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Agricultura regenerativa: la biotecnología para recuperar la salud del suelo y producir de forma más sostenible

Con motivo del Día Mundial de la Agricultura, desde AseBio analizamos junto a nuestro socio Phoenix Biosolutions cómo las soluciones biotecnológicas basadas en microalgas y bioestimulantes pueden contribuir a una agricultura más sostenible, regenerativa y resiliente.

Agricultor sosteniendo una planta en un campo de cultivo
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La agricultura afronta el reto de garantizar la producción de alimentos en un escenario de creciente presión sobre recursos esenciales como el suelo y el agua y de impactos cada vez mayores del cambio climático. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), más del 60% de la degradación de las tierras provocada por la actividad humana se produce en terrenos agrícolas, mientras que la agricultura concentra más del 70% de las extracciones de agua dulce a escala mundial. Además, alrededor de 1.700 millones de personas viven actualmente en zonas donde el rendimiento de los cultivos se ha reducido al menos un 10% como consecuencia de la degradación de las tierras inducida por la actividad humana.

El desafío también es especialmente relevante en Europa. Se estima que entre el 60 y el 70% de los suelos de la Unión Europea se encuentran en un estado no saludable, afectados por procesos como la erosión, la pérdida de carbono y nutrientes, la compactación, la contaminación o el sellado. A esta presión se suma el impacto del cambio climático: en 2025, la sequía severa afectó a cerca de 928.000 km² en Europa y alrededor de 112.000 km² de tierras de cultivo no recuperaron sus niveles habituales de productividad vegetal, según los datos de la Agencia Europea del Medio Ambiente.

Ante este escenario, la agricultura regenerativa plantea avanzar hacia modelos productivos capaces no solo de reducir su impacto ambiental, sino también de recuperar la salud y fertilidad de los suelos, favorecer la biodiversidad, mejorar la gestión de los recursos y aumentar la resiliencia de los cultivos frente a condiciones ambientales adversas.

La biotecnología ofrece nuevas herramientas para avanzar en esta transformación. El conocimiento y aprovechamiento de los microorganismos del suelo, el desarrollo de biofertilizantes y bioestimulantes, las soluciones basadas en microalgas o la aplicación de tecnologías ómicas para comprender el microbioma agrícola permiten actuar sobre algunos de los procesos biológicos que determinan la salud del suelo, la disponibilidad de nutrientes y el desarrollo de los cultivos.

Con motivo del Día Mundial de la Agricultura que se celebra este 9 de septiembre, desde la Asociación Española de Bioempresas (AseBio) analizamos cómo la innovación biotecnológica puede contribuir a avanzar hacia una agricultura más sostenible y regenerativa. Para ello, contamos con nuestro socio Phoenix Biosolutions, que trabaja en el desarrollo de soluciones basadas en microalgas y bioestimulantes para mejorar la salud del suelo y la resiliencia de los cultivos y reducir la dependencia de insumos químicos.

Microalgas y bioestimulantes: nuevas soluciones para cultivos más resilientes

Entre las soluciones que están ganando protagonismo en el ámbito de la agricultura regenerativa se encuentran los bioestimulantes desarrollados a partir de microalgas. Su potencial reside, entre otros aspectos, en su extraordinaria diversidad metabólica. De una misma biomasa pueden extraerse péptidos y aminoácidos, polisacáridos y exopolisacáridos, betaínas, esteroles, carotenoides, compuestos fenólicos, vitaminas y micronutrientes.

Esta riqueza permite desarrollar bioestimulantes capaces de actuar tanto sobre el suelo como sobre la propia planta. Como explica Carlos Rodríguez-Villa Förster, CEO y Founding Partner de Phoenix Biosolutions, “esa riqueza permite formular bioestimulantes que actúan simultáneamente sobre el suelo y sobre la planta, que es exactamente lo que exige un enfoque regenerativo”.

