#VozBiotech | Biotecnología: la oportunidad de Europa para competir, innovar y liderar
Cristina Nadal, presidenta de AseBio.
Cada 16 de junio se celebra el Día Internacional de la Biotecnología. Una fecha que invita a reconocer el impacto de una tecnología que, aunque muchas veces pasa desapercibida para la ciudadanía, es esencial a la hora de abordar muchos de los grandes desafíos de nuestro tiempo: la salud, la alimentación, la sostenibilidad, la energía, la seguridad o la competitividad industrial.
Este año, además, la celebración llega en un momento especialmente trascendental para Europa. Tras los recientes debates sobre autonomía estratégica, resiliencia industrial y soberanía tecnológica, la biotecnología ha dejado de ocupar un espacio periférico en las políticas comunitarias para situarse en el centro de la agenda europea. La propuesta de la Biotech Act es una prueba de ello.
Bruselas ha entendido algo que el sector lleva años remarcando: la biotecnología no es únicamente una actividad científica o una industria innovadora: es una capacidad estratégica. Una tecnología habilitadora con potencial para transformar sectores enteros de la economía y reforzar la posición de Europa en un entorno global cada vez más competitivo.
Los acontecimientos de los últimos años no han hecho sino corroborar esta reflexión. La pandemia puso de manifiesto la importancia de disponer de capacidades propias para desarrollar y fabricar soluciones sanitarias. A su vez, las tensiones geopolíticas han remarcado la vulnerabilidad de determinadas cadenas de suministro; y la transición hacia una economía más sostenible exige nuevas herramientas que permitan producir más con menos recursos. En todos estos ámbitos, la biotecnología aporta respuestas concretas y estratégicas.
Sin embargo, mientras otras regiones avanzaban con políticas industriales ambiciosas, Europa ha convivido durante demasiado tiempo con obstáculos que lastran el crecimiento de sus empresas innovadoras: fragmentación normativa, dificultades para acceder a financiación especializada, carencias en infraestructuras de escalado y una limitada capacidad para traducir la excelencia científica en liderazgo industrial.
La Biotech Act representa una oportunidad para empezar a corregir, y abordar, estas debilidades estructurales. La propuesta de la Comisión Europea incorpora elementos especialmente relevantes para el ecosistema, como la simplificación regulatoria, el impulso a la innovación, una mayor disponibilidad y acceso a financiación o la integración de tecnologías emergentes como la inteligencia artificial.
Desde AseBio valoramos muy positivamente esta iniciativa, en cuya construcción hemos participado desde el inicio mediante aportaciones basadas en el conocimiento del sector y la escucha activa de nuestros socios. Sin embargo, pese a los avances, Europa aún debe elevar su nivel de ambición. Si queremos competir con Estados Unidos y China en un ámbito tan estratégico, será necesario acompañar esta visión con recursos suficientes, mecanismos de implementación eficaces y una apuesta decidida por la biofabricación, la transferencia tecnológica y el escalado industrial.
Ha quedado claro que el reto ya no es solo generar conocimiento, sino convertirlo en empresas, productos, empleo y crecimiento económico dentro de Europa. En este contexto, España parte de una posición favorable para aprovechar esta oportunidad.
Los datos que recoge el Informe AseBio 2025 demuestran que contamos con un ecosistema biotecnológico cada vez más sólido, dinámico y preparado para competir a escala internacional. La actividad de las empresas biotech genera ya más de 13.270 millones de euros de renta, equivalente al 1,2% del PIB nacional, generando más de 158.000 empleos. Además, hablamos de empleo altamente cualificado y con salarios significativamente superiores a la media nacional.
La inversión también refleja la confianza creciente en el sector. En 2025 las empresas biotecnológicas españolas alcanzaron un récord histórico de captación de capital, superando los 400 millones de euros. Se trata de un crecimiento sin precedentes que confirma la capacidad de nuestras compañías para atraer inversión y desarrollar proyectos de alto valor añadido.
A ello se suma un esfuerzo sostenido en investigación y desarrollo. Las empresas biotech invirtieron 1.460 millones de euros en I+D durante 2024, un 13,9% más que el año anterior. Esta cifra sitúa al sector entre los más intensivos en investigación de toda la economía española y evidencia un hecho diferencial: la innovación es el núcleo de nuestro modelo de negocio.
También contamos con uno de los activos más importantes para afrontar el futuro: nuestro talento. España mantiene una posición destacada en producción científica en biotecnología y continúa aumentando el número de estudiantes que optan por esta disciplina. En la última década, las matriculaciones en estudios universitarios de biotecnología han crecido más de un 40%, reflejando el atractivo de un sector que ofrece oportunidades profesionales ligadas al conocimiento, la innovación y el impacto social.
Todo ello ha permitido que el ecosistema empresarial siga creciendo hasta superar las 1.100 compañías distribuidas por todo el territorio nacional. Empresas que desarrollan soluciones para la salud humana, la alimentación, la agricultura, el medioambiente o la biotecnología industrial y que contribuyen a fortalecer la capacidad innovadora del país.
Ahora debemos aprovechar el momento. La Biotech Act puede convertirse en el catalizador que permita transformar el potencial biotecnológico europeo en liderazgo económico e industrial, ayudando a crear un entorno donde las empresas innovadoras encuentren la financiación, la regulación y las infraestructuras que necesitan para crecer sin abandonar Europa. Puede impulsar nuestra competitividad y reforzar nuestra autonomía estratégica en ámbitos tan esenciales como la salud, la alimentación, la sostenibilidad o la seguridad. La pregunta ya no es si la biotecnología será estratégica para Europa. Ya lo es. La clave está en crear las condiciones que permitan escalar, consolidar las capacidades industriales y, por tanto, liderar su desarrollo.
Contamos con la oportunidad y partimos de una base sólida. Ahora debemos ser más ambiciosos y asegurar el impulso político necesario para traducir ese potencial en crecimiento, innovación y competitividad para las próximas décadas.