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TRIBUNA: Neurociencia e Inmunología, una convergencia interdisciplinar revolucionaria (por Emilio Muñoz)
La neurociencia prosigue una senda de logros científicos que se fundamentan en el empleo de técnicas de imagen de creciente sofisticación y en las reflexiones compartidas con las ciencias humanas y sociales, y que son cada vez más intensas con las ciencias cognitivas y la psicología. Este camino trufado de conexiones encuentra un sustantivo reflejo en la alta divulgación.
Pero quizás lo más deslumbrante de tal recorrido sea, en relación con los términos de la (re) evolución de las ciencias biológicas contemporáneas, la interacción que a lo largo de la última década se viene estableciendo entre el cerebro y otros sistemas y órganos. Empezó con la atribución al sistema digestivo de la condición de segundo cerebro (Michael Gershon, 1998) que gozó de prestigio científico y sobre todo mediático en la primera década del siglo XXI.
En ese reconocimiento, ha intervenido la mezcla, que entonces empezaba a ser preocupante, del científico y el actor económico en personas que diluían verdades para convertirlas en dogmas –algo de dudosa respetabilidad en el campo de la ciencia que se rige por el método científico y se siente inspirado en la ética de la responsabilidad. Pronto y de modo sorprendente, esa relación encontró razones de más peso que estar apoyada en el dato de que el sistema digestivo cuenta con 100 millones de neuronas y un sistema vago entérico además de disponer de neurotransmisores en ese tracto: el dato nuevo fue la emergencia del microbioma y sus relaciones con la alimentación y el sistema neuroendocrino e inmunitario. De aquí deriva la nueva e interesante área de la medicina que se ha llamado primero integrativa, y que rápidamente ante la complejidad de la cuestión, ha devenido en un campo interdisciplinar que aborda el sistema intestinal como órgano psico-neuro-endocrino-inmunológico.
Ahora el hecho que rompe moldes y hasta obliga a revisar manuales y libros de texto sobre medicina y anatomía es la posibilidad, sustentada con importantes evidencias y que se ha recogido en la alta divulgación en el año 2018, de romper la visión del clásico aislamiento entre los dos sistemas más complejos del organismo, el nervioso y el inmunitario. El número de octubre de 2018 de Investigación y Ciencia se rotulaba, con rotundidad y nitidez, “Inmunidad y cerebro”, con un subtitulado que explicitaba tal conjunción: “Hasta ahora el sistema inmunitario se creía separado del nervioso. Nuevas investigaciones revelan una profunda conexión entre ambos”. Ante la importancia del descubrimiento, he tratado de cotejar el tratamiento que se le ha prestado en la fuente original, Scientific American. La importancia dada ha sido incluso superior puesto que el artículo se calificó de cabecera (“cover story”) del número de agosto de 2018, como ocurría en el caso español, pero contaba además con un texto de Mariette DiChristina, editora, dando entrada al artículo de Jonathan Kipnis, titulado de modo provocador “The seventh sense” (“El séptimo sentido”).
El número en español tiene asimismo como primer artículo del número el trabajo de Jonathan Kipnis, pero con un título distinto, más atemperado por prudente y explicativo, “El estrecho nexo entre la inmunidad y el cerebro” (págs. 20-27); sin embargo no aparece el texto de la editora. Por otra parte, Jonathan Kipnis rompe moldes con su filiación (¿afiliación?) puesto que se acredita como profesor y catedrático de neurociencia y director del Centro Inmunología Cerebral y Glía de la Facultad de Medicina de la Universidad de Virginia y señala que su investigación gira en torno a las interacciones entre el sistema nervioso e inmunitario. Con esta fórmula, el autor disocia su actividad docente e investigadora de modo claro y rompe los moldes de la sociología y la política de la ciencia.
