#BIOSPAIN2026 | España y Europa ante la oportunidad de convertirse en una potencia biotecnológica
Cristina Nadal, Directora Ejecutiva de Government Affairs de MSD España y presidenta de AseBio.
En un contexto geopolítico cada vez más complejo, polarizado y competitivo, la biotecnología se ha convertido en un activo esencial para reforzar nuestra autonomía estratégica, nuestra resiliencia, nuestro crecimiento económico y nuestra identidad.
Con el reciente impulso normativo promovido por la Comisión Europea, la Biotech Act I, presentada el 16 de diciembre de 2025, la UE busca consolidarse como un "biotech powerhouse". Con ello, hablamos de mucho más que de impulsar un sector o un conjunto de empresas. Hablamos de consolidar ecosistema. Un ecosistema que sea capaz de transformar excelencia científica en innovación, innovación en inversión e inversión en crecimiento económico, capacidad industrial y soluciones concretas para los pacientes y para la sociedad.
Los grandes referentes internacionales comparten una misma fórmula. Boston y Cambridge combinan universidades y hospitales de primer nivel con capital riesgo, aceleradoras y grandes compañías. La Bahía de San Francisco une biotecnología, genómica y biología sintética con la inteligencia artificial. El eje Londres, Cambridge y Oxford destaca en investigación médica y terapias avanzadas. Medicon Valley y otros polos europeos muestran el valor de conectar ciencia, empresa e infraestructuras especializadas.
Asia avanza con la misma ambición. China ha desarrollado polos de innovación en ciudades como Pekín, Shanghái, Suzhou y Shenzhen. Singapur ha construido alrededor de Biopolis una plataforma científica y empresarial con proyección regional. Corea del Sur destaca en biofabricación y biosimilares. Japón mantiene una posición relevante en investigación biomédica y medicina regenerativa, mientras India combina sus capacidades de fabricación con un ecosistema innovador creciente.
La lección es clara: la competencia global ya no se produce únicamente entre compañías, sino entre ecosistemas capaces generar y proteger la innovación, de atraer talento e inversión, de acelerar el desarrollo clínico y la transferencia de tecnología, facilitar el escalado industrial, la biofabricación y llevar los avances científicos al mercado.
Con la Biotech Act, la Unión Europea sitúa esta cuestión en el centro de su agenda de competitividad. Es necesario establecer marcos regulatorios predecibles, una protección sólida de la propiedad industrial, instrumentos financieros adaptados a los largos plazos de maduración de la innovación y mecanismos específicos para superar las fases más complejas de escalado.
Se trata de crear las condiciones para que la innovación pueda desarrollarse y crecer en Europa. Reducir riesgos en las etapas críticas, movilizar inversión privada y facilitar el acceso a infraestructuras científicas y productivas es esencial para evitar que proyectos nacidos aquí terminen desarrollándose fuera de nuestras fronteras.
Para conseguirlo, es tan importante disponer de los ingredientes necesarios, como no olvidarnos de dos aspectos fundamentales: la coordinación y coherencia en todas las acciones y una buena política de incentivos, que al final, son los elementos que generaran (o no) las dinámicas adecuadas y necesarias.
En este contexto, España cuenta con muchos de los activos necesarios para ocupar una posición de liderazgo: una sólida base científica, hospitales y centros de investigación de excelencia, liderazgo en ensayos clínicos, un tejido empresarial cada vez más dinámico y una creciente capacidad emprendedora.
Los datos recogidos por AseBio muestran un ecosistema en consolidación. En 2023, el sector biotecnológico español generó más de 13.000 millones de euros de ingresos, destinó 1.282 millones a I+D y reunió 1.014 empresas. En 2024, las biotecnológicas españolas captaron 181 millones de euros en financiación privada.
Estas cifras reflejan madurez y potencial, pero también señalan el principal desafío pendiente: transformar el liderazgo científico en compañías capaces de crecer, captar inversión, industrializar sus innovaciones y generar empleo de alto valor añadido. Tenemos ciencia y talento. Ahora necesitamos más transferencia, más inversión, más capacidad industrial y más escala.
Desde AseBio trabajamos activamente para trasladar a las instituciones europeas la visión y las necesidades de nuestro ecosistema. De esta forma, hemos defendido ante la Comisión Europea la necesidad de avanzar hacia un marco regulatorio más ágil, coherente y predecible, reforzando la capacidad de atracción de inversión, talento y proyectos internacionales. También hemos insistido en la importancia de facilitar el acceso a financiación especializada, impulsar el escalado industrial y las capacidades de biofabricación en Europa, y revisar aspectos clave como la normativa de ensayos clínicos para que nuestro continente vuelva a ser un destino preferente para la investigación biomédica.
En AseBio también estamos impulsando la creación de un think tank sectorial, concebido como un espacio de análisis estratégico, generación de conocimiento e identificación de prioridades. Queremos formular recomendaciones con visión de largo plazo y contribuir así a que las decisiones públicas las puedan considerar, a la hora de tomar decisiones con alto impacto en nuestro futuro.
Otro reto fundamental es ganar escala mediante la cooperación territorial. España cuenta con polos biotecnológicos dinámicos distribuidos por todo el territorio. Esta diversidad constituye una fortaleza, siempre que seamos capaces de sumar, conectando capacidades, alineando prioridades, aumentando la visibilidad internacional y evitando perdernos en la fragmentación. AseBio aspira a actuar como elemento catalizador del ecosistema, facilitando la colaboración entre clústeres, empresas, centros de investigación y administraciones.
Nada de este esfuerzo será sostenible sin talento. La biotecnología es ya uno de los sectores con mayor potencial para generar empleo juvenil cualificado y ofrecer oportunidades profesionales de alto valor añadido. Desde AseBio seguimos impulsando la colaboración entre el mundo académico y el empresarial, fomentando la formación y la generación de oportunidades en el mercado laboral. Asegurar que ese talento pueda desarrollarse y construir su futuro en España y en Europa será determinante para la competitividad del sector.
Europa y España pueden y deben aspirar a ser un biotech powerhouse.
Tenemos la ciencia. Tenemos el talento. Tenemos empresas capaces de competir a escala global. Ya no se trata sólo de demostrar nuestro potencial, sino de crear las condiciones adecuadas para transformarlo en liderazgo. Acelerar, conectar y escalar: acelerar la transferencia y el acceso de la innovación al mercado; conectar ciencia, capital, empresa, territorio e instituciones; y escalar compañías, infraestructuras y capacidades productivas.
Aprovechar esta ventana de oportunidad no es solo una cuestión de competitividad. Es una cuestión de responsabilidad.