación, pero la política de innovación requiere una aproximación más amplia”. En este sentido, se elige expresamente como proyecto más representativo, uno incluido en la Agenda de Investigación en el que se concluye que: “la investigación sueca deber ser amplia, integradora, interdisciplinar, estrategia para la que las humanidades son importantes”. En todo caso, y en línea con lo ya  apuntado se señala que "investigación e innovación no son sinónimos. Aunque tengan mucho en común no se pueden poner juntos”. Estas tesis chocan con la opción española ya adoptada con la aprobación de la Ley de Ciencia, Tecnología e Innovación, y aún más reforzada al haber presentado como desarrollo de esa Ley una sola estrategia, de investigación e innovación, en lugar de las dos previstas en el articulado de dicha norma. Curiosamente las tesis de la Academia sueca  convergen con las que desde hace tiempo hemos mantenido analistas como Jesús Sebastián, Javier López Facal y yo mismo.

 

 

Es importante insistir en la importancia que se presta a la educación, que está presente a lo largo de la Memoria. Por citar algún caso específico, señalo dos entrevistas realizada bajo cuestionario único a dos representantes políticos: el líder del Partido Social Demócrata en la oposición y a la Ministra de Empleo como representante del gobierno conservador. Los dos coinciden en la necesidad de poner el foco en la educación. La idea central que se transmite es la de conseguir extender la educación sobre todo en entornos donde existe marginación, donde hay déficit educativo y discapacidades. Es en esta situación donde gobierno y oposición convergen y se reconocen. Una frase explicativa, para reflexionar y contrastar con nuestra situación: “Activas políticas comerciales y de innovación son importantes… Pero también debemos invertir en  detener el desempleo juvenil garantizando que se puedan formar, entrenar en puestos de becarios si están desempleados más de seis meses… la política gubernamental se basa en procurar que cada uno que pueda y deba trabajar, tenga una oportunidad para ello. Todos los trabajos son necesarios”.

 

 

En resumen, quiero expresar mi sintonía con esta constructiva posición de la Academia, señalar asimismo que el orden de los términos en el título no es neutro: ordenar  significa priorizar y esa priorización deriva del discurso de la Academia Sueca de Ciencias de la Ingeniería. La educación va delante de la empleabilidad  como objetivo y no al contrario como se traslucen  de  políticas recientes y encadenadas en nuestro país. Por ello, me gustaría que   España  tuviera una estrategia de alcance, no de corto plazo: como, por ejemplo, la de una multinacional operando en el sector industrial e intensiva en I+D o la de una institución como  IVA, la academia sueca, no el impuesto.   

 

 

 

 

 

 

 

Apuntes críticos (nuevos) desde la ciencia natural a principios políticos economicistas

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

                                                                            

En los últimos años vengo encontrando colisiones entre la biología y las políticas económicas  aplicadas en el contexto de crisis, según he ido exponiendo en dos tribunas  virtuales: en  esta de  ASEBIO y en www.institutoroche.es.

 

Dos acontecimientos ocurridos nacional y globalmente en la semana del mes de mayo comprendida entre los días 5 y 12 de mayo han hecho saltar de nuevo mis alarmas internas respecto a los principios economicistas (retomo esta acepción a partir de la nota aparecida  en El País de 11 de mayo en su página 40 y bajo  el epígrafe Sociedad  que recogía palabras del  discurso  del subdirector del periódico, Carlos Yárnoz, con motivo de la recepción del premio  Salvador de Madariaga). Estos acontecimientos se refieren a la aprobación de la nueva Ley de Costas por un lado  y por otro,  a los datos sobre el nivel de dióxido de carbono, provenientes de los sensores situados en la cima del volcán Mauna Loa en Hawai.

 

Estimo que  estos acontecimientos  abundan en marcar el peligro, ya apuntado  en un artículo previo, de “crisis de civilización” como resultado de los principios   dominantes  que se están  aplicando con dudoso éxito en  la gestión de la crisis que empezó hace seis años. La nueva Ley de Costas aborda la desprotección del litoral español con una visión pragmática que supera todas las dimensiones y dinámicas éticas, incluso la  utilitarista que podía ser la más cercana. Parece apoyarse en el argumento de que hay que aprovechar el impacto ya hecho. Esta consideración ignora profundamente la biología de los organismos y la ecología, y en concreto el concepto de ecosistema. Como recordatorio  acudo a su definición: “Ecosistema es el conjunto de especies de un área determinada que interactúan entre ellas y con su ambiente abiótico, interacción que  se efectúa en el primer caso  mediante procesos como la depredación, el parasitismo, la competencia y la simbiosis; y en el caso del ambiente al desintegrase y volver a ser parte del ciclo de energía y nutrientes. Las especies del ecosistema, bacterias, hongos, plantas y animales dependen unas de otras. Las relaciones entre las especies y  su  medio, en las que la acción humana es fundamental, resultan en el flujo de materia y energía del propio medio”.

 

Este simple enunciado y el recuerdo de  la relevancia de  los procesos metabólicos en la existencia de los seres vivos dan escasa validez al argumento de que el impacto ya está hecho, porque  el impacto va a ir aumentando  exponencialmente; el aprovechamiento del impacto inicial va a evolucionar hasta transformar y modificar los ecosistemas hasta cotas inimaginables. Con el fin de ilustrar sobre el pensamiento científico actual, remito al artículo aparecido en el número de diciembre de 2012 de la revista Investigación y Ciencia. El conocido divulgador científico, Carl Zimmer  en un texto titulado “Ecosistemas al borde del colapso”, páginas 62-67, advierte que los científicos están trabajando y explorando las redes  tróficas de acuerdo con modelos matemáticos basados en investigaciones realizadas en el medio natural, con la adecuada selección de entornos como lagos en el estado de  Wisconsin.  Estos modelos permiten detectar señales que alertan de forma temprana del cambio que se puede presentar.  Las redes tróficas son complejas y si se alteran las conexiones críticas que se dan en ellas pueden conducir a  estados diferentes, que con poca probabilidad retornan a la situación original. Desde la responsabilidad científica, aunque se me tilde de utópico ingenuo, estimo que una Ley de Costas aprobada en la segunda década del siglo XXI debería llevar no solo  una  memoria económica preparada bajo una visión interdisciplinar- que me temo no se da en la Ley aprobada- sino una memoria científica incorporando expertos, problemas y trabajos como los que comenta Zimmer.

 

En un mismo orden de cosas, la  preocupación por el nivel de dióxido de carbono debería estar en la agenda de gobierno, si se quiere ejercer esa actividad con estrategia y sin el corto plazo como meta. Las razones científicas ni escasean ni cesan. Por ejemplo, en un interesante trabajo (Investigación y Ciencia, diciembre 2012, págs.14-15), el investigador ICREA Antoni Rosell del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambientales de la Universidad Autónoma de Barcelona y Andreas Schmitter de la Facultad de Ciencias Oceánicas y Atmosféricas de la Universidad de Oregón han mostrado que el aumento de temperatura asociado a una duplicación del CO2 atmosférico quedaría acotado entre 1,7 y 2,6 grados centígrados, descartando calentamientos por encima de los 6 grados. Con ello, rebajan las cifras previstas pero al mismo tiempo señalan “Con todo, nuestras investigaciones confirman que el clima se está calentando y que dicha tendencia proseguirá en todo el planeta. Los datos paleoclimáticos demuestran que pequeñas variaciones en las temperaturas globales provocan  cambios notables con un calentamiento superior al de la media en las superficies continentales de latitudes medias y bajas, el deshielo de casquetes polares, el aumento del nivel del mar, y modificaciones  en la vegetación  y los ecosistemas”. Los autores concluyen señalando que “una emisión continua de dióxido de carbono podría provocar un calentamiento medio global de entre 2 y 4 ºC antes de finales de siglo”.

 

Estos datos me llevan en primer lugar  a reflexionar sobre unos riesgos potenciales para ese programa tan importante para el desarrollo biotecnológico como  el de la “bioeconomía” lanzado recientemente desde la Comisión Europea. Además, los datos expuestos a partir de evidencias científicas sobre la  supervivencia de los ecosistemas y la sensibilidad del clima al  dióxido de carbono  no casan bien con las políticas económicas basadas en las propuestas cíclicas y contracíclicas, ni en la confianza  en la ineluctabilidad de los ciclos para la solución de  los problemas económicos.

 

Por ello, de nuevo desde la responsabilidad científica quisiera recomendar la introducción de una asignatura transversal  sobre “Biología y ciencias de la tierra  para la ciudadanía” ,si queremos que se comprenda  bien lo que es  y lo  que debe significar el crecimiento económico, situado ahora en el frontispicio de la nueva ley educativa  en trámite de aprobación. Se trata de modestas y quizá ingenuas sugerencias para ayudar a mantener “civilizadamente”  nuestra civilización.

 

 

 

 

 

El tablero de la innovación en Europa: Indicadores y acotaciones políticas

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

                                                                            

Los indicadores son un elemento esencial para la evaluación de las políticas científicas y tecnológicas, de forma que contar con ellos y proceder a su análisis e interpretación es un punto de  apoyo importante para diseñar las políticas que fomenten  las acciones  que   se enmarquen dentro del  ya popular binomio I+D (investigación y desarrollo tecnológico). Sin embargo, su definición, caracterización y medida  no han resultado procesos sencillos en atención a la transversalidad, profundidad, complejidad y diversidad de las actividades que rodean a la producción de los conocimientos científicos y tecnológicos, a su diseminación y a su proyección en bienes y servicios, es decir a sus impactos socio-económicos.

 

 

Estas dificultades se han agudizado cuando la preocupación por optimizar en términos sociales y económicos los resultados de la I+D han llevado a fijar la mirada en la innovación, un concepto no fácil de definir y evaluar cuando se ciñe a sus dinámicas y dimensiones intrínsecas, pero  más asequible a esta ponderación cuando se remite al juicio de los mercados. Por este camino se ha llegado al establecimiento del  trinomio I+D+i,  al que  ha habido que aplicar nuevos esfuerzos con el fin de medir  su eficiencia y eficacia respecto a la producción de los conocimientos científicos y técnicos y a sus aplicaciones . La consecución de estos objetivos y la  preocupación  por la adecuada operatividad del trinomio han sido más propios del entorno europeo, alarmado ante su  declive progresivo , que en el norteamericano.

 

 

Por lo tanto, la Unión Europea ha venido trabajando en la medida de los resultados de los procesos de innovación con la consiguiente identificación y caracterización de indicadores a lo largo del periodo que trascurre entre los finales del siglo  XX y los principios del XXI marcados por la Estrategia de Lisboa. De esos esfuerzos ha resultado la elaboración  del “ Innovation  Union  Scoreboard”, IUS ( Marcador de la Unión en Innovación). La edición de 2013 de este tablero de datos me ha llegado a través de la presidencia de ASEBIO. Se trata de un texto de más de 70 páginas, en las que  las  66 primeras de la parte analítica  presentan tablas y figuras repletas de dato elaborados e integrados que se distribuyen  a lo largo der cinco capítulos más un Anexo Técnico; las restantes páginas  se concentran en siete anexos de datos primarios. El análisis  de  este importante instrumento   trasciende de los límites de este  trabajo, limitado a ofrecer una llamada de atención y extraer  una reflexión sobre  consideraciones relativas al  espacio político.

 

 

Una de las principales características de este tablero de la innovación es que ha  conseguido establecer tres tipos de indicadores: los de los elementos facilitadores de la innovación( “enablers”); los que atañen a la actividad de las empresas;  y los referentes a  los resultados, sobre los que superponen ocho dimensiones de la innovación  para dar un total de 24 indicadores.  Otro de los datos relevantes de este complejo ejercicio  es que, aunque ofrece la información estadística más fiable y reciente,   reconoce que el cumplimiento del objetivo de poner de manifiesto cuantitativamente los cambios más recientes de los rendimientos de la innovación parece difícilmente alcanzable. Otro problema  deriva de que en un ámbito tan variado y en continua evolución, los indicadores camban con rapidez. Por ejemplo, en la edición de 2013 se registran tres cambios  con respecto a la edición de 2011: primero, el relativo al capital riesgo como consecuencia de una nueva definición en las fases del concepto que abarca ese capital; en segundo lugar, en las solicitudes en el PCT (Patent Cooperation Treaty) dentro del apartado de desafíos sociales, ya que la desaparición de los datos sobre mitigación del cambio climático ya no están disponibles por lo que ha habido que acudir al registro de solicitudes en “ tecnologías asociadas al medio ambiente”; en tercer lugar, el indicador que en 2011 recogía "las exportaciones en productos de media y alta tecnología como porcentaje del total de las exportaciones” cambia a un indicador que “ mide las contribuciones de productos de media y alta tecnología en la balanza comercial”.

