AseBio

AseBio defiende la colaboración y la transferencia tecnológica como motores del sector biotecnológico

La innovación biotecnológica está basada en la transferencia de tecnología y la colaboración entre los distintos agentes del ecosistema, que deben trabajar alineados para convertir la investigación de frontera en soluciones reales que lleguen a los pacientes en forma de tratamientos, vacunas o soluciones de diagnóstico.

Científicos analizando muestras en un laboratorio
AseBio
Salud
Acceso a la innovación
Agroalimentación
Biotecnología industrial
Financiación
Talento

En AseBio defendemos firmemente la importancia de la colaboración y la transferencia de tecnología como pilares fundamentales para el desarrollo del ecosistema biotecnológico en España. Un sector con gran impacto que no sólo en la mejora de nuestra salud y de la sostenibilidad del planeta, sino también en nuestra economía y en la generación de empleo. En 2022 la actividad de las empresas biotech generó más de 16.600 millones de renta, lo que supone el 1,5% del PIB nacional. Además, la recaudación fiscal ascendió hasta los 6.483 millones de euros (0,6% del PIB), y contribuyen con 162.845 empleos, el 0,85% del empleo sobre el total. 

Muchas de las empresas que hoy componen este sector han nacido de una línea de investigación de una institución pública, ya que la colaboración y la transferencia es la forma más habitual de creación de compañías biotecnológicas. En este sentido, la transmisión de derechos de propiedad industrial desde Organismos Públicos de Investigación, universidades públicas y entidades dependientes de la Administración General del Estado a las empresas privadas es uno de los mecanismos a través del cual se produce la transferencia tecnológica.

La I+D+I es el eje central del modelo de negocio de las empresas biotecnológicas cuyas disruptivas innovaciones, a pesar del significativo impacto en el bienestar social, económico y en la sostenibilidad del planeta, dependen de mercados muy regulados y complejos. Como consecuencia, las compañías biotecnológicas se caracterizan por largos ciclos de maduración y, por tanto, por tener que hacer frente a varios años de inversiones sin disponer de ingresos con los que financiarse, así como por un alto riesgo de fracaso por tratarse de desarrollos que se encuentran en la frontera de la ciencia. Asimismo, las empresas con elevado endeudamiento son menos atractivas para los inversores y tienen mayores dificultades para obtener financiación privada. Por eso, las ayudas públicas son una de las vías de financiación clave para las compañías biotecnológicas. Un gran número de estas ayudas promueven la formación de consorcios público-privado con el fin de incentivar la colaboración entre el ámbito público y las compañías, mejorar su conexión, construir relaciones de confianza y poder así maximizar el impacto de la inversión en ciencia y desarrollo tecnológico  y disminuir la incertidumbre de las innovaciones en sus etapas tempranas. 

La innovación biotecnológica está basada en la transferencia de tecnología y la colaboración entre los distintos agentes del ecosistema, que deben trabajar alineados para convertir la investigación de frontera en soluciones reales que lleguen a los pacientes en forma de tratamientos, vacunas o soluciones de diagnóstico. Transferencia tecnológica y colaboración son las bases para que la inversión en ciencia tenga un impacto real en la sociedad. En este contexto, la Ley de Ciencia incentiva la transferencia de conocimiento y las empresas biotecnológicas se han especializado en cubrir uno de los eslabones más críticos de la cadena de la transferencia: convertir los descubrimientos científicos en tecnología.

La referida Ley pone en valor la excelente actividad investigadora en nuestro país, pero también alerta del reto que nos enfrentamos de trasladar este conocimiento científico al tejido productivo y que, finalmente, se transforme en soluciones reales para la sociedad. Una advertencia que también ha sido evidenciada por la Comisión Europea y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Por ello, en la Ley de la Ciencia de 2022 se establecieron mecanismos para incentivar al personal investigador a la publicación de los resultados de investigación en acceso abierto y realizar transferencia de conocimiento, así como facilitar las herramientas y suprimir los obstáculos para llevarlo a cabo. Junto a los méritos investigadores, esta Ley incorpora los méritos de transferencia de conocimiento ejecutados por el personal investigador, como conceptos evaluables a efectos retributivos y de promoción. Precisamente para incentivar la transferencia de tecnología y premiar al personal cuyos resultados generan impacto a través de dichas actividades, la ley establece que el personal investigador y técnico de los Organismos Públicos de Investigación, reciba al menos un tercio de los beneficios que obtengan por la explotación de los resultados de la actividad de investigación.

En este contexto, desde AseBio consideramos fundamental que la academia continúe progresando en su capacidad para transferir ciencia y conocimiento, con una visión que refuerce esta capacidad para lograr que la academia se relacione cada vez de mejor forma con el tejido empresarial. La transferencia es crucial para que toda la inversión que se realiza en ciencia tenga un impacto real en la sociedad y, para ello, es esencial no sólo entender la ciencia que se realiza desde la academia, sino también entender su potencial y desarrollo, así como las necesidades e intereses de las compañías biotecnológicas.