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Reportaje | Las nuevas fuentes de proteínas que revolucionan la alimentación del futuro

Microalgas, hongos, gusanos y subproductos son alternativas proteicas que llegarán a nuestro plato. Hablamos con algunas empresas para que nos cuenten los principales beneficios y su visión a largo plazo

imagen algaenergy
By Agathe Cortes
Alimentación

La población no para de crecer, pero los recursos del planeta son finitos. Una de las mayores preocupaciones que ocupa los debates políticos y sociales es la capacidad de producir alimentos de calidad de manera sostenible para todo el mundo, teniendo en cuenta que seremos hasta 10 mil millones de habitantes pisando la tierra y necesitando comida para 2050. 

¿Cómo conseguir abastecer alimentos a toda la población sin destrozar el planeta? ¿Cuáles son las alternativas más sostenibles, pero también adecuadas desde el punto de vista nutricional? Es el momento de buscarlas, de llevarlas al mercado y ya están en el punto de mira de la sociedad y ya han despertado el apetito de los inversores. 

Hablamos con cuatro de nuestros socios que trabajan en nuevas fuentes de proteínas, desde microalgas, semillas, hasta hongos, gusanos pasando por los subproductos que genera la industria agroalimentaria. 

Las microalgas: una materia prima única, inagotable y productiva

Nos explica Raschid Stoffel, responsable de Alimentación y Bebidas de AlgaEnergy, empresa que lleva casi 15 años trabajando en esta área, que las microalgas tienen características especiales y que “les debemos la vida”. Al ver cómo habla de ellas, parece incluso que son mágicas. Son inagotables y altamente productivas, crecen en todo tipo de aguas, su cultivo no compite con la producción de otras materias primas y tienen una extraordinaria biodiversidad. “Eso hace de las microalgas una materia con gran potencial”, insiste. Según el experto, estos organismos contienen todos los aminoácidos esenciales que nuestro organismo no puede sintetizar y péptidos bioactivos muy interesantes. “Hay estirpes que son muy ricas en grasas saludables, como son los ácidos grasos omega-3. Además, tienen una gran cantidad de pigmentos antioxidantes, vitaminas, minerales…”, enumera Stoffel. De hecho, ya hay productos comercializados por todo el mundo con esta nueva fuente nutritiva en su composición desde nutraceúticos hasta pasta, barritas de cereales, bollerías y bebidas.

Si son tan beneficiosas, ¿por qué no se extiende aún más el consumo? La principal barrera que destaca el experto es la regulatoria: “En Europa solo se pueden comercializar un número pequeño de especies de microalgas y la aprobación de nuevas biomasas o de sus compuestos es largo y costoso”.

Para Stoffel, la industria tiene una gran responsabilidad y habría que reformular una gran parte del surtido de productos que encontramos en los supermercados e incluir más ingredientes naturales. “Soluciones como las que proceden de las microalgas ayudan a equilibrar la dieta y completarla. Es importante que actuemos, ya que la clave para prevenir muchas enfermedades del siglo XXI radica en lo que comemos a lo largo de nuestras vidas.foto MOA

Los subproductos de la industria alimentaria: materias primas sostenibles y de bajo coste

MOA foodtech es una empresa que combina biotecnología e inteligencia artificial para convertir los subproductos de la industria agroalimentaria en un producto de alto valor añadido que introducen de nuevo en el mercado. “La oportunidad que generan estas materias primas son enormes”, comienza Bosco Emparanza, CEO y fundador de la compañía. “Se estima que la agricultura arable produce alrededor de ocho mil millones de toneladas de desechos de carbohidratos al año”. La idea es encontrar una manera de fermentar esos carbohidratos y producir proteínas. 

“La sociedad y el planeta necesitan alimentos más nutritivos y sostenibles. La biotecnología es la clave”, asegura Emparanza. Estas materias primas son de bajo coste, permiten diseñar y desarrollar medios de cultivo sostenibles y con estos microorganismos, gracias al proceso de fermentación, es posible hacer la conversación de sustrato en proteína de manera mucho más eficiente que un animal. “Nuestro producto, aparte de tener un alto contenido de proteína, tiene un perfil completo de aminoácidos esenciales, betaglucanos que mejoran el sistema inmunológico, omegas y mayor digestibilidad que la mayoría de las alternativas vegetales”.

