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#VozBiotech | La información inmunológica, la nueva infraestructura estratégica de la medicina personalizada

Toni Vilaplana, CEO de Viva in Vitro Diagnostics.

Tonia Vilaplan, CEO de Viva in Vitro
Salud
Medicina personalizada

Las grandes compañías farmacéuticas están reforzando su apuesta por la inmunología. En los últimos meses hemos visto acuerdos de licencia, alianzas de investigación y adquisiciones por miles de millones de dólares alrededor de nuevos anticuerpos, terapias celulares, inmunomoduladores y plataformas dirigidas a enfermedades inflamatorias y autoinmunes.

La explicación más inmediata está en el vencimiento de patentes y en la necesidad de renovar las carteras de productos. Muchas compañías necesitan encontrar nuevas fuentes de crecimiento ante la pérdida de exclusividad de algunos de sus medicamentos más rentables.

Pero reducir este movimiento al denominado patent cliff sería quedarse en la superficie. La razón de fondo es más relevante: la inmunología está cambiando la forma en la que entendemos las enfermedades y, por tanto, la manera en la que desarrollaremos diagnósticos, tratamientos y modelos asistenciales durante las próximas décadas.

Sin embargo, detrás de estas inversiones existe una cuestión menos visible pero posiblemente más importante: la necesidad de comprender con mayor precisión qué está ocurriendo en el sistema inmunitario de cada paciente y cómo utilizar esa información para tomar mejores decisiones clínicas. La inmunología está dejando de ser únicamente un área terapéutica para convertirse en una auténtica infraestructura de información biológica sobre la que se apoyará buena parte de la medicina personalizada.

Después de décadas vinculado a la dirección de empresas, he aprendido que las grandes transformaciones nunca dependen de una sola variable. No basta con tener una tecnología prometedora, una buena patente, un equipo científico excelente o una oportunidad de mercado atractiva. El valor aparece cuando todos esos elementos se combinan y somos capaces de convertirlos en una solución real.

En el ámbito de la salud, esta integración es especialmente exigente. Ciencia, talento, validación clínica, regulación, propiedad intelectual, financiación, fabricación y acceso al mercado no pueden funcionar como compartimentos aislados. Deben avanzar de forma coordinada desde las primeras etapas.

La inmunología es probablemente uno de los mejores ejemplos de cómo la generación y utilización de información biológica puede transformar la práctica médica 

Del órgano al mecanismo biológico

Durante décadas, muchas enfermedades se han clasificado y tratado en función del órgano afectado. Un paciente con enfermedad de Crohn acudía a Digestivo; uno con psoriasis, a Dermatología; y otro con artritis reumatoide, a Reumatología.

La investigación está demostrando, sin embargo, que patologías aparentemente distintas pueden compartir mecanismos inmunológicos. También sabemos que dos pacientes con el mismo diagnóstico pueden presentar perfiles biológicos diferentes y responder de manera desigual al mismo tratamiento.

La medicina empieza así a evolucionar desde el tratamiento de grandes categorías diagnósticas hacia la comprensión de los mecanismos predominantes en cada paciente.

Un artículo reciente publicado en El Mundo explica cómo esta transformación empieza a llegar a algunos de los principales hospitales españoles. Biomarcadores, inteligencia artificial, terapias celulares y unidades multidisciplinares están permitiendo abordar las enfermedades inmunomediadas de forma más transversal.

Lo más relevante de este cambio es que obliga a generar nuevos tipos de información clínica. Ya no basta con conocer el diagnóstico o el órgano afectado. Es necesario comprender qué mecanismos inmunológicos están dominando en cada paciente, qué vías biológicas se encuentran activadas y cómo evolucionan a lo largo del tiempo.

El artículo resulta especialmente interesante porque pone de manifiesto que la transformación ya no está únicamente en los laboratorios o en las estrategias de inversión de las farmacéuticas. Empieza a modificar la organización hospitalaria, la relación entre distintas especialidades y la conexión entre investigación y práctica clínica.

La dirección parece clara: la medicina será cada vez menos homogénea y dependerá más de nuestra capacidad para comprender qué está sucediendo realmente en el organismo de cada persona.