 

 

Estos cambios que aquí resaltamos nos hablan claramente de las dificultades del tema y debilitan la comparación entre los resultados de las diferentes ediciones del  IUS. No obstante estas dificultades e inconvenientes, la posibilidad de disponer de unos indicadores sobre innovación en el entorno europeo es un hecho que hay que valorar positivamente. Otra nota a subrayar respecto a estos indicadores es que los datos se expresan como proporciones o referidos a unidades de población lo que facilita la comparación entre países con notables diferencias en las variables demográficas. Por eso, se ha podido establecer una liga que divide a los países de la UE a 27 en cuatro grupos:  los líderes en innovación ( Suecia, Alemania, Dinamarca y Finlandia) que son los que superan en un 20% la media de la UE; los seguidores en innovación ( Holanda, Luxemburgo, Bélgica, Reino Unido, Austria, Irlanda, Francia, , que están por encima de media pero sin alcanzar el 20%; y Eslovenia, Chipre y Estonia,  que están por debajo de la media aunque en porcentaje inferior al 10% y que son algo sorprendentes).El grupo de los innovadores moderados con unos resultados ( “performance”) que están por debajo de la media europea, alcanzando  valores entre el 90% y el 50% de dicha media  ( Italia, España, Portugal, República Checa, Grecia, Eslovaquia, Hungría, Malta y Lituania), mientras que el grupo de los innovadores modestos está compuesto por cuatro países ( Polonia, Letonia, Rumania y Bulgaria) con resultados del 50% de la media  y que muestran dos cambios con respecto a los datos de 2011: Lituania ha subido al nivel de los moderados mientras que  Polonia ha bajado a este grupo .

 

 

 A partir  de esta síntesis, parece claro que existe una relación entre los países que lideran la innovación en el Marcador de la Unión y los que imponen las reglas financieras y políticas. Se puede lanzar la  hipótesis de que  estarían acotando un”espacio político  de dominio”, a diferencia de lo que tendría que ser una Europa de verdad comunitaria  y por ende solidaria.

 

 

 

Pescar en condiciones difíciles: la biología celular, la meiosis y la corrección de errores fatales

 

 (Dedicado a un ministro del Gobierno del Reino de España)

                   

                      

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

Esta dedicatoria innominada requiere una explicación. El viernes 15 de febrero mientras seguía un programa de tarde en una emisora de radio de amplia difusión nacional, el conductor del programa  que entrevistaba al Profesor Santiago Grisolía le comentó que: “un ministro del Gobierno al ser interpelado sobre los recortes en I+D, respondió que eso de mirar bichitos por el microscopio debía servir para algo”. A ello, el Profesor Grisolía respondió: “Ya le dije que no quería llorar”.

 

A medida  que un óvulo, u ovocito, madura en el ovario femenino, experimenta la división celular, proceso que se conoce como meiosis y en el que los pares de cromosomas se alinean, se compactan para escoger la mitad de ellos como contenido celular final, y que se desarrolla con intervención de los microtúbulos.

 

Este proceso experimenta numerosos errores y de esta dinámica se hace eco un artículo de alta divulgación, publicado en la revista Science in School (la revista europea sobre ciencia para maestros y profesores), en su sección de  “Ciencia en la frontera”, en el número correspondiente al cuatrimestre de invierno del año 2012 ( págs. 13-17).  

 

La autora    es Sonia Furtado Neves, actualmente jefe de prensa del Laboratorio Europeo de Biología Molecular (EMBL, de sus siglas en inglés, para información sobre este laboratorio véase mi editorial en institutoroche.es/Biotecnología_editorial/v75htlm) y el título es “ Sloppy fishing: when meoisis goes wrong” que podríamos traducir como “Pescar de modo aleatorio: cuando la meiosis se equivoca.”  La autora recurre  a la metáfora de la atracción de feria en la que se pescan, en estanques de plástico, peces de madera imantados  con una barra provista de un  imán. Con esa analogía, busca explicar cómo actúan los microtúbulos para capturar un cromosoma  a través del cinetocoro- un disco localizado en la parte externa, en los centrómeros, de los cromosomas compuesto por proteínas donde se anclan los microtúbulos- , se trata de la estructura proteica que permite que cada cromosoma se mueva por separado y se distribuya adecuadamente a los nuevos núcleos que resultan de la división celular.

 

El trabajo está destinado a profesores de enseñanza media, alumnos de 15 años en adelante, e ilustra el trabajo del científico del EMBL  Tomoya (Tomo) Kitajima, quien ha sido el científico que ha logrado por primera vez seguir el movimiento de los cinetocoros a través de todo el proceso de división celular, unas 10 horas, en lugar de la clásica imagen correspondiente a un único punto, mucho menos informativa sobre la conexión entre el cinetocoro con el cromosoma. Esto, en palabras de Jan Ellenberg , el jefe del grupo de investigación donde trabaja Tomo , supone “ una ruptura en el campo de la investigación en la biología de la división celular”.

 

T. Kitajima ha utilizado un software  desarrollado en el laboratorio de J. Ellenberg que permite que los microscopios “actúen inteligentemente” de forma que puedan reconocer donde están los cromosomas. Al enfocar específicamente esta parte de la célula- una pequeña región del ovocito-, se obtienen imágenes de  alta resolución  de la localización de los cromosomas en intervalos cortos; con ello se consigue una imagen completa del proceso a la vez que se reduce la incidencia de la emisión de luz por lo que se puede mantener el uso del microscopio durante todo el proceso de la división celular, minimizando el daño al material biológico.

 

El trabajo del grupo del EMBL ha permitido identificar que los microtúbulos, antes de anclarse en los cinetocoros, empujan los cromosomas hacia una posición favorable, como hace el niño en la atracción ferial  moviendo el pez con el palo imantado para pescarlo. Al empujar los brazos de los cromosomas, estos se  organizan en un anillo con lo que los microtúbulos los pueden “pescar” más fácilmente. A pesar de este pre-acondicionamiento, las conexiones del cinetocoro no son siempre correctas: un 90% de los primeros contactos son incorrectos por lo que hay que realizar varios intentos, con una media de tres por cromosoma.

Por otro lado, las células experimentan otro tipo de división, la mitosis, cuando crecen o cuando los tejidos, como es el caso de la piel, se regeneran.  En la mitosis, las células se dividen en dos células hijas, cada una de ellas con la misma dotación genética que la célula madre en lugar de l mitad como sucede en la meiosis. El grupo de Kellenberg y Kitajima ha demostrado que la captura de cromosomas presenta más errores durante la meiosis del óvulo que en la mitosis.

 

La interpretación de esta diferencia parece residir en la forma como los microtúbulos se unen a  los cromosomas. En el caso de la mitosis existe una pre localización y estructuración mayor en el proceso, mientras que en el caso de la meiosis, los microtúbulos inician su marcha desde un número muy amplio de puntos, tantos como 80, lo que implica que no se sabe cómo van a tener éxito posicional en su anclaje a los cromosomas, además de que el óvulo es una célula de mayor tamaño que otros tipos de células. 

 

Estas investigaciones pueden aplicarse para detectar  errores más localizados en los procesos de infertilidad femenina y de condiciones que conducen a enfermedades  como el síndrome de Down. Quizá el camino para contrarrestar los errores derivados de la fertilización en edades maduras pueda tener  que basarse, para conseguir mejores resultados,  en el proceso de anclaje de los microtúbulos, de modo análogo a las estrategias  que aplica el niño que trata de pescar los peces imantados en la barraca de feria.

Termino dirigiéndome al innominado destinatario de este artículo, para apuntarle   que lo aquí mostrado  como ciencia de frontera (o de excelencia) es un proyecto de alto carácter inter y transdisciplinar que incide en la biología, la citología, la genética y la reproducción. Puede además tener un profundo efecto educativo, al mostrar a los alumnos, la riqueza de la biología que nos hace posibles como seres humanos, además de mostrar la relación sinérgica entre ciencia y tecnología. Finalmente, y no menos importante, puede   generar grandes impactos económicos y de felicidad para la sociedad.

 

 

Debates y controversias en ciencia: la inmunidad innata, las alergias y el Premio Nobel

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

En el editorial que inicia el año 2013 he tratado el tema de las relaciones entre parásitos y huéspedes y sus consecuencias en la respuesta inmunitaria de estos últimos. El tema sigue candente. En el número de Septiembre de 2012 de Investigación y Ciencia (págs.6 y 7), en la sección miscelánea que se titula “Apuntes”, hay un artículo firmado por una de las colaboradoras habituales, Melinda Wenner Mayer, que aborda esta temática con el título ¿Por qué estornudar es saludable?

 

Se plantea en el terreno de las controversias entre las posiciones mayoritarias de los expertos que consideran que las alergias son reacciones anómalas a sustancias igualmente anómalas y aquellos que proponen que reacciones como la tos, el goteo natural de la nariz y las erupciones cutáneas son fruto de la evolución para reaccionar de modo protector ante sustancias tóxicas que se encuentran en nuestro entorno.

 

Esta respuesta inmunitaria, una respuesta anómala a la que se identifica como tipo 2, es la que, como se indica en el editorial citado, se habría adquirido para defenderse de los parásitos y que ofrece así un refuerzo de las barreras de protección ante las agresiones del entorno. Esta respuesta se contrapone a la forma, referida como tipo 1, en la que nuestro sistema inmunitario destruye directamente a los agentes de menor tamaño, como virus y bacterias, así como a las células que infectan, actuando por lo tanto a nivel celular. Se trataría de respuestas diferentes según el tamaño del agente invasor así como también en relación a la intensidad y velocidad del daño; serían mayores en los casos de agentes de menor tamaño que en los de mayor talla como es el caso de los parásitos, cuyos perjuicios son siempre atenuados y largos porque depende del propio interés del parasitismo; en resumen el parasitismo frente a la infección como estrategia de supervivencia.

 

Sin embargo, el artículo de Melinda Wenner trae a colación la teoría de un inmunólogo de la Universidad de Yale, Ruslan Medzhitov, quien, en un trabajo realizado en colaboración con su grupo de investigación y publicado en el número de abril de 2012 de la revista Nature (N.W. Palm, R.K. Rosenstein y R. Medzhitov: “Allergic host defence”, Nature 484, 465-472,2012), propone que las alergias son el resultado de un mecanismo de defensa para protegernos frente a sustancias potencialmente tóxicas presentes en el ambiente o en nuestra alimentación. El sistema inmunitario ha evolucionado, y aunque la acción de esos agentes haya desaparecido a lo largo del proceso evolutivo, los mamíferos siguen utilizando el mismo mecanismo de protección para inducir las alergias.

 

Las alergias serían por tanto el precio de la evolución humana. En un artículo de opinión que acompañaba la publicación del grupo de Medzhitov en Nature, Fred Finkelman, del Centro Médico de Veteranos en Cincinatti (USA), apunta que esta teoría no implica un efecto contraproducente, es decir, que las personas alérgicas estén menos protegidas frente a los agentes tóxicos.

 

Las investigaciones de Medzhitov y su equipo citan casos como el estudio publicado en 2006 en la revista Science que desvelaba que las células clave implicadas en las respuestas alérgicas al veneno de serpiente o de abejas, lo degradan, o el estudio aparecido en 2010 en el Journal of Clinical Investigation que sugería que la respuesta alérgica a la saliva de las garrapatas evita su adhesión al cuerpo y su consiguiente parasitismo.

 

En el boletín mensual de ASEBIO, mi editorial de diciembre de 2009 se hacía eco de un proyecto europeo que bajo el acrónimo Gabriel, financiado por el VI Programa Marco, y desde una perspectiva interdisciplinar, trataba de identificar los factores esenciales en el desarrollo del asma. Posteriormente, el New England Journal of Medicine (NEJM) publicó los resultados de este trabajo: los niños que habían crecido en granjas, expuestos a numerosos microorganismos, tendían a sufrir menos asma y alergias. Esta hipótesis de la higiene como factor de incremento a alergias, encaja según Medzhitov con su teoría de que la hipersensibilidad alérgica evolucionó para desatar respuestas anticipatorias y evitar los entornos subóptimos.

