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Por qué tenemos que dejar de estigmatizar las enfermedades mentales: “También deben ser investigadas y tratadas”

Con motivo del Día Mundial de la Salud Mental que se celebra este lunes, hablamos con Carlos Buesa, director general de Oryzon, una empresa que se dedica a buscar soluciones contra la esquizofrenia y el trastorno límite de personalidad

Carlos Buesa
Agathe Cortes
Madrid, España
Salud

Desde la pandemia por la covid-19 que encerró a la población entre cuatro muros, la salud mental ha estado bajo el foco de la sociedad y ha hecho correr mucha tinta. Poco a poco, las enfermedades mentales han dejado de ser solo heridas o traumas que nadie ve y que todo el mundo esconde, y han pasado a protagonizar agendas y noticias.

Uno de nuestros socios, Oryzon Genomicses consciente desde hace tiempo de las necesidades no cubiertas de las enfermedades del sistema nervioso y, entre todas las que existen, ha puesto el foco en el trastorno límite de la personalidad y en la esquizofrenia que más de 24 millones de personas sufren en todo el mundo. Cabe recordar también que una de cada ocho personas tiene un trastorno mental, según la Organización Mundial de la Salud.

“La ciencia nos ha llevado ahí”, comienza Carlos Buesa, director general de la compañía. El equipo de Oryzon trabaja sobre el mecanismo epigenético que controla la función de los genes. La LSD1 es la diana que controla la expresión de genes clave en el funcionamiento del sistema nervioso durante el desarrollo de un ser humano. Lo que vieron los investigadores es que, empleando modelos muy variados, la inhibición de esa enzima produce cambios neurológicos importantes: reducción de la agresión, incremento de la sociabilidad, mejoras en la memoria… 

La esquizofrenia, antes llamada demencia precoz, tiene dos componentes sintomáticos principales, según cuenta Buesa. Los síntomas positivos (ataques esquizoides) se tratan ya con antipsicóticos que controlan la aparición de los brotes. Sin embargo, queda camino por recorrer en aspectos “muy debilitantes” y que conducen con frecuencia a un grado elevado de dependencia: los síntomas negativos. “Son los pacientes más peligrosos porque dejan de interesarse y pasan desapercibidos. Los brotes producen deterioro cognitivo y aceleran esa dependencia”, explica el experto. “Eso construye un elemento muy limitante para el desarrollo psicosocial de la persona”, añade. 

¿Cómo tratar algo tan abstracto y complejo como las neuronas?

Desde Oryzon están intentando trabajar en este punto. Tienen un ensayo clínico abierto, en fase IIb llamado Evolution, en colaboración con hospitales de toda España liderado por el Hospital Vall d’Hebron y con el Ministerio de Ciencia e Innovación, para tratar durante seis meses, sin sesgos, a pacientes con esquizofrenia y ver cómo reaccionan a su molécula oral vafidemstat, un fármaco que ya ha mostrado su seguridad en más de 300 pacientes y muestras preliminares de mejoras en varias condiciones psiquiátricas. 

Bajo su punto de vista, España tiene una gran tradición y prestigio en la biología del sistema nervioso. “Hemos contribuido en aportaciones científicas de primer nivel en este ámbito”, asegura. Pero tratar una enfermedad mental es un gran desafío que no deja de burlar la ciencia. Son enfermedades muy complicadas, porque, como cuenta Buesa, a diferencia de un tumor que puedes extraer y analizar en detalle, aquí es otro combate y mucho más abstracto. Es imposible, hoy en día, saber qué ocurre en tiempo real en esas neuronas deficientes. “Tenemos aproximaciones distantes gracias a la electrofisiología, y las imágenes, pero no son suficientes… ralentizan el mecanismo al cual tiende la medicina en general: la medicina personalizada de precisión”, reconoce el entrevistado. 

De la misma manera que existen decenas de cánceres de pulmón, existen muchas y muy distintas esquizofrenias y trastornos límite de la personalidad. En Oryzon intentan trabajar en este sentido también, porque, aunque intentemos homogeneizar los síntomas, cada caso es distinto y complejo. Cada paciente es un mundo. “Aprendemos de manera indirecta. Analizamos los síndromes de neurodesarrollo en un niño, causados por mutaciones en genes específicos, como en el caso del síndrome de Kabuki y nos da una idea de las que suponen otras disfunciones y degeneraciones”, detalla. 

Pero más allá de la medicina como tal, también tenemos que cambiar la percepción que tenemos de estas patologías para tratar mejor a los millones de pacientes que sufren cada día. “Las enfermedades mentales existen, como las pancreáticas o las estomacales. No son un estigma”, insiste Buesa. “De la misma manera que un paciente con dolor estomacal va al médico, lo mismo debería ocurrir con un paciente con un trastorno mental. Hay que desdramatizarlas y dejar de tener vergüenza”. Aún así, desde la pandemia que provocó un claro incremento de la atención de la sociedad sobre estos trastornos, también se ha visto una tendencia en normalizar la enfermedad hasta un punto extremo de asociarlo a una forma de ser. Volviendo a su comparación, el director de Oryzon, repite que “de la misma manera que no es “normal” tener una molestia estomacal toda tu vida, tampoco lo es tener un problema mental” y que por eso hay que buscar ayudas y soluciones y tratarlas como cualquier otra enfermedad. 

Frente a este estigma o a esa normalización extrema de las enfermedades mentales, empresas como Oryzon notan que obtener financiación para sus proyectos, tanto del sistema público como de los inversores, es todo un reto. Sin embargo, acabamos la entrevista con una nota positiva: “Las enfermedades del sistema nervioso viven un nuevo renacimiento. Hay un nuevo interés en este tipo de problemáticas y a nivel global, en el sector biofarmacéutico hay una atención particular en ellas”.