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Reportaje | Análisis genómico, nanoencapsulación y control de calidad microbiológico: tres herramientas ‘biotech’ clave para una alimentación saludable

Hablamos con nuestros socios sobre el futuro de estas técnicas de precisión a escalas casi invisibles para el ojo humano, su aplicación actual y las barreras que tienen a la hora de implementarlas

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¿Te imaginas poder comer una pizza congelada saludable? ¿O comprarte un pan hecho justo para ti? ¿O no sentirte culpable por perderte los beneficios del pescado al no poder comértelo por una alergia o por su sabor? ¿Te imaginas que tu sopa, completamente natural, tuviese toda la carga nutricional  que pide tu cuerpo? Las empresas biotecnológicas pueden hacer esto realidad, pese a que suene a ficción. El sector trabaja para conseguir esa alimentación de precisión y personalizada con unas tecnologías innovadoras que mejoran la calidad de los alimentos y sus aportes nutricionales, pero que también son sostenibles y respetuosas con el medioambiente. La clave es innovar para formar, implementar, escalar y llegar a los pasillos del supermercado o  al centro de salud del médico de familia. El consumidor, más consciente de la importancia de la alimentación saludable, está aumentando su demanda y los socios de AseBio se preparan para contestar. Hablamos con tres de ellos en etapas distintas de la cadena alimentaria. 

Antes de comenzar, lo más importante es saber qué necesita cada persona para disfrutar de los beneficios de la nutrición personalizada. En el laboratorio de genómica nutricional del Instituto IMDEA Alimentación se analizan los genes de las personas para poder ver, con precisión, lo que le falta, lo que le sobra, y lo que le hace daño, y cómo poder colmar sus carencias, evitar excesos y así ofrecerle complementos alimenticios que encajen con su estado de salud y perfil genómico. Este test desarrollado por IMDEA Alimentación  ya lo utilizan algunos endocrinos con sus pacientes, para hacerles recomendaciones específicas y aumentar la eficacia de sus tratamientos. “Es una manera de llevarlo a la sociedad y que podamos decirte cómo eres tú y que necesitas, con importantes aplicaciones en enfermedades complejas como la obesidad o el cáncer”, comenta Ana Ramírez de Molina, directora adjunta de IMDEA Alimentación y responsable del Programa de Investigación en Nutrición de Precisión y Cáncer.

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Esto nos lleva otra parte casi invisible, pero no por eso menos importante: la nano-encapsulación. Esta tecnología podría ser el paso siguiente al trabajo de IMDEA. Tras detectar las necesidades que tiene el paciente, gracias a la biotecnología, es posible desarrollar un preparado en polvo en el cual se encuentran todos los elementos necesarios, desde proteínas, vitaminas, minerales, entre otras muchas cosas, bajo el formato de nanocápsulas. Para hacernos una idea de la escala del producto, Mariano Oto, director general de Nucaps, nos confiesa que, en un cabello humano, cabrían 5.000 capsulitas. 

El caso es que podríamos poner este polvo en nuestra sopa, que tampoco afectaría su sabor, y, sin que tuviésemos que hacer mucho más, estas cápsulas llegarían a nuestro intestino dónde se liberarían los  elementos necesarios para mejorar nuestra salud. “Podemos hacerlo con cualquier principio activo que plantee un problema en vía oral por su rápida degradación, su poca absorción, o por su sabor desagradable. Conseguimos proteger el activo en su estabilidad en el almacenamiento, como en todo el proceso industrial hasta el producto final y su ingesta. De hecho, trabajamos en la liberación en intestino, estómago, boca o epidermis. Con esta tecnología es posible incorporar elementos nutricionales beneficiosos para la salud de una manera precisa, natural y económica”, detalla el director de esta empresa con actividad en siete países europeos y en un proceso de crecimiento planteado para 2022 y con mirada internacional.