 

Además de recordar la modesta contribución del Boletín Perspectivas de ASEBIO a los temas actuales y controvertidos de la biología actual, me parece pertinente evocar que Medzhitov ha estado envuelto en la controversia sobre el Premio Nobel de Fisiología o Medicina de 2011, otorgado a tres inmunólogos. Primero fue el que se incluyera a Ralph Steinman, fallecido antes de que el fallo se hiciera público. Segundo fue Bruce Beutler, otro de los premiados, quien fue cuestionado con la repulsa de 26 inmunólogos que enviaron una carta a Nature criticando que se le hubiera concedido el premio en perjuicio de su rival, precisamente Ruslan Medzhitov. El tercero, Hoffman, tampoco se libró, siendo acusado por uno de sus colaboradores, Bruno Lemaitre, de indebida apropiación. De este conflicto sobre el Nobel de 2011 se hizo eco el Boletín en el editorial de enero de 2012.

 

Permítaseme una pequeña satisfacción retrospectiva y un agradecimiento, ya que la política de divulgación que sigue ASEBIO me permite contribuir a dar a conocer y reflexionar sobre cómo avanza la ciencia biológica moderna, cómo se desgranan avances en terrenos de controversia, y me da pie para reafirmarme en la necesidad de incorporar la ética en las dinámicas y dimensiones asociadas con la producción y gestión del conocimiento científico y técnico.

 

 

Estrategia en ciencias de la vida en 2012 en el Reino Unido: ¿para imitar o envidiar?

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

En un año de austeridad y recortes en un gran número de países, el gobierno conservador del primer ministro David Cameron, decidido partidario de tales políticas, ha lanzado una Estrategia en el campo de las Ciencias de la Vida.

 

El documento muy condensado, consta de algo menos de 40 páginas, emerge como un ejemplo de concreción con una clara exposición de las acciones a realizar así como de los recursos económicos que se destinan para llevarlas a cabo.

 

El prefacio corre a cargo de dos ministros: el Secretario de Estado para la Salud y el Ministro de Estado para las Universidades y la Investigación. En ese texto, se reconoce el impulso innovador que posee el Reino Unido en el sector gracias a la combinación de la acción de grandes científicos autóctonos, con la atracción de talento foráneo y la fortaleza de las industrias que desarrollan su actividad en el campo de las ciencias de la vida.

 

El apartado de las acciones clave muestra otro ejemplo de claridad y compromiso. Se reconoce el papel fundamental de la Agencia Reguladora para las Medicinas y Productos Sanitarios (Medicines and Health Products Regulatory Agency, MHPRA) con el fin de suministrar, a principios de 2012, un “nuevo Esquema de Acción” que se debe orientar a aumentar la velocidad y la eficiencia en los mecanismos de aprobación de nuevas terapias innovadoras y de avances fundamentales.

 

Se declara con precisión que por intermedio de la Agencia se trabajará en colaboración con la industria y otros reguladores internacionales para generar un entorno regulatorio más favorable para la adopción de tecnología manufacturera innovadora, fijando el plazo para conseguir el cumplimiento de este objetivo en el segundo trimestre de 2012.

 

A continuación se indica la inversión a realizar: 310 millones de libras para apoyar el descubrimiento, el desarrollo y la comercialización de la investigación. De esta cantidad, 130 millones se destinan al programa de medicina estratificada y mecanismos de enfermedades en los ciudadanos que contempla la agrupación de pacientes por áreas de patologías por medio de sus genes o de sus síntomas. De esta forma, se podrá contemplar el desarrollo de tratamientos más eficientes y focalizados. Otros 180 millones se dedican al Fondo Catalítico Biomédico orientado al desarrollo de tecnologías emergentes como la biología sintética, las técnicas de terapias celulares innovadoras, la creación de una potente infraestructura informática. El desarrollo de estas tecnologías implica la atribución de unos fondos, la asignación a una determinada institución u organización para que sea posible la ejecución de los fondos y el alcance de los objetivos o, si es necesario,  la creación de una nueva infraestructura para la consecución de tales objetivos.

 

Las otras iniciativas tienen un carácter de proyección hacia la sociedad: persiguen la aplicación de los avances científicos para que lleguen con niveles plausibles de información y de beneficios a los pacientes. A tal fin, se promueve un Portal Informático sobre Ensayos Clínicos para que, a partir de lo existente, se amplíe y facilite el acceso a la información sobre este tipo de ensayos.

 

Se promoverá que los pacientes tengan acceso a los nuevos tratamientos y que sean partícipes del desarrollo de nuevos beneficios y prestaciones a través de una modificación de la legislación que regula el Sistema Nacional de Salud (NHS de su nombre en inglés) respecto a que los datos en posesión del NHS se utilicen para las investigaciones autorizadas, procurando que se mantenga la confidencialidad del paciente y que éstos se muestren favorables a que se recurra a ellos para proyectos de investigación, facilitando la discusión sobre el consentimiento para ello.

 

Los Centros de Investigación Biomédica del Instituto Nacional de Investigación en Salud de Cambridge, Oxford y Londres trabajarán con la Unidad de Investigación Biomédica de Leicester para desarrollar un “Biorecurso” que se ubicará en esa ciudad. Este “Biorecurso” se concibe como un reservorio y fuente de cohortes de voluntarios sanos, pacientes y familiares que estén de acuerdo en participar en ensayos y en suministrar información clínica y muestras; con dicho recurso se apoyará a empresas e investigadores para llevar a cabo estudios de medicina estratificada.

 

Desde el punto de vista fiscal, se introducirá una exención del IVA para servicios compartidos en la ley de Presupuestos de 2012 (Finance Bill). Se postulaba asimismo que los Juegos Olímpicos de Londres serían una plataforma para promover el liderazgo mundial en cuidados de la salud y ciencias de la vida.

 

Se promoverá la captación del mejor talento por medio de una serie de incentivos que aseguren la consecución de ese objetivo: atraer y alimentar el talento de nivel mundial. Se establecerá un gran número de puntos de entrada para desarrollar carreras y la formación se ajustará a un diseño que combine experiencia práctica y tutela sobre la base del rigor comercial y la excelencia científica.

 

ASEBIO, por medio de su Presidenta, ha conocido de primera mano esa Estrategia con motivo de una visita a España del Secretario de Estado para la Salud  británico, formando parte de la reducida audiencia que asistió a un almuerzo de trabajo. Un reconocimiento que ofrece así una excelente oportunidad para conocer, seguir y valorar esta interesante iniciativa y que confirma la positiva valoración de la biotecnología española en el concierto internacional.

 

 

Poner en valor los intangibles resultantes del proceso innovador: PATENT BOX

 

Noelia Escobar Izquierdo. Gerente Consultoría Estratégica, Grupo SCA

 

Al igual que ha sucedido en Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Francia, Irlanda, Suiza y Reino Unido, el legislador español ha buscado sentar las bases para promover un nuevo sistema productivo, en el contexto de una economía globalizada, estimulando la internacionalización a través de la trasferencia de tecnología y reduciendo la dependencia tecnológica del exterior, introduciendo un atractivo régimen fiscal conocido como “patent box”.

 

Se encuentra regulado en el artículo 23 del TRLIS y permite a partir de enero de 2008, una reducción del 50% de los ingresos provenientes de la cesión de derechos de uso o de la explotación de determinados activos intangibles/know how, como patentes, dibujos o modelos, planos, fórmulas o procedimientos secretos; y derechos sobre informaciones relativas a experiencias industriales, comerciales o científicas, que hayan sido creadas por el propio cedente fruto del esfuerzo de su actividad innovadora, con un límite hasta el ejercicio en el cual el ahorro de la base de deducción alcance 6 veces el coste de generación del intangible.

 

Este incentivo, supone una de las más potentes ayudas fiscales existentes en nuestro ordenamiento tributario. Prueba de la envergadura del mismo, es que, pese a ser introducido en nuestro ordenamiento en 2007, no pudo ser aplicado hasta que la Comisión Europea lo convalidó, tras examinar que no constituía una ayuda ilegal de Estado.

 

Este instrumento no sólo es interesante desde la óptica fiscal, sino desde una vertiente más estratégica que permite “poner en valor” fomentando la comercialización del activo generado por la empresa en el desempeño de sus actividades innovadoras y obtener ingresos por los mismos. Actualmente su aplicación se está realizando mayoritariamente en operaciones intra grupo, pero el objetivo último es fomentar la valorización y transferencia de tecnología en el tejido empresarial español.

 

La magnitud de este incentivo es tal que, considerando un tipo de gravamen del 30% en el Impuesto sobre Sociedades, la empresa podría desgravar el 90% de la inversión para el conjunto de los años de su aplicación. Adicionalmente es totalmente compatible con los incentivos fiscales a las actividades de I+D vs. IT, recogidos en el artículo 35 del TRLIS, por lo que la empresa innovador podría alcanzar un ahorro fiscal de que superaría el 100% de la inversión en innovación.

 

Pero este jugoso incentivo fiscal no resulta sencillo de aplicar, la mayor dificultad radica en la adecuada identificación y valoración de los activos intangibles evidenciables, cuantificar el coste de generación del mismo, así como instrumentar correctamente la cesión al margen de prestaciones de servicios o asistencia técnica, contando con las evidencias de prueba suficientes, que soporten la aplicación del incentivo.

 

En este contexto y con el objetivo de dotar de mayor seguridad en la aplicación de este incentivo, nace la reciente Norma UNE 166008 “Transferencia de Tecnología”, estableciendo una metodología en los diferentes procesos que conlleva la transferencia de Know how innovador.

 

Sin lugar a dudas, y tras las experiencias obtenidas, somos conscientes del gran potencial del incentivo patent box, desde su vertiente fiscal y estratégica, en cuanto a que la empresa tome consciencia de valor de sus intangibles resultantes de sus actividades innovadoras, con el objetivo de incorporarlo en el circuito de explotación comercial de los mismos.

 

 

De cuando nuestra labor científica colisiona con nuestros intereses personales...

 

José Antonio López Guerrero, Profesor titular de la UAM, Investigador y Director de Cultura Científica del CBMSO (CSIC-UAM)

 

Como científico en activo soy consciente de la ardua labor que supone publicar en revistas especializadas. Tras una revisión exhaustiva por pares de los tan temidos “referees”, el esfuerzo de tu grupo podrá verse recompensado con una nueva publicación. Aquí, varias son las consideraciones a tener en cuenta. Por un lado, nuestra investigación debe ser concisa, reproducible y verificable. Por otra parte, todo científico tenderá a “colocar” sus resultados en la revista de mayor índice de impacto (IP) posible...

 

En el artículo tituladoLong term toxicity of a Roundup herbicide and a Roundup-tolerant genetically modified maize” (Food and ChemicalToxicology (2012); 50:4221-31, doi:10.1016/j.fct.2012.08.005.), el grupo del francés Gilles-Éric Séralini, de la Universidad de Caen, pretende haber demostrado estadísticamente que ratas alimentadas con un maíz modificado genéticamente (NK603), resistente, este último, al herbicida glifosato, o con el propio glifosato –Roundup como marca más conocida de una materia activa fuera de patente desde el año 2000-, desarrollaban más tumores -muriendo prematuramente- que las ratas controles. Digo bien, “demostrado estadísticamente”, puesto que, por alguna razón que desconozco, los autores eligieron la cepa de rata denominada  Sprague-Dawley, conocida por su susceptibilidad a desarrollar tumores de forma natural; algo que se me antoja sospechoso.

 

De entrada, al margen de la extraña elección del modelo de estudio, una consideración preliminar: el artículo se publicó en una revista con un IP discreto –menos de 3-, cuando la trascendencia de la supuesta información ofrecida podría haber optado –con las llamativas imágenes de ratas con tumores como ciruelas- a ser portada de revistas como Nature o Science. Prácticamente ningún científico renunciaría al alcance que ofrece una de estas dos fuentes a no ser, claro, que el mensajea difundir sea tan concreto que solo un journal que lleva en su título la palabra “toxicology” pudiera ofrecer. No obstante, no es la primera vez que supuestos trabajos del investigador francés son fuertemente criticados. El hecho de que sea un activista antitransgénico no parece sugerir mucha objetividad.

 

Centrándonos en su estudio con ratas Sprague-Dawley alimentadas con maíz transgénico, las cuales, supuestamente, desarrollaban más tumores y morían prematuramente, tras la aparición del artículo en los medios, las primeras reacciones de los expertos no se hicieron de rogar. Desde las páginas de Science Media Center, el profesor Maurice Moloney, del Instituto de Investigación Rothamsted, el profesor David Spiegelhalter, de la Univeresidad de Cambridge o Wendy Harwood, del John Innes Centre, entre otros muchos investigadores, coincidían, por un lado, en el ocultismo metodológico al que habían sido sometidos por parte del grupo de Seralini; por otro, en que los resultados no invalidaban el carácter de neutralidad de la técnica de transgénesis y, finalmente, en la ausencia, tras el análisis de los datos presentados en el artículo, de riesgo inherente para la salud o el medioambiente. Se cuestiona que las condiciones de alimentación a las que habían sido sometidas las ratas –y los grupos formados por solo 10 animales- fueran las adecuadas. Las figuras son sesgadas y los datos de las ratas alimentadas con maíz no modificado no se incluyen en la principal figura del artículo. También son recurrentes las críticas sobre el tratamiento estadístico de dichos datos. No es lo mismo acometer un estudio estadístico con pocas ratas cuando los controles están bien definidos –que no sufrieran tumores espontáneos, por ejemplo-, que hacerlo cuando la diferencia entre un grupo y otro son de un par de animales. Básicamente, todos los analistas concluyen que, con los datos presentados, lo raro no es que las ratas desarrollaran tumores, sino que el artículo fuera aceptado para su publicación.

