#VozBiotech | El verdadero cuello de botella del sector biotech no es la ciencia, es el liderazgo
Elena Rivas, directora del Máster en Emprendimiento y Liderazgo en Biotecnología e Innovación Científica desarrollado por Cesif.
1. La trampa del talento científico
España produce ciencia de primer nivel. Nuestros investigadores publican en las mejores revistas, nuestros grupos de investigación colaboran con los centros más avanzados del mundo, y nuestra producción en ciencias de la vida crece año tras año. Y, sin embargo, el número de startups biotech que consiguen escalar, levantar una Serie A o llegar a salida comercial sigue siendo sorprendentemente bajo.
La pregunta que deberíamos hacernos no es si tenemos suficiente ciencia. Tenemos. La pregunta es: ¿tenemos suficientes personas capaces de convertir esa ciencia en valor económico y social? Y aquí la respuesta es: todavía no.
2. Un vacío estructural, no una casualidad
El problema no es de actitud ni de ambición. Los científicos españoles son tan capaces como los de cualquier ecosistema de referencia. El problema es estructural: nuestro sistema de formación prepara a las personas para hacer ciencia excelente, pero no para liderar organizaciones, navegar la incertidumbre del mercado, negociar con inversores o construir equipos multidisciplinares con propósito comercial.
Un dato revelador: el 78% de las startups deeptech europeas que fracasan en sus primeros tres años lo hacen no por falta de innovación tecnológica, sino por déficits de gestión, liderazgo o estrategia comercial. La tecnología era buena. Lo que fallaba era el equipo humano capaz de llevarla al mercado.
Esto no es un fallo individual, es un fallo sistémico de formación. Y los sistemas sistémicos requieren respuestas sistémicas.
3. El momento histórico que no podemos desperdiciar
El contexto nunca ha sido tan favorable. Europa ha decidido apostar por la soberanía en ciencias de la vida con inversiones sin precedentes: el European Health Data Space, la revisión de la legislación farmacéutica, el impulso a la biotecnología verde a través del European Green Deal, o los fondos del EIC Accelerator orientados específicamente a deep tech. En paralelo, el capital riesgo especializado en biotech ha alcanzado en los últimos tres años niveles históricos en Europa.
España tiene una posición privilegiada: centros de investigación de referencia, una industria farmacéutica consolidada, talento científico de calidad y un coste operativo competitivo. Tenemos todos los ingredientes. Lo que necesitamos urgentemente es el catalizador que los convierta en empresas.
Ese catalizador tiene nombre: liderazgo emprendedor con criterio científico.
4. El perfil que el sector necesita y que aún no se forma
No estamos hablando de un científico que aprende a hacer Power Points. Ni de un MBA que lee papers. Estamos hablando de un perfil genuinamente nuevo: el founder científico. Alguien que entiende la complejidad técnica de su proyecto con la profundidad de un investigador, pero que también sabe construir un equipo, diseñar un modelo de negocio, negociar con un fondo de venture capital y navegar el entorno regulatorio europeo.
Este perfil existe. Lo vemos en Boston, en Copenhague, en Basilea. La diferencia no es que en esos ecosistemas haya más talento — es que existe una infraestructura formativa que deliberadamente crea, acompaña y conecta a ese tipo de profesional desde etapas tempranas.
En España hemos tardado en construir esa infraestructura. Pero ha llegado el momento de hacerlo. Y hacerlo bien significa no copiar modelos genéricos — significa diseñar programas que hablen el idioma del sector, con mentores que hayan fundado y fallado dentro de él, con metodologías que pongan la toma de decisión real en el centro del aprendizaje.
5. Repensar la formación como política de innovación
El sector biotech español tiene todos los argumentos para liderar la próxima oleada de innovación en ciencias de la vida a nivel europeo. Pero eso no ocurrirá de forma espontánea. Requiere una decisión colectiva: tratar la formación en liderazgo emprendedor como lo que es, una palanca de política de innovación, no un complemento formativo de segunda categoría.
Las instituciones académicas, las asociaciones sectoriales, la industria y la Administración tienen aquí una responsabilidad compartida. No se trata de crear más cursos — se trata de crear la infraestructura formativa que el ecosistema necesita para producir, de forma consistente y sostenida, el liderazgo que convierte la ciencia en impacto.
El cuello de botella no está en los laboratorios. Está en la formación de quienes deben liderar lo que sale de ellos. Y eso, afortunadamente, sí podemos cambiarlo.