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La comunicación científica afronta una nueva etapa marcada por la confianza, el rigor y los nuevos formatos

Comunicar ciencia no consiste solo en combatir bulos, sino en construir una cultura científica que forme ciudadanos informados y críticos.

La comunicación científica afronta una nueva etapa marcada por la confianza, el rigor y los nuevos formatos
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La comunicación científica vive un momento de transformación. La pandemia de COVID-19 supuso un punto de inflexión que cambió la relación entre ciencia, medios de comunicación y sociedad, impulsando una mayor visibilidad de disciplinas como la biotecnología y situando conceptos científicos en el centro de la conversación pública. Sin embargo, este nuevo escenario también plantea desafíos relacionados con la desinformación, la velocidad de circulación de los contenidos y la necesidad de encontrar nuevas formas de conectar con la ciudadanía.

Estas fueron algunas de las principales conclusiones del debate “Comunicar biotecnología: percepción social, retos actuales y claves de futuro”, celebrado el pasado 21 de mayo en el marco de la entrega de los Premios AseBio de Comunicación y Divulgación de la Biotecnología 2026. Moderado por Ricardo Moure, el encuentro reunió a Belén Barroeta, presidenta de la Asociación de Comunicadores de Biotecnología (ComunicaBiotec), comunicadora científica en IMDEA Agua y profesora asociada de la Universidad Carlos III de Madrid; Laura Chaparro, responsable de redacción de SMC España de la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT); Mónica Gutiérrez, presidenta de la Federación Española de Biotecnólogos (FEBiotec); y Victoria Toro, directora de Comunicación de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT).

Las participantes coincidieron en señalar que la pandemia dejó un legado positivo en términos de cultura científica. La ciudadanía adquirió una mayor familiaridad con conceptos y procesos científicos, mientras que los medios de comunicación reforzaron su apuesta por fuentes expertas y periodistas especializados. Además, se consolidaron nuevas dinámicas de colaboración entre investigadores, gabinetes de comunicación y profesionales de la información que han contribuido a profesionalizar la cobertura científica.

Diferenciar entre la opinión de una persona científica y la evidencia científica

No obstante, el debate puso de manifiesto que una mayor presencia de la ciencia en el espacio público no siempre se traduce en una mejor comprensión. Las participantes alertaron sobre el riesgo de recurrir a voces que opinan fuera de su ámbito de especialización y recordaron la importancia de diferenciar entre la opinión de una persona científica y la evidencia científica. En este sentido, defendieron la necesidad de que los medios seleccionen cuidadosamente a sus fuentes y de que los propios investigadores se sientan cómodos reconociendo los límites de su conocimiento cuando una cuestión escapa a su área de experiencia.

La mejora de la percepción social de la biotecnología fue otro de los temas destacados. Las participantes coincidieron en que la comunicación ha desempeñado un papel fundamental para acercar la investigación a la sociedad y trasladar el impacto real de la biotecnología en ámbitos como la salud, la sostenibilidad o la alimentación. Empresas, instituciones, medios de comunicación y divulgadores han contribuido conjuntamente a generar una mayor confianza social en la ciencia, una confianza que, señalaron, se construye a largo plazo y que debe seguir alimentándose mediante una comunicación transparente y rigurosa.

Hace comprensible la complejidad sin renunciar a la precisión

Precisamente, el equilibrio entre rigor y accesibilidad ocupó una parte importante de la conversación. Frente a la idea de que la divulgación debe elegir entre ser atractiva o ser rigurosa, las participantes defendieron que los mejores comunicadores son aquellos capaces de hacer comprensible la complejidad sin renunciar a la precisión. Simplificar no significa deformar, coincidieron, sino adaptar el lenguaje y los formatos a las necesidades de cada audiencia manteniendo intacto el contenido científico.

En este contexto, las redes sociales se presentan como uno de los grandes retos y oportunidades para la comunicación científica. Plataformas como TikTok o Instagram permiten llegar a públicos jóvenes que consumen información de manera muy diferente a generaciones anteriores, pero también favorecen formatos breves que pueden simplificar en exceso determinados mensajes. Por ello, las participantes subrayaron la necesidad de impulsar nuevos perfiles profesionales capaces de combinar conocimientos científicos, habilidades periodísticas y dominio de los lenguajes digitales.

El riesgo de sobredimensionar determinados avances científicos

Otro de los aspectos analizados fue el riesgo de sobredimensionar determinados avances científicos. Las participantes alertaron sobre el denominado “hype científico”, que puede generar expectativas poco realistas cuando descubrimientos preliminares o resultados limitados se presentan como revoluciones inminentes. En este sentido, defendieron el papel de los medios como filtro crítico y recordaron que la comunicación científica debe incorporar también la reflexión ética, especialmente cuando aborda temas con un fuerte impacto social.

La lucha contra la desinformación estuvo igualmente presente a lo largo del debate. Frente a la proliferación de bulos y contenidos engañosos, las expertas coincidieron en que la mejor estrategia no siempre consiste en reaccionar cuando aparece la desinformación, sino en construir previamente una base sólida de conocimiento y confianza. Generar contenidos de calidad, accesibles y bien contextualizados es, a su juicio, una de las herramientas más eficaces para fortalecer la cultura científica de la sociedad.

Tensión entre velocidad y calidad en el actual ecosistema mediático

Las participantes defendieron que la rapidez no puede convertirse en una excusa para sacrificar el rigor y reclamaron modelos que permitan desarrollar un periodismo científico más reposado y de mayor calidad. En un entorno cada vez más saturado de información y marcado por el auge de la inteligencia artificial, consideraron que el valor diferencial de los profesionales de la comunicación seguirá siendo precisamente su capacidad para contextualizar, contrastar y explicar la información con criterio.

Como reflexión final, el debate reivindicó la importancia de los intermediarios en la comunicación científica. Médicos, enfermeras, farmacéuticos, periodistas y divulgadores desempeñan un papel esencial a la hora de trasladar el conocimiento científico a la ciudadanía y generar confianza en torno a los avances de la investigación.

La principal conclusión compartida por las participantes fue que comunicar ciencia no debe limitarse a combatir la desinformación o responder a las crisis cuando estas aparecen. El objetivo de fondo debe ser mucho más ambicioso: contribuir a construir una cultura científica sólida, capaz de formar ciudadanos informados, críticos y preparados para comprender los desafíos científicos y tecnológicos que marcarán el futuro.