Sin embargo, de nuevo, la regulación pone freno a este crecimiento evidente del sector de proteínas alternativas. Mientras Emparanza ve cómo el mundo avanza hacia una alimentación del futuro que integre estas nuevas fuentes de proteínas, Europa “va un poco más lento”. Pese a ello, se muestra positivo ya que la sociedad quiere una mejor calidad de vida, y por ello, cambian sus hábitos, los alimenticios incluidos. “Estamos descubriendo como eso también puede tener un impacto positivo en el medio ambiente”, concluye. 

Los gusanos: una fuente saludable y nutritiva

Está calando cada vez más en la sociedad que en la alimentación del futuro habrá insectos. Tebrio lo sabe y ya está trabajando en la introducción de una nueva fuente de alimento en la cadena de valor agroalimentaria, el Tenebrio molitor, ya bien sea para alimentación humana (ya aprobado por la Unión Europea) o animal. “Estamos ante una materia prima que tiene unos beneficios directos para la salud y la nutrición de aquellos que la consuman”, afirma Adriana Casillas, CEO y fundadora de la empresa ‘biotech. El equipo de Casillas ha demostrado que determinados péptidos pueden ayudar a reducir la insulinodependencia en pacientes diabéticos de tipo 1, mientras que, en los animales, han visto que mejora el sistema inmune y gástrico. “Ese último punto conlleva que los consumidores finales podamos acceder a alimentos más seguros y saludables”

Como nos cuenta Casillas, ellos ya no hablan de concepto sino de realidad. “Ya estamos en el mercado”. Para llegar al ser humano, la clave es a través de la alimentación de los animales que después consumimos, ayudando a su vez a la sostenibilidad de la producción agroalimentaria. Tampoco se habla de sustitución de lo que ya existe, sino más bien de complementación de las fuentes actuales y aumento de la calidad. foto insecto tebrio

Mentalizar a la población para que coma insectos no parece una tarea fácil. “Tenemos mucho trabajo educativo por delante”, reconoce la experta. Pero el consumo se puede hacer de manera indirecta. “¿Quién va a decir que no a un pescado que se haya alimentado de insectos? ¿Quién va a negar que nunca ha visto un ave comer insectos? ¿Hay alguien que no conozca que los insectos son un alimento natural para muchas especies animales [que también comemos]?” 

Los hongos: además de proteína, vitaminas y fibra

El centro tecnológico Ainia lleva varios años trabajando e innovando en la manera de adecuar las características nutricionales de los productos y haciendo tecnológica y económicamente viable los procesos productivos de proteínas alternativas. Desde el centro, están convencidos de que todas las tendencias indican que la llegada de nuevas fuentes te proteínas que vengan a complementar la alimentación actual “es una realidad cercana”. 

Otras proteínas que destacan desde Ainia son los hongos (que engloban mohos y levaduras) que tienen un gran potencial debido a su alto contenido en proteínas (entre un 30 y un 50%) y presentan un perfil aminoacídico que cumple las directrices de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura). “Además, los hongos proporcionan vitaminas del grupo complejo B y las paredes celulares son ricas en glucanos, que aportan fibra a la dieta”, explican fuentes de la entidad. 

En definitiva, todos los discursos van en la misma línea y destacan que algunos de los retos actuales son la sostenibilidad de los procesos productivos, la mejora de los perfiles nutritivos de las nuevas alternativas para atraer al consumidor y romper barreras regulatorias y culturales que “frenan la llegada al mercado de estos productos”, que como hemos visto, son beneficiosos para la salud del ser humano y del planeta.

 

 

Foto 1: Microalgas de AlgaEnergy

Foto 2: Equipo de MOA foodtech

Foto 3: Los gusanos de Tebrio