España puede convertir las proteínas alternativas en un motor de competitividad si acelera I+D, escalado y certidumbre regulatoria
Dos informes recientes trazan el mapa del ecosistema español y cuantifican el potencial económico de la proteína alternativa: hasta 10.000 millones de euros anuales y 34.000 empleos en España en 2040 bajo un escenario de apoyo moderado, con impacto en agricultura, industria y exportaciones.
La transición hacia un sistema alimentario más sostenible y resiliente pasa también por diversificar las fuentes de proteína. En ese contexto, las proteínas alternativas representan una oportunidad estratégica para España y Europa, tanto por su potencial de innovación como por su capacidad de activar nuevas cadenas de valor en agricultura e industria.
Esta visión se apoya en dos publicaciones recientes: el Informe sobre el estado del ecosistema de proteínas alternativas en España (GFI Europe, con la colaboración de AseBio y de Eatable Adventures), que ofrece una radiografía del ecosistema de I+D y del tejido empresarial nacional; y el informe Seizing the economic opportunity of alternative proteins in Europe: Delivering prosperity from farm to factory (Systemiq, con la colaboración de GFI Europe), que cuantifica el potencial impacto económico del sector hasta 2040 en la Unión Europea y en España bajo un escenario de “apoyo político moderado”. Estos informes no incorporan la proteína procedente de insectos, una vía que desde AseBio consideramos parte de la diversificación proteica, pero que queda fuera del análisis de impacto aunque sí que incorporan otras fuentes como los alimentos plant-based, la carne cultivada y las alternativas procedentes de la fermentación.
Desde AseBio, como asociación que agrupa y representa a empresas y entidades del ecosistema biotecnológico, trabajamos para impulsar un modelo de crecimiento más competitivo y sostenible, guiado por el compromiso con la ciencia y la innovación, la colaboración y la ética. En esta línea, las proteínas alternativas constituyen un ejemplo claro de cómo la biotecnología puede traducirse en nuevas cadenas de valor, empleo cualificado y autonomía estratégica para el sector agroalimentario e industrial.
El ecosistema español según GFI Europe
El informe sobre el ecosistema español observa que la I+D en proteínas alternativas se ha centrado principalmente en proteínas de origen vegetal y que una parte significativa de la investigación se orienta al desarrollo de productos e ingredientes, un enfoque cercano al mercado coherente con el papel de los centros tecnológicos en la I+D española.
En paralelo, el ámbito empresarial muestra dinámicas similares: fuerte protagonismo de lo vegetal, con avances relevantes en fermentación y presencia de empresas en eslabones de la cadena de valor vinculados a alimentos cultivados (por ejemplo, equipamiento e insumos).
Además, el mercado plant-based continúa creciendo: las ventas minoristas en España de categorías vegetales alcanzaron 491 millones de euros en 2024, con un crecimiento del 9,8% respecto a 2023; y el 20,8% de los hogares compró carne vegetal al menos una vez en 2024.
No obstante, el propio informe señala que para que el sector despliegue todo su potencial, es necesario abordar retos como el acceso a financiación, a infraestructuras de escalado y a una mayor seguridad jurídica/certidumbre regulatoria.
El potencial de Europa y España según Systemiq
El informe europeo de Systemiq modeliza un escenario de apoyo político moderado en el que los productos mejoran en sabor y precio y los procesos regulatorios se vuelven más predecibles, habilitando el escalado y la inversión. Las predicciones presentadas en este análisis contemplan el impacto de este escenario en toda la cadena de valor. En ese contexto, la UE podría cubrir en 2040 alrededor del 10% de su demanda de carne y el 25% de su demanda de lácteos con proteínas alternativas.
En términos económicos, el análisis estima para la UE en 2040 una contribución de 111.000 millones de euros anuales de valor añadido bruto (GVA) en la UE, una oportunidad de mercado interno total (incluyendo cadena de valor) de 79.000 millones de euros, y un potencial exportador de 60.000 millones de euros al año. Además, en empleo, el sector podría sostener en torno a 414.000 puestos en 2040, con un 16% asociado a la producción agrícola de cultivos (arable farming).
Para España, el mismo análisis estima que, con apoyo político moderado, el sector podría aportar hasta 10.000 millones de euros anuales a la economía española y generar 34.000 empleos en 2040, con un mercado nacional de 6.700 millones y oportunidades de exportación de hasta 3.000 millones al año. Además, el informe incorpora una lectura por países que ayuda a dimensionar cómo esta oportunidad se expresa en distintos ecosistemas europeos. En el caso de Italia y Francia, los pronósticos también son muy favorables: 10.000 y 18.000 millones de euros anuales de GVA y 31.000 y 64.000 empleos respectivamente.
Este informe enfatiza que el crecimiento no se limita al producto final, sino que se extiende a sectores como equipamiento especializado, automatización, control de calidad y servicios técnicos avanzados, reforzando el carácter de oportunidad industrial.
Visión de AseBio
Desde AseBio, leemos estos dos informes como piezas complementarias de un mismo diagnóstico: España ya dispone de capacidades científicas, tecnológicas y empresariales en proteínas alternativas, pero el salto hacia una ventaja competitiva sostenida exige convertir la innovación en industria.
Por un lado, GFI Europe confirma que el ecosistema nacional ha avanzado especialmente en proteínas de origen vegetal y en una I+D orientada al desarrollo de productos e ingredientes, al tiempo que muestra avances relevantes en fermentación y en eslabones industriales vinculados a la cadena de valor de nuevas tecnologías alimentarias.
Por otro lado, Systemiq cuantifica qué significaría convertir esa base en una apuesta industrial: en un escenario de apoyo político moderado, el sector podría generar en España en 2040 una aportación económica relevante y empleo, activando oportunidades que van más allá del alimento final y alcanzan a sectores como equipamiento, automatización y servicios técnicos.
Así, el mensaje común de ambos informes es claro: el crecimiento del sector no dependerá solo del dinamismo emprendedor, sino de tres habilitadores que requieren acción coordinada público‑privada. En primer lugar, reforzar la I+D y la transferencia para acelerar la mejora de producto (sabor, textura, coste) y consolidar el pipeline tecnológico que ya existe en España. En segundo lugar, desbloquear infraestructura de escalado (piloto e industrial) para que la innovación no se quede en laboratorio y se traduzca en capacidad productiva, atracción de inversión y cadenas de suministro domésticas. Y, en tercer lugar, garantizar seguridad jurídica y procesos regulatorios predecibles, porque la certidumbre es un prerrequisito para movilizar capital, planificar inversiones y competir desde Europa con estándares exigentes de seguridad alimentaria.
Aunque ambos informes ofrecen una radiografía muy valiosa del ecosistema y del potencial económico de las proteínas alternativas en España y en Europa, conviene tener presente que su alcance no incorpora la proteína procedente de insectos. Desde AseBio, entendemos la diversificación proteica de forma más amplia e incluimos también esta vía; por eso, creemos importante enmarcar el debate con rigor y transparencia, con información clara para el consumidor y un entorno que aporte certidumbre al desarrollo del sector.