 

Tal y como mencioné anteriormente, existe un aspecto que ha sido recogido incluso por las páginas de opinión del nada despreciable “The New York Times”: resulta muy sospechoso el hecho de que los responsables del estudio de las ratas “intoxicadas” forzaran a los medios a no contactar con ningún científico antes de la publicación de la noticia en prensa. Un artículo –y editorial- en Nature, publicado el 25 de septiembre por Declan Butler abunda en la debilidad de las conclusiones obtenidas. Tal y como se comenta en el reportaje, el hecho de realizar un seguimiento de dos años a un puñado de ratas alimentadas con maíz NK603 no invalida, por falta de concreción estadística y metodológica, entre otros fallos, aquellos realizados previamente durante 90 días -tal y como obliga la normativa actual sobre este tipo de alimentos- donde se mostró la inocuidad de este producto más allá de la duda razonable. Para colmo de males, al parecer, el estudio de Seralini se llevó a cabo con un presupuesto de más de 3 millones de euros –aquí es donde me salen los colores-. Seralini contratacó comentando que sus detractores no eran objetivos y que, probablemente, estarían influenciados –véase aquí un eufemismo para “comprados”- por multinacionales del sector. Pero las críticas no acaban aquí…

 

En una nota de prensa, la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) rechaza la validez científica del artículo, puesto que ni el diseño, ni el análisis de los datos son suficientes. No existen ni conceptual ni estadísticamente evidencias sobre la influencia de la dieta de las ratas en la aparición de tumores. No se aportan datos nuevos que cuestionen la seguridad del maíz NK603. Por todo ello, no son pocos los investigadores que ven un claro sesgo de intenciones. Alguno de ellos va más allá, y al observar la sensibilidad diferencial a parecer tumores que poseen las ratas según el sexo, afirman, irónicamente, que del mismo modo por el que el grupo de Seralini afirma que comer glifosato es peligroso, podrían haber aseverado que la ingesta de tal herbicida hace disminuir la aparición de tumores en machos. Pero claro, ésta sería otra historia.

 

Finalmente, comentar que existen otros muchos estudios altamente críticos con el trabajo del grupo francés. Estudios que vienen desde el Instituto Federal de Evaluación de Riesgos alemán, el propio gobierno holandés, la agencia gubernamental bi-nacional australiana y neozelandesa “FoodStandards” o desde el Instituto de Investigaciones Científicas (VIB) belga, entre otros muchos. Quiero terminar haciendo mía la respuesta de Pere Puigdomenech, presidente del Comité de Ética del CSIC, en el portal EsMateria: “Los resultados son rarísimos. Es la manera de Seralini de salir en la prensa. Después no se confirmarán los resultados, pero ya le habrán invitado a dar charlas en muchos sitios”.

 

 

Ética y ciencia: el caso de la vacuna contra la polio o el porqué de una ética evolucionista

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO 

 

La obtención de vacunas contra las grandes enfermedades infecciosas sigue siendo un objetivo prioritario de la investigación biomédica, como se demuestra en los últimos tiempos con el combate para la consecución de vacunas contra el sida y la malaria.

 

Sin embargo, los especialistas en salud pública vienen alertando de los problemas que, paradójicamente, surgen del noble objetivo de la erradicación de la polio.

 

En el número de junio de 2012 de Investigación y Ciencia, páginas 44-48, se publica un documentado artículo de Helen Branswell, periodista médica en The Canadian Press que desde hace casi una  década se preocupa de informar sobre los avatares de ese esfuerzo. Estimo que el artículo es un excelente ejemplo de cómo debe hacerse la comunicación en ciencia.

 

La campaña mundial para erradicar la polio comenzó en 1988 y disfrutó y sufrió, a la vez, de la riqueza que suponía disponer de dos tipos de vacuna. En 1955, se aprobó en los Estados Unidos la vacuna inyectable con virus inactivados, desarrollada por Jonas E. Salk, mientras que en 1962 se aprobaba la vacuna oral con virus atenuados, creada por Albert B. Sabin. Esta vacuna oral presentaba ventajas sobre la inyectable: su bajo coste- solo un 20%-; la producción de una respuesta inmunitaria leve e inocua, y, curiosamente, la capacidad de provocar una respuesta protectora en niños no vacunados a partir de la propagación del virus en las heces fecales de los vacunados; este efecto tendría sus consecuencias.

 

Como la autora señala adecuadamente, las autoridades sanitarias sabían que existía una pequeña posibilidad de que la vacuna oral, con los virus vivos, provocara parálisis en algún niño, pero opinaban que los millones de niños protegidos justificaban ese riesgo. Finalmente la vacuna oral de Sabin fue adoptada mayoritariamente por los países- otro artículo en el mismo número cuenta el  papel que un científico soviético  jugó en este proceso al ensayar esta vacuna-, si bien algunas naciones, como EE.UU., re adoptaron la vacuna de Salk. Esta acción refleja un claro perfil de aplicación de ética consecuencialista (valoración de los beneficios frente a los costes).

 

Durante años, la estrategia mundial para la erradicación ha respondido a este guión: aplicación de la vacuna oral en los países que la elegían hasta la extinción del virus salvaje; a partir de ese momento, de común acuerdo, todos los países abandonarían la vacuna oral, aunque se contemplaba que algunos países ricos continuarían utilizando la vacuna Salk durante un tiempo para hacer frente a una re-emergencia inesperada, mientras que los países menos favorecidos que no pudieran costear esta opción, dejarían de vacunar a sus niños. Este plan, que resquebrajaba la  opción de una ética consecuencialista al aumentar los riesgos, fue criticado por numerosos expertos, de modo que se fue abandonando la idea de dejar de vacunar de golpe  en consonancia  con  la opinión de cualificados representantes de la OMS.

 

La problemática se ha agudizado porque la vacuna antipoliomielítica oral (VPO) utiliza tres cepas de virus  de la  polio, los tipos 1,2 y 3, y el problema grave surge porque el tipo 2 ya no existe en la naturaleza. El único riesgo de producir la enfermedad por este tipo 2 procedería del virus que está presente en la vacuna. Por ello, se abrazó la idea de que la circulación libre de virus vacunales  podría generar problemas en grandes grupos de niños no vacunados, poniendo así sobre el tapete  no solo el  uso ineficaz de esta cepa, sino  ausencia de ética por acción irresponsable.

 

La estrategia se centra en terminar con la presencia del virus 2 en la vacuna oral, sin producir complicaciones. A las implicaciones éticas  de su mantenimiento, esta estrategia suma la obstaculización  a la eliminación completa de la polio. Por ello,  Bruce Aylward, líder durante mucho tiempo de la iniciativa de la OMS  ha propuesto  sustituir la vacuna oral trivalente por una formulación dirigida a los tipos 1 y 3, trabajos que están en marcha y con la esperanza de lograr beneficios inmediatos, aunque la  transición no es fácil hasta   terminar con la retirada total de la vacuna.

 

Este caso nos trae varias lecciones acerca de cómo se opera en la toma de decisiones cuando hay intervención de la ciencia. En primer lugar, se pone de relieve la importancia del método científico basado en la  experimentación y los datos. El paso de  una vacuna a otra constituye un proceso complejo como se puso de manifiesto en el caso de los Estados Unidos. Cuando en este país, sin duda de grandes recursos, se empezó a considerar en la década de los noventa la posibilidad de  volver a la  vacuna  Salk, hubo mucha resistencia. Pero la defensa de la vacuna oral tropezó con la realidad de los afectados por el virus vacunal que se movilizaron ante la comunidad científica. Esa presencia activa social determinó la decisión hacia el cambio, es decir se produjo una revisión  profunda de la visión ética consecuencialista: las personas paralíticas suponían un coste demasiado alto que se podía haber evitado con la vacuna inyectable con virus inactivados. La incertidumbre se hizo presente en quienes habían tomado las decisiones desde la perspectiva de la responsabilidad que debe guiar la acción racional. Los resultados de la vuelta atrás  demostraron muy pronto lo correcto de la decisión.

 

Una segunda e importante lección, ¿a importar ante la crisis económica y  sociopolítica  actual?, es  que la ética en el ámbito científico y tecnológico no puede ser fundamentalista ni estar apoyada en principios inmutables. Debe ser evolutiva porque  lo son las verdades científicas.

 

 

Que viva la comunicación científica pero con cuidados

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO   

 

En este 2012,  horrible para las expectativas del sufrido  trinomio I+D+ i nnovación, es de agradecer que algún medio de comunicación español haya recuperado  la fe y la esperanza en la ciencia como parte importante de sus contenidos. En  El País, durante el periodo veraniego, dos, al menos, de las páginas de los diarios, han estado dedicadas a la difusión de la ciencia con el rigor  que su comunicación responsable requiere.

 

En este recorrido se han tratado temas desde la llegada del robot Curiosity a Marte hasta los nuevos hallazgos de fósiles humanos que en la franja entre el millón y los dos millones de años revisan   la interpretación de la evolución, pasando por  la necesidad de rebajar el “calor” de los clima escépticos, la síntesis de la vida por la vía de la informática, la posible luz para la terapia génica o el desarrollo de mosquitos transgénicos para la parasitología molecular, entre otros grandes temas como el sida, las células madre, o la vacuna de la gripe.

 

Pero el  número de  19 de julio, preludio de los Juegos Olímpicos de Londres, ha atraído mi atención, tanto por su oportunidad como por la cercanía a mis preocupaciones corrientes desde la perspectiva de los estudios sobre ciencia, tecnología y sociedad (estudios CTS)  respecto a la gestión del conocimiento científico, y de aplicar a esa gestión  unas dinámicas y dimensiones  éticas complejas basadas en la responsabilidad.

 

El gran reportaje de ese día, como oportuna antesala de la Olimpiada londinense, se titula “Olimpiada Genética” y cuenta con un artículo central del  polifacético y admirable Javier Sampedro, más  otros dos textos: uno de Carlos Arribas y otro de Alejandro Lucia, investigador de la Universidad Europea de Madrid.

Todo el  reportaje se focaliza en la base genética del éxito deportivo y el consiguiente esfuerzo físico que ello conlleva. Sampedro, citando rigurosamente trabajos publicados en revistas científicas, nos habla del gen humano de la actinina alfa 3, responsable de la fabricación de un componente proteico del armazón estructural de las células musculares, y detalla como  diversos ejercicios  y  practicantes de deportes de alto esfuerzo: “composición del cuerpo” de  jugadores de rugby,  patinajes de velocidad, entrenamiento de los futbolistas y resistencia de los nadadores, son ejemplos comparativos para examinar el efecto de ese gen que en el trabajo último   explora las variaciones del gen (ACTN3) y los fenotipos de rendimiento de los  jóvenes soldados chinos. Señala asimismo que todos los atletas olímpicos examinados tienen la misma versión exacta del gen (alelo en la jerga genética como  dice el autor) y continúa detallando  que “como un gen no hace un atleta” ya se han identificado otros centenares de ellos que afectan a la fuerza, la resistencia, la rapidez o alguna otra propiedad, lo que con agudeza periodística se define como “el kit hereditario” para ganar una medalla de oro.

 

Los artículos de Carlos Arribas y Alejandro Lucia insisten sobre el tema: el primero centrándose en un gen, responsable de una proteína que se relaciona con la síntesis de eritropoyetina y que se encuentra en las personas que viven en la  alta montaña, mientras que el de Alejandro Lucia aborda un tema más general y trata con buen sentido de lo que es el genoma humano, sus características y las  consecuencias que de ellas se derivan.

 

Mi preocupación emana de que el detonante de este tema haya sido para Sampedro , la propuesta de  dos altos ejecutivos de una firma de capital riesgo norteamericana, recogida en la revista Nature, de que “ las olimpiadas mejoradas genéticamente están al llegar” y  apuntan a  que el dopaje genético también está ahí. Aquí me asaltan las dudas científicas y éticas. Porque soy un ferviente defensor de la importancia de la regulación en los procesos biológicos, albergo serias dudas de la eficacia de una terapia génica para “dopar” genéticamente ante el esfuerzo y para conseguir el éxito deportivo, al mismo tiempo que alerto ante las consecuencias éticas de una estrategia empresarial “desaprensiva”  sobre esta temática y en una sociedad global, consumista y buscadora del éxito sin cortapisas como es la actual.