La industria no busca solamente nuevos medicamentos

Las operaciones realizadas durante los últimos años ayudan a entender qué está buscando la industria farmacéutica en este campo. AstraZeneca, Roche,  AbbVie, Sanofi, Novartis, Biogen, Vertex y otras compañías han invertido miles de millones de dólares en anticuerpos avanzados, terapias celulares y nuevas plataformas inmunológicas.

Lo más importante no es únicamente el volumen económico de estas operaciones, sino lo que revelan sobre la dirección del sector. Las grandes farmacéuticas no están adquiriendo únicamente moléculas. Están comprando opciones de futuro: plataformas tecnológicas, propiedad intelectual, talento especializado y conocimiento sobre mecanismos inmunológicos con posibles aplicaciones en múltiples enfermedades. 

Todas estas inversiones comparten un elemento común: la búsqueda de un conocimiento biológico cada vez más preciso. Cuanto más específicos son los tratamientos, mayor es la necesidad de identificar correctamente qué pacientes pueden beneficiarse de ellos, cuándo administrarlos y cómo medir su respuesta.

La medicina personalizada no podrá escalar únicamente mediante nuevos tratamientos. Necesitará herramientas capaces de identificar qué paciente necesita qué intervención, en qué momento y con qué probabilidad de respuesta. En otras palabras, necesitará información biológica cada vez más precisa y accionable.

La medicina personalizada no depende únicamente de disponer de mejores terapias. Depende también de disponer de mejores sistemas de información biológica.

Del mismo modo que la genómica se convirtió en una plataforma de conocimiento para la medicina de precisión, la información inmunológica puede convertirse en una plataforma de decisión para la práctica clínica cotidiana.

El sistema inmunitario como fuente de información biológica

El cambio de paradigma consiste en dejar de considerar el sistema inmunitario únicamente como una defensa que puede fallar o descontrolarse. Empieza a entenderse también como una plataforma que puede observarse, modularse y, en algunos casos, reprogramarse.

Las terapias CAR-T son uno de los ejemplos más visibles. Surgieron para tratar determinados cánceres hematológicos y ahora se estudian también en enfermedades autoinmunes graves. Pero el movimiento es mucho más amplio e incluye anticuerpos avanzados, inmunomoduladores, terapias celulares, ARN, edición genética y nuevas herramientas diagnósticas.

Durante años, gran parte del desarrollo biomédico se ha centrado en identificar moléculas asociadas a una enfermedad. El siguiente paso consiste en comprender el estado funcional del sistema inmunitario. No se trata únicamente de saber qué biomarcadores están presentes, sino de entender cómo interactúan las distintas vías inflamatorias, qué mecanismos predominan en cada momento y cómo evolucionan durante el curso de la enfermedad.

Esta aproximación resulta especialmente relevante en patologías complejas como la sepsis, las enfermedades autoinmunes o determinados procesos inflamatorios crónicos, donde manifestaciones clínicas similares pueden corresponder a estados inmunológicos completamente distintos.

Esto no significa que la biología vaya a sustituir a la química ni que los tratamientos actuales hayan quedado superados. Significa que contamos con una capacidad creciente para intervenir sobre mecanismos más específicos y adaptar las decisiones al perfil biológico del paciente.

Y cuanto más dirigido es un tratamiento, mayor es la necesidad de identificar correctamente quién puede beneficiarse de él.

El verdadero valor está en anticiparse

El sistema inmunitario funciona mediante redes y cascadas de señales. Lo que sucede al inicio de una respuesta puede determinar procesos posteriores de inflamación, inmunosupresión, daño tisular o recuperación.

Durante años hemos medido principalmente las consecuencias finales de esos procesos. El gran salto será acercarnos a las señales iniciales, a la información que se genera “aguas arriba”, antes de que el deterioro clínico resulte evidente.

El verdadero valor de la inmunología no está únicamente en intervenir cuando la enfermedad ya es visible. Está en detectar señales tempranas de riesgo, identificar patrones biológicos antes de que aparezca el deterioro clínico y monitorizar de forma dinámica la evolución del paciente.

Los biomarcadores dejan entonces de ser simples herramientas diagnósticas para convertirse en instrumentos de estratificación, monitorización y apoyo a la decisión clínica.