Aun a trueque de ser inmodesto, no puedo dejar de mencionar unas recomendaciones que expuse en mi contribución introductoria al ámbito de la biología como editor del volumen 4 de la obra España Siglo XXI en 2009 [1]. Trascribo: “No parece lógico apostar por el desarrollo de proyectos de acuerdo con los esquemas tradicionales…que seleccionan y juzgan desde la óptica de las disciplinas… sería más operativo… promover y promocionar proyectos de investigación y desarrollo tecnológico en función de objetivos temáticos … La investigación biológica con proyección médica debería articularse sobre bases multi e interdisciplinares, acorde con la complejidad de la biomedicina … Es razonable, sin embargo, que se mantengan y potencien departamentos universitarios de corte disciplinar con el objetivo de suministrar las bases teóricas de cada disciplina, sus trayectorias históricas y su evolución. El encuentro de una convergencia evolutiva intelectual entre la propuesta de hace diez años por un español apasionado por la política científica y un hecho real de un investigador norteamericano sin ninguna relación personal, expuesto a miles de kilómetros y diez años después de distancias, es simplemente una satisfacción.
Jonathan Kipnis escribe con maestría y con (auto) contención lo que es el relato de un gran logro personal. Hay que agradecer al autor que se auto modere, pero lo que no puede sorprender, en aras a la propia evidencia científica, es que el segundo apartado del texto se titule “Reescribir los libros de texto” sin falsa modestia, porque lo que se relata son las evidencias que “permiten una creciente revalorización del papel del sistema inmunitario en la reparación de tejidos dañados“ y que llevaron a revisar su cometido en el sistema nervioso central (SNC). El examen atento del SNC en ratas y ratones reveló la influencia de multitud de células inmunitarias: trabajos de M. Schwartz (Instituto Weizmannn) a finales de los noventa probaron que la estimulación de la respuesta inmunitaria ayudaba a corregir los problemas generados por la eliminación de las células inmunitarias tras una lesión en el SNC, que agravaba la destrucción de neuronas y deterioraba la actividad cerebral. Mientras que en años posteriores estudios liderados por Stanley Appel (Hospital Metodista de Houston) y Mathew Blurton-Jones (Universidad de California en Irvine) descubrieron que ratones que por manipulación genética perdían la inmunidad adquirida, presentaban enfermedades neuronales (ELA y Alzhéimer) con mayor rapidez y gravedad que los normales, y al restaurar la inmunidad adquirida, se hacía más lenta la progresión de la enfermedad. Como el autor reconoce, esa protección del SNC por intervención inmunitaria parecía ilógica pero estudios comportamentales de Kipnis en colaboración con otros investigadores sobre ratones carentes de inmunidad adquirida, sometidos a distintos estímulos estresantes (olor de depredadores naturales y procesos de aprendizaje), comprobaron alteraciones en el aprendizaje espacial y en el comportamiento social.
La comprensión de la “Relación neuro inmunitaria” basada en las investigaciones recientes (de Kipnis, y otros investigadores como Robert Dantzen, Keith Kelly, Mario del Bono y Gloria Choi sobre las citocinas) se ilustra en las dos terceras partes de las páginas 24 y 25 con la habitual infografía de la revista. Los datos principales son: los vasos sanguíneos que irrigan el encéfalo se componen de células endoteliales; las meninges-las membranas que rodean el parénquima- son multifuncionales en lugar de ser un reservorio de líquido cefalorraquídeo; este líquido es un vehículo de transporte de citocinas desde las células inmunitarias periféricas y por lo tanto influencia el comportamiento de las neuronas.
La propuesta revolucionaria de Kipnis es que además del sexto sentido al que se asocia con la propiocepción- percepción de la posición y movimiento del cuerpo- , la potencial integración de la respuesta inmunitaria en el cerebro, constituiría el séptimo sentido. ¡Apasionante! [2]
Emilio Muñoz, presidente del Comité Científico de Asebio
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[1] C. Sánchez del Río, E. Muñoz y E. Alarcón, (eds.), vol. 4 Ciencia y Tecnología, en España Siglo XXI (S. del Campo y J.F. Tezanos, directores), Madrid, Biblioteca Nueva, 2009
[2] J. Kipnis, “Immune system: The seventh sense”, Journal of Experimental Medicine, vol. 215, nº2, pp. 397-398, 2018.