 

Por otro lado, en ese mismo número del periódico, en la sección que recoge la selección semanal que se ofrece del New York Times, aparece en primera página y con todo alarde informativo un texto titulado “Mapa del genoma del consumidor”. Según la autora es el fruto del trabajo de una empresa norteamericana que ha acumulado la base de datos comercial sobre consumidores más poderosa hasta el punto de poder establecer un perfil de   las preferencias y de su jerarquía.  Como la entradilla del artículo señala “Lo saben todo sobre usted. Y lo venden”. Las alarmas éticas que un negocio de este tipo suscita están ya presentes en el artículo. Por lo tanto, no critico ni el fondo  ni el espíritu del artículo, pero sí el título. Lo que esta empresa, de discutible responsabilidad social en su misión y planteamientos, ha configurado es  un “fenotipo del consumidor”, no su genotipo. Es el resultado de una “clonación social”, término que acuñé hace ya dos décadas,  cuando Wilmut dio a la  luz científica y social   la oveja Dolly.

 

Así pues, que viva la comunicación científica pero hay que tener cuidado con las intenciones y las metáforas.

 

 

Recortes sanitarios, el sida y las apuestas de la investigación biomédica

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO        

 

El primer sábado del mes de julio de 2012, escuché una entrevista en la radio al economista, escritor e intelectual crítico sobre la situación sociopolítica actual, José Luis Sampedro. El lúcido analista criticaba, por sus evidentes obsolescencias de pensamiento- una vejez de siglos- y de acción-   aunque  se apliquen  sus recetas- a la política, la economía y la iglesia, para expresar su confianza en la ciencia, por su modernidad e impulso. Aún con las cautelas de rigor, me alineo con esta corriente de pensamiento. 

 

Por aportar un caso a este discurso,  y acudiendo al foro divulgativo que es la revista Investigación y Ciencia, podemos centrarnos en el caso del sida. En el número de mayo de 2012, hay dos relevantes textos sobre la lucha continua contra el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). En la sección Panorama, al principio del número (págs. 8-10), un artículo de Felipe García Alcaide, del servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Clinic-HIVACAT, propone en su título el empleo de “Vacunas terapéuticas contra el VIH” como alternativa al uso crónico de antiretrovíricos.

 

Unas páginas más adelante ( 28-33), dos investigadores norteamericanos: Carl Junne, responsable en la Facultad de Medicina Perelman en la Universidad de Pensilvania de un programa orientado a modificar genéticamente el sistema inmunitario para luchar con mayor eficacia contra el cáncer y el VIH, y Bruce Levine, inmunólogo en la misma facultad, trabaja en tratamientos génicos y celulares como director del Centro Clínico de Producción de Células y Vacunas, describen estas estrategias bajo el rótulo “Cerrar el paso al VIH”.

 

Hay interesantes convergencias en ambos textos. Los investigadores norteamericanos empiezan su revisión glosando el experimento único que hace unos cuatro años realizó un equipo médico de Berlín y cuyos resultados asombraron a la comunidad investigadora implicada en el VIH. Fue un arriesgado experimento de terapia celular por el que el grupo alemán, que había obtenido médula ósea (lugar de formación de las cédulas inmunitarias) de un donante anónimo con resistencia innata, genética, al virus, trasplantó esas células a un hombre con leucemia que había sido seropositivo durante más de diez años. El trasplante de médula ósea tenía como objetivo primario el tratamiento de la leucemia, pero se esperaba en segunda derivada que  el paciente obtuviera la capacidad de ofrecer resistencia al VIH para combatir la infección. Los resultados superaron todas las expectativas.

 

Sin embargo, a pesar  del resultado, los investigadores norteamericanos reconocen que el método no puede aplicarse de forma generalizada por diversas razones, entre las que destaca el riesgo que supone la destrucción del sistema inmunitario del enfermo. El éxito, como suele ser frecuente en la investigación, ha animado  a los investigadores a buscar fórmulas  más seguras y menos costosas de dotar a los pacientes de un sistema inmunitario nuevo y resistente al VIH, hazaña que permitiría cerrar el paso al VIH.

 

Esta es la línea por la que está discurriendo el trabajo de los autores del artículo. Es un magnífico ejemplo de cómo avanza la investigación científica: mezcla de trabajo propio, reconocimiento de los avances producidos por otros científicos, explosión de resultados claros, concluyentes ,que explican datos de difícil conciliación de partida. Es así cómo se identificó que el VIH se sirve de una molécula, la proteína CCRS, para infectar las células, así como que algunas personas son portadores de una mutación que resulta en defectos en dicha proteína, por lo que muestran mayor protección contra la infección del VIH. A partir de esa base experimental, se están ensayando técnicas de modificación genética para que las células no sinteticen la proteína CCRS, con lo que adquirirían resistencia al VIH.  Los resultados preliminares de los estudios de seguridad en humanos de las aplicaciones de estas técnicas son esperanzadores, aunque queda, como casi siempre ocurre en las dinámicas investigadoras sobre salud, un largo trecho por recorrer.

 

El texto de Alcaide  insiste  en la búsqueda de una mayor eficiencia y eficacia en la lucha contra el sida. Se centra en reconocer el éxito de los antiretrovirales, pero  admite los elevados costes económicos y de salud pública que su uso conlleva. Por ello, plantea el necesario desarrollo de alternativas terapéuticas. Dos son las vías para avanzar. La primera, la de la erradicación con el caso descrito del experimento berlinés, y la de la curación funcional con el recurso a favorecer una potente respuesta inmunitaria frente al virus-formación de nuevas células TCD8 asesinas específicas frente al VIH. La segunda propone utilizar vacunas terapéuticas, no de función preventiva, sino de tratamiento  con el refuerzo del sistema inmunitario. Esta segunda vía se apoya en nuevos candidatos para las vacunas como las basadas en ADN o las que utilizan vectores víricos o células dendríticas, las procesadoras y presentadoras de antígenos más potentes. Se apuntan los resultados esperanzadores, aunque modestos, de las vacunas basadas en células dendríticas. Se reclama más investigación para entender los mecanismos de protección, el control de la replicación vírica y el deterioro inmunitario causado por la infección.

 

El esfuerzo merece la pena. Pero  ¿es esto posible ante una situación de recortes, de desesperanza en la I+D desde la política española? La respuesta debe estar en la sociedad.

 

 

 

Algunas  (e)lecciones sobre biocombustibles e impacto sobre  políticas 

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO                       

 

La dependencia energética es un problema más  en el objetivo de encontrar una mayor productividad y eficiencia de  nuestro sistema económico.

 

Parece evidente que la opción más lógica para el suministro energético en nuestro país es producir energía  por una adecuada mezcla de fuentes. Sin embargo, esta estrategia  que ha sido impulsada de forma diferente según las opciones políticas de gobierno, se enfrenta siempre a un problema que un profano como yo no alcanza  a comprender. Me refiero a la cuestión del déficit tarifario en la producción de electricidad  que según los datos que aportan las partes interesadas alcanza niveles realmente sorprendentes (se habla de 24.000 millones de euros).

 

Después de una apuesta decidida por las energías renovables que permitió alcanzar niveles de competencia internacional en ciertas  fuentes renovables, nuestro país se  dispone a plantear un serio parón a esta opción. Sorprendentemente, en los agitados días de la primavera de 2012, la Comisión Europea  ( El País, 1 de junio de 2012, página 36, sección vida y artes), ha realizado un diagnóstico sobre el sector eléctrico español en el que no solo se critica el referido parón a las energías renovables- limpias dice el artículo- sino que se señala que los consumidores pagan en exceso a las nucleares y las grandes hidroeléctricas y que las subvenciones al carbón- otro tema de alta conflictividad social- son “ineficientes y perjudiciales para el medio ambiente”.

 

Entretanto ¿cuál es la situación de los biocombustibles? Acudo una vez más a  la revista Investigación y Ciencia como sensor de la sensibilidad existente en el entorno científico. El número de abril de 2012 muestra la preocupación por el tema energético con dos artículos sobre un total de nueve: uno, sobre la energía eólica y solar  en el que se reconoce la importancia de desarrollar sistemas que almacenen la energía con eficiencia en momentos en que no sople el viento ni luzca el sol. El segundo,  directamente relacionado con los biocombustibles, trata la actualización del informe de 2005 de los Departamentos  de Energía y Agricultura de los Estados Unidos. Este informe, conocido  como el “artículo de los mil millones de toneladas “, concluye que, en los Estados Unidos, la cantidad máxima de biomasa terrestre (residuos agrícolas y forestales, desechos  urbanos sólidos y cultivos energéticos- miscanto y pasto varilla-) que puede aplicarse a la producción de biocombustibles, bioenergía y otros productos biológicos, no es suficiente ,teniendo en cuenta los límites teóricos de la fermentación de la biomasa y el contenido energético del etanol, para cubrir la demanda de combustibles( suministrarían menos del 50% de esa demanda).

 

Ante este hecho, en el Laboratorio Nacional de Energías Renovables, se relanzó el Programa de Especies Acuáticas como relatan P.T. Pienkos, L. .Laurens y A. Aden, autores del artículo publicado en Investigación y Ciencia, número de abril 2012, págs. 50-58; decisión que  se tomó al pensar que las algas podrían proporcionar materia prima suplementaria. Pero la disyuntiva siguiente era elegir el tipo de algas que sería más eficiente, habiéndose optado por las microalgas en atención a sus ventajas como microorganismos fotosintéticos unicelulares, omnipresentes en la naturaleza, capaces de crecer en entornos muy diversos. Las microalgas se dividen en dos grandes grupos: las algas procariotas (cianobacterias o algas verde azuladas) y las eucariotas. Las primeras por su proximidad a las bacterias  no fotosintéticas son susceptibles de que les apliquen técnicas de biotecnología moderna-ingeniería genética-, lo que las convierte en objetivo atractivo para la investigación en biocombustibles. Sin embargo carecen de un componente esencial de  las eucariotas, los lípidos neutros ricos en triglicéridos. Dentro de las eucariotas, son las algas verdes las que poseen una mayor riqueza en aceite, hasta el punto de que se suele referir a ellas  como grupo taxonómico oleaginoso.

 

Por ello, estas especies parecen la mejor fuente  ya que a este potencial energético, unen la ventaja de no interferir con la producción de alimentos. No obstante, estas promesas están supeditadas a la superación de una serie  de barreras de índole científica, ambiental y económica.

 

Este discurso racional habla favorablemente  de la dinámica que se sigue en el Centro Nacional de Bioenergía, una  unidad  del Laboratorio Nacional de Energías Renovables, que investiga el desarrollo, comercialización y la implantación de energías desde una perspectiva interdisciplinar. Las barreras que se quieren eliminar incluyen estudios sobre nuevas cepas y métodos de explotación así como la evaluación de la sostenibilidad del proceso y la rentabilidad económica.; factores que afloran como el principal objetivo para la futura industria de los biocombustibles.

 

Pero la preocupación por la racionalidad emerge también de otra sección en ese mismo número de la  revista. En ella se apunta que la Agencia de Investigación Avanzada sobre la Energía está financiando proyectos de investigación básica orientados a perfeccionar la fotosíntesis, proyectos que en su mayoría  recurren a la ingeniería genética  a fin de fomentar el crecimiento de las plantas y  sintetizar pigmentos, entre otros beneficios. Los proyectos financiados van desde alterar plantas para que fabriquen productos oleaginosos por su potencial combustible hasta  programas que se plantean la sustitución del petróleo o la fabricación de hojas artificiales que utilicen la electricidad de células solares para separar las moléculas de agua en oxígeno e hidrógeno para su uso como combustibles.

 

El corolario es bien claro: más investigación excelente y menos discusión cortoplacista acerca de unas tarifas que alguien ha definido como “contabilidad creativa”. Es la línea que separa el liderazgo de la dependencia.

 

 

La importancia de tener una marca registrada

 

Alberto Rabadán Criado, Director Técnico de PONS Patentes y Marcas

 

En tiempos de una crisis tan galopante como la que vivimos todos tenemos que reducir gastos para que la bajada de ingresos influya lo menos posible en nuestros beneficios o simplemente nos permita subsistir con dichos ingresos. La reducción de gastos no se presenta como una tarea fácil o, mejor, dicho, la elección de cuáles son los gastos de los que puedo prescindir. Llevada esta premisa al ámbito de la empresa, indudablemente, hay unos gastos que son absolutamente relevantes. Tal es el caso de las inversiones en personal, en tecnología, en mejorar la capacidad de gestión o en mantener la cuota de mercado y el nivel de clientes.