Ese conocimiento puede ayudar a identificar qué personas responderán a un tratamiento, seleccionar mejor a los participantes de un ensayo clínico, comprobar si un fármaco está actuando sobre su diana, anticipar complicaciones o modificar una intervención antes de que sea demasiado tarde. 

En Viva in Vitro Diagnostics trabajamos precisamente en esta dirección. Nuestro trabajo en biomarcadores asociados al inflamasoma NLRP3 responde a la convicción de que la próxima generación de herramientas diagnósticas deberá aportar información funcional sobre el estado inmunológico del paciente, porque creemos que la comprensión funcional del sistema inmunitario será uno de los pilares de la próxima generación de medicina personalizada. 

Desde Viva in Vitro Diagnostics queremos realizar nuestra contribución, en colaboración con centros de investigación de referencia como Vall d’Hebrón, el Hospital Clinic Universitari de Valencia, el Hospital Clínico Universitario Virgen de Arrixaca,  etc, impulsando una visión en la que la información inmunológica sea tan importante como la intervención terapéutica.

La innovación en salud es una disciplina de equipo

Esta reflexión resulta especialmente importante para emprendedores e inversores.

Una startup de salud puede tener una ciencia extraordinaria y, aun así, no llegar al mercado. Puede contar con una necesidad clínica clara y fracasar por no anticipar la regulación. Puede obtener financiación y no disponer del equipo adecuado para ejecutar el plan. También puede superar todas las etapas técnicas y descubrir demasiado tarde que su solución no encaja en los procesos asistenciales, en las prioridades del hospital o en los mecanismos de compra.

La innovación biomédica no permite trabajar por compartimentos.

Necesita científicos capaces de comprender la aplicación clínica; clínicos que participen desde el desarrollo; especialistas regulatorios que intervengan desde las primeras fases; profesionales de negocio que definan un modelo viable; expertos en market access que entiendan cómo se adoptará la solución; e inversores que conozcan los tiempos reales del sector. Aquí están teniendo un papel muy relevante los family offices. 

Ninguna de estas disciplinas puede sustituir a las demás. El reto consiste en conseguir que trabajen con una misma dirección, unas prioridades compartidas y una cultura orientada a resultados.

En mi experiencia, las compañías no avanzan solo por tener una buena estrategia. Avanzan cuando convierten esa estrategia en decisiones, responsables, plazos y resultados verificables.

Una responsabilidad también pública

Las administraciones deben incorporar esta misma visión de largo plazo.

No basta con financiar ciencia de calidad. Es necesario acompañarla hasta que pueda convertirse en una tecnología validada, regulada, escalable y adoptada por el sistema sanitario.

Eso exige facilitar la investigación traslacional, la colaboración entre hospitales y empresas, el acceso responsable a muestras y datos, la compra pública innovadora, la fabricación, la protección de la propiedad intelectual y la llegada de capital especializado. El European Innovation Council, a través del EIC Transition o el EIC Accelerator, es un buen ejemplo de ello. 

Europa, y España, cuentan con talento científico, hospitales de referencia y un ecosistema biotecnológico cada vez más sólido. Pero todavía existe una distancia excesiva entre la generación de conocimiento y su transformación en empresas y soluciones capaces de competir internacionalmente.

Conclusión

La inmunología tardará años, posiblemente décadas, en desplegar todo su potencial. No conocemos todavía todas las aplicaciones que surgirán ni qué tecnologías terminarán imponiéndose.

Sí sabemos algo: los países, compañías e instituciones que quieran ocupar una posición relevante deberán empezar a construir hoy las capacidades necesarias.

La verdadera revolución inmunológica no consistirá únicamente en desarrollar nuevos tratamientos. Consistirá en comprender mejor qué ocurre en cada paciente y transformar ese conocimiento en decisiones clínicas más precisas.

Los hospitales, compañías y centros de investigación que lideren esta transición no serán necesariamente quienes dispongan de más terapias, sino quienes sean capaces de generar, interpretar y aplicar información inmunológica de forma eficaz.

La inmunología se está convirtiendo en una infraestructura estratégica para la medicina del futuro. Y como ocurre con cualquier infraestructura crítica, su valor no dependerá únicamente de la ciencia que la sustenta, sino de nuestra capacidad para convertirla en mejores decisiones, mejores tratamientos y resultados para los pacientes.