En el suelo, las microalgas activan los ciclos de carbono y nitrógeno fácilmente asimilables, alimentando a los microorganismos y a las plantas. Sus exopolisacáridos favorecen además la formación y estabilidad de los agregados, con efectos sobre la estructura del suelo, la retención de agua y la capacidad de intercambio catiónico. La estimulación de comunidades microbianas, como las micorrizas y las bacterias promotoras del crecimiento, contribuye a mejorar el ciclado de nutrientes y la disponibilidad de fósforo y micronutrientes ya presentes en el suelo pero que los cultivos no pueden aprovechar.

Su acción también puede producirse directamente sobre la planta mediante aplicación foliar. En este caso, contribuyen a activar mecanismos de tolerancia frente al estrés y pueden ayudar a la recuperación posterior, además de favorecer una arquitectura radicular más densa y exploratoria. El objetivo es conseguir cultivos con una mayor capacidad para absorber agua y nutrientes y para resistir y recuperarse frente a situaciones de sequía, salinidad o golpes de calor.

A estas características se suma el componente de sostenibilidad de su producción. Las microalgas se producen fijando CO₂ y sin competir por suelo agrícola ni por agua dulce de calidad. Para Rodríguez-Villa, recurrir a estos organismos supone, en cierta medida, “volver al origen de las plantas para encontrar la solución del futuro”.

Del desarrollo biotecnológico a su aplicación en el campo

Sin embargo, desarrollar nuevas soluciones biológicas es solo una parte del desafío. Su incorporación efectiva a la agricultura requiere que puedan producirse y utilizarse de manera competitiva y a gran escala. Uno de los problemas que identifica Phoenix Biosolutions está relacionado con la propia naturaleza de los bioestimulantes líquidos: gran parte de su composición es agua y, en el modelo convencional, pueden recorrer miles de kilómetros desde una planta central hasta el lugar en el que finalmente se utilizan. A los costes y la huella de carbono asociados al transporte se añade que se trata de productos biológicos sensibles al tiempo y la temperatura, que pueden perder actividad durante el recorrido.

Para responder a este problema, Phoenix Biosolutions plantea un modelo Technology as a Service basado en trasladar la tecnología de producción al punto de uso en lugar de transportar el producto terminado. Cooperativas, distribuidores o las propias explotaciones pueden disponer así de capacidad de producción local y pagar por el acceso a la tecnología y al servicio.

Según Rodríguez-Villa, este planteamiento permite al agricultor disponer de producto fresco y biológicamente activo en el momento de su aplicación, reducir y hacer más predecible el coste por hectárea, adaptar la solución a las características concretas del cultivo, el suelo, el agua y el calendario de estreses, y contar con una cadena de suministro más resiliente y menos dependiente de las importaciones.

Pero la extensión de estas innovaciones requiere superar todavía diferentes barreras. Desde Phoenix identifican cuatro elementos fundamentales: disponer de evidencia agronómica robusta, a través de ensayos independientes y métricas comparables; contar con un marco regulatorio que permita o incentive la adopción de tecnologías innovadoras; reforzar la formación y el asesoramiento técnico; y avanzar en la automatización y facilidad de uso de las nuevas soluciones.

La formación resulta especialmente relevante porque incorporar soluciones biológicas implica también modificar la forma de trabajar. “Adoptar soluciones biológicas no es sustituir un producto por otro: es un cambio de manejo”, destaca Rodríguez-Villa, quien advierte de que “sin acompañamiento técnico, la mejor tecnología no llega a la parcela”.

La otra clave pasa por conseguir que toda la complejidad científica y tecnológica que existe detrás de estas soluciones no se traslade al usuario. Phoenix trabaja para integrar dentro de su sistema aspectos como la selección de la cepa, las condiciones de cultivo, los procesos de hidrólisis, los algoritmos de producción o la estabilización del producto. El objetivo final es que el agricultor pueda beneficiarse de la biotecnología sin necesidad de conocer los complejos procesos que hacen posible su funcionamiento.

De esta manera, la innovación en microalgas y bioestimulantes plantea una doble vía para avanzar en agricultura regenerativa: desarrollar soluciones que actúen sobre la salud del suelo y la resiliencia de los cultivos y, al mismo tiempo, encontrar nuevos modelos que permitan trasladarlas de forma efectiva y competitiva al campo.