 

El protagonismo e importancia de estos gastos pueden llevar a descuidar otros que protegen determinados bienes de la empresa. Bienes absolutamente fundamentales para mantener una posición de privilegio en el mercado como son las patentes y las marcas. Y bienes, además, en los que la empresa ha invertido importantes cantidades de dinero.

 

Si se abandona una patente el efecto jurídico es que pasa a dominio público y, por consiguiente, su objeto puede ser fabricado y comercializado por cualquiera. Respecto de una marca ocurre una situación similar pero con el agravante de que si esa marca, o una semejante, es registrada por un tercero, los derechos sobre la marca ya no son de quien inicialmente la registró y la dejó morir sino de su titular actual. En este sentido, no olvidemos que la legislación vigente, tanto española como la mayoría de los países, establece que el derecho de propiedad sobre la marca se adquiere por el registro válidamente efectuado (artículo 2 de Ley española de Marcas).

 

Por tanto, la legislación es clara y contundente al indicar que para que una empresa sea propietaria de una marca es necesario que lleve a cabo su registro por lo que, a sensu contrario, debemos entender que si no registra la marca no será propietaria de la misma salvo supuestos muy excepcionales cuando una marca ha alcanzado la categoría de notoria o renombrada.

 

Por consiguiente, el registro de una marca se presenta actualmente para una empresa como una auténtica necesidad en base a tres premisas fundamentales:

 

  • Es la manera de adquirir y mantener la propiedad de la marca, lo cual le permitirá ostentar un derecho de exclusiva sobre su uso.

 

  • Una segunda premisa es que gracias al registro podrá actuar frente a terceros que imiten, usurpen o simplemente utilicen una marca semejante. El titular de una marca registrada –e, insistimos en que tiene que estar registrada- podrá alegar que un tercero utiliza una marca igual o semejante a la usa.

 

  • Y, finalmente, una tercera premisa, que es consecuencia de las dos anteriores y que cada vez es más protagonista hoy en día, consiste en que gracias al registro de la marca su titular se sentirá tranquilo en la comercialización de los productos o en la prestación de los servicios, tanto en España como en el extranjero.

 

El titular de la marca podrá o no actuar contra terceros que usurpen su derecho –es su decisión- pero el registro de la marca se presenta como una “carta de presentación” que garantiza tanto a su titular como a posibles licenciatarios que no van a tener problemas en ese mercado en el que participan.

 

 

 

Agroalimentación y eficiencia energética: temas en la agenda estratégica  de la innovación

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

Se viene constatando una progresiva incorporación de los temas agroalimentarios en la agenda socio económica y el discurso de esperanza en la innovación.  Las razones fundamentales para ello son, en mi opinión, las siguientes:

 

- El  problema de la seguridad alimentaria en  relación con el hambre en el mundo no encuentra soluciones al fallar los objetivos del Milenio (véase el número 45, junio 2011, del Boletín Perspectivas del sector biotecnológico  en  www.asebio.com, Boletín mensual).

- El uso de materias primas aptas para la nutrición humana derivado  hacia la producción de biocombustibles.

-Una nueva e interesante preocupación  que surge de estas críticas circunstancias al constatar la baja eficiencia energética que se  da en la producción de alimentos.

 

A todo esto, se une el brote del concepto de bioeconomía como apuesta de una estrategia basada en la innovación que aproveche el potencial del sector agroalimentario. Así lo prueban los documentos recientemente publicados por la Comisión Europea: COM (2012) 60 final: Bioeconomía- La innovación al servicio del crecimiento sostenible, una bioeconomía para Europa, y el más reciente COM (2012) 79 final: Productividad y sostenibilidad agrícolas. Este  renacimiento del  interés por un sector  alejado hasta hace muy poco de las Estrategias de Innovación, tanto en Europa como en nuestro país, como he denunciado en diversos foros desde que  hace dos décadas empecé a analizar las cuestiones de la percepción social sobre la biotecnología agrícola, me parece una buena noticia.

 

Acabo de recibir información desde la Secretaría General de ASEBIO, en relación con las actividades de los grupos de agricultura y medio ambiente y biotecnología industrial, de que la Secretaría General de Agricultura y Alimentación del  Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (MAGRAMA)  está elaborando el Programa de  Investigación e Innovación del Sector  Agroalimentario, iniciativa que marcha en paralelo con la “Unión por la Innovación “, una de las iniciativas que contempla la Estrategia Europea 2020 para promover que la innovación sea fuente de productos y servicios que favorezcan el crecimiento y el empleo. De hecho,  las “Asociaciones Europeas para la Innovación (EIPs)” son el instrumento previsto para definir las líneas estratégicas de dicha iniciativa. En este contexto  el referido documento  sobre Productividad y sostenibilidad agrícolas {COM (2012) 79 final} ha sido remitido al Parlamento  al Consejo europeos, y sobre el cual ASEBIO ha sido consultado por el  MAGRAMA en el marco de las consultas que se están evacuando para elaborar el mencionado Programa de Investigación e Innovación.

 

Dentro de este contexto, recurriendo de nuevo al barómetro que utilizo para medir la presión a la que circula el desarrollo de la investigación científica por el mundo y de modo particular en los Estados Unidos, la revista Scientific American- en su versión española Investigación y Ciencia-, quiero señalar que el tema de la sostenibilidad de la agricultura aflora como una prioridad en ese proceso según demuestra la frecuencia con que aparecen artículos sobre este tema a lo largo de los últimos años. Concretamente, el número de marzo de 2012 de la versión española recoge un artículo que con el título “Más alimentos, menos energía” (págs. 68-74),  se acoge bajo el rótulo Sostenibilidad. Su autor Michael J. Webber es director asociado del Centro de Política Internacional de Energía y Medio Ambiente  y profesor de Ingeniería mecánica de la Universidad de Texas en Austin.

 

Partiendo de la idea de que la producción de alimentos está creciendo de modo acelerado, lo que rompe la relación equilibrada entre nutrición y consumo energético, al exigir más combustibles a base de carbono y más fertilizantes nitrogenados, compuestos que aumentan el riesgo de calentamiento del planeta y agravan la contaminación de ríos y mares, el autor propone una serie de políticas, innovaciones técnicas y cambios en los hábitos dietéticos  que podrían ayudar a mejorar bienes esenciales, y casi comunes, como son la salud y el medio ambiente a la par que reducirían los problemas alimentarios y energéticos. En síntesis, el trabajo subraya que aproximadamente el  diez por ciento del consumo energético estadounidense se dedica a criar animales, cultivar plantas, distribuir y procesar, preparar y conservar los productos animales y vegetales que  constituyen los alimentos. Esta energía utilizada se puede recortar si se convierten los desechos agrícolas en electricidad, si se implantan técnicas agronómicas punteras como el riego por goteo, la siembra sin arado, la nivelación de terrenos por láser o la maquinaria guiada por GSP. Asimismo,  se puede aumentar ese efecto, si en el consumo de alimentos se procura reducir el deterioro de los alimentos y la prodigalidad en las comidas, y si se consume menos carne, cuya producción es energéticamente muy costosa.

 

El programa supone  una atrayente muestra de aproximación interdisciplinar y carácter multidimensional, ya que trata de combinar avances científicos y progreso  tecnológico con  cambios comportamentales y culturales. Es una reflexión a incorporar en las estrategias sobe bioeconomía y  el recurso a la innovación después de años de olvido del potencial del sector agroalimentario para tales propósitos, así como de considerar su  crítica relación con el sector de la energía.

 

 

 

La física de las aglomeraciones (crowding) y la biología: desde la interdisciplinariedad a la gobernanza mundial (1)

 

Emilio Muñoz, Presidente del Comité Científico de ASEBIO

 

En este periodo de  mi  vida en que dedico esfuerzos a la difusión del conocimiento científico y a la relevancia de sus aplicaciones, hay dos objetivos (¿obsesiones?) que considero fundamentales: destacar la importancia de la interdisciplinariedad y hacer patente el significado de los procesos de regulación.


La revista Science in School, una iniciativa de EIROforum ( www.eiroforum.org)  ofrece yacimientos importantes de temas para la reflexión sobre tales propósitos, a  partir de de textos científicos de frontera  trasladados a experimentos educativos ( es una revista dirigida a los educadores).

En el número trimestral de invierno de 2011, he encontrado un artículo de interés para la reflexión de alcance. Su título es ”The physics of crowding” (“La física de las aglomeraciones”, o “la física de los desplazamientos masivos”). Su autor, Timothy Saunders es un investigador postdoctoral en el Laboratorio Europeo de Biología Molecular (EMBL, del nombre en inglés, una de las instituciones que integran el EIROforum) y sus trabajos se orientan a aplicar conceptos de la física a la resolución de problemas biológicos. A lo largo de los últimos años ha enseñado matemáticas, física y biología  a grupos de un amplio rango de edad y capacidades.

 

La física de las aglomeraciones es un área de investigación intensa, actual y que abarca problemas diversos que van desde la seguridad y salud públicas  hasta las interacciones de las proteínas en entornos celulares. Las multitudes actúan de acuerdo con fascinantes dinámicas que combinan comportamientos individuales con los de las muchedumbres, comportamientos que pueden cambiar rápidamente o transformarse en inestables. Saunders presenta los estudios relacionados con el movimiento de fluidos  y los que tienen lugar en el seno de las células de forma realmente innovadora. El concepto de “crowding”  se aplica a situaciones diferentes tanto a nivel macro como es el caso de las multitudes humanas como a nivel micro en el caso de las moléculas biológicas. Estas actividades son relevantes en biología cuando se trata de discutir los flujos de las moléculas y las interacciones proteicas; en física tienen aplicaciones en el movimiento de fluidos, en la regulación de la velocidad en el tráfico y en la seguridad pública cuando se diseñan los proyectos para estadios y grandes complejos comerciales. Además de ser  un concepto esencialmente científico, la aglomeración tiene también aplicaciones en estudios geográficos o ambientales para examinar  dimensiones  tales como  la densidad de la gente, la presión social y la migración de animales.

 

Sobre la base de una serie de casos prácticos en los que los alumnos discuten e intervienen como actores en los planteamientos se llegan  a elaborar unas conclusiones. Saunders propone dos experimentos: el primero consiste en  el abandono de una habitación por un grupo, proceso en el que se explora cómo la limitación de acceso conduce a amontonamientos y cómo este problema se puede suavizar dirigiendo al grupo a formar corrientes, a diversificar estrategias para el movimiento; el segundo plantea como se circula en espacios estrechos, proceso que evidencia que las constricciones de espacio generan dificultades para el flujo de personas u originan atascos en el tráfico.

 

Las conclusiones principales son las siguientes: a) las manifestaciones multitudinarias son entidades dinámicas que se pueden describir por conceptos físicos; b) la utilización de obstáculos facilita la formación de corrientes, lo que mejora la presión existente en una aglomeración y se puede así reducir el tiempo de salida; c) las velocidades iniciales elevadas conducen a mayores amontonamientos- no siempre es rentable correr-. Sobre estas ideas, los físicos han podido aportar soluciones para afrontar problemas reales: la peregrinación anual a  la Meca, la regulación de las circulaciones en espacios reducidos,  como  en carreteras con obras o en el citoplasma de las células.

 

Vivimos en una sociedad globalizada. La globalización, idealizada en un momento y que ahora recibe críticas, es un proceso económico, tecnológico, social y cultural a  “gran escala” que consiste en la creciente comunicación e interdependencia entre los distintos países  del mundo, unificando sus mercados, sociedades y culturas. Se puede definir como un proceso dinámico en el  que las TIC juegan  un papel decisivo: su uso además de promover un amplio potencial de liberalización y democratización ha conducido a acuñar el concepto de sociedad de la información en la que se obtiene, comparte y procesa caudales de información desde cualquier lugar y en la forma que se prefiera. La economía especulativa y los mercados se benefician de estos procesos. Por otro lado, las políticas de austeridad se vienen aplicando con prisas, con mandatos de inmediatez, sin aceptar tendencias, cauces, plazos ni alternativas. 

 

Las reflexiones sobre la física del “crowding” reconocen el valor de la regulación. Lo que aporta bases teóricas para proponer  la necesidad de la regulación “reflexiva” para gestionar  éticamente  la gobernanza legitimada  de  la globalización. Y de  nuestra sociedad.

(1) Ya terminado el artículo, he encontrado  en Google la traducción del artículo de Saunders  por Rafael Martínez Oña y que “crowding out” está ya aplicado en economía. Datos que rebajan la originalidad de este artículo, pero lo mantengo porque creo que refuerzan la validez de la propuesta.