Siguiendo con otro eslabón esencial de la cadena, “un must”, tenemos a nuestro socio IUL. S.A que trabaja en el control de calidad de los alimentos a nivel microbiológico, una etapa esencial para nuestra nutrición y salud. El control biológico fue con lo que comenzó la empresa en 1987. “Empezamos con pequeñas automatizaciones, con instrumentos que ya existían e innovaciones en el campo. Poco a poco fuimos mejorando y aportando nuestros productos y servicios a empresas de las más grandes de la industria alimentaria, como las más pequeñas”, nos cuenta Magalí Palau, Marketing Manager de la compañía. Hoy, los controles microbiológicos tradicionales pueden tardar entre 24 y 72 horas en dar un resultado. Uno de los objetivos de la empresa es continuar innovando y llegar a obtener estos resultados en menos tiempo y que, además, las empresas puedan dejar de externalizarlo y hacerlo ellas mismas por su sencillez. “Ya se analizan alérgenos con métodos muy rápidos y sencillos de utilizar, pero llegar a las bacterias es algo más complicado”, advierte Palau.  

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Algo parecido comentan desde IMDEA Alimentación. Ya se tiene mucha información sobre la lactosa, el gluten, la fructosa, por ejemplo, dónde utilizando la genética las instrucciones están establecidas, ya implantándose en distintos ámbitos, y con las que los consumidores empiezan a sentirse familiarizados. La etapa siguiente sería llegar a pasos más complejos en la personalización, por ejemplo, incluyendo la microbiota.  “Es más futurista, pero de la misma manera que se tardó en llegar a la medicina personalizada, estamos en el camino para llegar a la nutrición de precisión. Necesitamos más conocimiento y agilidad por parte de todos los agentes”, precisa Ramírez de Molina. 

Barreras, retos y aceptación

Nucaps, empresa navarra nacida en 2017 que trabaja con una tecnología de más de hace 10 años, empezó con un reto que debía ser superado cuanto antes para llegar al mercado: el escalado. “En el laboratorio lo teníamos muy claro, pero llevarlo a escala industrial fue uno de los mayores desafíos que tuvimos al principio. No es lo mismo desarrollar miligramos que cientos de kilos”. Luego fueron apareciendo más, como la estabilidad y la mejora de alimentos, manejando los cambios de presiones, las temperaturas y las nuevas tecnologías que van naciendo y a las cuales tienes que adaptar a tu sistema. 

Esta adaptación al contexto, a las otras maquinarías, a lo que ya existe o a lo que cambia, es un tema que también nos comentan desde IMDEA Alimentación y IUL. Cuenta Palau que en las técnicas de microbiología clásica no ha habido muchas transformaciones hasta los últimos años. “Nosotros intentamos transformar el sistema para que se adapte a la industria alimentaria que avanza, como por ejemplo con la conectividad que permite que las muestras analizadas con nuestros instrumentos tengan una mayor trazabilidad e integrar los resultados en sus sistemas, entre otras cosas. Pero nos tenemos que ceñir a la tecnología y los métodos aprobados por los organismos oficiales para analizar las muestras”, reconoce. 

Pero, aunque la industria evoluciona en tecnologías y demandas, IMDEA Alimentación observa también importantes barreras en recursos y agilidad en I+D. “Tener un departamento de I+D en una farma es algo evidente, en alimentación, a excepción de grandes empresas, es más raro. A pesar de la demanda social, la Nutrición de Precisión es una cosa nueva en España que acaba de nacer y todavía no está interiorizado por la industria. La demanda aumenta, sí, pero con poca información y conocimiento de los avances científicos que se están haciendo que podrían generar un alto valor añadido a determinados productos con grandes aplicaciones sociales y en salud pública. Todavía sentimos cierta reticencia en formar parte de proyectos innovadores”, advierte la directora adjunta del centro de investigación especialista en nutrición de precisión que empezó su actividad hace unos diez años.  

Como su nombre indica, la industria alimentaria es una cadena y “si no está todo el conjunto, no funciona”. Todos los expertos coinciden que tenemos que trabajar todos juntos para que ciencia y la industria vayan de la mano y permitan que estos avances lleguen antes a la sociedad para que, por fin, podamos comer no solo lo que debamos, si no también lo que queramos sin miedo a que nos haga daño y que además sea beneficioso para nuestra salud. 

 

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Por Agathe Cortes y Sofía Garro