 

 

Apuesta europea por la bioeconomía: ¿cuestión de fe o  de esperanza?

 

Emilio Muñoz,  Presidente del  Comité Científico de ASEBIO

 

Además de estar inmersa en una batalla para salvar el euro (o para hundirlo porque las consecuencias de las estrategias adoptadas no están claras), la Comisión Europea parece decidida a seguir apostando por la ciencia y la tecnología como palanca y motor de cambio. Hace unos días se ha presentado en Bruselas una estrategia basada en la bioeconomía que ha merecido bastante atención mediática,  en cuyo resultado hay que reconocer  el  papel relevante ejercido por  los departamentos de comunicación de Europabio a nivel europeo, y de  ASEBIO en el ámbito español. Es indudable que para los que creemos en el poder dinamizador de las ciencias y las tecnologías de la vida, se trata de una buena noticia. Pero  también es verdad que los que tenemos fe en el carácter transversal y transformador de  las biotecnologías, hemos visto defraudada nuestra esperanza por parte de la Comisión Europea y de los Consejos Europeos con reconocida contumacia.

Hay que señalar en primer lugar que no es la primera vez que se propulsa el tema de la bioeconomía. Desde el lanzamiento del VII Programa  Marco, la referencia  a esta apuesta para el desarrollo europeo estuvo en la agenda y al parecer sin mucho resultado porque cinco años después, y ante un nuevo programa como es Horizonte 2020, se saca  otra vez el tema ahora envuelto en el ropaje de una Estrategia. La presente iniciativa, bajo el rótulo “Innovating for Sustainable Growth: a Bioeconomy for Europe”,   se orienta a poner en valor los recursos naturales en sentido amplio, desvelando el potencial económico ( y ecológico) de las biotecnologías blanca ( industrial), verde ( agroalimentaria) y azul ( acuicultura y pesca) . Esta orientación debería ser saludada  con entusiasmo, insisto, para los que venimos divulgando el potencial de las biotecnologías. Pero de nuevo  suenan las alarmas ante los errores cometidos en la gobernanza, a nivel europeo y de un gran número de Estados Miembros, de las políticas agrícolas, agroalimentarias y ambientales en su conexión con las biotecnologías. Uno de los problemas fundamentales radica en la confrontación establecida, desde raíces históricas en el seno de la Comisión, entre biotecnología y ecología. Este enfrentamiento que se ha venido dirimiendo en los  espacios sociopolíticos, se ha extendido por la vía de contagio a los científicos.  La preocupación por la alimentación sostenible está ya en la discusión científica. Para sustanciar el tema, recurro una vez más al  seguimiento del impacto de los temas en la alta divulgación científica (en la revista Scientific American  y en su versión española, Investigación y Ciencia). En el número de septiembre de 2010 de esta versión española, se publicó un artículo bajo el título “Agricultura vertical” (págs. 74-79)  de Dickson Depommier, profesor de salud pública y microbiología de la Universidad de Columbia e interesado por la ecología humana. Los argumentos principales expuestos por el autor eran los siguientes: la agricultura moderna  está arruinando el  ambiente  y ya no queda prácticamente tierra cultivable; como solución se propone el cultivo en  rascacielos  acristalados, aprovechando el uso de instalaciones hidropónicas. Esta forma de producción reduciría drásticamente las emisiones fósiles  y permitiría reciclar las aguas negras de las ciudades, que ahora contaminan los acuíferos. En el número de enero de 2012 de la revista Investigación y Ciencia, el gran titular de la portada es “Agricultura sostenible”, que se sustancia en el interior con un artículo del director del Departamento de Medioambiente de la Universidad de Minnesota y presidente de la cátedra McKnight de sostenibilidad global, Jonathan A. Foley. El artículo titulado “Alimentación sostenible” (págs. 54-59) se sintetiza en los siguientes términos: la humanidad afronta tres graves problemas alimentarios- terminar con las hambrunas, duplicar la producción de alimentos hasta 2050, y al mismo tiempo reducir la agresión de la agricultura sobre el medio ambiente. Para la solución se proponen cinco estrategias, aplicadas de modo coordinado: evitar  el uso  agrícola de más tierras tropicales;  potenciar el rendimiento de las explotaciones menos productivas; emplear aguas y fertilizantes con mayor eficacia; reducir el consumo de carne; y evitar las mermas y desperdicios en la producción y distribución de alimentos. Un sistema de certificación de alimentos centrado en su valor nutritivo, la garantía del suministro, y la reducción de costes sociales y ambientales, facilitaría la elección de alimentos en una dirección más sostenible. Como se puede ver en estos artículos no hay la menor referencia a la biotecnología, resultado de este alejamiento entre ecología y aplicaciones biotecnológicas que he denunciado. María Jesús Santesmases, historiadora de la ciencia, muy alejada del optimismo tecnológico y crítica con sus consecuencias,  nos recuerda en un artículo glosando la relación entre biología y agricultura, la conexión entre campo y artesanía en los orígenes de la genética( Investigación y Ciencia, número de diciembre de 2011, pág. 46). 

 

Lo que defiendo, es una hibridación entre los dos grandes campos científicos y tecnológicos, entre ecología y biotecnología. La ausencia de dirección en este sentido puede defraudar de nuevo las esperanzas de los discursos y las estrategias mediáticas sobre bioeconomía de la Comisión  Europea, sumergida como está  en un archipiélago de contradicciones.

 

 

Ninguna empresa innovadora sin financiación

 

Emmanuel Mielvaque, Country Manager de ALMA CONSULTING GROUP para España y Portugal

 

En el Plan de recortes aprobado el pasado día 30 de diciembre por el Consejo de Ministros, la investigación científica y tecnológica ha sufrido una reducción de 600 millones de euros, cifra bastante considerable si tenemos en cuenta que la totalidad del presupuesto en 2011 fue de 8.600 millones de euros y cuyo saldo previsible para el 2012 nos llevaría a niveles del año 2007 alrededor de los 8.000 millones de euros. El panorama que han de afrontar por tanto las empresas españolas con vocación de investigación, desarrollo e innovación, es a día de hoy aún más duro, máxime si la financiación pública continúa en retirada. Recordemos que ya en 2011, veníamos acumulando una cadena de recortes de un 8% con respecto al 2010 y de un 15% sobre el 2009, y con una marcada tendencia a aumentar las subvenciones en forma de créditos rembolsables.

 

Aunque en las medidas de reducción de gasto del Gobierno no se especifica el reparto de esos 600 millones entre subvenciones y créditos para la I+D+i, debemos alertar sobre las nefastas consecuencias que pueden tener para avanzar hacia el tan ansiado cambio de modelo económico. Las empresas son conscientes de la necesidad de innovar y que bajar su inversión en I+D+i es una amenaza real para su desarrollo en una economía basada en el conocimiento y la competitividad.

 

Si para salir de la crisis en la que estamos inmersos parecía estar claro que necesitamos una modernización estructural de la economía, ¿cómo van las empresas a definir sus estrategias de innovación a largo plazo? La actual crisis es en buena parte resultado de no disponer de un modelo económico basado en ventajas competitivas estructurales como las derivadas de la innovación en la industria y los servicios. Por ello, el I+D es clave para crear un modelo económico con una competitividad más profunda y robusta que nos haga menos sensibles a las crisis.

 

Las empresas necesitan incrementar su competitividad a través de la I+D+i con el apoyo de la financiación pública. Ninguna empresa innovadora debería quedarse en la cuneta, ya sea grande o una pyme. El cambio económico debe hacerse entre todos y apoyar a todos aquellos que quieren ser protagonistas de ello a través de la I+D+i. Ahora que la cultura de la innovación empezaba a calar entre los empresarios y directivos, y éstos se habían animado a solicitar las ayudas a la innovación que estaban a su alcance, concienciados de que ése era el camino a seguir para ser más competitivos, es una pena que sientan de nuevo la retirada de apoyo que necesitan.

 

Nunca antes fue más decisivo que las empresas conozcan todas las ayudas a la innovación con las que cuentan a la hora de planificar sus inversiones. De esta forma, podrán diferenciar sus productos y servicios gracias a la innovación de los procesos productivos y las infraestructuras, así como de plantillas cualificadas. Cuantos más conocimiento tengan sobre sus opciones para llevar a cabo estas inversiones en I+D+i, más beneficioso será para todos. Máxime en el escenario de restricción en el que nos vemos avocados por las circunstancias.

 

La noticia también afecta claro está al ámbito científico. Si bien ha sido aprobada en el BOE el día 30 de diciembre de 2011, la convocatoria de los proyectos científicos del Plan Nacional de I+D+i y las becas de formación con cargo al presupuesto de 2012 y cuyos 325 millones de euros de financiación pública, más 59 millones de la UE, dan un respiro a la comunidad científica; esperemos pues que estos recortes no generen un impacto irrecuperable a los componentes de nuestro sistema de I+D+i y en especial al sector empresarial.

 

Unión Europea: tortuga en la política, liebre en la innovación

 

Emilio Muñoz, presidente del Comité Científico de ASEBIO

Una gran mayoría de la ciudadanía europea vive con zozobra la lentitud inoperante de los organismos responsables del gobierno europeo ante la crisis económica y social que amenaza al euro y al proyecto europeo, mientras que esta Unión Europea, sobre todo la Comisión, sigue estando en la avanzadilla de la política científica, permitiendo los avances de los países líderes, entre los que sobresalen los nórdicos, y sirviendo de acicate a los países rezagados entre los que se cuenta España.

En estos momentos, en los que los recortes presupuestarios ya fijados y los que tememos que puedan venir, afligen a los gestores de la I+D y la innovación en España, suscitan preocupaciones entre los investigadores españoles establecidos y generan situaciones de profundo desamparo en los científicos jóvenes, el programa Horizon 2020, nuevo nombre para  la reformulación del  Programa Marco, aparece como tabla de salvación a la que agarrarse para salir del naufragio a que se ven abocadas la investigación, el desarrollo tecnológico y la innovación. Es importante para los propósitos de esta reflexión señalar que Horizon  es el nombre, elegido por votación abierta que se hizo público en junio de 20011, para el nuevo sistema que contemplará la financiación integral  que englobe todos los fondos europeos para la investigación y la innovación, cubiertos hasta ese momento por una serie de iniciativas de vida propia y en cierto modo independiente como el Programa Marco de Investigación y Desarrollo, la fórmula que se puso en marcha  a mediados de la década de 1980 para lanzar la política científica europea; el Programa Marco para la Competitividad y la Innovación , promovido para hacer frente a las críticas que en  los entornos empresariales y económicos suscitaba la deriva hacia la investigación más básica que subyacía en la apuesta por el Espacio Europeo de Investigación (ERA de su nombre en inglés) junto la exitosa puesta en operación del European Research Council (ERC); y, por último, el Instituto Europeo de Innovación y Tecnología (EIT de sus siglas en inglés). Es precisamente esta iniciativa la que me mueve a escribir esta nota. Salvo honrosas excepciones entre las que cabe mencionar a Biocat, en España no se ha prestado mucha atención, a mi juicio,  a esta nueva institución, de interés para la política y la estrategia en ciencia, tecnología e innovación. El EIT funciona de acuerdo con la agenda estratégica de innovación (SIA de su nombre en inglés), cuyo objetivo es mejorar el impacto del EIT en toda Europa a través de la creación de “hubs”- anglicismo de moda para designar centros de conexión- , de la innovación y del triángulo del conocimiento: educación superior, investigación e innovación, con el emprendimiento.

 

Para cumplir este objetivo, promueve los KIC ( Knowledge and Innovation Communities) , de los cuales ya se han puesto en marcha tres: clima, sociedad de la información y  la comunicación, y energías sostenibles, habiéndose previsto otras dos de dichas Comunidades en fases separadas: la primera en 2014 sobre temas de innovación para una vida saludable, el envejecimiento y las materias primas; la segunda en 2018 se centrará en  la fabricación de valor añadido, a partir de procesos que den lugar a un desarrollo competitivo, sostenible y respetuoso con el medio ambiente, sociedades inteligentes y seguras a partir del desarrollo e implantación de TIC innovadoras, y la movilidad urbana.  El EIT tiene además una estrategia de difusión por medio de un boletín on-line ( e-newsletter).  Su último número, el 5, ha servido para alertarme sobre un nuevo e importante nombramiento en las políticas de I+D e innovación en Europa. Tras una batalla  que ha durado dos años, el Presidente de la Comisión, José Manuel Barroso, ha conseguido nombrar a una bióloga escocesa, Anne Glover, para el puesto de Asesor Científico Jefe, cargo que es reminiscente de la organización de la administración de la ciencia y la tecnología en los países anglosajones y con él, el presidente Barroso persigue conseguir que haya una estrategia unificada para la investigación científica europea y la definición de sus prioridades. La revista Nature se ha hecho eco de la noticia, incluso antes de poder confirmarse el nombramiento, mientras que, desde mi conocimiento, este hecho no  lo ha tenido  en España.  La noticia ya es firme porque en el citado número 5 del boletín del EIT se anuncia un importante evento, la Cumbre Europea sobre el Emprendimiento, que tendrá lugar en Bruselas el 21 de febrero y en cuyo programa figura la primera intervención pública de Anne Glover. El currículo de la profesora Glover, que ocupaba el mismo puesto de Chief Scientific Adviser en Escocia desde el mes de agosto de 2006, es muy interesante para el ámbito de la biotecnología. Ostenta una cátedra de Biología Molecular y Celular en la Universidad de Aberdeen ,  ocupa puestos honoríficos en los Institutos Rowett y Maccaulay  y es miembro electo de la Sociedad Real de Edimburgo, del Consejo de Investigación del  Medio natural, y socia de la Academia Americana de Microbiología. Las líneas de investigación que ha desarrollado se centran en los campos de la diversidad microbiana, el desarrollo  y la aplicación de de biosensores celulares para evaluar el medio ambiente y para investigar cómo los organismos responden al  estrés a nivel celular. 

 

El nombramiento de la profesora Glover es un hecho relevante para la política científica europea e incide en la tendencia que reconoce  los valores de la comunidad de mujeres que trabajan en las ciencias y las tecnologías de la vida. Por otro lado, me permito reiterar mi preocupada sorpresa por la escasa atención que se  ha prestado en España  al EIT, con la mencionada excepción de Biocat, sobre todo con el peso alcanzado en los últimos años por la innovación en la agenda política.

 

 

Mensajes tras  2011 como Año Internacional de la Química

 

Emilio Muñoz, presidente Comité Científico de ASEBIO

 

El año 2011 fue consagrado como “Año Internacional de la Química” bajo el lema  “La química: nuestra vida, nuestro  futuro”, conmemorando a la gran investigadora Marie Curie, doblemente galardonada con el Premio Nobel, en el centenario de la distinción en química (véase “Curie confidencial”, X. Roqué, Investigación y Ciencia, febrero 2011, págs.46-47).

Al acabar el año, hay algunos mensajes que me parece importante reseñar .En España ha habido dos acontecimientos de carácter político dignos de ser subrayados. La inauguración oficial en la sede del Consejo Superior de Investigaciones Científicas fue presidida por el entonces Vicepresidente Primero del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba, y  en ese acto recibió la Medalla de Oro de la Década a la Investigación e  Innovación en Química 2001-2010, el gran investigador valenciano, Avelino Corma, uno de nuestros científicos más reconocidos internacionalmente y con una brillante trayectoria tanto en el ámbito de la producción de conocimiento como en el de su transferencia a la innovación tecnológica .

Por otro lado, la desaparición del Ministerio de Ciencia e Innovación y el cese de su titular, la bióloga y empresaria del sector biotecnológico Cristina Garmendia, ha encontrado el importante contrapeso del nombramiento de Carmen Vela, química y bioquímica, al frente de la  recién creada  Secretaría de Estado de Investigación, Desarrollo y Competitividad dentro del Ministerio de Economía y Competitividad. La irreprochable trayectoria, como científica y empresaria, de esta química que llega con un buen bagaje a la política científica, ha sido glosada en diversos medios  y en una cuidada y ponderada nota de prensa, emitida por el departamento   de comunicación de ASEBIO: En los planos científico y tecnológico, la celebración de la química al empezar la segunda década del siglo XXI ha sido muy oportuna para revisar la idea inexacta de que la química es una ciencia superada, bien comprendida en sus aspectos conceptuales y que solo resta aplicarlos. La revista Scientific American, y su contraparte española Investigación y Ciencia, fuente documental de gran valor para, en mi opinión, el seguimiento de la evolución de la ciencia de vanguardia, se han hecho eco de esta celebración a lo largo de 2011. Un autor destacado en esta actividad ha sido Philip Ball, editor de Nature durante dos décadas y con una notable trayectoria en la divulgación científica.


En el número de diciembre de 20011 de la versión española ( págs.26-31), Ball plantea “diez enigmas por resolver” en un texto que se enmarca bajo la declaración de que muchas de  las cuestiones científicas de mayor calado y algunos de los problemas más urgentes de la humanidad competen a la ciencia de los átomos y las moléculas, que es como el autor define a la química. Cuando se realiza un escrutinio de las diez cuestiones pendientes, se constata una primera evidencia que es muy importante para la biotecnología: existe una estrecha  conexión entre las cuestiones científicas y tecnológicas a resolver y  los  avances en conocimientos y aplicaciones  de las tecnologías de la vida. En efecto, ocho de los diez enigmas planteados revelan esta relación directa. El origen y evolución de la vida, la formación de las moléculas, la influencia ambiental sobre los genes, la elaboración de pensamientos y recuerdos ( la memoria)  en el cerebro , son los cuatro grandes temas en los que la producción de conocimiento básico se aúna con potenciales aplicaciones,  mientras que  en  otros cuatro , sin dejar de lado la relevancia del avance en el conocimiento, hay una más clara orientación hacia la consecución de de objetivos prácticos en los dos grandes sectores estratégicos en el mundo contemporáneo: la salud, para responder a las preguntas de si pueden idearse nuevas formas de de crear fármacos , y de si llegaremos a supervisar con mejor eficiencia  los parámetros bioquímicos de nuestro cuerpo; y la energía al buscar como aprovechar mejor r la energía solar y cuál es la mejor forma de obtener biocombustibles.

 

Estos ocho temas revelan la conexión biotecnológica como se pone de manifiesto en la importancia de la síntesis de macromoléculas y la capacidad de diseñar sistemas moleculares que serían la plantilla para replicarse y dotarse de capacidad de individualización (origen de la vida): o en  la relevancia de las simulaciones informáticas para llegar a calcular con gran precisión las estructuras y propiedades de las moléculas para ver si será posible aumentar la escala y modelizar  los complejos procesos moleculares de la célula( biología computacional y bioinformática). En el mismo sentido apunta el dato, hoy  en candelero, de que además del código genético que dicta las instrucciones a las células, estas se comunican entre sí por el lenguaje epigenético, en el que pequeñas moléculas , vinculadas al ADN y las histonas, sirven de rótulos  que indican a la maquinaria celular cómo debe intervenir en la regulación , silencio o expresión, de los genes( influenza del ambiente en los genes) . El cerebro es una computadora química cuyo estudio abre la posibilidad de actuar en la capacidad de memoria     por medio de sustancias que actúan sobre receptores de neurotransmisores .La creación de fármacos por la unión de la química combinatoria con la biotecnología podría abordarse a partir de la producción de un repertorio extenso de moléculas: Otro de los objetivos persigue la utilización de perfiles genéticos y de sensores más rápidos y baratos para una supervisión continua y discreta de todo tipo de marcadores bioquímicos, índices de salud o enfermedad, visión futurista de que depende del desarrollo de métodos químicos con sensibilidad selectiva respecto a dichos marcadores.Los sistemas biológicos, las plantas y sus componentes, son los grandes factores para aprovechar mejor la energía solar  (fotosíntesis artificial)  y para mejorar la explotación de biomasa en al obtención de biocombustibles. En el crepúsculo de la conmemoración mundial de la química, emerge un mensaje: “son los grandes problemas  de la biología y  las aplicaciones de las tecnologías de la vida  los  que dibujan la esperanzada trayectoria de la química”.

 

Contaminación y modificaciones genéticas: invocación a la epidemiología molecular


Emilio Muñoz, presidente del Comité Científico de ASEBIO


El debate sobre la calidad del aire ha estado presente a lo largo de 2011, llegando a su punto álgido en el otoño de ese año, cuando se hizo público (26 de septiembre) un estudio global de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la calidad del aire que revelaba que la situación en las ciudades española era bastante crítica.


En ese estudio se analizaba ,entre otros parámetros, la concentración en partículas menores de 10 micras, de las que son responsables las emisiones de industrias, coches y calefacciones. El límite recomendado por la OMS es de 20 microgramos por metro cúbico. Según este indicador, en España solo aprobaban tres ciudades: Santiago de Compostela, Logroño y Badajoz.


La publicación de este estudio se unió al Informe de Ecologistas en Acción, titulado “La calidad del aire en el Estado español durante 2010” que ofrecía datos sobre cuatro contaminantes (partículas en suspensión, óxidos de nitrógeno y azufre, y ozono). Estas informaciones suscitaron la reacción de los medios generalistas; entre ellos destaca un amplio reportaje en El País ( E. de Benito, “ La boina que nos asfixia”, miércoles 28 de septiembre de 2011, págs. 28-29) en el que se denunciaba que un 37% de los habitantes de nuestro país viven en zonas donde los límites de, al menos uno, de estos contaminantes superan los límites legales. La denuncia se extiende al hecho de que, tanto desde el entorno académico como desde la Administración, estos datos se dan por buenos, a pesar de de que las emisiones pueden estar detrás de 20.000 muertes al año en España. Como el tráfico es considerado como el mayor culpable del deterioro ambiental, estas son muertes que se podrían añadir a las que se derivan de los accidentes de tráfico, por lo que la gestión de los accidentes de tráfico se convertiría en indiscutible prioridad del gobierno y de carácter interministerial.


En este contexto, me parece oportuno sacar a la luz un artículo publicado en octubre de 2008 en Investigación y Ciencia: bajo el título “Alteraciones genéticas inducidas por la contaminación “; el autor Dan Fagin, profesor de periodismo y director de programa en la Universidad de Nueva York, presenta el caso de Tongliang, una ciudad gris de cien mil habitantes de la parte meridional del centro de China.


En dicha ciudad se ha venido buscando por Frederica Parera, la directora del Centro para la Salud Ambiental Infantil de la Universidad de Columbia, la conexión entre la contaminación atmosférica y las enfermedades, sobre todo en niños expuestos a contaminantes cuando se encontraban en el seno materno.


La aproximación se apoya en la epidemiología molecular que busca correlaciones entre factores ambientales y alteraciones génicas que contribuyen a la aparición de enfermedades. Esta aproximación no deja de concitar críticas, ya que hay biólogos que cuestionan este enfoque experimental porque apenas se conocen biomarcadores de susceptibilidad a exposición o a enfermedades precoces que permitan predecir patologías futuras.


Sin embargo, la ciudad china se ha considerado un buen caso de estudio para la epidemiología molecular ambiental: su central térmica de combustión de carbón se cerró en 2004. Algunos datos básicos son los siguientes: el carbón proporciona alrededor del 20 por ciento de la energía que se consume en China; en este país se encuentran 2 de los 10 lugares más contaminados del planeta; según la OMS, las enfermedades provocadas por la contaminación atmosférica causan la muerte de 650.000 ciudadanos chinos cada año, la incidencia más alta del mundo.


A pesar de las dificultades, Perera y sus colaboradores han encontrado que los aductos de “hidrocarburos aromáticos policíclicos” (HAP-ADN) son biomarcadores del mayor interés. Estos HAP se cuentan entre los contaminantes atmosféricos más frecuentes y dañinos, a la par que presentan una estructura molecular “ pegajosa” lo que facilita la formación de fuertes enlaces covalentes con el ADN. Estos complejos, o aductos ADN- contaminantes, perturban la duplicación del genoma durante la división celular, alterando las funciones de genes que promueven o evitan enfermedades.


Tingliang era un caladero de HAP hasta el cierre de la central eléctrica en 2004, hecho que motivó un cambio drástico en las condiciones atmosféricas de la ciudad, convirtiéndose así en un laboratorio en el que era posible medir el antes y el después.


Los datos epidemiológicos revelados son: los niños nacidos en 2002 tienen la cabeza más pequeña y obtienen puntuaciones inferiores en las pruebas de desarrollo que los nacidos después del cierre de la central; los primeros presentan niveles superiores de alteraciones genéticas relacionadas con la contaminación.


Dos lecciones a sacar para el futuro desarrollo de la biotecnología. Hay que contribuir a la expansión de la epidemiología molecular, que ha visto reducido su campo de acción y con ello, se ha ido desvaneciendo el entusiasmo inicial a medida que se han identificado etiologías complejas que implican cascadas de cambios bioquímicos para numerosas enfermedades. En segundo lugar, se debe reconocer que la investigación de biomarcadores en relación con problemas ambientales es un campo de indudable importancia y repercusión.


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